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	<title>Artículos de Insomnio - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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	<description>Centro de psicología dirigido por  Alberto Soler y Concepción Roger. Te acompañamos a entender lo que te pasa y a sentirte mejor. Adultos, infantil, familia y parejas. Evaluamos TDAH y AACC.</description>
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	<title>Artículos de Insomnio - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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		<title>Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Parálisis por análisis… Seguramente os habrá pasado alguna vez que ante una decisión importante en la que queríais tomar la mejor decisión, os habéis quedado un poco atascados en la fase de contemplar todas las posibles opciones, los pros, los contras, los qué pasaría sí, el “vale, ya lo tengo claro”... Pero cuando asumes una opción no eres capaz de desprenderte de alguna de las otras: es lo que se conoce como parálisis por análisis. Vamos a ver con un poco más de detalle de qué va esto y qué es lo que podemos hacer en este tipo de situaciones… INTRO Las personas somos todas diferentes. Algunas son más impulsivas, otras más reflexivas. Algunas más habladoras, otras más calladas. Algunas más activas, otras más tranquilas… independientemente de estos rasgos, todos tenemos nuestros momentos más y menos impulsivos, momentos en los que estamos más o menos activos o habladores. Por eso, seamos de un estilo u otro, es fácil que lo que vamos a explicar hoy nos haya pasado en mayor o menor grado alguna vez. Es lo que se conoce como parálisis por análisis. Tenemos que tomar una decisión que para nosotros es importante. Puede tratarse de algo más o menos trascendente, pero el caso es que para nosotros en este momento es algo a lo que le estamos dando importancia (aunque desde el punto de vista de otras personas esta decisión no sea nada importante). Pero el caso es que tenemos diferentes opciones a la hora de decidir, cada una con sus pros y sus contras. Y es que la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Que sí, que está muy bien el que nos paremos a reflexionar las posibles opciones antes de tomar una decisión y actuar, de hecho hemos hablado de eso mismo en otros artículos y vídeos. El problema viene cuando nos quedamos atascados en esta fase de análisis, dándole excesivas vueltas al problema, perdiendo tiempo y energía, sin llegar a decidirnos por ninguna opción y por lo tanto sin actuar en uno u otro sentido. Algunas personas se quedan atascados en la búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el miedo al fracaso es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero a pesar de todo, puede ocurrir que el coste de no llegar a tomar una decisión sea en realidad mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer cuando nos vemos atascados en una situación así? Cuando somos conscientes de que nos estamos pasando con el tiempo o la energía que le estamos dedicando a una decisión, podemos optar por varias opciones: Limitar el número de opciones. Cuando estamos atascados en este tipo de situaciones menos es más. Es imposible elegir entre todos los posibles modelos de coches, pantalones, zapatillas, u ordenadores. No podemos comparlos todos porque hay demasiados. Es mejor limitar la elección a unas pocas opciones (quizá dos o tres) y dedicarle tiempo a analizar solo estas, en lugar de intentar abarcar todas las posibles opciones. Es por esto que muchos vamos siempre a las mismas tiendas de ropa o compramos siempre los electrodomésticos o cacharritos de una determinada marca. Tener demasiadas opciones puede llevarnos a quedarnos atascados y no llegar a elegir ninguna. Otra cosa que podemos hacer es decidirnos por la primera opción que consideremos suficientemente razonable. Si asumimos que es suficientemente buena, aunque no sea perfecta, podremos salir del bloqueo y seguir adelante con este y otros asuntos importantes. Nuestro tiempo y nuestras energías también son importantes y no tenemos porqué desperdiciarlos. También podemos marcarnos plazos temporales. Cuando estamos atascados sin saber muy bien por dónde tirar, ayuda tener una fecha tope para tomar una decisión. Si no nos viene dada esta fecha por las circunstancias, podemos fijarla nosotros mismos: nos damos un plazo para tomar una decisión, y si pasado este tiempo no la hemos tomado, una de dos, o asumimos la opción que consideremos más razonable en ese momento, o abandonamos la idea y dejamos de dedicarle tiempo y energía. También podemos intentar enfocarlo desde otro punto de vista. En lugar de enfocarlo como una decisión definitiva, podemos plantearnos que probablemente podamos cambiar de opinión en el futuro, cambiar de rumbo, realizar modificaciones, etc. Si le quitamos un poco de hierro a la decisión probablemente sea más fácil decantarnos por una u otra alternativa. Si vemos que no somos capaces de tomar la decisión por nosotros mismos, podemos compartir nuestras inquietudes