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	<title>Artículos de Ansiedad - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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	<description>Centro de psicología dirigido por  Alberto Soler y Concepción Roger. Te acompañamos a entender lo que te pasa y a sentirte mejor. Adultos, infantil, familia y parejas. Evaluamos TDAH y AACC.</description>
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	<title>Artículos de Ansiedad - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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		<title>Fobia escolar: qué es y cómo superarla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 May 2023 16:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay niñas y niños que se niegan a ir a la escuela, y es algo que les genera mucho sufrimiento tanto a ellos como a sus familias que no saben cómo manejar la situación. No hablamos del típico día, que todos lo tienen, de “no quiero ir al cole”. Eso les pasa hasta a los [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hay niñas y niños que se niegan a ir a la escuela</strong>, y es algo que les genera mucho sufrimiento tanto a ellos como a sus familias que no saben cómo manejar la situación. No hablamos del típico día, que todos lo tienen, de “no quiero ir al cole”. Eso les pasa hasta a los profes. De lo que hoy vamos a hablar es algo distinto: de niñas y niños que se llegan a poner físicamente enfermos con solo pensar en acudir al cole, que si pasan por la puerta se ponen nerviosísimos y se descomponen… y ya ni decir entrar dentro y estar toda la jornada junto a sus compañeros. En estos casos hablamos de <strong>fobia escolar</strong>, y es algo que afecta a muchos niños. ¡Vamos a verlo!</p>
<p><span class="jWL7lKqw0ygRJX8EsVSaNfD2P9kxIUo3Fn164puHcbThrAtOiZYCB"><iframe title="Qué es y cómo superar la fobia escolar" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/aBeBO6WU7Eg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Muchas veces <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/alberto-soler-psicologo-los-ninos-estan-volviendo-a-la-escuela-con-un-nivel-de-madurez-y-responsabilidad-ejemplar/" data-wpel-link="internal">los padres consultan por problemas de sus peques en el cole</a>. Quizá el peque no quiere ir y dice que le duele la tripa o que se encuentra mal. ¿Por qué? En los coles pueden pasar muchas cosas: a veces el problema tiene que ver con la adaptación a un nuevo centro, a una nueva clase, un cambio de compañeros, y en algunas semanas o meses se resuelve. Otras veces tiene más que ver con la separación del adulto que con el colegio en sí. En otros casos puede tener que ver con lo que ocurre en clase, con la profe, con los compañeros, en el patio, en el comedor, con la lectura, las mates, los idiomas, los exámenes… en fin, que puede ser por muchas cosas diferentes. Pero a veces lo que era un pequeño problema puede desembocar en una fobia escolar.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong>La fobia escolar se refiere a la incapacidad total o parcial del niño de acudir al colegio como consecuencia de un miedo irracional a algún aspecto de la situación escolar.</strong> Como ocurre con el resto de fobias, no tiene una categoría diagnóstica propia en el DSM5, el manual donde se recopilan todos los trastornos mentales. No obstante, hay algunas características que pueden ayudar a identificarla:</p>
<ul>
<li>En la fobia escolar se dan importantes alteraciones emocionales, como el <a href="https://www.albertosoler.es/como-ayudar-a-los-ninos-cuando-tienen-miedo/" data-wpel-link="internal">miedo</a> intenso, <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/rabietas-y-gestion-emocional-en-la-infancia/" data-wpel-link="internal">explosiones de mal humor,</a> o quejas de estar enfermo cuando se acerca del momento de ir al colegio.</li>
<li>El niño manifestará conductas de escape o evitación: como consecuencia del malestar emocional ante el contexto escolar, se producen periodos prolongados de absentismo.<span class="Apple-converted-space"> </span></li>
<li>En los casos de fobia escolar los padres son conocedores de las ausencias y están preocupados por asegurar la asistencia escolar; esto diferencia la fobia escolar de “hacer novillos” o de casos de negligencia, respectivamente.</li>
</ul>
<p>El malestar en el niño puede producirse justo antes de ir al colegio o empezar la tarde de antes con un aumento de los síntomas conforme se acerca el momento de la noche. Los síntomas de malestar emocional (ansiedad o miedo, fundamentalmente) pueden acompañarse además de síntomas físicos como náuseas, vómitos, diarrea, dolor de tripa o de cabeza, entre otros. Estos síntomas, físicos y emocionales, hacen que el peque intente evitar por todos los medios acudir a la escuela. Cuanto más mayor es (a partir de educación primaria), más probable que sea capaz de identificar la ansiedad o el miedo que siente, pero en niños más pequeños no suele ser frecuente.</p>
<p>El inicio del problema puede ser gradual, con quejas progresivas sobre la asistencia al colegio que poco a poco se van haciendo más frecuentes, o bien puede iniciarse de manera brusca, con la aparición de la negativa a acudir a la escuela sin sintomatología previa. En niños más pequeños suele ser más frecuente el inicio brusco, y en los mayores suele ser más progresivo. Muchas veces el inicio de la fobia escolar suele coincidir con la ausencia a la escuela por vacaciones o enfermedad, por un cambio de colegio u otros acontecimientos vitales estresantes.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong>La fobia escolar y ansiedad de separación no son lo mismo</strong>, aunque pueden confundirse. Hay niños que pueden tener fobia escolar pero no tienen dificultad para separarse de sus padres. Y también hay niños que pueden tener ansiedad de separación pero que, tras el periodo de adaptación, no tienen especial dificultad en acudir a la escuela. Cuando ya han conseguido vincularse con otras personas en el colegio que le proporcionan también seguridad.</p>
<p><strong>Para superar la fobia escolar suele ser necesaria la ayuda de profesionales de la psicología</strong> que evalúen el caso y, en coordinación con el centro escolar y el pediatra (en algunos casos puede ser necesario tratamiento farmacológico), planifiquen una intervención.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>La terapia suele consistir, en primer lugar, en proporcional información y asesoramiento a la familia para manejar las dificultades que se están dando. Luego, como ocurre en el tratamiento de otros trastornos de ansiedad, se trabaja con el menor a tres niveles:</p>
<ul>
<li>A nivel cognitivo, para identificar y trabajar con los pensamientos y emociones que están produciendo malestar (miedo, ansiedad, pensamientos anticipatorios, etc).</li>
<li>A nivel fisiológico, para identificar la señales fisiológicas que ocurren como consecuencia de la ansiedad (tensión muscular, dolor abdominal, etc.) y desarrollar recursos para manejarlas (relajación, focalización atencional, etc.).</li>
<li>A nivel conductual se identifican las conductas de evitación y escape que están manteniendo el problema, y se planifica una exposición progresiva, en la que se ponen en marcha los recursos cognitivos y fisiológicos aprendidos.<span class="Apple-converted-space"> </span></li>
</ul>
<p>Bien tratadas, esta fobia, como otras, suelen resolverse muy bien, pero sin tratamiento, pueden ser una gran fuente de sufrimiento y malestar para todo el núcleo familiar. Por lo que, si estáis en una situación así, os animamos a buscar ayuda profesional.</p>
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		<title>¿Lo mío es de psicólogo? Motivos para ir a terapia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Jan 2023 16:30:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
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		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Algo que nos suelen preguntar mucho las personas que acuden a terapia es si eso que les está ocurriendo “es para ir a un psicólogo o no” Y es que por lo general tenemos claro cuáles son los motivos que llevan a una persona a ir a un traumatólogo o a un dentista, pero cuando [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Algo que nos suelen preguntar mucho las personas que acuden a terapia es si eso que les está ocurriendo “es para ir a un psicólogo o no” Y es que por lo general tenemos claro cuáles son los motivos que llevan a una persona a ir a un traumatólogo o a un dentista, pero cuando hablamos de salud mental nos entran las dudas. Esta semana <strong>vamos a ayudarte a entender si el problema que tienes es motivo para ir a un psicólogo o no.</strong> Vamos a verlo.</p>
<p><span class="TPl6Av70bDpiybtGO5aLnlNI8ZzcpUHDn4VUWjQM0yuLqwqBjKF7Ermf2ie9tNumEPxKAOGTv1XC58BI4sdQg"><iframe title="Motivos para ir a terapia: los problemas que requieren un psicólogo y los que no" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/mzWhMKl0z9w?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que <strong>todo el mundo tiene problemas, emocionales y no emocionales.</strong> <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/terapia-pareja-valencia/" data-wpel-link="internal">Las parejas se rompen</a>, los amigos decepcionan, el trabajo no siempre es como nos gustaría, los hijos dan mucha guerra y la familia es para dar de comer a parte. Vamos, que la vida no es fácil. Estos problemas del día a día muchas veces nos generan estados emocionales que nos resultan desagradables: tenemos ansiedad, estamos tristes, nos vemos desmotívanos… Pero esto no significa que tengamos que ir a un psicólogo. Si fuera así nos pasaríamos la vida yendo a terapia, y para eso ya está Woody Allen. Entonces, ¿cuál es la línea que separa uno de esos problemas “normales” del día a día, de algo más grande que nos lleva a terapia? Habrían varios factores.</p>
<p>El primero,<strong> la intensidad del malestar</strong> que nos genera. Una cosa es que tengas un problema y eso te haga sentir mal. Hasta aquí todo normal. Pero otra cosa es que ese malestar sea tan grande que comience a interferir en tu día a día, que te afecte al trabajo, que afecte a tus relaciones sociales, a tu familia… Esa es una primera línea roja. Cuando las consecuencias de lo que ocurre comienzan a extenderse a distinta áreas de tu vida quizá sea buena idea buscar ayuda para poner freno</p>
<p>Otro motivo es la <strong>falta de recursos</strong>. Como decíamos problemas tenemos y tendremos todos. Tenemos problemas y los resolvemos. De eso va la vida. El verdadero problema viene cuando tenemos problemas y no tenemos las herramientas suficientes para resolverlo. Por más vueltas que le demos y por más energía que le pongamos no hay forma. Quizá ahí es buena idea consultar con un profesional que nos ayude a desarrollar las estrategias necesarias para hacerle frente.</p>
