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	<title>Artículos de Educación - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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	<description>Centro de psicología dirigido por  Alberto Soler y Concepción Roger. Te acompañamos a entender lo que te pasa y a sentirte mejor. Adultos, infantil, familia y parejas. Evaluamos TDAH y AACC.</description>
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	<title>Artículos de Educación - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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		<title>¿Prohibir por ley los teléfonos móviles a los niños?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Jun 2023 16:39:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El pueblo irlandés de Greystones ha prohibido el uso de teléfonos móviles a los niños hasta que lleguen a la escuela secundaria. Esta decisión ha generado un intenso debate sobre los riesgos y el impacto de los dispositivos móviles en el desarrollo de los niños. Los defensores argumentan que los niños no están preparados para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El pueblo irlandés de Greystones ha prohibido el uso de teléfonos móviles a los niños hasta que lleguen a la escuela secundaria. Esta decisión ha generado un intenso debate sobre los riesgos y el impacto de los dispositivos móviles en el desarrollo de los niños. Los defensores argumentan que los niños no están preparados para enfrentar los peligros de internet y que el uso excesivo de los dispositivos puede afectar negativamente su desarrollo cognitivo y social. Por otro lado, hay quienes consideran que estas medidas son excesivas y que se debería promover el uso responsable y supervisado. Exploramos diferentes perspectivas sobre el tema y te invitamos a compartir tu opinión:</p>
<p><span class="0PHoGCmzrvV3Lgt69wsQnuG1Ms1dPjEKDZlABg83EKNJVfWbbiyFASxaRyOx74XjprBT9RCDIUYIYkeMz4Qq7t85Lhdphw5"><iframe title="Prohibir por ley los teléfonos móviles a menores de 12 años: ya se está haciendo" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/sue3pmJSFyI?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
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		<title>Fobia escolar: qué es y cómo superarla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 May 2023 16:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay niñas y niños que se niegan a ir a la escuela, y es algo que les genera mucho sufrimiento tanto a ellos como a sus familias que no saben cómo manejar la situación. No hablamos del típico día, que todos lo tienen, de “no quiero ir al cole”. Eso les pasa hasta a los [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hay niñas y niños que se niegan a ir a la escuela</strong>, y es algo que les genera mucho sufrimiento tanto a ellos como a sus familias que no saben cómo manejar la situación. No hablamos del típico día, que todos lo tienen, de “no quiero ir al cole”. Eso les pasa hasta a los profes. De lo que hoy vamos a hablar es algo distinto: de niñas y niños que se llegan a poner físicamente enfermos con solo pensar en acudir al cole, que si pasan por la puerta se ponen nerviosísimos y se descomponen… y ya ni decir entrar dentro y estar toda la jornada junto a sus compañeros. En estos casos hablamos de <strong>fobia escolar</strong>, y es algo que afecta a muchos niños. ¡Vamos a verlo!</p>
<p><span class="s3jSi2K5G1TVy9z7vNbFaElJe6CmQwIPA0kxgdRO"><iframe title="Qué es y cómo superar la fobia escolar" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/aBeBO6WU7Eg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Muchas veces <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/alberto-soler-psicologo-los-ninos-estan-volviendo-a-la-escuela-con-un-nivel-de-madurez-y-responsabilidad-ejemplar/" data-wpel-link="internal">los padres consultan por problemas de sus peques en el cole</a>. Quizá el peque no quiere ir y dice que le duele la tripa o que se encuentra mal. ¿Por qué? En los coles pueden pasar muchas cosas: a veces el problema tiene que ver con la adaptación a un nuevo centro, a una nueva clase, un cambio de compañeros, y en algunas semanas o meses se resuelve. Otras veces tiene más que ver con la separación del adulto que con el colegio en sí. En otros casos puede tener que ver con lo que ocurre en clase, con la profe, con los compañeros, en el patio, en el comedor, con la lectura, las mates, los idiomas, los exámenes… en fin, que puede ser por muchas cosas diferentes. Pero a veces lo que era un pequeño problema puede desembocar en una fobia escolar.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong>La fobia escolar se refiere a la incapacidad total o parcial del niño de acudir al colegio como consecuencia de un miedo irracional a algún aspecto de la situación escolar.</strong> Como ocurre con el resto de fobias, no tiene una categoría diagnóstica propia en el DSM5, el manual donde se recopilan todos los trastornos mentales. No obstante, hay algunas características que pueden ayudar a identificarla:</p>
<ul>
<li>En la fobia escolar se dan importantes alteraciones emocionales, como el <a href="https://www.albertosoler.es/como-ayudar-a-los-ninos-cuando-tienen-miedo/" data-wpel-link="internal">miedo</a> intenso, <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/rabietas-y-gestion-emocional-en-la-infancia/" data-wpel-link="internal">explosiones de mal humor,</a> o quejas de estar enfermo cuando se acerca del momento de ir al colegio.</li>
<li>El niño manifestará conductas de escape o evitación: como consecuencia del malestar emocional ante el contexto escolar, se producen periodos prolongados de absentismo.<span class="Apple-converted-space"> </span></li>
<li>En los casos de fobia escolar los padres son conocedores de las ausencias y están preocupados por asegurar la asistencia escolar; esto diferencia la fobia escolar de “hacer novillos” o de casos de negligencia, respectivamente.</li>
</ul>
<p>El malestar en el niño puede producirse justo antes de ir al colegio o empezar la tarde de antes con un aumento de los síntomas conforme se acerca el momento de la noche. Los síntomas de malestar emocional (ansiedad o miedo, fundamentalmente) pueden acompañarse además de síntomas físicos como náuseas, vómitos, diarrea, dolor de tripa o de cabeza, entre otros. Estos síntomas, físicos y emocionales, hacen que el peque intente evitar por todos los medios acudir a la escuela. Cuanto más mayor es (a partir de educación primaria), más probable que sea capaz de identificar la ansiedad o el miedo que siente, pero en niños más pequeños no suele ser frecuente.</p>
<p>El inicio del problema puede ser gradual, con quejas progresivas sobre la asistencia al colegio que poco a poco se van haciendo más frecuentes, o bien puede iniciarse de manera brusca, con la aparición de la negativa a acudir a la escuela sin sintomatología previa. En niños más pequeños suele ser más frecuente el inicio brusco, y en los mayores suele ser más progresivo. Muchas veces el inicio de la fobia escolar suele coincidir con la ausencia a la escuela por vacaciones o enfermedad, por un cambio de colegio u otros acontecimientos vitales estresantes.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong>La fobia escolar y ansiedad de separación no son lo mismo</strong>, aunque pueden confundirse. Hay niños que pueden tener fobia escolar pero no tienen dificultad para separarse de sus padres. Y también hay niños que pueden tener ansiedad de separación pero que, tras el periodo de adaptación, no tienen especial dificultad en acudir a la escuela. Cuando ya han conseguido vincularse con otras personas en el colegio que le proporcionan también seguridad.</p>
<p><strong>Para superar la fobia escolar suele ser necesaria la ayuda de profesionales de la psicología</strong> que evalúen el caso y, en coordinación con el centro escolar y el pediatra (en algunos casos puede ser necesario tratamiento farmacológico), planifiquen una intervención.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>La terapia suele consistir, en primer lugar, en proporcional información y asesoramiento a la familia para manejar las dificultades que se están dando. Luego, como ocurre en el tratamiento de otros trastornos de ansiedad, se trabaja con el menor a tres niveles:</p>
<ul>
<li>A nivel cognitivo, para identificar y trabajar con los pensamientos y emociones que están produciendo malestar (miedo, ansiedad, pensamientos anticipatorios, etc).</li>
<li>A nivel fisiológico, para identificar la señales fisiológicas que ocurren como consecuencia de la ansiedad (tensión muscular, dolor abdominal, etc.) y desarrollar recursos para manejarlas (relajación, focalización atencional, etc.).</li>
<li>A nivel conductual se identifican las conductas de evitación y escape que están manteniendo el problema, y se planifica una exposición progresiva, en la que se ponen en marcha los recursos cognitivos y fisiológicos aprendidos.<span class="Apple-converted-space"> </span></li>
</ul>
<p>Bien tratadas, esta fobia, como otras, suelen resolverse muy bien, pero sin tratamiento, pueden ser una gran fuente de sufrimiento y malestar para todo el núcleo familiar. Por lo que, si estáis en una situación así, os animamos a buscar ayuda profesional.</p>
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		<title>Herramientas para la corresponsabilidad en pareja</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jan 2023 16:24:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Para la inmensa mayoría de las parejas, especialmente las que tienen hijos, la gestión de las tareas compartidas del día a día es casi un deporte extremo. ¿Quién tiene que hacer qué?, ¿has pagado las extraescolares?, ¿mañana recoges tú a la niña de gimnasia?, ¡nos hemos vuelto a quedar sin leche!… ¿os suena? Bueno, pues [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Para la inmensa mayoría de las parejas, especialmente las que tienen hijos, la gestión de las tareas compartidas del día a día es casi un deporte extremo. ¿Quién tiene que hacer qué?, ¿has pagado las extraescolares?, ¿mañana recoges tú a la niña de gimnasia?, ¡nos hemos vuelto a quedar sin leche!… ¿os suena? Bueno, pues hoy vamos a ver algunas herramientas que nos pueden ayudar a poner un poco de orden en este caos mediante la <a href="https://www.albertosoler.es/acabar-los-conflictos-las-tareas-domesticas-la-corresponsabilidad-la-carga-mental/" data-wpel-link="internal"><strong>corresponsabilidad</strong></a>. Veamos.</p>