con otras personas que nos ayuden a decidir. En función de las circunstancias, estas personas pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, o de en caso de ser necesario, también podemos solicitar ayuda profesional. Finalmente, un último recurso sería imaginar posibles consecuencias de cada una de las alternativas que barajamos, y exagerarlas llevándolas al extremo. Si las consecuencias no son muy desastrosas llevándolas al extremo, probablemente podamos asumir esa opción como buena o, al menos, elegir la que tenga consecuencias menos graves. Esta es nuestra lista de opciones para salir de esa parálisis, y vosotros ¿qué hacéis para salir de este tipo de situaciones? Si tenéis un truco que os funciona para ayudaros a elegir cuando os sientes atascados, contárnoslo en los comentarios. Y hasta aquí, otra píldora de psicología, si os ha gustado tenéis muchos más vídeos y artículos en el canal de YouTube y en albertosoler.es. Y en todas las librerías nuestro libro “Hijos y Padres Felices”. ¡Un saludo!</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/por-que-lo-mejor-es-enemigo-de-lo-bueno/" data-wpel-link="internal">Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Os habéis planteado alguna vez el tiempo que empleamos a lo largo de nuestra vida en <a href="https://www.albertosoler.es/ceguera-a-la-eleccion-por-que-fallamos-tanto-al-tomar-decisiones/" data-wpel-link="internal">tomar decisiones</a>? Sí, mucho. Solemos pensar que cuanto más tiempo dedicamos a meditar una decisión, mejor será el resultado final. Pero, ¿y si realmente no es así?, ¿y si <strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="lQKNc2mnySA9i5JFG4bdE6o78BCjkrsYqwxIU3ZzDTWvHL1RpeOaMPX"><iframe title="Por qué buscar LO MEJOR puede ser una mala idea: lo mejor es enemigo de lo bueno" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/QXGehWiK_dM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habréis oído muchas veces eso de que “<strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>” Esta expresión pertenece a Voltaire y la emplea para hablar de una trampa lógica que se conoce como la &#8216;Falacia del Nirvana’: rechazar una acción o una idea comparándola con lo mejor, con algo tan «mejor» que resulta inabarcable o imposible. Lo que digo siempre, que <strong>ninguna realidad puede competir con una fantasía</strong>, ya sea un trabajo, un viaje o una pareja. Lo veíamos <a href="https://www.albertosoler.es/el-sindrome-de-paris-por-que-enferman-algunos-japoneses-al-llegar/" data-wpel-link="internal">cuando hablábamos del síndrome de París</a>. Pues bien, <strong>aceptar que lo mejor es enemigo de lo bueno no es tarea sencilla</strong>, ya que tendemos a pensar que lo mejor es lo mejor y punto, sin darle más vueltas al asunto. Se requiere cierto recorrido vital para entender que quizá ese “lo mejor” es una fantasía, una utopía que nos aleja de tomar buenas decisiones en el momento presente, esperando algo que quizá nunca llega.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal">Cuando nos enfrentamos a decisiones importantes en la vida</a> es necesario dedicarles un mínimo de tiempo para poder contemplar todos los elementos que entran en juego, comparar distintas opciones, y una vez tengamos toda la información necesaria, tomar la mejor decisión posible. Pero no siempre es todo tan sencillo. <strong>Hay veces que no hay una decisión que sea “la mejor”</strong>; hay veces que no disponemos de toda la información necesaria y tenemos que hacer una apuesta; en otras ocasiones las opciones que tenemos son prácticamente equivalentes (al menos, con la información que tenemos) y nos cuesta decantarnos por una u otra. Y ahí es donde nos enganchamos: esperando el mejor resultado vamos dejando pasar el tiempo y las oportunidades rechazando opciones que eran realmente buenas y que podían funcionar para nosotros.</p>
<p>Entonces, <strong>¿emplear más tiempo en una búsqueda o una decisión implica mejor resultado final? Definitivamente, no.</strong> Echarle tiempo “a granel” a un proceso de toma de decisiones no es garantía de nada, a veces todo lo contrario.</p>
<p>Muchas personas se quedan atascadas en un proceso eterno de búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de todas las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">miedo al fracaso</a> es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero en todos estos casos lo que acaba ocurriendo es que el coste de no llegar a tomar una decisión en realidad puede acabar siendo mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Es lo que se conoce como parálisis por análisis: la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Y eso es algo que nos cuesta mucho.<br />
<a href="https://www.albertosoler.es/renunciar-para-ser-felices/" data-wpel-link="internal">Estamos preparados para elegir ventajas o virtudes, no para elegir defectos</a>. Pero cada opción que tomamos tiene su cara b: si compramos un apartamento en la playa estamos renunciando a tener una casita en la montaña. Si elegimos un pequeño deportivo estamos renunciando a tener un buen maletero. Si elegimos una escuela súper molona y súper interesante probablemente tenemos que renunciar a la que tenemos más cerca de casa. Vivir es elegir, y elegir es renunciar.</p>