<p>¿Más motivos? <strong>Cuando nos damos cuenta que somos reincidentes y nos vemos teniéndonos que enfrentar a un mismo problema constantemente.</strong> Cuando casi sin darnos cuenta nos metemos en los mismos líos una y otra vez, y eso nos hace sentir mal. Ahí hay algo que no funciona y estaría bien analizarlo, por ejemplo, personas que siempre acaban metidas en una misma relación, con un mismo patrón de persona que les hace daño y al final siempre acaba todo como el rosario de la aurora. Quizá no es simplemente mala suerte… O personas que pierden los nervios cada dos por tres y acaban haciendo mucho daño a la gente que tienen a su alrededor. No son cosas puntuales, es un patrón y hay algo que no está funcionando.</p>
<p>Estos serían tres señales de que eso que te ocurre quizá sería buena idea trabajarlo enterada: cuando te afecta en tu día a día, cuando no tienes recursos o cuando se convierte en un patrón del que no sabes cómo salir. Pero, ¿qué asuntos concretos son los que consultan las personas en el psicólogo? Pues en la mayoría de las ocasiones, en contra de la creencia popular, no se trata de trastornos mentales propiamente dichos como una depresión, un trastorno de angustia, un trastorno obsesivo o una fobia. Esos son problemas que típicamente tratamos los psicólogos pero no son la mayoría. Afortunadamente cada vez se acude antes a terapia con lo que evitamos que los problemas se hagan tan grandes que acaben convirtiéndose en un trastorno y cueste más superarlos. Los asuntos por los que más se acude al psicólogo son:</p>
<p>En un primer lugar las <strong>dificultades de adaptación a nuevas situaciones vitales</strong>, por ejemplo, un duelo, una separación, un cambio de residencia, de <a href="https://www.albertosoler.es/consecuencias-psicologicas-y-sociales-del-teletrabajo/" data-wpel-link="internal">trabajo</a>, el inicio de la maternidad o la paternidad… Situaciones que hacen que los recursos que teníamos hasta ese momento ya no nos sirvan y que tengamos que hacer un cambio de rumbo. Son momentos de transición vital en los que es fácil sentirse bloqueado y necesitar una ayuda externa para seguir avanzando.</p>
<p>Otro motivo habitual el la <strong>mejora de ciertas habilidades personales</strong>, como las habilidades sociales; hay personas que de forma casi innata tienen unas buenas habilidades sociales y de relación con los demás, que no les cuesta hacer amistades, mantenerlas, hacerse entender, conversar sin malos entendidos, comprender los mensajes y las intenciones de los demás, etc. Pero hay otras personas a las que esto no se les da bien, que les genera problemas y que necesitan una ayuda para desarrollar esas destrezas. Pues bien, para eso estamos los psicólogos.</p>
<p>También es frecuente que una persona acuda a terapia para que le ayuden en un momento vital en el que <a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal"><strong>debe tomar una decisión importante y no sabe cómo abordar esa situación</strong></a>, ya sea a nivel laboral, personal, familiar, o del tipo que sea. Nosotros no tomamos las decisiones por nuestros pacientes… bastante tenemos con tomar las decisiones de nuestras propias vidas. Pero sí ayudamos a poder analizar correctamente la situación, las herramientas de las que se dispone, anticipar posibles consecuencias y acompañar durante el proceso de toma de decisión y ejecución.</p>
<p>Algo muy frecuente en nuestro Centro es la orientación y el asesoramiento a familias en asuntos relacionados con la crianza y la educación de sus hijos. Eso de que los niños no vienen con un manual debajo del brazo y demás. Pues eso. Hablando con la familia les ayudamos con información, recursos y estrategias a manejar temas relacionados con el día a día, por ejemplo, la alimentación, sueño, rabietas, disciplina, rutinas, temas escolares, etc.</p>
<p>La mayoría de las veces es suficiente con ayudar a la familia para que el problema se solucione, pero en ocasiones es necesario trabajar con el niño o la niña, bien porque identifiquemos que puede existir un problema clínico que haya que trabajar directamente, o bien porque el asunto en cuestión sea mejor si se trata directamente con el interesado. En todo caso solo trabajamos con niños a partir de cierta edad, muy raras veces por debajo de los 6 o 7 años salvo que haya que hacer algún tipo de evaluación muy específica.</p>
<p>Pues bien, estos son los temas que habitualmente suelen llevar a la gente a acudir a terapia, y también hemos visto algunos claves que pueden ayudarte a decidir si eso que te está pasando es motivo para plantearte si si a terapia o si es mejor de momento manejarlo por tu cuenta. En resumen podríamos decir que no, que cada problema que tenemos no es necesario trabajarlo con un psicólogo (no somos tan importantes ni tan imprescindibles), pero si vemos que se nos empieza a hacer bola y no somos capaces de gestionarlo, mejor pedir ayuda para evitar que la cosa se haga tan grande que al final nos cueste mucho más poder solucionar.</p>
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		<title>TAG: trastorno de ansiedad generalizada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Dec 2022 16:11:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>María tiene 32 años, trabaja, está casada y tiene un hijo pequeño. Desde siempre ha sido una persona ansiosa y preocupadiza, se agobiaba mucho cada vez que tenía un examen, sufría mucho cuando había algún conflicto con las amigas, etc. Pero desde hace meses que esas preocupaciones se han desbordado. Vive en un estado constante [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>María tiene 32 años, trabaja, está casada y tiene un hijo pequeño. Desde siempre ha sido una persona ansiosa y preocupadiza, se agobiaba mucho cada vez que tenía un examen, sufría mucho cuando había algún conflicto con las amigas, etc. Pero desde hace meses que esas preocupaciones se han desbordado. Vive en un estado constante de ansiedad, preocupándose por problemas cotidianos que realmente no tienen mayor importancia. Si algo puede salir mal, ella está convencida de que saldrá mal, y no puede evitar angustiarse muchísimo. En el trabajo vive siempre en un ay, cada vez que su hijo tose ella lo vive como si fuera algo gravísimo… es un sinvivir. Y por si no fuera poco, cada vez le cuesta más concentrarse, tiene problemas de sueño y vive constantemente cansada. Lo que le ocurre a María le pasará a 1 de cada 10 personas a lo largo de su vida. ¿Qué es? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="QY3RDAIdklCn9SyZzoufHa5TwibVU8eq"><iframe title="TAG: Trastorno de Ansiedad Generalizada" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/_bxptnOznJ4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>¿Te preocupas con frecuencia por problemas cotidianos sin ningún motivo aparente?, ¿estás siempre esperando que ocurra un desastre o te preocupas demasiado por cosas como la salud, el dinero, la familia, el trabajo o la escuela?, ¿sientes que estás constantemente en alerta, con nervios, como si algo malo fuera a pasar? Estos síntomas son muy conocidos por las personas que tienen ansiedad generalizada, un trastorno de ansiedad muy frecuente y que prácticamente 1 de cada 10 personas experimentará en algún momento a lo largo de su vida.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-ansiedad-valencia/" data-wpel-link="internal">Tener ansiedad</a> es algo normal que forma parte de la vida, todos sentimos ansiedad y todos tenemos preocupaciones. Por ejemplo, ¿quién no se preocupa de vez en cuando por la salud, el dinero o su familia? Todos lo hacemos. Sin embargo, hay personas cuyas preocupaciones les abruman hasta el punto de llegar a interferirles con su día a día, haciéndoles sentir mal constantemente. <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/ansiedad-generalizada/" data-wpel-link="internal">Las personas con TAG</a> se preocupan con mucha frecuencia por asuntos cotidianos, ya sean más o menos relevantes, incuso cuando no existen motivos racionales para preocuparse. No es lo mismo preocuparse de vez en cuando por algunas cosas o sentirse ansioso por los eventos estresantes en la vida que tener una sensación constante de ansiedad o miedo que interfiere en el día a día. Esto es lo que les ocurre a las personas con TAG, que pueden sentir ansiedad y preocupaciones durante meses o incluso años.<br />
El TAG no aparece de la noche a la mañana, sino que es algo que se va desarrollando progresivamente; muchas personas con TAG reconocen que han sentido ansiedad y nerviosismo durante toda su vida. Es habitual que los síntomas comiencen alrededor de los 30 años, aunque niños y adolescentes también pueden sufrirlo (pero con menos frecuencia que los adultos). Por lo general, cuanto más pronto comienzan los síntomas más complicaciones suelen darse. La principal diferencia entre el TAG en adultos y en niños o adolescentes es el contenido de las preocupaciones, que suele estar relacionado con los asuntos típicos de cada edad.</p>
<p>Como hemos dicho, <strong>la característica fundamental del TAG es la presencia de una ansiedad y preocupación excesivas acerca de una serie de acontecimientos o actividades cotidianas</strong>, cuya intensidad, duración o frecuencia son desproporcionadas respecto al impacto real de lo que se anticipa; en otras palabras: que la ansiedad que se produce por la preocupación de que ocurra equis, acaba generando más malestar que si el propio hecho equis ocurriera realmente. De todas formas, el objeto de la preocupación no tiene por qué ser siempre el mismo, las personas con TAG es frecuente que vayan cambiando el objeto de sus preocupaciones: hoy puede ser una cosa y mañana otra, pero siempre con un elevado nivel de angustia y malestar.<br />
Una consecuencia muy habitual del TAG es la dificultad para hacer las cosas de una forma rápida y eficiente, ya sea en casa o en el trabajo. La preocupación consume tiempo y energía a la persona, lo que le dificultan ser rápida y ágil. Y por si esto no fuera suficiente, los asociados al TAG, como la tensión muscular, el nerviosismo, el cansancio, la dificultad para concentrarse o los trastornos del sueño, no hacen más que echarle leña al fuego. Otra consecuencia del TAG se relaciona con la educación de los hijos, ya que las personas con preocupación excesiva suelen tener muchas dificultades a la hora de fomentar la confianza en sus hijos por su propia inseguridad.</p>