<p><span class="gPcIe2x5bQ6XnZhjU"><iframe title="4 herramientas para potenciar la corresponsabilidad en pareja" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/C4lW24jhdFE?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prácticamente con todas las parejas que acuden a consulta acabamos hablando de estos temas, porque nos afectan a todos. <strong>Dando por sentada la corresponsabilidad, o al menos un reparto más o menos justo de las tareas, el reto viene en cómo llevarlo a cabo, porque el día tiene las horas que tiene y no tenemos tiempo para casi nada</strong>. Suelo insistir mucho a las parejas en que la base para poder gestionar con éxito el día a día es la comunicación. Si no hay comunicación es imposible coordinar todo lo necesario de una casa, y menos cuando hay hijos por medio.<br />
Una estrategia básica de comunicación es reservar un pequeño espacio de tiempo al final de cada semana para planificar y organizar lo que está por venir la siguiente semana y evitar tener que ir siempre a salto de mata. Vamos a dar un vistazo al calendario, ver si hay algún evento extraordinario, qué necesidades vamos a tener, nuestros horarios, si hay excursión del cole o si tenemos que dejar el coche en el taller. Saberlo con antelación nos va a permitir estar preparados y minimizar las fricciones.</p>
<p>Pues bien, esa primera estrategia está clara: <strong>sentarse y hablar, planificar, coordinar, organizar…</strong> qué palabras más bonitas, ¿verdad? Pero esos momentos de poder conversar en pareja con calma van caros y no siempre es posible tenerlos. Y cuando los tenemos, tampoco podemos hablar de absolutamente todo lo necesario para que la familia no entre en el caos. Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos que buscar otras herramientas. Por suerte, hoy en día la tecnología nos da unos recursos que nos pueden facilitar mucho las cosas.</p>
<p>Primero: un calendario familiar compartido. Tener un calendario en la cocina está muy bien, con sus anotaciones, sus círculos rojos en días importantes, etc. Pero tiene un pequeño inconveniente: que está en la cocina. Como complemento (o incluso como sustituto) a este calendario podemos tener un calendario compartido (en google calendar, en ical, o donde queramos) al que tanto nuestra pareja como nosotros tengamos acceso (y si los hijos son mayores, también). ¿Qué anotar ahí? Todas las actividades y eventos que de un modo u otro afectan a varios miembros de la familia: una excursión, días no lectivos, exámenes, planes familiares, médicos, peluquería, reuniones… La ventaja es que podemos consultarlo estemos donde estemos y evitar programar actividades que sean incompatibles; también el hecho de poder establecer un recordatorio para algunos eventos importantes viene bien (por ejemplo, que nos recuerde la cita con el dentista unos días antes).</p>
<p>Más recursos: lista de la compra compartida. Hay apps específicas para eso, pero también vale con una lista de tareas tipo google keep o recordatorios de apple. La lógica es sencilla: cada vez que se agota algo, se anota en la lista, y quien va al supermercado mira esa lista que siempre está actualizada. De este modo evitamos olvidarnos de ciertas cosas o acabar teniendo tres botes de champú por empezar.</p>
<p>A mitad camino entre el calendario y las listas están los recordatorios; muchos tenéis en casa altavoces inteligentes, ¿verdad? Ya sean de Alexa, Google o Apple. Pues bien, ¿que el lunes hay que llevar una cartulina al cole? “Alexa, recuérdame el lunes a las 08:15 de la mañana que hay que coger una cartulina para el cole”. Así, cuando estemos desayunando el lunes y ya nadie nos acordemos de la cartulina, tachaaaan, Alexa se acordará por nosotros.<br />
Otro recurso: es buena idea tener una carpeta compartida en la que guardamos cierta documentación familiar importante, como los DNIs, libro de familia, tarjetas sanitarias, etc. Esto es muy útil cuando tenemos que hacer algún trámite oficial, matrícula en la escuela, etc. y no siempre tenemos a mano los documentos más habitualmente solicitados. Eso sí, ojito con el tema de la seguridad.</p>
<p>Más cosas: pensar cada día en qué hay que hacer para comer o cenar es un estrés y una importante carga mental para quien lo hace. Es más sencillo y eficiente coordinar en pareja los menús y la lista de la compra para que el encargado de llevarlo a cabo simplemente tenga que hacer eso, llevarlo a cabo. Una recomendación que a nosotros nos funciona muy bien es tener preparados varios menús base que vamos rotando cada semana y adaptándolo a nuestras necesidades y preferencias en cada momento. Esto implica dedicarle un tiempo a confeccionar tres o cuatro menús que sean razonables, tanto desde un punto de vista nutricional como práctico, y luego cada semana ir cambiando el menú. Una forma de llevarlo a cabo es mediante notas compartidas de alguna app, donde tengamos los menús base y cada semana introduzcamos las modificaciones que sean necesarias. Así, quien vaya al supermercado puede consultar el menú semanal y revisar que en la lista no falte nada para los siguientes días.</p>
<p>En resumen: que <strong>un ingrediente esencial para la corresponsabilidad y la conciliación es tener una buena <a href="https://www.albertosoler.es/problemas-de-comunicacion-en-la-pareja-video/" data-wpel-link="internal">comunicación</a>.</strong> Pero esto no se limita solo a hablar, sino también a utilizar herramientas que tenemos a nuestro alcance, que nos hacen la vida un poco menos complicada, sobre todo cuando tenemos hijos y éstos son pequeños.</p>
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<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank"><img decoding="async" style="border-width: 0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a> Este artículo, escrito por <a href="http://www.albertosoler.es/" rel="cc:attributionURL" data-wpel-link="internal">Alberto Soler Sarrió</a> se encuentra bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.</div></div>
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		<title>Tus hijos no son tu propiedad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Nov 2022 14:15:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Haciéndolo breve: no, no tenemos derecho a exponer la imagen de nuestros hijos en redes sociales. No lo tenemos. ¿Que la mayoría de personas lo hacemos en algún momento? Sí. ¿Que eso realmente no debería ser así? También. Los hijos no son una propiedad de sus progenitores. Madres y padres cuidamos y acompañamos a nuestras [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Haciéndolo breve: no, no tenemos derecho a <a href="https://www.albertosoler.es/cambian-cerebro-los-moviles-las-redes-sociales/" data-wpel-link="internal">exponer la imagen de nuestros hijos en redes sociales</a>. No lo tenemos. ¿Que la mayoría de personas lo hacemos en algún momento? Sí. ¿Que eso realmente no debería ser así? También. <strong>Los hijos no son una propiedad de sus progenitores</strong>. Madres y padres cuidamos y acompañamos a nuestras criaturas mientras éstas no pueden tomar decisiones por sí mismas, pero eso no nos da derecho a tomar cualquier decisión sobre ellas. Vamos a verlo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><span class="mNBuHU89pf1nQSjPCXDJZ"><iframe title="Humillación a menores en redes: la patria potestad como responsabilidad" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/0aPdV5Otfno?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Seguro que os acordáis de hace poco la polémica con <a href="https://www.vozpopuli.com/dolcevita/samantha-vallejo-nagera-criticas-video-hijo-roscon-llorando.html" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">la jurado de Master Chef que grabó un vídeo echándole la bronca a su hijo con síndrome de Down mientras éste lloraba y le pedía perdón.</a> Después publicó el vídeo en Instagram para que lo vieran sus más de 800.000 seguidores. En este caso hay poco debate: ya muchas personas salieron a decir que se trata de algo intolerable, que humilla al menor y que nunca debería haberse producido. Creo que hasta aquí estaremos la mayoría de acuerdo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Esto sería un extremo de un continuo; en el otro podríamos tener esas fotos que todos en algún momento hemos subido de nuestros hijos haciendo un castillo de arena en la playa o paseando en bici. ¡Hombre, es que no es lo mismo! Claro que no lo es, por supuesto. Hay un mundo entre ambas cosas, pero si nos ponemos estrictos, <strong>técnicamente ni en un caso ni en el otro deberíamos compartir esas imágenes.</strong> ¿Por qué?<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El primer caso es el verdaderamente sangrante, porque es algo humillante, que atenta contra el honor del menor y daña su imagen, eso lo vemos todos claro. En el segundo caso eso no está presente, al igual que en la inmensa mayoría de las imágenes o vídeos que comparten las familias de sus hijos; pero incluso en esos casos inocentes estaríamos yendo en contra de su derecho a la imagen y de su derecho a la intimidad, aunque no les humillemos. Si nos queremos poner técnicos, esos derechos están recogidos en nuestra legislación: la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor habla de la protección a su imagen, y la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales habla sobre el derecho a la intimidad.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>La idea que hay detrás de todo esto es que <strong>los hijos no son una propiedad de sus padres</strong>; que sí, que todos sabemos diferenciar un hijo de un bolso, una casa o un teléfono. Las personas no son objetos, hasta ahí todo claro. Pero luego en el día a día sí que hacemos a veces cosas que llevan implícito ese mensaje de: “hago lo que quiero, que para algo es mi hijo!”. A ver, sí y no.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong>Madres y padres somos quienes tomamos las decisiones, que para eso tenemos la patria potestad</strong>, pero precisamente esa patria potestad no va tanto de darnos derechos a nosotros, como de proteger a las personas menores. La patria potestad es una responsabilidad parental que tiene ciertos límites.</p>
<p>Vamos a pararnos un poco en esto de la patria potestad porque es importante. En nuestro código civil aparece recogida la patria potestad en el artículo 154, que dice lo siguiente:</p>
<p>“Los hijos e hijas no emancipados están bajo la patria potestad de los progenitores. La patria potestad, como <i>responsabilidad</i> parental, se ejercerá siempre en interés de los hijos e hijas, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental”</p>