<p><strong>Pero hay que elegir; no hacerlo mientras esperamos que se presente ante nuestros ojos la opción ideal es una forma de garantizarnos el fracaso al mismo tiempo que nos engañamos a nosotros mismos pensando lo difícil o injusta que es la vida porque no nos da las mismas oportunidades que al resto</strong>. Pero quizá no tenemos que culpar a la vida y lo que debemos es dejar de crear esa narrativa fatalista y aceptar que tal vez nuestras fantasías o aspiraciones nos están impidiendo alcanzar realmente nuestras metas. Porque, quizá, lo mejor es enemigo de lo bueno.</p>
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		<title>Efectos del café y la cafeína sobre el cerebro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 May 2022 13:30:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Yo no bebo alcohol, tampoco fumo, lo de los juegos de azar ni me va ni me viene, y el resto de drogas, ya ni te cuento… Pero eso sí, a mi el café ¡que no me lo toquen! El del desayuno, el de llegar al trabajo, el de media mañana, el de después de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Yo no bebo <a href="https://www.albertosoler.es/el-alcohol-la-droga-ms-peligrosa-i/" data-wpel-link="internal">alcohol</a>, tampoco fumo, lo de los <a href="https://www.albertosoler.es/apuestas-on-line-juego-adiccion-en-alza/" data-wpel-link="internal">juegos de azar</a> ni me va ni me viene, y el resto de drogas, ya ni te cuento… Pero eso sí, <strong>a mi el café ¡que no me lo toquen!</strong> El del desayuno, el de llegar al trabajo, el de media mañana, el de después de comer, el de media tarde, el de antes de cenar&#8230; Y alguno otro que me dejo por el camino. ¿Eso quiere decir que soy adicto a la cafeína? Pues casi, casi… pero no!, no hablamos de adicción en el caso de la cafeína, pero desde luego es una droga con efectos claros en el SNC, que puede producir intoxicación, tolerancia y abstinencia. Hoy vamos a hablar una droga muy especial porque es la más consumida a nivel mundial, la tenemos completamente integrada y aceptada en la mayoría de culturas y la consumen personas de casi todas las edades. La tenemos tan tan asumida que a veces las personas se sorprenden cuando recordamos lo que en realidad todos sabemos: que es una droga.</p>
<p><span class="lJ2jdUXYkpMcPm6FhGD"><iframe title="Esto es lo que la cafeína le hace a tu cerebro" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/pLrZJ8-jPTQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>El café <strong>surgió probablemente en algún punto de la península arábiga hacia el siglo X</strong>; en un primer momento esta sustancia fue condenada por la ortodoxia islámica, pero poco después cambiaron de opinión y se convirtió en una sustancia providencial que permitía rezar ¡sin que los creyentes fueran perturbados por la somnolencia!</p>
<p>Al entrar en Europa esta sustancia encontró una fuerte oposición al introducirse en los países protestantes, que castigaban su comercio y consumo hasta con penas de cárcel, por considerar su consumo “una nueva desverguenza”. Incluso Rusia llegó a castigar la posesión de café con penas de tortura o incluso la pérdida de ambas orejas! Con el tiempo, estas medidas fueron derogándose y desde el siglo XVIII en adelante el café ha pasado a considerarse una “droga intelectual” a diferencia de otras sustancias más “marginales”.</p>
<p><strong>La cafeína es el principio activo del café y es una sustancia amarga que se encuentra de forma natural en más de 60 plantas, incluyendo los granos de café</strong>, con los que se elabora esta bebida, las hojas de té, las nueces de cola con las que se elaboran los refrescos de cola o las vainas de cacao que se emplean para hacer chocolate. Vamos, que todas estas sustancias tienen en mayor o menor medida cafeína.</p>
<p>La concentración de cafeína en distintos productos es muy variable, dependiendo incluso de su preparación. Por eso, una misma taza de café puede tener concentraciones muy distintas de cafeína en función de cómo se haya preparado (tipo de café, cantidad, máquina empleada para hacer la infusión, temperatura en la preparación, etc. ) Vamos, que no es tan sencillo saber exactamente qué cantidad estamos tomando en cada momento.</p>
<p>Según explica Antonio Escohotado, la cafeína comparte muchos efectos con estimulantes como la cocaína, siendo sus efectos similares pero unas diez veces menos potentes. Según sus cálculos, una persona que tomara un litro de café al día, estaría tomando el equivalente a un gramo de cocaína al día; aunque no tenemos muy claro este cálculo, ninguna de las dos cosas parece buena idea. Y es que de hecho, una persona con una intoxicación de cafeína puede requerir atención médica inmediata, ya que dosis altas (por encima de los 5 g) pueden llegar a ser letales.</p>
<h2>Efectos de la cafeína</h2>