<p><strong>Hay tres diferencias fundamentales entre la ansiedad que experimenta una persona con TAG de la ansiedad que puede tener cualquier persona:</strong> en primer lugar, la intensidad. La ansiedad que experimenta una persona con TAG es muy elevada e interfiere con el funcionamiento diario, por ejemplo, a nivel laboral, familiar o social, mientras que la ansiedad cotidiana ni es tan intensa ni afecta tanto a la persona. En segundo lugar, las preocupaciones de una persona con TAG son más penetrantes y duraderas, no se van de la cabeza con la misma facilidad que las preocupaciones cotidianas. Y, en tercer lugar, en las personas con TAG suelen aparecer de la mano de la ansiedad ciertos síntomas físicos como inquietud o nerviosismo, facilidad para fatigarse, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular o trastornos del sueño.</p>
<p>Y bien, ¿por qué se produce este trastorno? Como ocurre siempre son muchos los factores que influyen, pero el componente genético es bastante importante. Se considera que un tercio del riesgo de sufrir TAG es genético, y son los mismos factores que predisponen a otros trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, como la depresión, o a tener un temperamento neurótico. No obstante la genética no lo es todo; las experiencias vividas en la infancia, el ambiente familiar o el propio temperamento de cada uno pueden facilitar que finalmente se desarrolle el TAG o todo lo contrario, ser un factor de protección.</p>
<p>¿Y qué podemos hacer si tenemos estos síntomas, o si alguien conocido los presenta? La ansiedad generalizada no suele desaparecer por sí sola, pero afortunadamente la terapia psicológica suele funcionar muy bien, ayudando a que desaparezcan los síntomas y que la persona pueda recuperar un funcionamiento diario normal y satisfactorio con cierta rapidez. Con frecuencia se elige la terapia cognitivo conductual para el tratamiento del TAG, un tipo de terapia muy estudiada y con amplio respaldo científico que enseña a la persona diferentes formas de pensar, comportarse y reaccionar ante diversas situaciones para ayudarle a sentirse menos ansiosa o preocupada. Otro enfoque terapéutico muy empleado es la terapia de aceptación y compromiso, que utiliza estrategias como el establecimiento de metas para reducir la incomodidad de los síntomas y la ansiedad. En los casos más resistentes o con más síntomas también se pueden emplear temporalmente algunos fármacos como complemento a la terapia. En todo caso, estrategias basadas en un estilo de vida saludable, el deporte, la disminución del consumo de sustancias excitantes como la cafeína y cuidar el descanso nocturno suelen ser una buen punto de partida y un objetivo común en la mayoría de los tratamientos.</p>
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		<title>Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Parálisis por análisis… Seguramente os habrá pasado alguna vez que ante una decisión importante en la que queríais tomar la mejor decisión, os habéis quedado un poco atascados en la fase de contemplar todas las posibles opciones, los pros, los contras, los qué pasaría sí, el “vale, ya lo tengo claro”... Pero cuando asumes una opción no eres capaz de desprenderte de alguna de las otras: es lo que se conoce como parálisis por análisis. Vamos a ver con un poco más de detalle de qué va esto y qué es lo que podemos hacer en este tipo de situaciones… INTRO Las personas somos todas diferentes. Algunas son más impulsivas, otras más reflexivas. Algunas más habladoras, otras más calladas. Algunas más activas, otras más tranquilas… independientemente de estos rasgos, todos tenemos nuestros momentos más y menos impulsivos, momentos en los que estamos más o menos activos o habladores. Por eso, seamos de un estilo u otro, es fácil que lo que vamos a explicar hoy nos haya pasado en mayor o menor grado alguna vez. Es lo que se conoce como parálisis por análisis. Tenemos que tomar una decisión que para nosotros es importante. Puede tratarse de algo más o menos trascendente, pero el caso es que para nosotros en este momento es algo a lo que le estamos dando importancia (aunque desde el punto de vista de otras personas esta decisión no sea nada importante). Pero el caso es que tenemos diferentes opciones a la hora de decidir, cada una con sus pros y sus contras. Y es que la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Que sí, que está muy bien el que nos paremos a reflexionar las posibles opciones antes de tomar una decisión y actuar, de hecho hemos hablado de eso mismo en otros artículos y vídeos. El problema viene cuando nos quedamos atascados en esta fase de análisis, dándole excesivas vueltas al problema, perdiendo tiempo y energía, sin llegar a decidirnos por ninguna opción y por lo tanto sin actuar en uno u otro sentido. Algunas personas se quedan atascados en la búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el miedo al fracaso es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero a pesar de todo, puede ocurrir que el coste de no llegar a tomar una decisión sea en realidad mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer cuando nos vemos atascados en una situación así? Cuando somos conscientes de que nos estamos pasando con el tiempo o la energía que le estamos dedicando a una decisión, podemos optar por varias opciones: Limitar el número de opciones. Cuando estamos atascados en este tipo de situaciones menos es más. Es imposible elegir entre todos los posibles modelos de coches, pantalones, zapatillas, u ordenadores. No podemos comparlos todos porque hay demasiados. Es mejor limitar la elección a unas pocas opciones (quizá dos o tres) y dedicarle tiempo a analizar solo estas, en lugar de intentar abarcar todas las posibles opciones. Es por esto que muchos vamos siempre a las mismas tiendas de ropa o compramos siempre los electrodomésticos o cacharritos de una determinada marca. Tener demasiadas opciones puede llevarnos a quedarnos atascados y no llegar a elegir ninguna. Otra cosa que podemos hacer es decidirnos por la primera opción que consideremos suficientemente razonable. Si asumimos que es suficientemente buena, aunque no sea perfecta, podremos salir del bloqueo y seguir adelante con este y otros asuntos importantes. Nuestro tiempo y nuestras energías también son importantes y no tenemos porqué desperdiciarlos. También podemos marcarnos plazos temporales. Cuando estamos atascados sin saber muy bien por dónde tirar, ayuda tener una fecha tope para tomar una decisión. Si no nos viene dada esta fecha por las circunstancias, podemos fijarla nosotros mismos: nos damos un plazo para tomar una decisión, y si pasado este tiempo no la hemos tomado, una de dos, o asumimos la opción que consideremos más razonable en ese momento, o abandonamos la idea y dejamos de dedicarle tiempo y energía. También podemos intentar enfocarlo desde otro punto de vista. En lugar de enfocarlo como una decisión definitiva, podemos plantearnos que probablemente podamos cambiar de opinión en el futuro, cambiar de rumbo, realizar modificaciones, etc. Si le quitamos un poco de hierro a la decisión probablemente sea más fácil decantarnos por una u otra alternativa. Si vemos que no somos capaces de tomar la decisión por nosotros mismos, podemos compartir nuestras inquietudes con otras personas que nos ayuden a decidir. En función de las circunstancias, estas personas pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, o de en caso de ser necesario, también podemos solicitar ayuda profesional. Finalmente, un último recurso sería imaginar posibles consecuencias de cada una de las alternativas que barajamos, y exagerarlas llevándolas al extremo. Si las consecuencias no son muy desastrosas llevándolas al extremo, probablemente podamos asumir esa opción como buena o, al menos, elegir la que tenga consecuencias menos graves. Esta es nuestra lista de opciones para salir de esa parálisis, y vosotros ¿qué hacéis para salir de este tipo de situaciones? Si tenéis un truco que os funciona para ayudaros a elegir cuando os sientes atascados, contárnoslo en los comentarios. Y hasta aquí, otra píldora de psicología, si os ha gustado tenéis muchos más vídeos y artículos en el canal de YouTube y en albertosoler.es. Y en todas las librerías nuestro libro “Hijos y Padres Felices”. ¡Un saludo!</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/por-que-lo-mejor-es-enemigo-de-lo-bueno/" data-wpel-link="internal">Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Os habéis planteado alguna vez el tiempo que empleamos a lo largo de nuestra vida en <a href="https://www.albertosoler.es/ceguera-a-la-eleccion-por-que-fallamos-tanto-al-tomar-decisiones/" data-wpel-link="internal">tomar decisiones</a>? Sí, mucho. Solemos pensar que cuanto más tiempo dedicamos a meditar una decisión, mejor será el resultado final. Pero, ¿y si realmente no es así?, ¿y si <strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="0oTAzvwFgqa2C7iGSWjE"><iframe title="Por qué buscar LO MEJOR puede ser una mala idea: lo mejor es enemigo de lo bueno" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/QXGehWiK_dM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habréis oído muchas veces eso de que “<strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>” Esta expresión pertenece a Voltaire y la emplea para hablar de una trampa lógica que se conoce como la &#8216;Falacia del Nirvana’: rechazar una acción o una idea comparándola con lo mejor, con algo tan «mejor» que resulta inabarcable o imposible. Lo que digo siempre, que <strong>ninguna realidad puede competir con una fantasía</strong>, ya sea un trabajo, un viaje o una pareja. Lo veíamos <a href="https://www.albertosoler.es/el-sindrome-de-paris-por-que-enferman-algunos-japoneses-al-llegar/" data-wpel-link="internal">cuando hablábamos del síndrome de París</a>. Pues bien, <strong>aceptar que lo mejor es enemigo de lo bueno no es tarea sencilla</strong>, ya que tendemos a pensar que lo mejor es lo mejor y punto, sin darle más vueltas al asunto. Se requiere cierto recorrido vital para entender que quizá ese “lo mejor” es una fantasía, una utopía que nos aleja de tomar buenas decisiones en el momento presente, esperando algo que quizá nunca llega.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal">Cuando nos enfrentamos a decisiones importantes en la vida</a> es necesario dedicarles un mínimo de tiempo para poder contemplar todos los elementos que entran en juego, comparar distintas opciones, y una vez tengamos toda la información necesaria, tomar la mejor decisión posible. Pero no siempre es todo tan sencillo. <strong>Hay veces que no hay una decisión que sea “la mejor”</strong>; hay veces que no disponemos de toda la información necesaria y tenemos que hacer una apuesta; en otras ocasiones las opciones que tenemos son prácticamente equivalentes (al menos, con la información que tenemos) y nos cuesta decantarnos por una u otra. Y ahí es donde nos enganchamos: esperando el mejor resultado vamos dejando pasar el tiempo y las oportunidades rechazando opciones que eran realmente buenas y que podían funcionar para nosotros.</p>