<p>Vale, paremos aquí un momento. Aquí ya hay algunos elementos importantes: primero, que la patria potestad es una responsabilidad de los progenitores. No dice que sea un derecho, no, dice que es una responsabilidad. “Es que yo tengo derecho a…” No, no, no&#8230; En realidad y tú lo que tienes que es la “responsabilidad de…”.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y luego continúa, y dice que esa patria potestad se debe ejercer siempre <i>“en interés de los hijos y de acuerdo con su personalidad, con respeto a sus derechos, su integridad física y mental”.</i> Eso es: las decisiones que tomamos los progenitores no pueden pasar por alto la personalidad de sus hijos (preferencias, valores, etc.), ni tampoco pueden ir en contra de sus derechos o su integridad física o mental.</p>
<p>Y hablando de integridad física, aprovecho para recordar que esto elimina de raíz ese “supuesto derecho” a <a href="https://www.albertosoler.es/cuando-aplicar-el-castigo-fisico-a-nuestros-hijos-video/" data-wpel-link="internal">castigar físicamente a los hijos “para que aprendan”</a>. Y es que, hasta 2007, el código civil permitía <i>“corregir razonable y moderadamente a los hijos”</i> Estos términos ambiguos de “razonable y moderadamente” hacían que por ahí se pudiera colar de alguna forma el castigo físico, porque ¿quién decide qué es razonable y qué es moderado? Un tortazo “a tiempo”, como se suele decir, para muchos es algo razonable y moderado. Pero ahora ya no cuela este razonamiento.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Seguimos.</p>
<p>Este artículo cita tres deberes y facultades de la patria potestad: primero, <i>“velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral”.</i> Este punto parece que da poco lugar a interpretación: los progenitores deben satisfacer las necesidades de sus hijos respecto a alimentación, educación, salud, pero también otras como la compañía, la presencia.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>En segundo lugar habla de representarlos y administrar sus bienes. Esto es clave; debido a su inmadurez no tienen capacidad para tomar según qué decisiones sobre sí mismos, por lo que deben ser otros quienes las tomen. Pensemos por ejemplo en la alimentación: si dependiera de ellos, todos los días Nuggets con patatas para cenar, y no es plan. Pues bien, se aplica lo mismo a otro tipo de decisiones respecto a su persona o sus bienes, y aquí podemos considerar también su propia imagen. Los padres debemos velar por la imagen y privacidad de nuestros hijos; esto es, no podemos usarla a nuestro antojo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/edad-recomendada-para-dar-el-primer-telefono-movil-a-un-nino/" data-wpel-link="internal"><strong>Esto de “pongo imágenes o vídeos de mi hijo en redes sociales porque es mi hijo y estoy en mi derecho” no está tan claro&#8230;</strong> </a>No es tu derecho. Imagina que tu hijo tiene una cuenta con 1.000.000 de euros. Ese dinero es de tu hijo, pero como aún no tiene la edad legal para poder decidir sobre él, porque probablemente no tomaría decisiones muy sabias que digamos, eres tú quien debes cuidar ese dinero y evitar que tome malas decisiones. ¿Puedes hacer lo que quieras con ese dinero? No, no es tuyo. ¿Y si es tu hijo quien te pide que con ese dinero le compres una moto o una consola? Tampoco. Porque tienes el deber de administrarlo y no malgastarlo. Esto se entiende, ¿verdad? Pues con su imagen personal y su intimidad ocurre lo mismo. Y no es lo mismo enviarle unas fotos a la abuela o la tía, que subirlas a un perfil al que tienen acceso cientos o miles de personas. Lo siento, pero no.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Es su imagen, no la nuestra. No deberíamos compartirla. ¡Es que él me lo ha pedido! Tampoco, me vale, porque no tiene madurez como para comprender las implicaciones de sus actos, ya sea respecto al manejo del dinero o respecto a su propia imagen. La legislación está hecha para protegerle de sí mismo en un momento en el que por inmadurez no puede tomar decisiones responsables, por lo tanto, aunque te pidiera compartir esas imágenes o vídeos, aunque te permitiera gastarte ese dinero, no deberías.</p>
<p>Volviendo al continuo del que hablábamos al principio: está claro que no es lo mismo publicar imágenes o vídeos humillantes para el menor, que muy probablemente cuando sea adulto desearía que jamás hubiéramos compartido, que poner una foto suya haciendo un castillo de arena. Pero a día de hoy legalmente no hay dudas; como muy bien explica Pablo Duchement, no existe un derecho del tutor a exponer la imagen o la intimidad del tutelado. Al contrario: la protección de su imagen e intimidad es un derecho del tutelado y una responsabilidad del tutor.</p>
<p>No quiere decir esto que todos los padres y madres que compartimos fotos de nuestros peques en redes estemos pisoteando sus derechos de la peor manera, pero es útil reflexionar sobre el tema para no perder de vista que no es tanto nuestro derecho como nuestra responsabilidad. Y que tenemos que tener siempre en mente el interés de los peques, y no el nuestro propio. Antes de subir una foto podemos parar un poco y reflexionar si lo estamos subiendo por su bien o por el nuestro: por conseguir un poco de caso en redes, unos likes… y si decidimos subir la foto o el vídeo, tener siempre en cuenta algunas cuestiones básicas de seguridad como no subir imágenes íntimas, que no se pueda reconocer nuestro domicilio o su colegio, con el uniforme del cole, en las que salgan en ropa interior o desnudos, etc. y por supuesto, no subir imágenes o vídeos que pensemos que puedan ser ofensivos o humillantes.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
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		<title>Hijas e hijos fuertes y con una sana autoestima</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/10-ideas-para-educar-hijos-fuertes-y-con-una-autoestima-sana/</link>
					<comments>https://www.albertosoler.es/10-ideas-para-educar-hijos-fuertes-y-con-una-autoestima-sana/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Infantil]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué es lo que diferencia a las niñas y niños fuertes, resilientes y seguros de sí mismos?, ¿nacen así, o son fruto de la forma en la que son educados? Aunque puede haber una base temperamental, como en todo, de lo que no hay duda es que las vivencias que tengan durante su infancia, especialmente [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué es lo que diferencia a las niñas y niños fuertes, resilientes y seguros de sí mismos?, ¿nacen así, o son fruto de <a href="https://www.albertosoler.es/les-influye-los-maestros-las-expectativas-alumnos/" data-wpel-link="internal">la forma en la que son educados</a>? Aunque puede haber una base temperamental, como en todo, de lo que no hay duda es que las vivencias que tengan durante su infancia, <a href="https://www.albertosoler.es/una-persona-agradable/" data-wpel-link="internal">especialmente en casa</a>, con su familia, les van a ayudar a crecer fuertes como los robles, o frágiles como delicadas flores de primavera. ¿Y cuáles son esas vivencias?, ¿<strong>qué podemos hacer para facilitar que sean fuertes, resilientes y con una sano autoconcepto</strong>? Esta semana vamos a ver 10 claves que podemos aplicar desde ya en nuestras casas. Veamos.</p>
<p><span class="LahtRanebjUJ92dTcbXikZzOB1QJOMFBHyg8ZmdSypqEWA3Kr1oLDjWS9zFCP58f"><iframe title="10 claves para educar hijas e hijos fuertes, resilientes y con una sana autoestima" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/K3r3k-EiWQc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>El ambiente en casa</h2>
<p>La primera clave es que en nuestro hogar debe haber un ambiente cálido y afectuoso en el que todos nos sintamos a gusto, un lugar del que no queramos huir. Debemos esforzarnos por mantener un buen clima en el que <a href="https://www.albertosoler.es/los-derechos-de-los-ninos-cuales-son-repasamos-la-convencion-sobre-los-derechos-del-nino-de-naciones-unidas/" data-wpel-link="internal">las necesidades de todos sean importantes</a>, especialmente en cuanto a sentirnos escuchados, respetados y tenidos en cuenta.</p>
<h2>Normas y límites claros</h2>
<p>En segundo lugar <a href="https://www.albertosoler.es/poner-normas-bien-no-es-sencillo/" data-wpel-link="internal">debe haber normas y límites claros, comprensibles, y adaptados a la edad de nuestras hijas e hijos</a>. Tanto si nos pasamos como si nos quedamos cortos con los límites vamos a generar ansiedad e incertidumbre; los límites deben ser conocidos, explicados y consistentes, esto es, respetados por todos. No solo cuando a los mayores nos vienen bien esos límites. Que están para algo.</p>
<h2>Flexibilidad</h2>
<p>Pero cuidado, también tenemos que ser flexibles. La flexibilidad como capacidad de cambiar nuestra forma de actuar y nuestras demandas en función de la situación en la que nos encontremos es esencial. <strong>Tan importante como ser consistentes está el ser flexibles y no es algo incompatible</strong>. Al contrario, ambas características son necesarias.</p>
<h2>Adaptarnos a sus necesidades cambiantes</h2>
<p>Decíamos que tenemos que ser sensibles a sus necesidades, pero éstas son cambiantes y no son las mismas con dos meses, con un año, con dos, con cuatro o con diez. Y a veces a los padres nos cuesta un poco adaptarnos a estos cambios. <a href="https://www.albertosoler.es/apego-sobreproteccion/" data-wpel-link="internal">Quizá lo que era satisfacer necesidades y proteger cuando tienen un año, es desatenderles o sobreprotegerles cuando tienen cuatro o cinco</a>. Ellos cambian constantemente, y nosotros debemos adaptarnos a esos cambios. No podemos darles siempre el mismo trato, ni exigirles lo mismo. Lo que les demos, permitamos y exijamos debe ir de la mano de sus capacidades. Quizá exponerles a según qué cosas con dos años puede ser innecesario, pero evitar que le hagan frente con cuatro no les hace ningún favor, porque necesitan hacer frente a las dificultades de la vida para crecer</p>
<h2>Evitar amenazas, castigos y chantajes</h2>
<p>Es recomendable que <a href="https://www.albertosoler.es/peligro-los-castigos/" data-wpel-link="internal">evitemos las amenazas, castigos, y chantajes para que cumplan las normas</a>. Es tentador claro, porque a corto plazo funciona, pero a la larga suelen traer más perjuicio que beneficio. Los castigos, las amenazas y los <a href="https://www.albertosoler.es/problema-los-premios-perjudican-la-motivacion/" data-wpel-link="internal">chantajes</a> funcionan porque generan miedo, y no deberíamos pretender que nuestros hijos (ni nadie) nos tema. Que sí, que la vida es muy dura y todo lo que quieras. Pero no se la hagamos más dura innecesariamente. Deben ser capaces de hacer frente a lo que se les ponga delante, con la seguridad de un entorno familiar que va a acompañar y facilitar. Las hostilidades de la vida ya vendrán, queramos o no. Nosotros <strong>tenemos que apoyarles, no machacarles.</strong></p>
<h2>No proyectemos nuestros miedos sobre ellos</h2>