<p>La cafeína tiene muchos efectos sobre el metabolismo, siendo el principal la estimulación del sistema nervioso central, lo que hace que nos sintamos más despiertos y con más energía. También es un diurético que nos hace orinar más, aumenta la liberación de ciertos ácidos en el estómago, lo que puede producir malestar o acidez, aumenta la presión arterial, puede interferir en la absorción del calcio, y un largo etcétera.</p>
<p>Como decimos, no hay debate al considerar la cafeína como una droga; es una sustancia que produce tolerancia, abstinencia y cuyo consumo elevado por población de riesgo (niños y embarazadas, por ejemplo) puede tener consecuencias adversas para la salud. Lo que no está tan claro es lo de la adicción a la cafeína.</p>
<p>La tolerancia significa que para obtener unos determinados efectos, cada vez necesitamos tomar más cantidad de la sustancia. Por ejemplo, muchas personas que no consumen apenas cafeína, si toman un café después de comer pueden tardar en conciliar el sueño hasta las tantas (por no mencionar el nerviosismo o incluso taquicardia). Yo suelo tomar mi último café antes de cenar, sobre las 9 de la noche, y poco después me quedo dormido en el sofá viendo Netflix. Mi suegro se lo toma a veces después de cenar y de ahí directo a la cama sin mayor problema… En mi caso supongo que para desvelarme necesitaría dos o tres tazas más de café, aunque tampoco hace falta comprobarlo!</p>
<p>En el caso de la cafeína, la tolerancia se produce no solo en cuanto al sueño o sus efectos a nivel cognitivo (mayor concentración, estar más despierto, activo), sino también a otros como la ansiedad o taquicardia que puede producir&#8230; Eso en relación a la tolerancia… pero ¿qué es la abstinencia?</p>
<p>Los que estáis metidos en esta rueda seguro que conocéis bien ese dolor de cabeza tan pastoso y desagradable por culpa de la abstinencia de cafeína. La abstinencia es un conjunto de reacciones desagradables, tanto a nivel físico como psicológico, que se producen como consecuencia de una interrupción o disminución del consumo de la sustancia. En el caso de la cafeína, tal y como recoge el DSM5, los principales síntomas de abstinencia incluyen cefalea, fatiga o somnolencia, bajo estado de ánimo, irritabilidad, problemas de concentración e incluso cuadros pseudogripales con náuseas, vómitos y dolor o rigidez muscular. Yo, salvo esto último, lo suelo tener casi todo si bajo el número de tazas diarias que me tomo (probablemente lo último no lo note porque no le doy ocasión porque mucho antes me he tomado mi cafetito).</p>
<p>De hecho, debo reconocer, no sin un poco de vergüenza, que soy mejor padre con café que sin café. En esas tardes en las que están insoportables (con perdón), con gritos, lloros, quejas&#8230; es tomarme esa taza extra y oye, mano de santo! Con eso ya tengo el plus de calma y paciencia necesario para hacerle frente a todo! Sí, lo sé, es muy triste, pero peores cosas hay en la vida… (al menos, ese es mi consuelo)…</p>
<p>Según mi mujer, igual esto lo podemos entender también al revés: “tal vez-quizá”, los nanos no estaban tan insoportables sino que era mi nivel plasmático de cafeína que empezaba a descender y con él mi paciencia y tolerancia a ruidos, lloros y quejas… en fin, que está muy bueno el café xD</p>
<p>En el caso de la cafeína este cuadro de abstinencia se produce en menos tiempo que con otras drogas como el opio, la heroína o los barbitúricos; además con dosis bastante bajas: unos 80 miligramos diarios de cafeína, el equivalente a un taza de café exprés, consumidos diariamente durante una semana ya es capaz de producir un cuadro de abstinencia.</p>
<h2>Consecuencias del consumo de cafeína</h2>
<p>¿Y qué consecuencias puede tener un elevado consumo de cafeína? Los efectos que pueda tener están relacionados directamente con la cantidad ingerida, a más cantidad, más riesgo asociado. Aunque obviamente también puede haber otros factores. Sin embargo, según la Clínica Mayo, los primeros estudios que se realizaron sobre los efectos del café no tuvieron en cuenta que su consumo muchas veces se asociaba al de otras sustancias claramente nocivas para la salud como tabaco y alcohol. Estudios más recientes, al controlar estas variables, encuentran incluso que el consumo de café puede proteger frente a enfermedades como el Parkinson, Diabetes tipo 2, Enfermedades hepáticas, incluyendo el cáncer de hígado, ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, el café, si no es consumido en exceso ni por población vulnerable, no parece tener unos efectos muy negativos para la salud, incluso lo contrario</p>
<p>Sin embargo, el café sigue teniendo riesgos potenciales, sobre todo por su alto contenido de cafeína. Por ejemplo, puede aumentar temporalmente la presión arterial por lo que mujeres embarazadas lo deberían evitar al máximo. Por otra parte, sí nos gusta mucho el café tendríamos que ir con cuidado también con el azúcar o edulcorantes que le echemos, porque ambos se asocian al sobrepeso, obesidad y enfermedades relacionadas.</p>
<h2>El caso de las bebidas energéticas</h2>