<p>Entonces, <strong>¿emplear más tiempo en una búsqueda o una decisión implica mejor resultado final? Definitivamente, no.</strong> Echarle tiempo “a granel” a un proceso de toma de decisiones no es garantía de nada, a veces todo lo contrario.</p>
<p>Muchas personas se quedan atascadas en un proceso eterno de búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de todas las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">miedo al fracaso</a> es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero en todos estos casos lo que acaba ocurriendo es que el coste de no llegar a tomar una decisión en realidad puede acabar siendo mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Es lo que se conoce como parálisis por análisis: la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Y eso es algo que nos cuesta mucho.<br />
<a href="https://www.albertosoler.es/renunciar-para-ser-felices/" data-wpel-link="internal">Estamos preparados para elegir ventajas o virtudes, no para elegir defectos</a>. Pero cada opción que tomamos tiene su cara b: si compramos un apartamento en la playa estamos renunciando a tener una casita en la montaña. Si elegimos un pequeño deportivo estamos renunciando a tener un buen maletero. Si elegimos una escuela súper molona y súper interesante probablemente tenemos que renunciar a la que tenemos más cerca de casa. Vivir es elegir, y elegir es renunciar.</p>
<p><strong>Pero hay que elegir; no hacerlo mientras esperamos que se presente ante nuestros ojos la opción ideal es una forma de garantizarnos el fracaso al mismo tiempo que nos engañamos a nosotros mismos pensando lo difícil o injusta que es la vida porque no nos da las mismas oportunidades que al resto</strong>. Pero quizá no tenemos que culpar a la vida y lo que debemos es dejar de crear esa narrativa fatalista y aceptar que tal vez nuestras fantasías o aspiraciones nos están impidiendo alcanzar realmente nuestras metas. Porque, quizá, lo mejor es enemigo de lo bueno.</p>
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		<title>Superar la crisis de la mediana edad o la crisis de los 40 años</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Sep 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Llevas mal el paso del tiempo?, ¿cumplir años?, ¿la crisis de los 40? Pues siento decirte que nunca jamás vas a ser tan joven como eres hoy. Quizá eres de esas personas que tienen una relación muy complicada con el paso del tiempo; mala hasta el punto de negarlo y no aceptarlo. Esta relación complicada [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/superar-crisis-30-40-50-mediana-edad/" data-wpel-link="internal">Superar la crisis de la mediana edad o la crisis de los 40 años</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Llevas mal el paso del tiempo?, ¿cumplir años?, ¿<strong>la crisis de los 40</strong>? Pues siento decirte que nunca jamás vas a ser tan joven como eres hoy. Quizá eres de esas personas que tienen una relación muy complicada con el paso del tiempo; mala hasta el punto de negarlo y no aceptarlo. <strong>Esta relación complicada con el tiempo suele empezar a partir de los 30 o los 40 años</strong>, edades en las que somos conscientes de los efectos que el tiempo tiene sobre nosotros y hacemos lo posible por contrarrestarlo. Pero claro, hay formas adaptativas de hacerlo, y hay otras que son bastante contraproducentes. Veamos.</p>
<p><span class="WAWEe0JFU4tZefLOjgdy0joKGYvp1IZVyEPYxQSkF98zDbRMk2KOdv4caNsLzxqC51ATai6nRPDXhHJrusMiHm2ImfXB"><iframe title="La crisis de los 30, de los 40 o crisis de la mediana edad" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/jZkJyEm45qc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es probable, porque me lo chivan los datos de audiencia de YouTube, que estés cerca tu 30 o tu 40 cumpleaños, ¿verdad? Son edades bastante simbólicas en las que empezamos a plantearnos cosas y hay personas para las que puede llegar a suponer un verdadero trauma. Pero, qué queréis que os diga, <strong>luchar contra el paso del tiempo es como luchar contra la gravedad: algo bastante inútil.</strong> Te guste o no te guste está ahí, y va a avanzar sin preguntarse si te parece bien o no. Por lo tanto, sería buena idea reconciliarnos con el tiempo y aceptar la edad que tenemos.</p>
<p>Hay <strong>toda una industria que gira alrededor de frenar, o intentar frenar, el avance del tiempo:</strong> cosméticos, libros, entrenamientos, &#8230; Da la impresión que la edad implica de manera natural una pérdida de atractivo, ya que el objetivo siempre es restar años, aparentar más juventud, que no se note qué edad tienes.<br />
Es paradigmático el tema de las canas en las mujeres (no en los hombres, ya sabéis cómo van estas cosas). Desde la primera cana hay que taparla corriendo, entrando en la esclavitud con el tinte, no sea cosa que alguien en algún momento pueda pensar que el tiempo también te afecta, ¡qué vergüenza! Esto también forma parte de la llamada «crisis de los 40».</p>
<p>Seguro que <strong>conocéis personas a vuestro alrededor que se esfuerzan por ocultar su verdadera edad,</strong> que celebran cumpleaños pero nadie sabe realmente cuántos años cumplen, como si el dígito llevara implícita una vergüenza o humillación. Esto no sería un problema si en vez de enfocarlo a la apariencia o la estética lo centráramos en la salud. De hecho este es un buen objetivo: cumplir años y que nuestra salud se mantenga o incluso mejore. Esto pasa por responsabilizarnos, y ser conscientes del impacto de nuestros hábitos en los efectos del tiempo y la edad. Si lo que queremos es esto, <strong>no es necesario emplear costosos cosméticos ni hacer cosas raras; basta con tener una alimentación saludable, hacer ejercicio físico y también mental</strong> (que esto a veces se nos olvida). Esto no es nada nuevo, ya los griegos lo tenían clarinete, pero claro, todo esto cuesta esfuerzo. Es más fácil ponerse una crema antiedad… ¿Os imagináis una crema “anti gravedad”? Pues lo mismito.</p>
<p>La cosa es que esa lucha contra el tiempo no solo se restringe a lo físico o a la estética; también afecta a otros aspectos de nuestra vida. <strong>Vemos personas que mantienen conductas y relaciones con 30 o 40 años más propias de la adolescencia</strong>: huyen del compromiso en las relaciones de pareja, mantienen hábitos tóxicos no queriendo asumir que sus órganos sí saben del paso del tiempo y no olvidan. Y esto es porque con frecuencia nos sentimos más jóvenes de lo que realmente somos, y creemos que el tiempo no pasa por nosotros. Pero ay si pasa!<br />
Vivimos como si el tiempo no pasara por nosotros, y de repente, un día, de golpe, nos damos cuenta de que sí que ha pasado; quizá es al ver una cana en el espejo, arrugas en el cara, al ver cómo las personas a nuestro alrededor comienzan a cambiar de vida, se estabilizan, tienen hijos&#8230; y entonces viene el bajón y la nostalgia por una juventud que sentimos que ha pasado. Eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.<a href="https://www.albertosoler.es/donde-buscar-la-felicidad/" data-wpel-link="internal"><strong> Idealizamos los años pasados como si fueran la verdadera esencia de la felicidad</strong></a>, como si fuera la medida con la que tenemos que compararlo todo. Y es cuando algunas personas entran en crisis: comienzan a comportarse de un modo propio de otras edades, adquieren productos para frenar el envejecimiento, realizan extrañas dietas, o incluso, llevados por la nostalgia y la idealización de esos tiempos pasados, les viene ese pensamiento de “maldita sea, aún soy joven, qué estoy haciendo con mi vida” y entonces es cuando se divorcian y comienzan a comportarse como adolescentes con 40 o 50 años.</p>
<p>Pero como decíamos también <strong>hay formas más adaptativas de manejar el paso del tiempo y la crisis de los 40</strong>; quizá ver esa cana o esas arrugas en el espejo, en vez de llevarte a la farmacia a por cremas o al tintes, te pueden llevar al gimnasio. A mejorar tu alimentación. A valorar el momento en el que te encuentras y asumir que si quieres añadirle vida a tus años debes ser consciente de que tu cuerpo es una máquina que hay que cuidar. No es cuestión de centrarse tanto en la chapa y pintura como en el motor, para que nos entendamos. Quizá te lleve a comprender que tienes que cuidar tu relación de pareja, tus amistades y hábitos, si no quieres acabar solo. Que debes responsabilizarte de tu vida.<br />
Y tenemos que comprender, aunque no nos guste, que nadie ha logrado ganar la batalla contra el tiempo. Es inútil, una lucha perdida…</p>
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		<title>Disonancia cognitiva: así te engañas a ti mismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Sep 2022 07:00:26 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una conocida fábula de Esopo que habla de una zorra que va por el campo y ve en lo alto de un árbol un apetitoso racimo de uvas. La zorra intenta alcanzarlo de todos los modos posibles pero no puede. Al darse cuenta de que el racimo está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay <strong>una conocida fábula de Esopo</strong> que habla de una zorra que va por el campo y ve en lo alto de un árbol un apetitoso racimo de uvas. La zorra intenta alcanzarlo de todos los modos posibles pero no puede. Al darse cuenta de que el racimo está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: «Bah, ¡no están maduras!». Y se va. Pues bien, <strong>este es un ejemplo perfecto de en qué consiste la disonancia cognitiva y lo que hacemos para evitarla</strong>. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="HDBIyqmldYboNUu6XWLivxjPeSR"><iframe title="Disonancia cognitiva: así te engañas a ti mismo" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/dYdjDb3a_d8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>Qué es la disonancia cognitiva</h2>
<p>La disonancia cognitiva es un concepto psicológico que hace referencia a un <em><strong>estado emocional desagradable que aparece por la discrepancia entre ideas y creencias que tenemos acerca de algo, o entre estas ideas y las conductas que llevamos a cabo.</strong></em> Esta sensación desagradable nos lleva a realizar conductas o crear justificaciones que eliminen o reduzcan la disonancia, y con ella el malestar, lo cual en la práctica implica muchas veces el hecho de <a href="https://www.albertosoler.es/debemos-decir-siempre-la-verdad-sinceridad-vs-sincericidio/" data-wpel-link="internal">mentirnos a nosotros mismos</a>.</p>