<p>Ojo a nuestros propios miedos y a proyectarlos sobre nuestras criaturas. <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/tu-hijo-tiene-miedo-la-razon-mas-probable-es-que-tu-tambien-lo-tengas/" data-wpel-link="internal">Todos tenemos nuestros miedos y nuestros fantasmas</a>, y todos queremos evitar que nuestras hijas e hijos sufran de manera innecesaria. Pero esto no puede llevarnos a proyectar sobre ellos nuestros miedos y dar por sentado que lo que nos supone o cuesta a nosotros tenga que ser un problema también para ellos.</p>
<h2>Cuidado con las etiquetas</h2>
<p>En este sentido, <a href="https://www.albertosoler.es/entrevista-en-el-pais-ninos-sin-etiquetas/" data-wpel-link="internal">cuidado con las etiquetas</a>: “es que mi niño es muy miedoso”, “es que mi hija es muy tímida”, “es que le cuestan los cambios”, “es que es muy nervioso”. Al final las etiquetas suponen un freno al desarrollo, porque la persona tiende a comportarse de acuerdo con la etiqueta que le han puesto. Si decimos que es miedoso, se comportará aún más como miedoso. Si le tratamos como una persona a la que le cuestan los cambios, y pobrecita de ella que le cuesta adaptarse, más le costará adaptarse. Lo mismo si es nervioso o la etiqueta que le pongamos.</p>
<h2>Confía en sus capacidades</h2>
<p>Por eso <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/como-fomentar-la-autonomia-en-los-hijos/" data-wpel-link="internal">es imprescindible que seamos capaces de transmitirles confianza</a>. Que confiemos en ellos y sus capacidades. No les veamos como delicadas flores de primavera. No. Son fuertes, tienen recursos, tenemos que permitirles descubrirlos y sacarlos. Sabiendo que nos tienen ahí si algo no sale bien. Tenemos que ser su base segura a la que puedan acudir siempre que lo necesiten, pero no les hacemos ningún favor llevándoles siempre de la manita ante cualquier dificultad. Eso no quiere decir que debamos ser insensibles a su miedo, su ansiedad o su sufrimiento. En absoluto. Debemos validar y acompañar esas emociones, nunca forzarles cuando no están preparados para enfrentarse a algo, pero tampoco impedirles hacerlo cuando sí que pueden.</p>
<h2>Exponerles a retos</h2>
<p><strong>Esto se ve facilitado si les exponemos a retos. O, al menos, no les impedimos que les hagan frente.</strong> Podemos ser nosotros quienes les ponemos esos retos en función de sus capacidades y necesidades, ser nosotros quienes permitimos que arriesguen, que conozcan sus propios límites y que aprendan de la experiencia. El “pobrecito”, “cuidado”, “no sé yo si vas a poder” o el “así te harás daño” no ayudan. A ver, que no estamos hablando de grandes y peligrosas hazañas, estamos hablando de cosas normales del día a día. Impedirles toda herida, rasguño o decepción no les permite crecer. Y sobreactuar cuando estas cosas ocurren, tampoco.</p>
<p>Los errores como parte del aprendizaje</p>
<p>Porque <a href="https://www.albertosoler.es/estres-infantil-ninos-sintomas-causas-tratamiento/" data-wpel-link="internal">debemos aceptar y normalizar el fracaso</a>. El suyo y el nuestro; que<strong> a veces hacemos un mundo cada vez que nos equivocamos nosotros y con eso no les damos precisamente un buen modelo</strong>. Si el error o el fracaso, suyo o nuestro, es un drama, ¿cómo se van a atrever a arriesgar? Si nos asustamos y dramatizamos cada herida o rasguño, ¿qué les estamos transmitiendo? Insisto, no hablo de negar su malestar y su sufrimiento ni de no validar sus emociones. Hablo de transmitir fortaleza y confianza: _“¿te has caído? Ufff, eso duele, pero si quieres aprender a patinar te tienes que caer muchas más veces para conseguirlo”_ Eso es muy distinto a _“madre mía, te podrías haber abierto la cabeza, será mejor que guardemos los patines hasta que seas más mayor”.</p>
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		<title>Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<category><![CDATA[Insomnio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Parálisis por análisis… Seguramente os habrá pasado alguna vez que ante una decisión importante en la que queríais tomar la mejor decisión, os habéis quedado un poco atascados en la fase de contemplar todas las posibles opciones, los pros, los contras, los qué pasaría sí, el “vale, ya lo tengo claro”... Pero cuando asumes una opción no eres capaz de desprenderte de alguna de las otras: es lo que se conoce como parálisis por análisis. Vamos a ver con un poco más de detalle de qué va esto y qué es lo que podemos hacer en este tipo de situaciones… INTRO Las personas somos todas diferentes. Algunas son más impulsivas, otras más reflexivas. Algunas más habladoras, otras más calladas. Algunas más activas, otras más tranquilas… independientemente de estos rasgos, todos tenemos nuestros momentos más y menos impulsivos, momentos en los que estamos más o menos activos o habladores. Por eso, seamos de un estilo u otro, es fácil que lo que vamos a explicar hoy nos haya pasado en mayor o menor grado alguna vez. Es lo que se conoce como parálisis por análisis. Tenemos que tomar una decisión que para nosotros es importante. Puede tratarse de algo más o menos trascendente, pero el caso es que para nosotros en este momento es algo a lo que le estamos dando importancia (aunque desde el punto de vista de otras personas esta decisión no sea nada importante). Pero el caso es que tenemos diferentes opciones a la hora de decidir, cada una con sus pros y sus contras. Y es que la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Que sí, que está muy bien el que nos paremos a reflexionar las posibles opciones antes de tomar una decisión y actuar, de hecho hemos hablado de eso mismo en otros artículos y vídeos. El problema viene cuando nos quedamos atascados en esta fase de análisis, dándole excesivas vueltas al problema, perdiendo tiempo y energía, sin llegar a decidirnos por ninguna opción y por lo tanto sin actuar en uno u otro sentido. Algunas personas se quedan atascados en la búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el miedo al fracaso es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero a pesar de todo, puede ocurrir que el coste de no llegar a tomar una decisión sea en realidad mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer cuando nos vemos atascados en una situación así? Cuando somos conscientes de que nos estamos pasando con el tiempo o la energía que le estamos dedicando a una decisión, podemos optar por varias opciones: Limitar el número de opciones. Cuando estamos atascados en este tipo de situaciones menos es más. Es imposible elegir entre todos los posibles modelos de coches, pantalones, zapatillas, u ordenadores. No podemos comparlos todos porque hay demasiados. Es mejor limitar la elección a unas pocas opciones (quizá dos o tres) y dedicarle tiempo a analizar solo estas, en lugar de intentar abarcar todas las posibles opciones. Es por esto que muchos vamos siempre a las mismas tiendas de ropa o compramos siempre los electrodomésticos o cacharritos de una determinada marca. Tener demasiadas opciones puede llevarnos a quedarnos atascados y no llegar a elegir ninguna. Otra cosa que podemos hacer es decidirnos por la primera opción que consideremos suficientemente razonable. Si asumimos que es suficientemente buena, aunque no sea perfecta, podremos salir del bloqueo y seguir adelante con este y otros asuntos importantes. Nuestro tiempo y nuestras energías también son importantes y no tenemos porqué desperdiciarlos. También podemos marcarnos plazos temporales. Cuando estamos atascados sin saber muy bien por dónde tirar, ayuda tener una fecha tope para tomar una decisión. Si no nos viene dada esta fecha por las circunstancias, podemos fijarla nosotros mismos: nos damos un plazo para tomar una decisión, y si pasado este tiempo no la hemos tomado, una de dos, o asumimos la opción que consideremos más razonable en ese momento, o abandonamos la idea y dejamos de dedicarle tiempo y energía. También podemos intentar enfocarlo desde otro punto de vista. En lugar de enfocarlo como una decisión definitiva, podemos plantearnos que probablemente podamos cambiar de opinión en el futuro, cambiar de rumbo, realizar modificaciones, etc. Si le quitamos un poco de hierro a la decisión probablemente sea más fácil decantarnos por una u otra alternativa. Si vemos que no somos capaces de tomar la decisión por nosotros mismos, podemos compartir nuestras inquietudes con otras personas que nos ayuden a decidir. En función de las circunstancias, estas personas pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, o de en caso de ser necesario, también podemos solicitar ayuda profesional. Finalmente, un último recurso sería imaginar posibles consecuencias de cada una de las alternativas que barajamos, y exagerarlas llevándolas al extremo. Si las consecuencias no son muy desastrosas llevándolas al extremo, probablemente podamos asumir esa opción como buena o, al menos, elegir la que tenga consecuencias menos graves. Esta es nuestra lista de opciones para salir de esa parálisis, y vosotros ¿qué hacéis para salir de este tipo de situaciones? Si tenéis un truco que os funciona para ayudaros a elegir cuando os sientes atascados, contárnoslo en los comentarios. Y hasta aquí, otra píldora de psicología, si os ha gustado tenéis muchos más vídeos y artículos en el canal de YouTube y en albertosoler.es. Y en todas las librerías nuestro libro “Hijos y Padres Felices”. ¡Un saludo!</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/por-que-lo-mejor-es-enemigo-de-lo-bueno/" data-wpel-link="internal">Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Os habéis planteado alguna vez el tiempo que empleamos a lo largo de nuestra vida en <a href="https://www.albertosoler.es/ceguera-a-la-eleccion-por-que-fallamos-tanto-al-tomar-decisiones/" data-wpel-link="internal">tomar decisiones</a>? Sí, mucho. Solemos pensar que cuanto más tiempo dedicamos a meditar una decisión, mejor será el resultado final. Pero, ¿y si realmente no es así?, ¿y si <strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="msEaeUOBR3C"><iframe title="Por qué buscar LO MEJOR puede ser una mala idea: lo mejor es enemigo de lo bueno" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/QXGehWiK_dM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habréis oído muchas veces eso de que “<strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>” Esta expresión pertenece a Voltaire y la emplea para hablar de una trampa lógica que se conoce como la &#8216;Falacia del Nirvana’: rechazar una acción o una idea comparándola con lo mejor, con algo tan «mejor» que resulta inabarcable o imposible. Lo que digo siempre, que <strong>ninguna realidad puede competir con una fantasía</strong>, ya sea un trabajo, un viaje o una pareja. Lo veíamos <a href="https://www.albertosoler.es/el-sindrome-de-paris-por-que-enferman-algunos-japoneses-al-llegar/" data-wpel-link="internal">cuando hablábamos del síndrome de París</a>. Pues bien, <strong>aceptar que lo mejor es enemigo de lo bueno no es tarea sencilla</strong>, ya que tendemos a pensar que lo mejor es lo mejor y punto, sin darle más vueltas al asunto. Se requiere cierto recorrido vital para entender que quizá ese “lo mejor” es una fantasía, una utopía que nos aleja de tomar buenas decisiones en el momento presente, esperando algo que quizá nunca llega.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal">Cuando nos enfrentamos a decisiones importantes en la vida</a> es necesario dedicarles un mínimo de tiempo para poder contemplar todos los elementos que entran en juego, comparar distintas opciones, y una vez tengamos toda la información necesaria, tomar la mejor decisión posible. Pero no siempre es todo tan sencillo. <strong>Hay veces que no hay una decisión que sea “la mejor”</strong>; hay veces que no disponemos de toda la información necesaria y tenemos que hacer una apuesta; en otras ocasiones las opciones que tenemos son prácticamente equivalentes (al menos, con la información que tenemos) y nos cuesta decantarnos por una u otra. Y ahí es donde nos enganchamos: esperando el mejor resultado vamos dejando pasar el tiempo y las oportunidades rechazando opciones que eran realmente buenas y que podían funcionar para nosotros.</p>