<p>Y hablando cafeína y azúcar, hay otras bebidas que contienen también mucha cafeína y mucho azúcar, y merecen una mención especial xq son cada vez más populares: las llamadas “bebidas energéticas”. Estas bebidas contienen unas cantidades elevadísimas de cafeína y azúcar, el equivalente a tres cafés bien cargados y quince sobres de azúcar por lata. Esto es muy preocupante, sobretodo si tenemos en cuenta que son cada vez más populares entre niños y adolescentes. Como explica nuestro amigo Julio Basulto, Dietista Nutricionista, en su reciente libro Come Mierda (que acaba de sacar y ya va por la tercera edición), “Nadie en su sano juicio permitiría a un niño tomar tres cafés y quince sobres de azúcar de golpe”, y es ahí donde radica el problema de estas bebidas: muchas personas desconocen lo que se están bebiendo sus hijos. Se piensan que es un refresco más. Y no es que los refrescos sean saludables, que tampoco lo son: pero es que esto es mucho peor! Son bombas de cafeína y azúcar. Y sí, he dicho niños; en este libro Julio nos cuenta que la mayoría de los consumidores de estas bebidas son menores entre 10 y 18 años. Y que de hecho, un 20% de niños menores de 10 años toma una media de DOS LITROS mensuales de estas bebidas. Repito: DOS LITROS, niños menores de 10 años!! Además, si tenemos en cuenta que muchas veces se consumen combinadas con alcohol, el problema se hace más grande aún, ya que enmascara los efectos del alcohol y hace que la persona pueda beber beber más, con consecuencias potencialmente letales. ¡¡Mucho cuidado con esto!! Estas bebidas nunca deberían ser consumidas por menores de edad, mujeres embarazadas y o en periodo de lactancia, y si se consumen (que tampoco es que haga falta), hacerlo con muchísima precaución por el resto de la población.</p>
<p>En resumen: que sí, que la cafeína es una droga. Nos guste o no… que produce tolerancia, abstinencia, y en función de la dosis, puede tener efectos negativos para la salud. Estos efectos, con las cantidades de café que normalmente consumimos las personas adultas son poco habituales, pero cuando hablamos de niños y bebidas energéticas deberíamos tener muy claro, que los niños y adolescentes no deberían acercarse a ellas ni de lejos. Bueno, los adultos, en realidad, tampoco…</p>
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		<title>Lo posible y lo probable: aprende esta importante diferencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Apr 2022 07:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Era febrero de 2020 y la gente estaba súper alarmada con nosequé virus que había en China. Los chinos, que son unos exagerados, venga a construir hospitales a correprisas, a ponerse mascarillas hasta para salir a la calle y a encerrarse en casa. Luego fueron los italianos, pero aquí eso no podía pasar. Nosotros no [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Era febrero de 2020 y la gente estaba súper alarmada con <strong>nosequé virus que había en China.</strong> Los chinos, que son unos exagerados, venga a construir hospitales a correprisas, a ponerse mascarillas hasta para salir a la calle y a encerrarse en casa. Luego fueron los italianos, pero aquí eso no podía pasar. Nosotros no somos China, y tampoco Italia. Que nosotros tenemos la mejor sanidad del mundo. ¿Cómo va a pasar eso aquí? Total, por un constipado&#8230; Os suena, ¿verdad?</p>
<p><span class="ZvVonms9lT5pe8UUOuJ4ENAgBIJ09WbCqlzwAxkaHRIRQec6cGKMQ0zu1qrmja5nsdYFL4ySj8gbxOD3B1hVDPXvFSo"><iframe title="Lo posible y lo probable" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/p3EBbmMso0I?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Ese discurso es el que muchos teníamos en aquel momento. Yo, al menos, lo tenía. Pensaba que, al igual que muchas de las otras calamidades con las que amenazaban los informativos, esto nunca iba a pasar. <strong>Que era posible, sí, pero muy improbable.</strong> Pero pasó. Y vaya que si pasó… Recuerdo mis últimos viajes los días antes del confinamiento cómo miraba con cierta prepotencia a las personas que llevaban mascarillas en el aeropuerto, ¡qué exagerados, por un resfriado de nada! También me pareció que Kontxín exageraba cuando dijo que quizá no era buena idea que celebráramos el cumpleaños de los peques la tarde del 14 de marzo&#8230; Y el resto, bueno, pues ya lo sabéis.</p>
<p>¿Y qué es lo que pasa? Como os decía, esto ha sido como el cuento de Pedro y el lobo, pero más gordo. Estamos cansados de ver noticias que vaticinan un final del mundo que luego nunca sucede. Que si el efecto 2000, que el final del mundo Maya, que si no se qué meteorito se acerca a la Tierra y nos puede mandar a todos a freír espárragos&#8230; Vemos cosas de estas constantemente. De hecho, ya hubieron antes alertas sanitarias similares que, por suerte, no llegaron al nivel de esta (al menos en nuestro país): el SARS, el MERS, o la gripe A. Teníamos motivos para pensar que esta nueva amenaza iba a ser como el resto, mucho ruido para que luego no pasara nada. Pero pasó. Y el hecho de que esto sí haya pasado ha instalado en muchas personas una especie de pensamiento fatalista ante nuevas amenazas del tipo: <em>“Yo también pensaba que lo del coronavirus nunca iba a pasar y al final sucedió. Pues con esto lo mismo”</em> Por ejemplo, lo del gran apagón. ¿Recordáis cómo llenaba hace unos meses los titulares?, ¿cómo la gente empezó a hacer acopio de víveres porque “yo también pensaba que lo del COVID no pasaría y mira lo que pasó”? Pues eso.</p>