<p>Veámoslo en la fábula de Esopo: la zorra quiere las uvas, de hecho les ha visto una pinta estupenda, por eso las quiere, pero cuando se da cuenta que no puede alcanzarlas es cuando las desprecia diciéndose a sí misma que no merecen realmente la pena porque no están lo suficientemente maduras. Se está engañando a sí misma. ¿Que por qué hace eso? Porque reconocer que las quiere, que deben estar buenísimas, pero que no es capaz de alcanzarlas resulta demasiado doloroso, así que <strong>su mente idea una estrategia para evitar ese dolor: distorsionar la realidad para hacerla menos dolorosa. ¿Acaso no es esto lo que hacemos todos en numerosas ocasiones?</strong></p>
<p>Por ejemplo, esas personas tan tan de izquierdas y tan tan comprometidas con una y mil causas, pero que luego defraudan lo que pueden. “Como todos defraudan, yo prefiero no pagar impuestos y luego si eso, donarlo a la causa que yo quiera” (o si eso, ya me lo quedo tó pa mi…). Eso sí, luego el puño izquierdo bien arriba y a tope con lo público.<br />
O esas personas tan tan pro vida cuando se trata de embriones, para las que el aborto es un asesinato, pero que luego son insensibles ante la muerte de inmigrantes en las puertas de su país, o incluso son favorables a la pena de muerte. Para que no les explote la cabeza deben crear una y mil volteretas mentales para intentar que todo encaje.<br />
La disonancia cognitiva se observa muchas veces en consulta, en casos de ansiedad, depresión, estrés, dificultades de adaptación u otros problemas. Como suelo explicar a los pacientes: <em>“tu problema es que tu cabeza, tu corazón y tus pies van por caminos distintos, cada uno avanza en una dirección, y eso te genera malestar. Lo que tenemos que hacer es que cabeza, corazón y pies, pensamientos, emociones y conducta, vayan de la mano”</em> En consulta tratamos de encontrar formas adaptativas de disminuir esa disonancia cognitiva que tanto malestar genera a la persona. Pero no todas las formas de reducir la disonancia son adaptativas; a veces incluso nos hacen estar estancados y nos impiden avanzar.</p>
<h2>Proteger nuestros pensamientos de amenazas</h2>
<p>En nuestro día a día <strong>invertimos muchos esfuerzos en mantener nuestras ideas a salvo de las peligrosas amenazas externas que nos puedan hacer cuestionar nuestras creencias y nos generen malestar.</strong> Esto al final nos lleva a justificar del modo más exótico posible ciertos comportamientos para que encajen en nuestro sistema de creencias y valores, y a negar de modo frontal cualquier pensamiento o idea que pueda poner en riesgo aquellas que ya teníamos previamente. Y por el contrario, cuando encontramos algo que encaja con nuestras creencias e ideas, lo aceptamos inmediatamente sin dudarlo lo más mínimo. De hecho, es algo que nos viene muy bien ya que ayuda a construir nuestra identidad. Por eso leemos periódicos, escuchamos radios y podcasts, y escuchamos música afines a nuestras ideas.</p>
<p>Por eso, a veces <strong>nos dejamos llevar por los estereotipos</strong>, lo que algunos incluso han llamado <a href="https://www.albertosoler.es/la-crianza-perfecta-video/" data-wpel-link="internal">“packs ideológicos”</a>: si estás a favor de esto, lógicamente también deberías estar a favor de esto, esto y esto otro. Creamos nuestro pequeño búnker ideológico en el que aceptamos y rechazamos ideas, conductas o valores en función de si encajan fácil e indoloramente con los previos. Los que están fuera los rechazamos de plano, no sea que nos hagan cuestionarnos esos principios que tan a fuego hemos grabado.</p>
<p>Y así nos pasamos gran parte de la vida, haciendo malabarismos para evitar caer en la disonancia. Pero estos atajos, que están muy bien, porque nos ahorran tiempo y esfuerzo, también tienen una cara B: y es que <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">el mundo cambia, y si no nos adaptamos y cuestionamos nuestras ideas, cada vez nos costará más avanzar.</a> Al final tenemos que hacer un balance entre el coste que nos implica cuestionar nuestras propias ideas y valores, y el coste que tiene mantenernos estáticos en un mundo que cambia. Y lo que hay detrás de todo esto no es otra cosa que el miedo al cambio. <a href="https://www.albertosoler.es/hipocondria-y-si-es-algo-malo-cuando-nos-obsesionamos-por-la-salud/" data-wpel-link="internal">El cambio implica duda, incertidumbre</a>, y siempre vamos a tratar de evitarlo en mayor o menor medida, hasta que el coste de no cambiar sea mucho más elevado que el coste de hacerlo.</p>
<p>En fin, que cabeza, corazón y pies deben ir en una misma dirección para que no aparezca el malestar, la disonancia. Pero como decía, no todas las formas de reducirla son adaptativas, hay veces que por evitar la disonancia acabamos encerrados en nosotros mismos, con miedo a cuestionar cualquier cosa que no sea lo que ya conocemos. Y tampoco es eso, ¿no? Se hace necesario, pues, encontrar un equilibrio entre evitar el malestar por la disonancia o la incertidumbre y lograr avanzar y ser flexibles en nuestro día a día para no quedar estancados.</p>
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		<title>Las emociones y la regulación emocional</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Sep 2022 09:40:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Las emociones nos acompañan a todos cada día; pueden ser emociones agradables que nos encantaría sentir a todas horas, o emociones desagradables que desearíamos no tener. El caso es que están ahí, y las emociones y su control (o mejor dicho su regulación) forman parte de la mayoría de los procesos terapéuticos. ¿Qué son y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las emociones nos acompañan a todos cada día</strong>; pueden ser emociones agradables que nos encantaría sentir a todas horas, o emociones desagradables que desearíamos no tener. El caso es que están ahí, y las emociones y su control (o mejor dicho su regulación) forman parte de la mayoría de los procesos terapéuticos. ¿Qué son y cómo regular las emociones? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="yTBme4LaYqrC9OQ"><iframe title="Regulación emocional: cómo manejar las emociones" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/9M-cA1aoEbY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>Qué son las emociones</h2>
<p>Las emociones son una serie de reacciones involuntarias, subjetivas, breves e intensas, provocadas por un estímulo, que impulsan o inhiben la conducta. Los estímulos disparadores de las emociones pueden provenir del mundo exterior o de nuestro mundo interior (por ejemplo, un recuerdo). ¿Y qué tipo de reacciones generan las emociones? Fundamentalmente tres: a nivel fisiológico (incremento de la FC, sudoración, tensión muscular, aumento de la presión sanguínea, boca seca… lo que sea), a nivel cognitivo (pensamientos) y a nivel conductual (acercamiento, huída, respuestas faciales, etc.)</p>
<p>Los expertos están de acuerdo en que existen algunas emociones básicas que son universales y con las que venimos de serie (no son aprendidas). En lo que no se ponen tanto de acuerdo es en cuantas o cuales son: algunas de las consideradas generalmente como básicas son el miedo, la rabia, la tristeza, el amor, la alegría, asco, la curiosidad y según algunos la vergüenza, que no la tenemos al nacer, pero se considera a veces también básica por su importancia y relevancia.</p>
<p>Aunque desde nuestra propia experiencia subjetiva podría parecernos que hay <a href="https://www.albertosoler.es/el-miedo-en-la-infancia-entrevista-para-el-pais/" data-wpel-link="internal">emociones buenas y malas</a>, solemos decir que no hay emociones buenas ni malas, sino más bien agradables o desagradables, adaptativas o desadaptativas. Porque en principio todas las emociones tienen su función y están ahí por algo. Gracias a ellas hemos sobrevivido y estamos aquí hoy. Otra cosa es que nos resulten más o menos agradables o que nos puedan venir mejor o peor en un determinado momento. Pero no es la emoción en sí la que es mala; sería como un cuchillo o una piedra, que no son ni buenos ni malos por si mismos, pero nos pueden resultar útiles o nos pueden generar problemas en función de las circunstancias. Todas las emociones son necesarias porque nos dan información y nos mueven en un sentido o en otro. Por ejemplo, la tristeza nos empuja a separarnos de los demás y a reflexionar sobre lo que haya ocurrido, la alegría nos invita a compartir con nuestros seres queridos, la rabia nos incita a la lucha y el miedo a evitar el peligro.<br />
Por lo tanto, lo que sí podríamos decir es que hay emociones que nos motivan a acercarnos o a alejarnos de aquello que las ha producido; las emociones de aproximación como el amor, la alegría y la curiosidad, nos resultan agradables y sirven para acercarnos a situaciones o contextos que nos resultan gratificantes. A veces se les llama positivas, pero quizá decir agradables o de aproximación induce menos a error. Por el contrario, las emociones de defensa sirven para protegernos de potenciales peligros, sean personas, situaciones u objetos. Aunque a veces se les llama negativas, estas también son necesarias y útiles. Estas serían emociones como el miedo, la rabia y la tristeza. Cuando sentimos estas emociones la meta que nos proponemos suele estar por alcanzar y en las aproximación la meta suele estar ya lograda.</p>
<h2>Aprender a manejar las emociones</h2>
<p>A veces decimos que hay que aprender a gestionar o controlar las emociones pero, si lo tomamos desde un punto de vista literal, esto es muy difícil (por no decir imposible). Más que hablar de gestionar o controlar sería más correcto hablar de regular las emociones. La regulación emocional serían nuestros intentos para mantener o cambiar las emociones, y es una habilidad crítica para la vida, muy presente en nuestro día a día en la consulta. Es muy frecuente que las personas acudan al psicólogo porque tienen problemas emocionales, y parte de las intervenciones se dirigen a intentar reducir las estrategias de afrontamiento menos adaptativas o saludables y enseñar, practicar y promover estrategias más saludables, con las que puedan manejarse mejor con el problema que les trae a consulta, pero también de cara a las futuras dificultades que vayan surgiendo en el futuro.</p>
