Monjes budistas, felicidad y neurociencia
Davidson afirma que podemos entrenar nuestro cerebro - y a nosotros mismos - a estar más atentos, ser más compasivos e incluso más felices. "El punto clave es que la felicidad y otras características positivas debemos considerarlas como habilidades”, dice. “Podemos implicarnos en esfuerzos intencionales para cultivar hábitos mentales positivos” como los antes señalados. La empatía o la felicidad no es algo con lo que se nace, sino que son habilidades susceptibles a ser entrenadas.

Davidson presentó las conclusiones de este estudio en el Segundo Congreso Mundial de Psicología Positiva, que se celebró el pasado fin de semana en la ciudad de Philadelphia. En la sesión plenaria de Davidson , "Change Your Brain by Transforming Your Mind" (“Cambia tu cerebro transformando tu mente”), discutió los cambios en el cerebro y otras funciones biológicas que se observan en aquellas personas que han aprendido a meditar.
Durante esta sesión, presentó un estudio con los empleados de una empresa de alta tecnología en Madison, en el cual se dio un curso sobre meditación y mindfulness a un grupo de empleados. Posteriormente, tanto ese grupo como un grupo control recibieron la vacuna contra la gripe. ¿Qué se observó? Pues bien, el grupo que había estado meditando produjo más anticuerpos que el grupo control, lo que sugiere que la meditación no sólo afecta al cerebro, sino también al sistema inmunológico.
El movimiento de la psicología positiva fue puesto en marcha por Martin E.P. Seligman, profesor de psicología de la Universidad de Pennsylvania, hace 13 años, alentando a un cambio desde una psicología más centrada en la investigación de los trastornos y la enfermedad, hacia una psicología más positiva, centrada en el estudio del bienestar. Desde entonces, la psicología positiva ha encontrado su camino en la atención de salud, negocios, educación, y las artes.
¿Te ha interesado el artículo? Puedes hacer click en la imagen de abajo para descargártelo en formato pdf.
Vía | Philly.com
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Dyslexie y Sarakanda, dos tipografías para disléxicos
Los niños (y adultos) con dislexia presentan una serie de errores en la lectura y escritura característicos, entre los cuales el más frecuente es el de la confusión de ciertas grafías, especialmente las llamadas “en espejo”: b-d, p-q, 2-5, 6-9, etc.
Con el objetivo de ayudar a las personas con dislexia, recientemente se han desarrollado dos tipografías especiales para este público. Una de ellas es “Dyslexie” desarrollada en la Universidad de Twente en los países bajos. A continuación tenemos el vídeo de presentación de sus autores:
Otra tipografía que cumple el mismo objetivo es la “Sarakanda”, diseñada por Alejandro Valdez; ésta tipografía busca específicamente diferenciar aquellas grafías más frecuentemente confundidas por las personas con dislexia.

Merece la pena leer el artículo que el propio Alejandro escribe en su página web describiendo el proceso de creación y objetivos del proyecto.
Vía | Microsiervos
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Soy mi conectoma
En Julio de 2009, dio el pistoletazo de salida el Proyecto Conectoma, dotado con más de 23 millones de dólares de presupuesto a lo largo de 5 años. ¿El objetivo del programa? Conseguir identificar y mapear todas y cada una las conexiones neuronales del cerebro, creando un modelo tridimensional de las mismas. SI tenemos en cuenta que se estima que, como promedio, en el cerebro existen alrededor de cien mil millones de neuronas, y que cada una de ellas puede llegar a hacer sinapsis (conectar) con cientos de ellas, podemos hacernos una idea de la complejidad del proyecto.
No voy a adentrarme en los detalles del proyecto, y voy a dejar que os lo cuente Sebastian Seung, uno de los neurocientíficos responsables del proyecto que, en una charla ofrecida en TED en Julio del presente año, consigue hacernos comprender de una forma muy amena y divertida la magnitud del que será, probablemente, el mayor proyecto neurocientífico de las próximas décadas.
Os dejo con él:
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Diferencias estructurales en el cerebro con dislexia
Los investigadores Sheryl Rimrodt y Laurie Cutting, de la Universidad Vanderbilt, en colaboración con la Universidad Johns Hopkins y el Instituto Kennedy Krieger, utilizaron una nueva técnica de resonancia magnética por imagen (MRI) denominada DTI-- para buscar evidencias que vincularan la dislexia con diferencias estructurales en la materia blanca situada en el hemisferio izquierdo del cerebro, donde se aloja el lenguaje.
La materia blanca se compone de fibras que actúan como los cables que permiten la comunicación entre las células cerebrales. La red del lenguaje situada en el hemisferio izquierdo del cerebro está compuesta de manojos de estas fibras y ramificaciones que se extienden desde la parte de atrás del cerebro (donde se incluyen las células de la visión) hasta las partes frontales, responsables de la articulación y el habla.

Los autores del trabajo usaron la técnica de DTI para seguir el curso de un importante bolsa de materia blanca en esta red y descubrieron que recorría la región frontal del cerebro, conocida por estar peor organizada en el cerebro disléxico. También descubrieron que las fibras en esa parte frontal estaban orientadas de forma distinta en el disléxico.
Según Rimrodt, "es muy emocionante encontrar una convergencia entre las evidencias del MRI que va más allá de identificar una región del cerebro que difiere en la dislexia a vincularla a una estructura identificable y explorar sus características físicas". "Esto nos permite estar algo más cerca de entender cómo se produce la dislexia", concluyó.
Noticia original | Europa Press
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