<p>En inglés tienen una expresión para esto: <strong>“shit happens”, </strong>“la mierda pasa”, las cosas malas ocurren.</p>
<p>Eso lo sabemos todos. Pero una cosa es saberlo en abstracto, y otra cosa muy distinta es haberlo experimentado en tus propias carnes. Sí, la gente tiene accidentes de tráfico, eso lo sabes. Pero es muy distinto que tú hayas sufrido uno, o que lo haya sufrido alguno de tus seres queridos. La forma en la que te vas a enfrentar a la vida después de haber vivido ciertas cosas en primera persona es muy diferente.</p>
<p>Ahora todos tenemos esa experiencia de que hay cosas que, por muy lejanas o marcianas que nos parezcan, al final pueden acabar ocurriendo. Y <a href="https://www.albertosoler.es/el-abc-en-la-terapia-cognitiva-y-las-distorsiones-cognitivas/" data-wpel-link="internal">ese pensamiento nos hace creer que la probabilidad de que otras cosas indeseables sucedan es más elevada, cuando en realidad no lo es.</a> Es un pensamiento distorsionado. El miedo, y nuestra propia experiencia de que “shit happens”, hace que confundamos lo posible y lo probable. Y precisamente esa confusión entre lo posible y lo probable es lo que lleva a muchas personas a tener un gran sufrimiento emocional. Porque el miedo hace que sintamos que todo lo que es posible es probable, cuando no es así.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/la-ansiedad-no-es-mala/" data-wpel-link="internal">Cuando nos e</a>nfrentamos a una amenaza o peligro, de manera inconsciente o automática, valoramos si es posible o no que ocurra. Si no es posible, dejamos de lado la preocupación, a otra cosa. Pero si es posible, entonces tenemos que valorar hasta qué punto es probable. <strong>Porque hay cosas que son posibles, como que te toque la lotería, pero muy poco probables.</strong> Tanto, que la mayoría de las personas mueren sin que nunca les haya tocado. Pues con las desgracias igual. Si es poco probable, pues podemos seguir con nuestra vida como si nada. Total, estas cosas nunca pasan. Pero, el problema es cuando una de esas cosas va y sí que ocurre. Entonces, eso altera nuestro cálculo mental. Vivimos en primera persona que lo improbable es posible y que, de hecho, también ocurre. Pero haber vivido esa posibilidad no implica que a partir de ese momento todo lo que valoremos como “poco probable”, de repente, tenga más probabilidades de ocurrir. Sigue siendo poco probable.</p>
<p>Pues eso, que sí, que shit happens. Pero lo único que cambia es que lo hemos vivido en primera persona y eso ha distorsionado nuestra percepción de qué es probable y qué no lo es. Las pandemias, estadísticamente, son poco probables. Pero no imposibles. Quizá todo esto nos lleve a ser más cautos en un futuro, pero pagando el peaje de la angustia durante cierto tiempo ante las nuevas amenazas que aparezcan en el horizonte. “Porque yo también pensaba que lo del COVID no pasaría y mira lo que pasó”</p>
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<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank"><img decoding="async" style="border-width: 0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a> Este artículo, escrito por <a href="http://www.albertosoler.es/" rel="cc:attributionURL" data-wpel-link="internal">Alberto Soler Sarrió</a> se encuentra bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.</div></div>
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		<title>Precariedad social, laboral y salud mental</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Mar 2022 08:00:47 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Cada vez va siendo más evidente la importancia de la salud mental y el papel que profesionales como psicólogos, psiquiatras o trabajadores sociales tienen para ayudarnos en momentos de crisis. Pero no solo eso; necesitamos profesionales, desde luego, pero sobre todo lo que necesitamos son unas condiciones de vida dignas que no produzcan tal nivel [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1"><span class="s1">Cada vez va siendo más evidente <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/alberto-soler-es-necesario-poner-el-foco-en-la-salud-mental-y-que-se-garantice-una-atencion-psicologica-de-calidad/" data-wpel-link="internal">la importancia de la salud mental</a> y el papel que profesionales como psicólogos, psiquiatras o trabajadores sociales tienen para ayudarnos en momentos de crisis. Pero no solo eso; necesitamos profesionales, desde luego, pero sobre todo <strong>lo que necesitamos son unas condiciones de vida dignas que no produzcan tal nivel de malestar que acabemos necesitando la ayuda de estos profesionales.</strong> ¿Estaría bien, no?Vamos a verlo. </span></p>
