Sobreprotección, cuidados y autonomía: ¿el apego sobreprotege?

Hablemos de sobreprotección: a veces parece que la sociedad está obsesionada con la independencia de los más pequeños, pero curiosamente se permite la dependencia de hijos más mayores. Parece el mundo al revés. Los niños tienen que dejar la teta, el chupete, los brazos, la cama de los padres, el pañal, aprender a distraerse y jugar solos, no reclamar a los padres (especialmente por la noche), etc. Sin embargo, no es raro encontrarse con padres que han sido implacables con este tipo de situaciones (más relacionadas con las necesidades básicas de los bebés y niños muy pequeños) pero que después van detrás de sus hijos más mayores haciéndoles el avioncito con la comida, recogiéndoles sus juguetes, poniéndoles y quitándoles la ropa cuando éstos ya son capaces de hacerlo por ellos mismos, resolviéndoles las tareas o conflictos del colegio, etc. O incluso cuando estos niños se convierten en adultos podemos ver situaciones en las que ante la más mínima dificultad acuden corriendo a consultar a casa de papá y mamá, si es que han conseguido salir de allí en algún momento.

Estas actitudes más o menos sobreprotectoras se pueden ver en personas que han llevado a cabo diferentes tipos de crianza y no tienen nada que ver con el apego, las necesidades de los bebés o el respeto a los niños. Como decía, a veces se habla de sobreproteger haciendo referencia a conductas como la lactancia materna, el dormir con los padres, pedir brazos o incluso de dejar el pañal.

Pero no parece que estos aspectos estén muy relacionados con la sobreprotección: de hecho, se da la paradoja de que a veces, a un niño al que se le obliga a dormir solo, o se le desteta a edades tempranas “porque ya es mayor”, luego no se le deja subir dos escalones en el parque por miedo a que se caiga, que se baje del carro para ir andando o que se manche jugando. O quizá no se les deja pasar tiempo con los abuelos u otros familiares si no es bajo la estricta supervisión de los padres, o no se les deja quedarse a dormir con ellos, bajar a hacer un recado o hacer el camino al cole andando (todo en función de la edad, claro). Este tipo de conductas, que no se suelen relacionar tanto con la sobreprotección, son las que resultan más importantes y son el reflejo de cierto miedo por parte de los padres que les impide dotar de autonomía a sus hijos.

Y es que se habla demasiado de sobreproteger o malcriar a los bebés y niños pequeños, cuando en realidad de lo que estaríamos hablando es de cubrir sus necesidades, y luego cuando son algo mayores, parece que este problema “desaparece” cuando en realidad es cuando más necesitan que les demos libertad y muchas veces no lo hacemos. Los niños necesitan que les vayamos dejando hacer en función de sus capacidades, aunque se manchen la ropa, aunque tardemos más tiempo, aunque nos de miedo que se caigan… y eso no tiene nada que ver con cogerles en brazos, dormir con ellos o darles teta. Se les puede dar teta, brazos y dormir con ellos, pero a la vez ofrecerles autonomía y libertad, dejándoles explorar, descubrir, moverse, investigar por su cuenta… y por el contrario, se les puede llevar “más rectos que un palo”, dejándoles llorar “para que aprendan a dormir solos”, por supuesto destetando tempranamente y nada de cogerle en brazos “que se acostumbra”, pero luego hacerles el avioncito para que coman, continuar con triturados hasta bien mayores por miedo al atragantamiento, sin despegarnos de ellos en el parque o prohibiéndoles hacer casi de todo para que no se hagan daño.

Y es que la sobreprotección es un reflejo o una consecuencia de nuestros miedos como padres, que no nos dejan “ir soltando” conforme el niño lo va necesitándolo, no consecuencia de lo afectuosos que nos mostremos con nuestros hijos. Tenemos que asumir como padres que conforme el niño va creciendo tenemos que “soltar cuerda”, sobre todo porque el pequeño nos lo va a pedir, y tenemos que permitirle explorar, alejarse de nosotros, superar sus propios límites… no tanto forzarles nosotros a dar pasos para los que no están aún preparados. Y es que a veces no nos aclaramos; forzamos los “avances” que consideramos necesarios, pero a la vez no dejamos de frenarles cuando ellos nos piden hacer cosas por ellos mismos.

No está de más recordar que un bebé prácticamente solo tiene necesidades: brazos, sueño, estar limpio, alimentado, reconfortado, etc. Son necesidades muy básicas, muy biológicas, que no requieren mayor cuestionamiento por nuestra parte: hay que satisfacerlas siempre, y cuanto antes mejor. Ahí no hay lugar a la sobreprotección, quizá a la desatención. Pero ese niño va creciendo, y poco a poco (más claramente alrededor de los dos años, pero de manera continua y progresiva) comienza a mostrar un impulso a la autonomía, cada vez se muestra más explorador. Y ahí debemos estar atentos para no apagar ese impulso y permitirles crecer y ser autónomos. Muchas veces más que empujar o forzar a los niños a hacer cosas que no quieren hacer, lo que deberíamos hacer los padres es frenarnos a nosotros mismos en nuestro impulso de controlarles o frenarles a ellos cuando quieren hacer cosas por sí mismos.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.

Acerca de Alberto Soler Sarrió

Mi nombre es Alberto Soler Sarrió. Estoy casado, soy padre de tres hijos y soy psicólogo en Valencia. Tras haberme licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia, posteriormente amplié mi formación en el área clínica realizando un Máster en Psicología Clínica y de la Salud y en 2013 obtuve el certificado Europsy de Especialista en Psicoterapia. En 2015 comencé con el videoblog Píldoras de Psicología, en el que cada semana trato un tema diferente relacionado con el crecimiento personal y la crianza de los hijos. En la actualidad compagino mi consulta privada de psicología con charlas y conferencias sobre educación y crianza, contando con una experiencia de más de 12 años en psicoterapia y asesoramiento a padres. Soy colaborador del programa Ser Saludable, en la Cadena Ser, de L'Escoleta en À Punt Mèdia, y he colaborado en otros muchos espacios de radio, televisión y prensa como la Cadena Ser, El País Semanal o Canal 9. Formo parte del proyecto Gestionando Hijos y soy profesor de la Escuela Bitácoras. Soy el co-autor de “Hijos y padres felices. Cómo disfrutar la crianza”, editado por Kailas.

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