<p>Entonces, <strong>¿emplear más tiempo en una búsqueda o una decisión implica mejor resultado final? Definitivamente, no.</strong> Echarle tiempo “a granel” a un proceso de toma de decisiones no es garantía de nada, a veces todo lo contrario.</p>
<p>Muchas personas se quedan atascadas en un proceso eterno de búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de todas las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">miedo al fracaso</a> es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero en todos estos casos lo que acaba ocurriendo es que el coste de no llegar a tomar una decisión en realidad puede acabar siendo mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Es lo que se conoce como parálisis por análisis: la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Y eso es algo que nos cuesta mucho.<br />
<a href="https://www.albertosoler.es/renunciar-para-ser-felices/" data-wpel-link="internal">Estamos preparados para elegir ventajas o virtudes, no para elegir defectos</a>. Pero cada opción que tomamos tiene su cara b: si compramos un apartamento en la playa estamos renunciando a tener una casita en la montaña. Si elegimos un pequeño deportivo estamos renunciando a tener un buen maletero. Si elegimos una escuela súper molona y súper interesante probablemente tenemos que renunciar a la que tenemos más cerca de casa. Vivir es elegir, y elegir es renunciar.</p>
<p><strong>Pero hay que elegir; no hacerlo mientras esperamos que se presente ante nuestros ojos la opción ideal es una forma de garantizarnos el fracaso al mismo tiempo que nos engañamos a nosotros mismos pensando lo difícil o injusta que es la vida porque no nos da las mismas oportunidades que al resto</strong>. Pero quizá no tenemos que culpar a la vida y lo que debemos es dejar de crear esa narrativa fatalista y aceptar que tal vez nuestras fantasías o aspiraciones nos están impidiendo alcanzar realmente nuestras metas. Porque, quizá, lo mejor es enemigo de lo bueno.</p>
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<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank"><img decoding="async" style="border-width: 0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a> Este artículo, escrito por <a href="http://www.albertosoler.es/" rel="cc:attributionURL" data-wpel-link="internal">Alberto Soler Sarrió</a> se encuentra bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.</div></div>
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		<title>Edad recomendada para dar el primer teléfono móvil a un niño</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Sep 2022 09:32:44 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Es la pregunta del millón: ¿a qué edad le doy a mi hijo su primer móvil? Y no es una pregunta fácil de responder. Muchas familias cuando me lo preguntan se sorprenden al escuchar mi respuesta: que hay quienes dan un móvil a sus hijos ya con siete u ocho años, y no lo veo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/edad-recomendada-para-dar-el-primer-telefono-movil-a-un-nino/" data-wpel-link="internal">Edad recomendada para dar el primer teléfono móvil a un niño</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Es la pregunta del millón: <strong>¿a qué edad le doy a mi hijo su primer móvil?</strong> Y no es una pregunta fácil de responder. Muchas familias cuando me lo preguntan se sorprenden al escuchar mi respuesta: que hay quienes dan un móvil a sus hijos ya con siete u ocho años, y no lo veo ninguna barbaridad. Os explico por qué.</p>
<p><span class="uG6zJBD1WMh9Pwt"><iframe title="Cuándo dar el primer móvil a un niño: edad recomendada" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/kn38ZsjdkFk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay niñas y niños que <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/como-fomentar-la-autonomia-en-los-hijos/" data-wpel-link="internal">con siete u ocho años ya comienzan a tener cierta independencia</a>, en función de dónde vivan, si es un pueblo, una ciudad, una urbanización, de las circunstancias de sus padres, de su realidad familiar, etc. A esas edades los hay que ya empiezan a ir y volver solos del cole, quedarse un ratito solos en casa mientras sus padres hacen un recado rápido, o incluso son ellos mismos quienes van a hacerlo. Entonces, <strong>¿no sería buena idea darles un móvil por si necesitan algo en esos momentos, que puedan comunicarse? Sí, suena razonable.</strong> Tener un teléfono que les damos en esas ocasiones para comunicarse y poder llamarnos en caso de necesitarlo. Suena razonable. Pero hay que remarcar algunos peros: <strong>una cosa es un teléfono móvil, y otra es un ordenador de bolsillo con acceso ilimitado a internet.</strong> Una cosa es dejarle emplearlo en esos momentos, y otra muy distinta es darle libre acceso a él. Una cosa es que puedan llamar por teléfono y otra es darles el móvil para que estén callados, o que tengan acceso a internet sin supervisión adulta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone wp-image-14240 size-large" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-1024x1024.jpg" alt="" width="1024" height="1024" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-1024x1024.jpg 1024w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-300x300.jpg 300w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-150x150.jpg 150w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-768x768.jpg 768w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-1536x1536.jpg 1536w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/2-2048x2048.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-14241 size-large" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-1024x1024.jpg" alt="" width="1024" height="1024" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-1024x1024.jpg 1024w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-300x300.jpg 300w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-150x150.jpg 150w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-768x768.jpg 768w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-1536x1536.jpg 1536w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2022/09/3-2048x2048.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p>A lo que hoy llamamos teléfonos móviles les queda de teléfono un icono en la pantalla de inicio y poco más. Lo usamos para hacer de todo, y en ocasiones, pocas, para llamar. Sería más adecuado llamarles ordenadores de bolsillo, porque son eso, ordenadores que nos acompañan allá donde vamos, que nos permiten conectarnos a internet, enviar y recibir coreos, etc. Y dar un dispositivo de esos a un niño pequeño es una barbaridad. No porque sea malo, sino porque cada cosa tiene su edad.</p>
<p>Pasa lo mismo con los coches. ¿Tienen algo de malo? Bueno, a grandes rasgos no, pueden contaminar y esas cosas, pero no, no tienen nada de malo. Todos los usamos. Pero, ¿se lo dejaríamos a un niño? Ni locos, ¿verdad? Pues con el móvil ocurre lo mismo. No tiene nada de malo el aparato en sí, pero no es en absoluto una buena idea dejárselo a un niño pequeño. La diferencia es que en el primer caso no hay debate: en nuestro país no se puede conducir hasta los 18 años y tras haber superado una prueba teórica y otra práctica. Porque hay cierto consenso en que, por debajo de esa edad, no hay la madurez necesaria para poder manejar un vehículo y circular por la vía pública. En el caso de los móviles no existe esa regulación, y por ese motivo cada casa es un mundo.</p>
<p>Hay familias que hasta que sus hijos no tienen 16 años no les dan móvil; otras se lo dan a los 12, cuando entran en el instituto (muchas lo hacen así). Hay familias que se divorcian y papá o mamá les da un móvil para mantener el contacto cuando están con el otro progenitor. Incluso hay casos que con 9 años le regalan al niño o a la niña un móvil en su primera comunión; de hecho, el móvil es el regalo de comunión más deseado por los niños, dejando atrás la bicicleta o la consola de antaño. Y claro, en el momento en el que alguien de clase tiene un móvil, el resto comienzan a demandarlo insistentemente hasta que se hace mayoritario y quien no lo tiene comienza a sentirse excluido por no poder comunicarse con sus amigos. Y ahí caen el resto.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/cambian-cerebro-los-moviles-las-redes-sociales/" data-wpel-link="internal">¿Y qué problema hay con que tengan móvil antes o después?</a> Hemos comentado el tema de la madurez, y muchos de los problemas asociados van por ese camino: <strong>cuanto más pequeños son, menos madurez tienen para ser conscientes y regular su conducta en redes.</strong> Porque, no nos equivoquemos, realmente no estamos hablando de móviles, estamos hablando de acceso a internet y redes sociales porque, si no, ¿para qué quieren un móvil?, ¿para ver la cotización del IBEX?</p>
<p>En nuestro país <strong>la edad media del primer contacto con la pornografía es de 8 años. 8 años, sí.</strong> ¿Y cómo lo hacen? No en el salón de casa con la tele de 50 pulgadas, no. Lo hacen con el móvil, o el que le han dado sus padres, el de su amigo, o el que le regalaron a su primo en la comunión. El uso temprano de móviles está generando unas problemáticas que antes no existían; la precocidad en el acceso a la pornografía y desarrollo de su sexualidad, el sexting, el ciber acoso, etc. Y muchos diréis, “a ver, que eso ha existido siempre de un modo u otro”. Vale, os doy ese punto. Sí, el acoso o la pornografía no han aparecido con los móviles. Del mismo modo que antes de existir los coches también podías viajar de Granada a Vigo, pero te costaba una semana y ahora lo haces en un rato. Digamos que facilita en exceso ciertas cosas y que, si no tienes la madurez necesaria, puedes acabar teniendo problemas.</p>