<p>Desde pequeños aprendemos a regular las emociones de manera natural desde casa mediante la relación con nuestros cuidadores, habitualmente nuestros padres y familiares cercanos. Cuando somos pequeños, por debajo de los 2 o 3 años, no tenemos esta capacidad de autorregularnos, porque el cerebro es aún muy inmaduro, y dependemos totalmente de que nuestros cuidadores sean capaces de hacerlo por nosotros. Es lo que llamamos “hererorregulación” de las emociones. Cuando quienes nos cuidan son personas tranquilas, y nos tratan con cariño y paciencia, con tacto, con caricias, abrazos y están atentas a nuestras necesidades, todo esto favorece, junto con el desarrollo del lenguaje, a que poco a poco vayamos ganando esta capacidad de autoregularnos. Con estas interacciones se van configurando las <a href="https://www.albertosoler.es/tu-cerebro-en-la-palma-de-la-mano/" data-wpel-link="internal">zonas cerebrales encargadas de esta regulación emocional</a>, que irán asumiendo poco a poco esta tarea que en principio asumían los cuidadores.</p>
<p>Pero difícilmente pueden ayudarnos si ellos mismos no han aprendido a regularse a sí mismos, igual que no nos pueden enseñar un idioma que no conocen. Cuando tenemos buenos modelos lo aprendemos de manera natural, cuando a las personas que son nuestros modelos se ven a menudo desbordad es por sus emociones, es normal que a nosotros también nos cueste. Pero ojo, esto no quiere decir que no podamos aprender, aunque sí nos puede costar un poco más que el que lo ha aprendido de forma natural de pequeño. Sería parecido a lo de aprender un idioma de pequeño o luego de mayores, que nos cuesta más, pero poderse, se puede. Así, las niñas y los niños poco a poco van siendo más conscientes de sus emociones, van desarrollando la capacidad de reflexionar sobre estas emociones, comprender su significado, decidir qué hacer con esto que les pasa o cambiar la forma de pensar sobre lo que les ocurre.</p>
<p>Cuando las emociones nos desbordan y perdemos el control se dice que nos estamos desregulando; cuando nos encontramos relajados, tranquilos, en calma, cuando estamos en paz con nosotros y con los demás, podríamos decir que estamos en equilibrio, regulados. Sin embargo, cuando nos sentimos abrumados por nuestras emociones, cuando nos cuesta pensar con claridad, si sentimos que estamos siempre alerta y reactivos, o por el contrario, cuando parece que todo nos cuesta demasiado, incluso pensar o movernos físicamente, y nos cuesta encontrar esos momentos de calma y bienestar, entonces podemos pensar que nos estamos desregulando.<br />
El problema precisamente es que muchas veces no somos muy conscientes y no nos damos cuenta de que nos estamos desregulando hasta que vemos las consecuencias. Muchas veces vivimos demasiado deprisa y no nos paramos a ver cómo estamos, cómo nos sentimos, qué necesitamos, y ante el malestar optamos por estrategias de afrontamiento desadaptativas que, aunque nos proporcionan alivio en el corto plazo, nos generan problemas en el medio y largo plazo.</p>
<p>Las estrategias de regulación emocional pueden ser adaptativas o desadaptativas; son adaptativas cuando se relacionan con mejores resultados en salud física y mental a largo plazo. Serían estrategias saludables, por ejemplo, las técnicas de relajación, el ejercicio físico, la meditación, compartir esas emociones, la revaluación cognitiva… Estas serían estrategias saludables. Y luego tenemos estrategias menos saludables que acaban implicando problemas en nuestra salud física o mental a medio o largo plazo, pese a que puede parecer incluso que funcionan en un momento dado; por ejemplo, el abuso del alcohol, tabaco u otras drogas, los atracones de comida, las compras compulsivas… serían estrategias de afrontamiento desadaptativas que surgen de una desregulación emocional. ¿Funcionan a corto plazo? Quizá. Pero lo que es seguro es que nos van a traer problemas más adelante.</p>
<p>La forma en la que manejemos nuestras emociones va a afectar a la mayoría, si no, todas las parcelas de nuestra vida: estudios, trabajo, pareja, amistades, salud, ocio, etc. La buena noticia es que aunque de momento no hayamos conseguido dominar esta habilidad de regular de forma adaptativa nuestras emociones aún podemos aprenderlo. En realidad lo estamos aprendiendo toda la vida y es algo que suele hacerse con mucha frecuencia en terapia psicológica.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia/que-es-la-terapia-cognitiva/" data-wpel-link="internal">La terapia cognitivo-conductual y otras terapias cognitivas</a> han mostrado su efectividad en este sentido, así como también otras intervenciones a nivel neurobiológico como tratamientos con fármacos antidepresivos o incluso la estimulación neural transcraneal que también han mostrado ser eficaces.</p>
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		<title>Cambio de hábitos: dejar los malos hábitos y tener hábitos saludables</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 May 2022 07:00:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Todos buscamos a veces un cambio de hábitos. Pero nadie hace con hábitos, ni buenos ni malos. Todos los hábitos son adquiridos o, mejor dicho, desarrollados. Y si hay algo sobre lo que trabajamos con mucha frecuencia los psicólogos son, precisamente los hábitos. De hecho, gran parte de nuestro trabajo pasa por ahí, por ayudar [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Todos buscamos a veces un <strong>cambio de hábitos</strong>. Pero nadie hace con hábitos, ni buenos ni malos. Todos los hábitos son adquiridos o, mejor dicho, desarrollados. Y <strong>si hay algo sobre lo que trabajamos con mucha frecuencia los psicólogos son, precisamente los hábitos.</strong> De hecho, gran parte de nuestro trabajo pasa por ahí, por <a href="https://www.albertosoler.es/la-primera-visita-psicologo-preguntas-respuestas-mas-frecuentes/" data-wpel-link="internal">ayudar a otras personas a cambiar sus hábitos</a>, abandonar los que no son útiles o constructivos y sustituirlos por otros mejores. Y os digo que no es fácil. Si lo fuera, si pudiéramos cambiarlos con facilidad, nos evitaríamos muchos de los problemas que tenemos. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="F5vmiGl1PsuESM63kRHQLdt8cVW97eNATUIogK0xjrDnCqypZbJafO4XzBhY2"><iframe title="Cambio de hábitos: CÓMO dejar los malos hábitos y tener hábitos saludables" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/pDwzKsjnABk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>¿Qué son los hábitos? Malos hábitos vs. hábitos saludables</h2>
<p>En ciencias de la salud, y especialmente en psicología,<strong> llamamos hábito a cualquier conducta que se repite de manera regular.</strong> Los hábitos, en sí, no son ni buenos ni malos, sino que dependerá de qué hábito concreto estemos hablando para determinar si es algo que nos beneficia o nos perjudica. Por un lado tendríamos lo que se conoce como “<strong>malos hábitos</strong>” que son los que mucha gente se para media vida intentando deshacerse de ellos: la bebida, el tabaco o los juegos de azar, por poner tres ejemplos que además se consideran adicciones. Pero no todos los malos hábitos tienen que ver con las adicciones, por ejemplo, hablar con un tono de voz elevado, ser irrespetuoso, conducir de manera brusca, decir palabrotas, ser impuntual&#8230; todo eso también son malos hábitos.</p>
<p>Y claro, la otra cara de la moneda son los <strong>hábitos saludables</strong>, esos hábitos que la mayoría queremos desarrollar por contribuir en diferentes aspectos a mejorar nuestra salud o nuestra vida: el ejercicio, la alimentación saludable, la lectura, los relacionados con la organización personal, el orden, la limpieza, etc.</p>
<h2>¿Cómo creamos los hábitos?</h2>
<p>Por lo tanto, tenemos tanto buenos hábitos como malos hábitos en función de como nos afectan. Y, ¿cómo creamos los hábitos? Pues uno de los elementos clave para la generación de hábitos es la repetición. Cuanto más repetimos una conducta, menos esfuerzo nos implica llevarla a cabo, hasta llegar al punto en el que la desarrollamos casi sin pensar. Esto está muy bien cuando es un hábito saludable, pero cuando es un mal hábito nos puede suponer bastantes dificultades a la hora de librarnos de él.</p>
<p>Pero, realmente, los hábitos no “se crean”, sino que los creamos. Somos nosotros quienes los asentamos en base a nuestra forma de ser y de actuar, y en base a distintas influencias: nuestra educación en casa, en la escuela, nuestros valores, nuestras preferencias, amistades, nuestra historia de aprendizaje&#8230; por eso distintas personas tienen hábitos tan diversos.</p>
<p>Para consolidar un hábito se requiere de lo que se conoce como las tres erres de los hábitos: recordatorio, rutina y recompensa. El recordatorio es un estímulo que nos indica que hemos de llevar a cabo la conducta; la rutina es la conducta en sí, y la recompensa es la consecuencia positiva que se deriva de haberla llevado a cabo. Por ejemplo, es martes por la tarde y en mi calendario pone “ejercicio”. Ese es el recordatorio. Salir a correr es la conducta en sí que quiero convertir en rutina, y la recompensa será alguna de las cosas buenas que eso me proporciona: estar más tranquilo, mejorar la forma física, descansar mejor, etc.</p>
<h2>Cambio de hábitos</h2>
<p>¿Y por qué nos cuesta tanto deshacernos de los viejos hábitos? Nos cuesta porque, precisamente, la razón de ser de los hábitos es esa, que se lleven a cabo sin casi esfuerzo ni pensamiento consciente. Cuando nos despistamos, ahí estamos volviendo otra vez a comportarnos como habíamos prometido que no haríamos. Cuesta mucho esfuerzo tanto generar un hábito positivo como perder uno negativo. Además, cambiar un mal hábito por otro más positivo es una competición muy desigual: tenemos que sacrificar un beneficio inmediato a corto plazo por uno más incierto a largo plazo. Y claro, eso cuesta mucho. <a href="https://www.albertosoler.es/adiccion-al-azucar-droga/" data-wpel-link="internal">¿Qué es más reforzante a corto plazo, comerte un donut o una pieza de fruta?</a> Pues, a no ser que vengas de un extraño planeta, probablemente te resultará más reforzante el donut, aunque sepas que para tu salud es mejor la fruta. Así que, para elegir la fruta, tienes que tener las ideas muy claras y no sucumbir a la mala influencia del entorno. Porque esa es otra dificultad: a veces el entorno nos lleva a mantener hábitos que no nos benefician; la industria de la alimentación invierte miles de millones en que comamos mal; el estrés diario nos dificulta encontrar tiempo para hacer ejercicio; nuestras amistades nos pueden presionar para beber o fumar.<br />