<p><span class="tngEMCJpd7ZGsva5d0NoszUWqR4E2ASu5gLVl9Fehia8Qc1YKe3lMBh236GYxnpFOTDHUcfBPxAWrLD98X0ImNr"><iframe title="¿Que el dinero no da la felicidad?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/wjSf_16DGgE?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Cuando te pones a revisar estudios de psicología hay algo bastante llamativo: <strong>las variables sociodemográficas y económicas tienen un papel tan importante que muchos resultados pueden ser explicados solo por esas variables.</strong> O, al menos, tienen una influencia muy importante. Antes de acabar el video os contaré un estudio reciente en este sentido, que os va a sorprender mucho, ya lo veréis. </span></p>
<p class="p1"><span class="s2">No recuerdo ahora quién lo decía</span><span class="s1">, pero leí hace tiempo en un artículo algo así como que había una sola variable que podía explicar mejor que nada el rendimiento académico: <b>el código postal de los padres.</b> ¿Qué quiere decir eso? Que <strong>el lugar en el que uno nace tiene una importancia determinante en muchas otras cosas</strong>; desde el rendimiento académico a la esperanza de vida, pasando por el dinero que ganamos, las tasas de obesidad, tabaquismo, cáncer o ahora covid; y es que no es lo mismo nacer en Las Barranquillas que en Pozuelo. Muchas veces importa más el código postal que el código genético…</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Ahora <a href="https://www.albertosoler.es/una-pandemia-psicologica-asi-esta-afectando-la-pandemia-a-nuestra-salud-mental/" data-wpel-link="internal">vivimos en un momento en el que las tasas de ansiedad, depresión, estrés o los problemas de sueño no hacen más que subir</a>. El <a href="https://www.albertosoler.es/la-vida-no-se-medica-pero-estamos-sobremedicados/" data-wpel-link="internal">consumo de psicofármacos</a> rompe records año tras año… ¿Necesitamos más psicólogos? Sí, claro. La gente necesita ir al psicólogo. Pero esto tampoco es lo deseable. <strong>Lo ideal sería que la gente NO necesitara TANTO ir al psicólogo. Por qué esas tasas de ansiedad, depresión, estrés o insomnio tienen mucho que ver con unas condiciones laborales precarias, altas tasas de temporalidad, la dificultad para acceder a una vivienda digna, bajos salarios, dificultad para conciliar familia y trabajo, ciudades hostiles, las consecuencias de la pandemia, etc.</strong></span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Esto puede parecer tirar piedras contra mi propio tejado, pero en realidad tampoco es así. Como podréis imaginar, a un rider que cobra 4€ la hora no le sobra la pasta como para ir cada semana o cada 15 días al psicólogo, no? Con suerte podría acceder a una hora de terapia cada dos meses en la seguridad social. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">¿Que eso es un problema y la sanidad pública necesita más psicólogos? Por supuesto. ¿Que si esta persona no cobrara 4€ la hora y no tuviera unas condiciones de vida miserables igual no le hacía tanta falta ir a ese psicólogo? Pues también. Y quizá lo suyo sería empezar por ahí.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Venga va, voy a echarle más piedras a mi tejado: la figura del psicólogo en algunas empresas. Cada vez más grandes empresas disponen de psicólogos en sus plantillas (aunque a veces no son psicólogos, sino coaches) para apoyar a los trabajadores que pasan por momentos complicados. Es parte de lo que algunos han llamado “el salario emocional”, beneficios que te proporciona la empresa que no son económicos sino de otro tipo. Disculpe señor empresario, esto está muy bien, sí. Pero</span> <span class="s1">yo no puedo pagar en Mercadona con mi salario emocional. Tampoco la reparación del coche o el abono de transporte. Lo que necesito es dinero y unas condiciones de trabajo dignas. <strong>Lo que no está claro es tener unas condiciones laborales draconianas, una presión insoportable, amenazas constantes, objetivos inalcanzables&#8230; y luego ofrecer los servicios de un psicólogo o cocah que repare los desperfectos.</strong> No debería funcionar así la cosa… Quizá si provocamos menos incendios resulta que necesitamos menos bomberos, no sé si me explico&#8230;</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y es que sí, ¡oh sorpresa!, resulta que el dinero es importante. Y me diréis: “El dinero no da la felicidad”. A VER. Vale que no te la da, o al menos no te la garantiza, pero pasarlas canutas para satisfacer las necesidades más básicas ya te digo, que feliz feliz no te hace. Como podréis imaginar, es necesario tener las necesidades básicas cubiertas para que podamos plantearnos otras cosas, por eso es casi insultante que nos quieran vender lo del crecimiento personal a la vez que asfixian a los empleados…</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Pero bueno, el estudio que os decía. <a href="https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2115649119" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Se ha publicado hace poco en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America</a> y lo que hicieron es que cogieron un grupo de madres con bajos ingresos y les dieron mensualmente dinero en efectivo durante todo el primer año de vida de sus hijos. ¿El resultado? Pues han visto que <strong>darles dinero a las madres cambia la actividad cerebral de sus hijos de una forma que se asocia con un mejor desarrollo cognitivo.