<p>Por ejemplo, os sorprendería la cantidad de niñas y niños de últimos cursos de primaria o inicios de instituto (11-12 años, para situarnos) que envían fotos íntimas por whatsapp. Y algunas de esas fotos íntimas luego acaban en manos de quien no deberían y son utilizadas para chantajear o extorsionar a quien las ha compartido. Esto preocupa mucho a las familias, que quieren que sus criaturas sean responsables cuando estén en redes. Pero para pedirles eso cuando sean adolescentes, antes hemos tenido que predicar con el ejemplo.</p>
<p>En este sentido, <strong>se emplea el concepto de “<a href="https://www.albertosoler.es/cambian-cerebro-los-moviles-las-redes-sociales/" data-wpel-link="internal">sharenting</a>” para describir la conducta de padres y madres que comparten información y fotos de sus hijos por redes sociales, sin pararse a pensar en las consecuencias inmediatas o futuras que esto puede tener.</strong> En la mayoría de casos son datos e imágenes neutros, sin ninguna carga negativa para la criatura, el problema viene más bien del exceso en la frecuencia en la que se comparte. Pero otras veces se comparten imágenes o anécdotas que pueden resultar humillantes para el menor, que seguro no le gustaría que sus padres hubieran compartido con otras personas. Y, en otros casos, se comparten detalles de su intimidad que pueden llegar a ser peligrosos: fotos en las que se les puede reconocer fácilmente, en las que los menores aparecen con el uniforme de su colegio, en la puerta del mismo, de su domicilio, perfiles en los que se cuenta pormenorizadamente los hábitos de esa familia, su estatus, propiedades, costumbres… de tal modo que cualquier desconocido puede tener a su alcance una información quizá demasiado privada.</p>
<p>¿Y por qué hacemos esto? A veces, simplemente, por vanidad, otras para recibir atención o aprobación de los demás. Demasiadas veces usamos a nuestros peques para ganar un puñado de likes, un poco de “casito” en las redes sociales…Y es una pena, porque luego querremos enseñarles lo importante que es hacer un uso responsable de las redes sociales, que no les manden fotos de las tetas a sus novios y cosas por el estilo. ¿Y con qué legitimidad lo haremos, si toda su infancia hemos estado compartiendo su intimidad sin su consentimiento?, ¿cómo podemos creernos en más derecho que ellos para “compartir” detalles de sus vidas? Si nosotros compartíamos sus fotos con desconocidos, ¿cómo no van a compartirlas con sus parejas?</p>
<p>Pues eso, que el tema del uso de móviles en la infancia es muy complicado. Y respondiendo a la pregunta inicial: ¿cuándo darles un móvil? Pues si es un teléfono para simplemente llamar en caso de necesidad, a partir de los 6 u 8 años ya podrían emplearlo, si los padres (o madres) lo estiman necesario. ¿Y un teléfono inteligente? Cuanto más tarde mejor. Nunca como regalo de comunión y, en todo caso, no antes de los 14 años que es la edad mínima en la que, según la ley de protección de datos, pueden acceder al tratamiento de sus datos y, por tanto, tener perfil en redes sociales. Pero, repito: cuanto más tarde, mejor.</p>
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		<title>Disonancia cognitiva: así te engañas a ti mismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Sep 2022 07:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una conocida fábula de Esopo que habla de una zorra que va por el campo y ve en lo alto de un árbol un apetitoso racimo de uvas. La zorra intenta alcanzarlo de todos los modos posibles pero no puede. Al darse cuenta de que el racimo está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay <strong>una conocida fábula de Esopo</strong> que habla de una zorra que va por el campo y ve en lo alto de un árbol un apetitoso racimo de uvas. La zorra intenta alcanzarlo de todos los modos posibles pero no puede. Al darse cuenta de que el racimo está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: «Bah, ¡no están maduras!». Y se va. Pues bien, <strong>este es un ejemplo perfecto de en qué consiste la disonancia cognitiva y lo que hacemos para evitarla</strong>. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="cutxW1oyIfFqNzP"><iframe title="Disonancia cognitiva: así te engañas a ti mismo" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/dYdjDb3a_d8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>Qué es la disonancia cognitiva</h2>
<p>La disonancia cognitiva es un concepto psicológico que hace referencia a un <em><strong>estado emocional desagradable que aparece por la discrepancia entre ideas y creencias que tenemos acerca de algo, o entre estas ideas y las conductas que llevamos a cabo.</strong></em> Esta sensación desagradable nos lleva a realizar conductas o crear justificaciones que eliminen o reduzcan la disonancia, y con ella el malestar, lo cual en la práctica implica muchas veces el hecho de <a href="https://www.albertosoler.es/debemos-decir-siempre-la-verdad-sinceridad-vs-sincericidio/" data-wpel-link="internal">mentirnos a nosotros mismos</a>.</p>
<p>Veámoslo en la fábula de Esopo: la zorra quiere las uvas, de hecho les ha visto una pinta estupenda, por eso las quiere, pero cuando se da cuenta que no puede alcanzarlas es cuando las desprecia diciéndose a sí misma que no merecen realmente la pena porque no están lo suficientemente maduras. Se está engañando a sí misma. ¿Que por qué hace eso? Porque reconocer que las quiere, que deben estar buenísimas, pero que no es capaz de alcanzarlas resulta demasiado doloroso, así que <strong>su mente idea una estrategia para evitar ese dolor: distorsionar la realidad para hacerla menos dolorosa. ¿Acaso no es esto lo que hacemos todos en numerosas ocasiones?</strong></p>
<p>Por ejemplo, esas personas tan tan de izquierdas y tan tan comprometidas con una y mil causas, pero que luego defraudan lo que pueden. “Como todos defraudan, yo prefiero no pagar impuestos y luego si eso, donarlo a la causa que yo quiera” (o si eso, ya me lo quedo tó pa mi…). Eso sí, luego el puño izquierdo bien arriba y a tope con lo público.<br />
O esas personas tan tan pro vida cuando se trata de embriones, para las que el aborto es un asesinato, pero que luego son insensibles ante la muerte de inmigrantes en las puertas de su país, o incluso son favorables a la pena de muerte. Para que no les explote la cabeza deben crear una y mil volteretas mentales para intentar que todo encaje.<br />
La disonancia cognitiva se observa muchas veces en consulta, en casos de ansiedad, depresión, estrés, dificultades de adaptación u otros problemas. Como suelo explicar a los pacientes: <em>“tu problema es que tu cabeza, tu corazón y tus pies van por caminos distintos, cada uno avanza en una dirección, y eso te genera malestar. Lo que tenemos que hacer es que cabeza, corazón y pies, pensamientos, emociones y conducta, vayan de la mano”</em> En consulta tratamos de encontrar formas adaptativas de disminuir esa disonancia cognitiva que tanto malestar genera a la persona. Pero no todas las formas de reducir la disonancia son adaptativas; a veces incluso nos hacen estar estancados y nos impiden avanzar.</p>
<h2>Proteger nuestros pensamientos de amenazas</h2>
<p>En nuestro día a día <strong>invertimos muchos esfuerzos en mantener nuestras ideas a salvo de las peligrosas amenazas externas que nos puedan hacer cuestionar nuestras creencias y nos generen malestar.</strong> Esto al final nos lleva a justificar del modo más exótico posible ciertos comportamientos para que encajen en nuestro sistema de creencias y valores, y a negar de modo frontal cualquier pensamiento o idea que pueda poner en riesgo aquellas que ya teníamos previamente. Y por el contrario, cuando encontramos algo que encaja con nuestras creencias e ideas, lo aceptamos inmediatamente sin dudarlo lo más mínimo. De hecho, es algo que nos viene muy bien ya que ayuda a construir nuestra identidad. Por eso leemos periódicos, escuchamos radios y podcasts, y escuchamos música afines a nuestras ideas.</p>
<p>Por eso, a veces <strong>nos dejamos llevar por los estereotipos</strong>, lo que algunos incluso han llamado <a href="https://www.albertosoler.es/la-crianza-perfecta-video/" data-wpel-link="internal">“packs ideológicos”</a>: si estás a favor de esto, lógicamente también deberías estar a favor de esto, esto y esto otro. Creamos nuestro pequeño búnker ideológico en el que aceptamos y rechazamos ideas, conductas o valores en función de si encajan fácil e indoloramente con los previos. Los que están fuera los rechazamos de plano, no sea que nos hagan cuestionarnos esos principios que tan a fuego hemos grabado.</p>
<p>Y así nos pasamos gran parte de la vida, haciendo malabarismos para evitar caer en la disonancia. Pero estos atajos, que están muy bien, porque nos ahorran tiempo y esfuerzo, también tienen una cara B: y es que <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">el mundo cambia, y si no nos adaptamos y cuestionamos nuestras ideas, cada vez nos costará más avanzar.</a> Al final tenemos que hacer un balance entre el coste que nos implica cuestionar nuestras propias ideas y valores, y el coste que tiene mantenernos estáticos en un mundo que cambia. Y lo que hay detrás de todo esto no es otra cosa que el miedo al cambio. <a href="https://www.albertosoler.es/hipocondria-y-si-es-algo-malo-cuando-nos-obsesionamos-por-la-salud/" data-wpel-link="internal">El cambio implica duda, incertidumbre</a>, y siempre vamos a tratar de evitarlo en mayor o menor medida, hasta que el coste de no cambiar sea mucho más elevado que el coste de hacerlo.</p>
<p>En fin, que cabeza, corazón y pies deben ir en una misma dirección para que no aparezca el malestar, la disonancia. Pero como decía, no todas las formas de reducirla son adaptativas, hay veces que por evitar la disonancia acabamos encerrados en nosotros mismos, con miedo a cuestionar cualquier cosa que no sea lo que ya conocemos. Y tampoco es eso, ¿no? Se hace necesario, pues, encontrar un equilibrio entre evitar el malestar por la disonancia o la incertidumbre y lograr avanzar y ser flexibles en nuestro día a día para no quedar estancados.</p>