Un error que solemos cometer con frecuencia cuando queremos hacer un cambio de hábitos es ser demasiado ambiciosos; de repente “vemos la luz”, decidimos que las cosas “no pueden seguir así” y, de repente, nos proponemos comer mejor, hacer ejercicio tres veces por semana, meditar, leer y dejar las redes sociales. Y claro, sobre el papel puede estar muy bien. Pero la realidad es que estos cambios tan bruscos están condenados al fracaso. Cuesta mucho renunciar de golpe a los beneficios a corto plazo de esos “malos” hábitos, y cuesta tiempo empezar a ver los frutos de los nuevos.</p>
<p>Por lo tanto, <strong>si te planteas un cambio de hábitos trata antes que nada de hacer una jerarquía</strong>: anota de más a menos importante en tu vida <a href="https://www.albertosoler.es/la-importancia-marcarse-objetivos-cadena/" data-wpel-link="internal">todos los cambios que quieras hacer</a>. Revísalos, repásalos, reordénalos. Y cuando tengas claro cuál es el más importante o urgente para ti, empieza por ese. Pero no lo intentes hacer todo a la vez. Elige uno, comprométete con ese cambio, facilítate llevarlo a cabo y ponte difícil el incumplimiento. Por ejemplo: si has elegido empezar por el deporte, reserva un tiempo fijo durante la semana y ni te cuestiones si hacerlo o no. Se hace. Y cuantos más días sumes , más reforzarás el hábito, hasta que llegue el momento en el que te costará mucho menos. No será “gratis” a nivel de esfuerzo (solo los malos hábitos son tan, tan sencillos) pero sí mucho menos costoso. ¿Que has elegido mejorar tu alimentación? Haz un repaso a aquellos alimentos que no deberías estar tomando y empieza por ahí. De hecho, como dice el amigo <a href="http://juliobasulto.es" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Julio Basulto</a>, es más importante dejar de comer mal que comer bien. Porque el error que cometemos suele estar más en la línea del exceso de alimentos nocivos que en una falta de otro tipo de alimentos. Haz ese listado (de hecho, en su último libro tienes uno bastante breve por el que empezar) y bajo ningún concepto te permitas esos alimentos. ¿Los tienes por casa? Tíralos. No los compres. Y recuerda que la excepción es eso que haces una o dos veces al año, no una o dos veces al mes.</p>
<blockquote><p>En resumen, que cuesta mucho el cambio de hábitos por la misma naturaleza de los hábitos que nos lleva a ejecutarlos de manera automática. No quieras cambiarlo todo de golpe sino más bien ten estrategia, elige y comprométete con un cambio cada vez. De ese modo irás ganando dominio sobre ti mismo y empezarás a ver avances que te motiven a incorporar más cambios positivos.</p></blockquote>
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		<title>Efectos del café y la cafeína sobre el cerebro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 May 2022 13:30:05 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Yo no bebo alcohol, tampoco fumo, lo de los juegos de azar ni me va ni me viene, y el resto de drogas, ya ni te cuento… Pero eso sí, a mi el café ¡que no me lo toquen! El del desayuno, el de llegar al trabajo, el de media mañana, el de después de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Yo no bebo <a href="https://www.albertosoler.es/el-alcohol-la-droga-ms-peligrosa-i/" data-wpel-link="internal">alcohol</a>, tampoco fumo, lo de los <a href="https://www.albertosoler.es/apuestas-on-line-juego-adiccion-en-alza/" data-wpel-link="internal">juegos de azar</a> ni me va ni me viene, y el resto de drogas, ya ni te cuento… Pero eso sí, <strong>a mi el café ¡que no me lo toquen!</strong> El del desayuno, el de llegar al trabajo, el de media mañana, el de después de comer, el de media tarde, el de antes de cenar&#8230; Y alguno otro que me dejo por el camino. ¿Eso quiere decir que soy adicto a la cafeína? Pues casi, casi… pero no!, no hablamos de adicción en el caso de la cafeína, pero desde luego es una droga con efectos claros en el SNC, que puede producir intoxicación, tolerancia y abstinencia. Hoy vamos a hablar una droga muy especial porque es la más consumida a nivel mundial, la tenemos completamente integrada y aceptada en la mayoría de culturas y la consumen personas de casi todas las edades. La tenemos tan tan asumida que a veces las personas se sorprenden cuando recordamos lo que en realidad todos sabemos: que es una droga.</p>
<p><span class="m5bsMu4fDHBUpI9lnxLjOc6"><iframe title="Esto es lo que la cafeína le hace a tu cerebro" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/pLrZJ8-jPTQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>El café <strong>surgió probablemente en algún punto de la península arábiga hacia el siglo X</strong>; en un primer momento esta sustancia fue condenada por la ortodoxia islámica, pero poco después cambiaron de opinión y se convirtió en una sustancia providencial que permitía rezar ¡sin que los creyentes fueran perturbados por la somnolencia!</p>
<p>Al entrar en Europa esta sustancia encontró una fuerte oposición al introducirse en los países protestantes, que castigaban su comercio y consumo hasta con penas de cárcel, por considerar su consumo “una nueva desverguenza”. Incluso Rusia llegó a castigar la posesión de café con penas de tortura o incluso la pérdida de ambas orejas! Con el tiempo, estas medidas fueron derogándose y desde el siglo XVIII en adelante el café ha pasado a considerarse una “droga intelectual” a diferencia de otras sustancias más “marginales”.</p>
<p><strong>La cafeína es el principio activo del café y es una sustancia amarga que se encuentra de forma natural en más de 60 plantas, incluyendo los granos de café</strong>, con los que se elabora esta bebida, las hojas de té, las nueces de cola con las que se elaboran los refrescos de cola o las vainas de cacao que se emplean para hacer chocolate. Vamos, que todas estas sustancias tienen en mayor o menor medida cafeína.</p>
<p>La concentración de cafeína en distintos productos es muy variable, dependiendo incluso de su preparación. Por eso, una misma taza de café puede tener concentraciones muy distintas de cafeína en función de cómo se haya preparado (tipo de café, cantidad, máquina empleada para hacer la infusión, temperatura en la preparación, etc. ) Vamos, que no es tan sencillo saber exactamente qué cantidad estamos tomando en cada momento.</p>
<p>Según explica Antonio Escohotado, la cafeína comparte muchos efectos con estimulantes como la cocaína, siendo sus efectos similares pero unas diez veces menos potentes. Según sus cálculos, una persona que tomara un litro de café al día, estaría tomando el equivalente a un gramo de cocaína al día; aunque no tenemos muy claro este cálculo, ninguna de las dos cosas parece buena idea. Y es que de hecho, una persona con una intoxicación de cafeína puede requerir atención médica inmediata, ya que dosis altas (por encima de los 5 g) pueden llegar a ser letales.</p>
<h2>Efectos de la cafeína</h2>
<p>La cafeína tiene muchos efectos sobre el metabolismo, siendo el principal la estimulación del sistema nervioso central, lo que hace que nos sintamos más despiertos y con más energía. También es un diurético que nos hace orinar más, aumenta la liberación de ciertos ácidos en el estómago, lo que puede producir malestar o acidez, aumenta la presión arterial, puede interferir en la absorción del calcio, y un largo etcétera.</p>
<p>Como decimos, no hay debate al considerar la cafeína como una droga; es una sustancia que produce tolerancia, abstinencia y cuyo consumo elevado por población de riesgo (niños y embarazadas, por ejemplo) puede tener consecuencias adversas para la salud. Lo que no está tan claro es lo de la adicción a la cafeína.</p>
<p>La tolerancia significa que para obtener unos determinados efectos, cada vez necesitamos tomar más cantidad de la sustancia. Por ejemplo, muchas personas que no consumen apenas cafeína, si toman un café después de comer pueden tardar en conciliar el sueño hasta las tantas (por no mencionar el nerviosismo o incluso taquicardia). Yo suelo tomar mi último café antes de cenar, sobre las 9 de la noche, y poco después me quedo dormido en el sofá viendo Netflix. Mi suegro se lo toma a veces después de cenar y de ahí directo a la cama sin mayor problema… En mi caso supongo que para desvelarme necesitaría dos o tres tazas más de café, aunque tampoco hace falta comprobarlo!</p>
<p>En el caso de la cafeína, la tolerancia se produce no solo en cuanto al sueño o sus efectos a nivel cognitivo (mayor concentración, estar más despierto, activo), sino también a otros como la ansiedad o taquicardia que puede producir&#8230; Eso en relación a la tolerancia… pero ¿qué es la abstinencia?</p>
<p>Los que estáis metidos en esta rueda seguro que conocéis bien ese dolor de cabeza tan pastoso y desagradable por culpa de la abstinencia de cafeína. La abstinencia es un conjunto de reacciones desagradables, tanto a nivel físico como psicológico, que se producen como consecuencia de una interrupción o disminución del consumo de la sustancia. En el caso de la cafeína, tal y como recoge el DSM5, los principales síntomas de abstinencia incluyen cefalea, fatiga o somnolencia, bajo estado de ánimo, irritabilidad, problemas de concentración e incluso cuadros pseudogripales con náuseas, vómitos y dolor o rigidez muscular. Yo, salvo esto último, lo suelo tener casi todo si bajo el número de tazas diarias que me tomo (probablemente lo último no lo note porque no le doy ocasión porque mucho antes me he tomado mi cafetito).</p>
<p>De hecho, debo reconocer, no sin un poco de vergüenza, que soy mejor padre con café que sin café. En esas tardes en las que están insoportables (con perdón), con gritos, lloros, quejas&#8230; es tomarme esa taza extra y oye, mano de santo! Con eso ya tengo el plus de calma y paciencia necesario para hacerle frente a todo! Sí, lo sé, es muy triste, pero peores cosas hay en la vida… (al menos, ese es mi consuelo)…</p>
<p>Según mi mujer, igual esto lo podemos entender también al revés: “tal vez-quizá”, los nanos no estaban tan insoportables sino que era mi nivel plasmático de cafeína que empezaba a descender y con él mi paciencia y tolerancia a ruidos, lloros y quejas… en fin, que está muy bueno el café xD</p>
<p>En el caso de la cafeína este cuadro de abstinencia se produce en menos tiempo que con otras drogas como el opio, la heroína o los barbitúricos; además con dosis bastante bajas: unos 80 miligramos diarios de cafeína, el equivalente a un taza de café exprés, consumidos diariamente durante una semana ya es capaz de producir un cuadro de abstinencia.</p>
<h2>Consecuencias del consumo de cafeína</h2>
