Los niños en la sociedad de consumo: ellos son el producto | Vídeo

¿Sabíais que al menos hasta los 3 años de edad los niños no distinguen realmente lo que es un anuncio del resto del contenido que ven por la tele?, ¿y que al menos hasta tener 8 años creen que los anuncios que ven son esfuerzos bienintencionados que están orientados a ayudar a los espectadores? Cuando dejamos solos a los niños frente a una pantalla tenemos que tener presentes que en esa situación ellos son el producto. Y es que no podemos negar que vivimos en la sociedad del consumo.

Estamos rodeados de cada vez más mensajes que intentan convencernos para que actuemos de una forma o de otra, y casi siempre hacia el consumo. Pero si esto es algo que a los adultos nos afecta, incluso sin ser totalmente conscientes de ellos, imaginad el efecto que tiene en niños que ni siquiera se dan cuenta de si están viendo un capítulo de su serie o un anuncio publicitario…

Se suele decir que cuando algo es gratis, el producto eres tú. Así, cuando dejamos solos a los niños frente a una pantalla repleta de anuncios, o incluso aunque sean contenidos sin anuncios, tenemos que tener presentes que en esa situación, ellos son el producto, y quizá no sería mala idea limitar su exposición a estos medios el mayor tiempo posible. Muchos de los contenidos audiovisuales orientados a la infancia pueden considerarse en sí mismos anuncios destinados al consumo del merchandising asociado al mismo, y es que prácticamente cualquier objeto destinado a los niños tienen entre sus opciones la de la serie o personaje de moda.

Como decíamos al principio, los niños tardan mucho en diferenciar los anuncios de los contenidos televisivos, y aún más en darse cuenta que son estrategias orientadas a persuadirles. Pues ahora pensad la de miles y miles de anuncios a los que han sido expuestos los niños sin saber que son anuncios, pensando que son algo bienintencionado, o sin llegar a captar su carácter persuasivo… ¡es tremendo!

Entre otros efectos, esto tiene un importante impacto en la alimentación de los niños, ya una parte muy importante (casi un 25%) de los anuncios que se emiten en España pertenecen a la industria alimentaria; además, y esto es lo más preocupante, el porcentaje de anuncios de alimentos malsanos es mayor durante el horario infantil, durante fines de semana, o en canales especialmente orientados a niños y adolescentes. Así, no es para extrañarnos la relación entre más horas de visionado de televisión y mayores índices de obesidad en niños.

Además, debemos ser conscientes que desde hace tiempo los niños son el blanco de los intereses de grandes corporaciones. En el pasado, los anuncios de los productos dirigidos a la infancia se dirigían a los padres que eran quienes decidían si comprar o no estos productos. Pero la industria de la publicidad no tardó en darse cuenta de que era mucho más efectivo saltarse a los padres y dirigirse directamente a los hijos, ya que estos tienen mucho menos espíritu crítico, pero mucho más poder de convicción sobre sus padres.

Como decíamos, no sería mala idea limitar la exposición de los niños a televisión, tablets, auncios, etc. el mayor tiempo posible, y cuanto más pequeños, más. Pero incluso en aquellos casos en los que los padres no puedan (o piensen que no es posible) mantener a sus hijos aislados de esta influencia, todavía podemos hacer algo para reducir ese impacto. La idea principal sería evitar la exposición incontrolada a la televisión convencional, en la que nosotros no podemos controlar qué es lo que se emite o con qué frecuencia. Un “mal menor” sería que, en vez de encender la televisión y “ver lo que echan” (anuncios incluidos) “lanzáramos” nosotros directamente los contenidos mediante las diferentes aplicaciones o plataformas que existen, tanto gratuitas como de pago. De este modo, además de evitar la exposición a los anuncios, también minimizamos el “enganche” que de manera natural favorece la programación televisiva, ya que unos programas se enlazan con otros de un modo muy estudiado para favorecer el consumo televisivo.

Tenemos que intentar no dejar solos a los niños delante de una pantalla, evitando utilizarlas como una “niñera digital” y cuanto más pequeños son, más importante es esto. Pero el problema es que entonces pierde una de las principales ventajas que le encuentran padres, y es tener un respiro para poder hacer cosas en casa. Por lo tanto, como ya os he dicho muchas veces, pantallas cuantas menos mejor, y cuanto más tarde empiecen con ellas, mucho mejor todavía. Porque los niños lo que más necesitan es tiempo con sus padres, no tanto tiempo delante de pantallas que les desconecten.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.

Acerca de Alberto Soler Sarrió

Mi nombre es Alberto Soler Sarrió. Estoy casado, soy padre de dos hijos y soy psicólogo. Tras haberme Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia, posteriormente amplié mi formación en el área clínica realizando un Máster en Psicología Clínica y de la Salud,. En 2013 obtuve el certificado EuroPsy de Especialista en Psicoterapia. En 2015 comencé con el videoblog Píldoras de Psicología en el que cada semana trato un tema diferente relacionado con el crecimiento personal y la crianza de los hijos.  En la actualidad compagino mi consulta privada de psicología con charlas y conferencias sobre educación y crianza, contando con una experiencia de más de 10 años y 8000 sesiones de psicoterapia y asesoramiento a padres. He colaborado en varios espacios de radio, televisión y presa como El País Semanal o El Huffington Post, y formo parte del proyecto Gestionando Hijos

Un comentario

  1. Muy de acuerdo. Como siempre la base del problema es cuando las pantallas sustituyen que los padres hablen, jueguen o “estén” con sus hijos

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