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		<title>Desarrollo del lenguaje de 1 a 3 años: cómo estimularlo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Sep 2022 10:03:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta es una pregunta que muchas familias con nenas y nenes pequeños se hacen: ¿qué podemos hacer para ayudarles a hablar?, ¿cómo favorecer el desarrollo del lenguaje? Esta semana vamos a repasar algunas recomendaciones muy prácticas para ayudarles desde bien pequeñitos. Vamos a verlo. Lo primero que debemos tener en cuenta es que si queremos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Esta es una pregunta que muchas familias con nenas y nenes pequeños se hacen: <strong>¿qué podemos hacer para ayudarles a hablar?, ¿cómo favorecer el desarrollo del lenguaje?</strong> Esta semana vamos a repasar algunas recomendaciones muy prácticas para ayudarles desde bien pequeñitos. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="BMisktXJvxRQTZmfLA1d74NjDyVp829holrbcWYUaeS5wCzq"><iframe title="Sencillos trucos para enseñar a hablar a tu bebé y estimular el habla" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/n0FDqQeH9U0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Lo primero que debemos tener en cuenta es que <strong>si queremos ayudarles en su desarrollo del lenguaje lo más importante sería esforzarnos en no dificultarlo.</strong> Me explico: más que hacer cosas muy especiales, darles una estimulación súper específica y cosas muy llamativas lo más importante es identificar algunos de los obstáculos que a veces podemos poner sin darnos cuenta.</p>
<p><strong>Dos grandes obstáculos del desarrollo del lenguaje son el uso excesivo del <a href="https://www.albertosoler.es/chupete-si-o-chupete-no/" data-wpel-link="internal">chupete</a> y las <a href="https://www.albertosoler.es/los-ninos-y-la-exposicion-a-television-moviles-y-tablets-que-dice-la-ciencia/" data-wpel-link="internal">pantallas</a>.</strong> Estos son dos inventos modernos que nos facilitan bastante la vida a las familias a corto plazo, pero que pueden suponer problemas en el medio y largo plazo. Ambos nos pueden sacar del apuro en determinados momentos porque funcionan a modo de silenciador, son algo casi anestésico para los peques. Tenemos un niño nervioso, llorando, inquieto, molesto… le damos un chupete o le ponemos la tele, y mágicamente tenemos un niño calmado, en silencio… casi como si no hubiera niño. Eso está bien porque nos permite preparar la comida, comprar, comer, trabajar, hablar con nuestra pareja… Los adultos siempre tenemos un montón de tareas pendientes y echar mano de estos artilugios es una gran tentación. ¿El problema? Que el tiempo que les tapamos la boca con esto están perdiendo oportunidades de aprendizaje: dejan de escucharnos a nosotros, porque dejamos de hablarles, y también dejan de practicar con nosotros los diálogos que deberían estar practicando. El tiempo que el niño o la niña lleva el chupete en la boca es tiempo que no está hablando y el tiempo que pasa enganchado a una pantalla es tiempo perdido para interactuar con otras personas, que es como se desarrolla el lenguaje. La evidencia acerca de la relación que hay entre un pobre desarrollo del lenguaje y el uso de pantallas es abrumadora.</p>
<p>Así pues, si ya hemos hecho uso de estas herramientas, podemos plantearnos retirarlas, o al menos limitar el tiempo de uso. Respecto al chupete, a partir del año o año y medio estaría bien ir retirándolo, ya que su uso excesivo puede deformar la boca de niñas y niños, y como decimos, les dificulta el habla. Para hacerlo podemos ir retirándolo de forma progresiva para no generar resistencias; si pretendemos quitarlo de repente, los peques pueden angustiarse mucho y aferrarse aún más a él. Si tenemos muchos por casa, podemos ir reduciendo poco a poco su disponibilidad, que no lo tengan tan a mano. Olvidarnos de las cadenitas con las que los llevan siempre colgando, porque cuando lo llevan colgando lo tienen siempre demasiado a mano. Podemos tener uno o dos, para cuando nos lo pidan, pero empezaremos por retirarlos de su alcance y de su vista, y se lo daremos solo cuando nos lo pidan, nunca enchufárselos nosotros por nuestra propia comodidad. En los casos en los que la retirada del chupete cuesta un poco y nos desesperamos, está bien recordar que fuimos nosotros quienes se lo dimos en un primer momento y nos hemos beneficiado de su uso en múltiples ocasiones. Así que, como casi todo con los peques, paciencia y flexibilidad. Queremos retirarlo, pero no de cualquier forma ni a cualquier precio.</p>
<p><strong>Otra forma en la que <a href="https://www.albertosoler.es/alimentacion-complementaria-resumen-de-las-ultimas-recomendaciones/" data-wpel-link="internal">podemos estar dificultando el desarrollo del lenguaje sin ser consientes de ello es con la alimentación</a>.</strong> Si no lo hemos hecho ya, otra cosa que podemos hacer es ir haciendo la transición hacia una alimentación sólida, que les permita masticar, ya que la masticación contribuye al correcto desarrollo de de la boca y con ello a la articulación del lenguaje. Las dietas a base de biberones, papillas y triturados no favorece el normal desarrollo de la boca y con ello del lenguaje.</p>
<p>Además, en relación con esto, otro aspecto a tener en cuenta son <strong>los mocos</strong>. Sí, sí, los mocos, esos que suelen acompañarles durante casi todo el curso escolar. Es importante enseñarles a sonarse bien los mocos para que puedan respirar bien por la nariz, lo cual les ayudará también a poder expresarse sin dificultad.</p>
<p>Un aspecto que no deberíamos olvidar si queremos favorecer un buen desarrollo del lenguaje es <strong>prestar atención a la forma que tenemos de relacionarnos y comunicarnos con los peques</strong>, y recordar que ellos aprenden siempre de nosotros, especialmente cuando no somos tan conscientes de ello. Así, tendremos que cuidar nuestro lenguaje y el clima en casa, hablar con ellos, atenderles, tenerles en cuenta, escucharles, permitirles que se expresen y concederles el tiempo necesario para contestar. Esto es muy importante, ya que muchas veces a los adultos se nos agota la paciencia y les acabamos las palabras o las frases cuando ellos podrían hacerlo si les permitiéramos ese tiempo. Nunca deberíamos acabar las frases de un niño que está aprendiendo a hablar, ni darles esa palabra que están buscando a la primera de turno. Sería como hacerles los deberes del cole. Paciencia, paciencia y más paciencia: les escucharemos con atención, con calma y sin presionarles.</p>
<p>Por esto <strong>es muy importante que vayamos con mucho cuidado a la hora de corregirles cuando están aprendiendo a hablar.</strong> A veces se tiene la idea de que hay que corregir cada palabra, estructura o expresión que no dicen de manera correcta porque si no, no aprenderán a hablar bien. Y nada más lejos de la realidad. El problema es que en ocasiones familia y educadores parece que tenemos una atención selectiva por los errores (y esto se aplica tanto al lenguaje como a otras áreas). Los niños están practicando y aprendiendo un montón de palabras, estructuras, pronunciaciones… todo nuevo para ellos, pero parece que en lugar de fijarnos en sus avances y cuando lo hacen bien, solo nos fijamos en los errores de pronunciación o en las palabras mal empleadas. Podemos corregirles, sí, no pasa nada, pero no hace falta hacerlo siempre ni de forma tan directa. Sobre todo, obviamente, no deberíamos castigarles, reírnos de ellos ni humillarles. ¿Cómo hacerlo? Por ejemplo, si nos dicen que “Marta no pudió subir al tobogán”, en vez de decirle “no, no se dice pudió, se dice pudo. A ver, ¿cómo lo dices tú? PUUU-DO, ¡muy bien!”, en vez de eso, es mucho más elegante, sutil y efectivo simplemente devolver la frase con la palabra corregida “Uy, y cómo es que Marta no PUDO subir al tobogán”. Tachán, listo. Corregido y sin señalar el error. Simplemente empleamos nosotros de forma correcta la palabra en nuestra interacción normal con ellos, y ellos solitos suelen darse cuenta de la diferencia y corrigen su error.</p>
<p><strong>Algo que se hace con frecuencia y que ni es necesario ni es deseable es emplear nosotros lenguaje infantil y formas propias de los niños a l ahora de hablarles.</strong> La idea es hablar nosotros correctamente para que ellos puedan tener un modelo, pero sin necesidad tampoco de estar corrigiéndoles a todas horas. Cuando nos centramos demasiado en los errores ellos pueden inhibirse y preferir hablar menos. Un poco de sentido común: no hablemos como niños de dos años, pero tampoco es que seamos académicos de la lengua.</p>
<p>También es buena idea <strong>animarles a hablar haciéndoles preguntas abiertas para que nos cuenten sus cosas.</strong> Nada de sí, no, o darles solo dos opciones. Mejor preguntas abiertas. Y además de preguntarles, también tenemos que acordarnos de contarles nosotros a ellos nuestras cosas. La idea es que podamos compartir ratos agradables con ellos, no hacerles un interrogatorio de lo que ha pasado en la escoleta o con la abuela para enterarnos de todo.</p>
<p>Además, dentro de esas interacciones que tenemos con ellos otras forma divertida de favorecer el desarrollo del lenguaje es <a href="https://www.albertosoler.es/como-fomentar-la-lectura-en-los-ninos/" data-wpel-link="internal">a través de los cuentos, canciones, poesías, trabalenguas, adivinanzas, juegos, y en general aprovechar cualquier oportunidad para hablar con ellos.</a></p>
<p>Y, finalmente, otro aspecto que también es positivo para ellos es <strong>que les facilitemos las oportunidades de interacción con otros peques</strong>, especialmente <a href="https://www.albertosoler.es/necesitan-los-ninos-ir-a-la-guarderia-video/" data-wpel-link="internal">cuando aún no están escolarizados</a>. Podemos quedar con otras familias con hijos pequeños, bajar al parque, a la plaza, al jardín, donde es fácil coincidir con otros peques y que se junten a “hablan de sus cosas”. A ver, que no es que vayan a tener conversaciones ni interacciones muy profundas; de hecho, muchas veces es normal que no tengan ningún interés ni en juntarse ni en interactuar con otros peques, pero no por eso debemos privarles de estas oportunidades. Quizá un día no quieren, pero otro sí. No es cuestión de forzarles ni obligarles a interactuar con otros si ellos no quieren, pero tampoco negarles las oportunidades para poder hacerlo.</p>
<p>En fin, que el desarrollo del lenguaje es un proceso natural y no necesita una intervención muy especial por nuestra parte; lo más importante es controlar aquellas cosas que pueden frenar este proceso, especialmente pantallas y chupetes. Y después, hablarles, hablarles y hablarles. Y dejarles hablar.</p>
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<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/desarrollo-del-lenguaje-de-1-a-3-anos/" data-wpel-link="internal">Desarrollo del lenguaje de 1 a 3 años: cómo estimularlo</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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		<title>¿Por qué llora los bebés? El cólico del lactante</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Sep 2022 09:51:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Infantil]]></category>