<p>¿Y qué consecuencias puede tener un elevado consumo de cafeína? Los efectos que pueda tener están relacionados directamente con la cantidad ingerida, a más cantidad, más riesgo asociado. Aunque obviamente también puede haber otros factores. Sin embargo, según la Clínica Mayo, los primeros estudios que se realizaron sobre los efectos del café no tuvieron en cuenta que su consumo muchas veces se asociaba al de otras sustancias claramente nocivas para la salud como tabaco y alcohol. Estudios más recientes, al controlar estas variables, encuentran incluso que el consumo de café puede proteger frente a enfermedades como el Parkinson, Diabetes tipo 2, Enfermedades hepáticas, incluyendo el cáncer de hígado, ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, el café, si no es consumido en exceso ni por población vulnerable, no parece tener unos efectos muy negativos para la salud, incluso lo contrario</p>
<p>Sin embargo, el café sigue teniendo riesgos potenciales, sobre todo por su alto contenido de cafeína. Por ejemplo, puede aumentar temporalmente la presión arterial por lo que mujeres embarazadas lo deberían evitar al máximo. Por otra parte, sí nos gusta mucho el café tendríamos que ir con cuidado también con el azúcar o edulcorantes que le echemos, porque ambos se asocian al sobrepeso, obesidad y enfermedades relacionadas.</p>
<h2>El caso de las bebidas energéticas</h2>
<p>Y hablando cafeína y azúcar, hay otras bebidas que contienen también mucha cafeína y mucho azúcar, y merecen una mención especial xq son cada vez más populares: las llamadas “bebidas energéticas”. Estas bebidas contienen unas cantidades elevadísimas de cafeína y azúcar, el equivalente a tres cafés bien cargados y quince sobres de azúcar por lata. Esto es muy preocupante, sobretodo si tenemos en cuenta que son cada vez más populares entre niños y adolescentes. Como explica nuestro amigo Julio Basulto, Dietista Nutricionista, en su reciente libro Come Mierda (que acaba de sacar y ya va por la tercera edición), “Nadie en su sano juicio permitiría a un niño tomar tres cafés y quince sobres de azúcar de golpe”, y es ahí donde radica el problema de estas bebidas: muchas personas desconocen lo que se están bebiendo sus hijos. Se piensan que es un refresco más. Y no es que los refrescos sean saludables, que tampoco lo son: pero es que esto es mucho peor! Son bombas de cafeína y azúcar. Y sí, he dicho niños; en este libro Julio nos cuenta que la mayoría de los consumidores de estas bebidas son menores entre 10 y 18 años. Y que de hecho, un 20% de niños menores de 10 años toma una media de DOS LITROS mensuales de estas bebidas. Repito: DOS LITROS, niños menores de 10 años!! Además, si tenemos en cuenta que muchas veces se consumen combinadas con alcohol, el problema se hace más grande aún, ya que enmascara los efectos del alcohol y hace que la persona pueda beber beber más, con consecuencias potencialmente letales. ¡¡Mucho cuidado con esto!! Estas bebidas nunca deberían ser consumidas por menores de edad, mujeres embarazadas y o en periodo de lactancia, y si se consumen (que tampoco es que haga falta), hacerlo con muchísima precaución por el resto de la población.</p>
<p>En resumen: que sí, que la cafeína es una droga. Nos guste o no… que produce tolerancia, abstinencia, y en función de la dosis, puede tener efectos negativos para la salud. Estos efectos, con las cantidades de café que normalmente consumimos las personas adultas son poco habituales, pero cuando hablamos de niños y bebidas energéticas deberíamos tener muy claro, que los niños y adolescentes no deberían acercarse a ellas ni de lejos. Bueno, los adultos, en realidad, tampoco…</p>
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		<title>TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Apr 2022 07:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay personas que viven atrapadas en un bucle de pensamientos obsesivos que les llevan a hacer conductas de todo tipo. Comprobar muchas más veces de lo razonable si han cerrado la puerta de casa o el gas, tener que pulsar los interruptores un número determinado de veces, repetir una palabra cada vez que ven o escuchan cierta cosa, caminar solo por las baldosas de un color determinado o lavarse las manos varias veces al día como si fueran a entrar en quirófano. Esta semana <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/y-si-tengo-toc/" data-wpel-link="internal">hablamos del Trastorno Obsesivo Compulsivo</a> o, como se le suele llamar habitualmente, TOC. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="zgRutPDqH9irZ5LnlSCaUb1TkV7p2MFxXNQ4OswA6KWBy"><iframe title="TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/Oal3bsZ3ftU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Quizá después de los ejemplos que os he puesto os vienen a la cabeza pelis como Mejor imposible o Toc Toc, por poner dos ejemplos. Y sí, son pelis que están muy bien, yo me he divertido mucho viéndolas. Pero como psicólogo ya os digo que el TOC no es nada divertido&#8230;  Las personas que lo sufren viven muy limitadas por sus síntomas, y en muchos casos se convierte en un problema crónico.</p>
<p>El TOC, como su nombre indica, es un trastorno que se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos involuntarios que causan mucha ansiedad. Las compulsiones, por su lado, son una serie de conductas desadaptativas que, disminuyen la ansiedad que generan las obsesiones. Hasta aquí no habría problema: tenemos un pensamiento negativo, pero encontramos una conducta que lo neutraliza. Fin del problema, ¿no?</p>
<p>Pues no. El quid de la cuestión está en que ese alivio de la ansiedad es solo temporal, y las compulsiones paradójicamente acaban formando más parte del problema que de la solución. Os pongo ejemplos: un paciente que vive obsesionado por la idea de enfermar gravemente por los virus y bacterias que hay en sus manos. Por ello, debe lavarse las manos de una manera muy minuciosa cada vez que toca algo que podría estar “contaminado”. ¿El problema? Que prácticamente todo lo que toca está, según su criterio, “contaminado”. Al final esa forma de lavarse las manos le acaba produciendo heridas e invierte tanto tiempo en estos rituales que le impide llevar a cabo una vida normal.</p>
<p>Otro ejemplo. Una paciente tiene dudas acerca de si ha cerrado correctamente el gas, con lo que estando de camino al trabajo tiene que dar la vuelta. Comprueba que está bien, y marcha de nuevo. Pero al cabo de un rato, vuelve la duda: “¿seguro que lo he comprobado bien?” El malestar es tan intenso, con imágenes de su casa y medio vecindario en llamas que, de nuevo, tiene que dar la vuelta y volver a comprobarlo otra vez. Y cuando estaba saliendo de casa, de nuevo la misma duda. Y esto le ocurre todos los días, varias veces al día respecto a distintas cosas: si ha cerrado el coche, el gas, las luces de casa&#8230; o incluso si ha atropellado a alguien por la carretera sin darse cuenta, por lo que tiene que deshacer varias veces parte del camino para asegurarse que no hay ningún cadaver en la cuneta y que ella no se había dado a la fuga sin pretenderlo.</p>
<p>Un último ejemplo. Un paciente que cada vez que piensa en un ser querido, si no repite mentalmente una larga lista de palabras y frases, está convencido de que esa persona va a tener un accidente y va a morir. Y claro, como no hay mejor forma de pensar en algo que no queriendo pensar en ese algo, su mente está constantemente repleta de imágenes de sus seres queridos, y él teniendo que repetir esos “conjuros” mentales sin descanso, hasta tal punto que no puede trabajar ni relacionarse con normalidad porque toda su atención está centrada en ese asunto.<br />
Lo que os decía, que poca broma con el TOC. Las personas que lo tienen sufren muchísimo.</p>
<p>Si os fijáis en los ejemplos que os pongo, <strong>realmente no hay nada extraño en esas conductas.</strong> No hasta cierto punto. Por ejemplo, el paciente del lavado de manos: sí, es razonable que si tienes las manos muy sucias puedas contagiarte de algo y enfermar. El problema viene con qué es lo que considera que está “limpio” o “contaminado” y con esa frecuencia e intensidad de lavado de manos. La paciente de las comprobaciones. Todos hemos dado la vuelta para comprobar si hemos cerrado bien la puerta o el gas alguna vez. Y ahí está el tema: alguna vez. Lo compruebas y sigues tu camino. O si crees que es una duda poco razonable, aceptas la incertidumbre y sigues adelante sin comprobarlo. Pero <strong>esta persona es incapaz de evitar la comprobación, e incluso después de haberlo hecho se instala en ella esa duda patológica que le lleva a comprobarlo de nuevo varias veces.</strong> Y el paciente de los pensamientos sobre sus seres queridos; todos podemos tener pensamientos o ideas marcianas. Pero somos capaces de dejarlas pasar. Y precisamente ahí está la clave del TOC. Estas personas no tienen ideas muy descabelladas; de hecho, todos tenemos pensamientos obsesivos que nos generan malestar. La principal diferencia es que las personas que sufren TOC son incapaces de no hacer caso a esas ideas, y al final su vida acaba girando alrededor de sus obsesiones y sus compulsiones.</p>
<p>Muchos pacientes de TOC en la primera sesión me preguntan: <strong>“¿cuándo dejaré de tener estos pensamientos?”</strong> Y mi respuesta suele ser que, probablemente, nunca. Claro, imaginad la cara de decepción de la persona cuando escucha esto. Pero luego se lo explico, no soy así de cruel. Le cuento que no dejará de tener esos pensamientos porque todos los tenemos, que son normales. Que su problema no es tener esos pensamientos, sino la ansiedad que le generan y el hecho de no ser capaz de dejarlos ir. Las personas con TOC toman esos pensamientos muy en serio, tanto que al final todo gira entorno a ellos.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-trastorno-obsesivo-compulsivo-valencia/" data-wpel-link="internal">Gracias a la terapia</a>, con el tiempo, pueden ser conscientes de que esos pensamientos que tienen son pensamientos obsesivos, que esas catástrofes que están anticipando si no llevan a cabo sus compulsiones nunca ocurren, y que pueden seguir con su vida a pesar de esos pensamientos. Y ahí está la clave: seguir a pesar de los pensamientos.<br />
Como os digo, el TOC es un trastorno que genera mucho malestar, y en ocasiones la terapia puede llevar mucho tiempo. Sobre todo porque las personas suelen acudir después de mucho tiempo, a veces años, de tener esos pensamientos instalados. Y a más tiempo con esos pensamientos, más cuesta luego aprender a gestionarlos de otra manera. La medicación en estos casos suele ser más importante que en otros, hasta el punto que hay pacientes que no logran avanzar sin tener una pauta de medicación. ¿Durante cuánto tiempo? En algunos casos son semanas o meses, pero en otros casos tiene que mantenerse de forma crónica. Es algo que no suele gustar a quien tiene que tomar la medicación, pero afortunadamente a día de hoy existen estos recursos que permiten llevar a cabo una vida totalmente normalizada.<br />
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