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		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los recién nacidos vienen a este mundo pequeños, inmaduros y frágiles. Totalmente dependientes de los adultos para sobrevivir. No pueden hablar, andar, o alimentarse por sí mismos, no pueden ni cambiar de postura o sostener el peso de su cabeza… Pero hay algo que saben hacer muy bien: llorar. ¿Porque por qué motivos lloran los [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Los recién nacidos vienen a este mundo <a href="https://www.albertosoler.es/esa-lo-que-quiere-son-brazos/" data-wpel-link="internal">pequeños, inmaduros y frágiles</a>. Totalmente dependientes de los adultos para sobrevivir. No pueden hablar, andar, o alimentarse por sí mismos, no pueden ni cambiar de postura o sostener el peso de su cabeza… Pero hay algo que saben hacer muy bien: llorar.<strong> ¿Porque por qué motivos lloran los bebes?</strong> Vamos a verlo.</p>
<p><span class="MsaIj2ts36wJNBiF8VSzWGHmQnZXTpOjBLZUvArTumJRv1dnt4KDq77YLroAO5V91Cg8bpHPPFGQqcdYXelyxkblw2U3c0R0S"><iframe title="Por qué llora mi bebé: el cólico del lactante. Qué hacer si llora todo el tiempo." width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/_ZEJTBiIrlw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que avisa no es traidor: de lo primero que suelen hacer los bebés nada más nacer es llorar. Ese primer llanto a madres y padres suele sonarnos a música celestial, pero a partir de ahí el llanto pasa a ser más bien un sonido bastante molesto, incluso angustioso, que nos mueve a hacer algo para silenciarlo. De hecho, en eso consiste su función: es <a href="https://www.albertosoler.es/super-oido-de-madre-lo-tienen-tambien-los-padres/" data-wpel-link="internal">una señal de alarma que nos indica que el bebé está mal, que algo le pasa</a>. Entonces comienza la tarea de las madres y padres de descifrar lo que le pasa: ¿hambre?, ¿sueño?, ¿frío?, ¿calor?, ¿le dolerá algo?, ¿está sucio?</p>
<p>Estas son las cosas que primero se nos pasan por la cabeza, y solemos hacer un repaso a todo esto hasta que detectamos el problema y lo solucionamos. A veces la respuesta es bastante evidente, en forma de pañal cargadito o hambre, pero cuando no es esto, nos puede costar un poco descifrarlo. <a href="https://www.albertosoler.es/bebes-de-alta-demanda-video/" data-wpel-link="internal">Al menos los primeros meses</a>, cuando aún no nos conocemos tanto… Cuando no es nada de esto entonces pensamos que quizá le duela algo… ¿gases?, ¿dientes? Y cuando la cosa va a más, probablemente nos empecemos a preguntar (o nos empiecen a sugerir) que quizá lo que le pasa es que está teniendo los famosos cólicos del lactante.</p>
<h2>El cólico del lactante</h2>
<p>Los cólicos se refieren a episodios recurrentes y prolongados en los que el bebé llora de forma intensa e inconsolable, normalmente por la tarde/noche, durante 3 horas al día, al menos 3 veces por semana, durante al menos 3 semanas, sin que se conozca la causa de este llanto. Si cumple estos criterios, se le pone entonces nombre: cólico del lactante, pero en realidad muchas veces sigue sin estar claro qué es lo que pasa o a qué se deben esos llantos.<br />
Esto es algo que ocurre con bastante frecuencia, aproximadamente uno de cada cinco bebés padecen estos cólicos durante los primeros meses de vida. Suelen empezar entre la segunda y la cuarta semana de vida y suelen durar 3 o 4 meses. La buena noticia es que a partir de del cuarto mes suelen remitir… si es que realmente eran cólicos.<br />
Entonces, visto todo esto… ¿se puede hacer algo para prevenir los cólicos? Pues, afortunadamente, sí. Aunque muchas veces no está claro qué es lo que le pasa a estos bebés, se piensa que puede estar relacionado con el estrés que van acumulando a lo largo del día y a última hora del día o principios de la noche empiezan con estos llantos. Por lo tanto, deberíamos intentar que el bebé se estrese lo menos posible, y llore lo menos posible durante el día, para que no lleguemos todos tan reventados a la noche. ¿Y cómo podemos hacer eso? Pues satisfaciendo necesidades. ¿Cuáles? Pues además de las más obvias de alimento, estar limpio y dormir, hay otras cosas que a veces se nos escapan, y pueden estar contribuyendo a estos episodios de llanto inconsolable.</p>
<h2>¿Por qué llora mi bebé?</h2>
<p>Empecemos por la <a href="https://www.albertosoler.es/alimentacion-complementaria-resumen-de-las-ultimas-recomendaciones/" data-wpel-link="internal">alimentación</a>: los bebés vienen a este mundo acostumbrados a disfrutar de una barra libre de alimento. Cuando estaban en la tripa no necesitaban pedirlo ni hacer nada especial para conseguirlo. Ellos no entienden de tomas, ni de relojes, ni del día y la noche… cuando son pequeñitos y se despiertan, a poco que se muevan ya podemos entender que están pidiendo alimento. No hace falta que esperemos a que se chupen las manos desesperados y mucho menos a que se pongan rojos gritando y llorando. Si nos adelantamos a estas señales tardías de hambre será todo más relajado. Si no tienen que llorar para comer, comerán de forma más relajada y no tragarán tanto aire, de ese que luego les molesta tanto en forma de gases (de los de arriba o de los de abajo).<br />
Otro factor que puede estresar al bebé es tener incomodidad por temperatura o pañales mojados: cuando el bebé siente frío o calor, o está incómodo por la humedad de un pañal sucio nos lo hará saber con un llanto progresivamente más insoportable. Si estamos atentos y lo solucionamos pronto, podemos evitarle algún que otro disgusto, porque un culito irritado puede ser muy molesto, y hay niños y niñas con pieles muy sensibles que rápido se pueden irritar. A veces tendremos que probar varias marcas de pañales hasta dar con la que a nuestro peque le va mejor, porque algunos les pueden hacer reacción.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/tetanalgesia-una-forma-eficaz-segura-y-economica-de-evitar-dolor-a-los-bebes/" data-wpel-link="internal">Otro factor de estrés es el dolor:</a> a veces el llanto inconsolable puede ser porque efectivamente al peque le pasa algo y hasta que no solucionemos ese algo, el pobre se va a quejar… Puede ser una otitis, una infección de orina, un problema muscular, gases, estreñimiento, reflujo, una alergia… a saber. Lo mejor será pasarnos por el pediatra.</p>
<p>También les estresa el <a href="https://www.albertosoler.es/estimulacion-temprana-o-ninos-sobreestimulados-video/" data-wpel-link="internal">exceso de estimulación</a>: a veces queremos volver pronto a nuestra marcha normal y se nos olvida que el bebé lleva poco por aquí y que no está acostumbrado a nuestros trotes. El mundo adulto se mueve a un ritmo y con una estimulación que es excesiva para un bebé.</p>
<p>Y al contrario también, la falta de estimulación también puede hacer que los bebés se estresen y lloren. Esto es algo que muchas veces trae de cabeza a las familias, que no entienden que si el bebé está limpio, ha comido, dormido, está correctamente abrigado, no le duele nada y la pediatra dice que está todo bien, ¿cómo puede ser que cada vez que le dejamos en la cuna o carro, se ponga a llorar como si algo horrible estuviera sucediendo? Entonces les cogemos y se les pasa el disgusto. Se van calmando, se relajan, y puede que incluso se queden dormidos. Llegados a este punto pensamos que podemos dejarles tranquilamente en su cuna o carro, pero resulta que no. Es hacer el intento y antes de conseguir dejarles ya han abierto un ojo y probablemente vuelvan a llorar si ven que les soltamos. Así que nada, volvemos a la casilla de salida. Y cuando pasa esto, cuando lloran y les cogemos y meneamos para calmarles, hay una probabilidad bastante elevada de que tengamos que escuchar comentarios del tipo “no le cojas que se acostumbra” o <a href="https://www.albertosoler.es/esa-lo-que-quiere-son-brazos/" data-wpel-link="internal">“esa lo que quiere son brazos”</a>, como si cogerles en brazos fuera algo malo. Es cierto que esto puede ser pesado para los adultos que cuidan, pero en realidad para los bebés este contacto y movimiento propio de ir en brazos (o porteados) es lo que necesitan, porque es a lo que estaban acostumbrados durante toda la gestación. Lo que están pidiendo no es nada extraño ni un capricho. Lo piden, no porque les malacostumbremos, sino porque ya venían acostumbrados de serie. Es lo que conocen y por eso es lo que piden. Les podemos acostumbrar a otra cosa, pero eso no quiere decir que desatenderles hasta el punto que dejen de pedirlo, quiera decir que dejen de necesitarlo, o que tenerles en brazos, abrazarles, sostenerles, acariciarles, darles un masaje, mecerles, cantarles, hablarles o susurrarles sean conductas a reducir. Más bien todo lo contrario.</p>
<p>Y finalmente tenemos <a href="https://www.albertosoler.es/baja-tolerancia-a-la-frustracion-ayudar-los-ninos/" data-wpel-link="internal">el tema de la frustración</a>: ser bebé a veces es duro. Quizá te sientes abandonado y necesitas que te cojan y te consuelen, puede que tengas alguna sensación extraña que te produzca malestar (quizá hambre, dolor o incomodidad), puede que quieras estar con tu madre pero resulta que eso no puede ser en este momento, quizá te interesa una pelotita o juguete al que no llegas, o quieres ver algo que está fuera de tu alcance, puede que estés tomando teta pero de allí no salga toda la leche que te gustaría… Hay muchas situaciones que pueden cabrear a los bebés y una muy típica es esta última. Hay momentos en los que el bebé está pegando un estirón, por lo que necesita más leche, y puede frustrarse porque no consigue toda la que necesita. Se pone nervioso, se mosquea, llora, se pelea con la teta… estas crisis se conocen como crisis de lactancia o brotes de crecimiento y suelen darse en algunos momentos determinados: a los 17-20 días, a las 6-7 semanas de vida, a los 3 meses, al año y a los dos años. Si lo sabemos y entendemos estas crisis, se pasan: el bebé pide teta a todas horas, y aunque para la madre esto puede ser frustrante, si se adapta a estas demandas y le da toda la teta que pide, en algunos días la producción de leche sube y la situación se normaliza.</p>
<p>En fin, que como veis, <strong>son muchos los motivos que pueden hacer llorar a un bebé</strong> pero, cuando vamos descartando los más obvios, nos vamos agobiando cada vez más. Esperamos que este vídeo os sirva para tener en cuenta más factores y poder ayudar mejor a vuestras criaturas.</p>
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