</strong> Las diferencias fueron significativas y equivalentes a otras intervenciones educativas, y fueron lo suficientemente sólidas como para afirmar el papel que el dinero puede tener en el desarrollo cerebral de las criaturas. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Habitualmente los niños de familias más desfavorecidas comienzan ya la escuela con unas habilidades cognitivas más débiles, que se explican en base a su desarrollo cerebral: </span><span class="s2">¿por qué se produce esto, por el dinero, por la forma de educar de los padres, por la influencia del entorno? Pues no lo sabemos a ciencia cierta pero, </span><span class="s1">sea como sea, el dinero claramente influye en el resto de factores. Este estudio que os comento muestra como la pobreza hace que los niños no tengan las mismas condiciones de salida, ya desde edades muy tempranas. Lo que decíamos del código postal, vaya…</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Parece que éste es el primer estudio que demuestra que <strong>el dinero, en sí mismo, tiene un impacto importante en el desarrollo cerebral de los niños.</strong> Y esto es algo muy importante que debería tenerse muy en cuenta a para establecer políticas públicas si de verdad queremos ofrecer<span class="Apple-converted-space">  </span>oportunidades iguales a los niños independientemente de su origen. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Aún queda pendiente de ver cuál es el mecanismo por el que el dinero altera el desarrollo cerebral: puede ser por haber tenido acceso a una mejor alimentación, puede que esto haya reducido los niveles de estrés familiar, por haber permitido a las familias trabajar menos y estar más con sus criaturas&#8230; Como sea, la evidencia está ahí. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">En resumen: que sí, que ir al psicólogo está muy bien, qué os voy a decir yo, claro. Ayudamos a mejorar la calidad de vida de las personas, a manejar mejor la ansiedad, los problemas emocionales, el estrés&#8230; pero nuestro papel no debería ser compensar las deficiencias de un sistema enfermo que lleva a las personas a vivir al límite.</span></p>
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		<title>Aprende a pedir ayuda cuando estás mal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2022 14:11:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Infantil]]></category>
		<category><![CDATA[Insomnio]]></category>
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		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Algo que veo con cierta frecuencia en consulta, y es un tema que sale una y otra vez con los pacientes, es el de pedir ayuda. Por mal que estemos, por mala que sea la racha en la que nos encontremos, nos resistimos a mostrarlo a los demás. Como si tener problemas o estar mal [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Algo que veo con cierta frecuencia en consulta, y es un tema que sale una y otra vez con los pacientes, es el de pedir ayuda. Por mal que estemos, por mala que sea la racha en la que nos encontremos, nos resistimos a mostrarlo a los demás. Como si tener problemas o estar mal fuera una señal de debilidad. ¿Y lo peor de todo? Que con esa actitud estamos renunciando a un apoyo y soporte que, probablemente, nos vendrían de maravilla en esos momentos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><span class="lTUDmqzJ6HFSGQkpQPmocANX8dcqhZCjw5tDEBUxWd2N0gO4i8yXGHva7n6brbeKjlI1rYLsk3aKTOSnMy7u54Jz9ZpRVF9B3CWL"><iframe title="Una forma de autosabotaje que debes evitar" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/_ubDZPn0MXQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Piensa en la escena; te encuentras con alguien por la calle, en el metro, o incluso le mandas un mensaje o le llamas específicamente para ver cómo está, y la respuesta sale siempre como un resorte: “bien, ¿y tú?” Es como cuando estamos aprendiendo inglés, una frase hecha: “Hello, how are you? I’m fine, thank you”. No hay otra respuesta posible. Decimos que bien, damos las gracias y preguntamos a la otra persona para que nos responda lo mismo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y algunos me diréis, <em>“Alberto, es que muchas veces la otra persona no quiere escuchar realmente cómo te encuentras”</em>. Ya, pues quizá no debería hacer esa pregunta si no quiere escuchar la respuesta. <strong>Tendríamos que empezar a normalizar que no siempre estamos bien.</strong> Si preguntas, asumes que la otra persona puede responderte.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Si preguntas <em>“¿qué tal?, ¿cómo han ido tus vacaciones?”</em> es porque te interesa saber cómo han ido sus vacaciones. Si preguntas “qué tal se come en ese restaurante” es porque quieres saber cómo se come en ese restaurante. Si preguntas cuánto te ha costado el teléfono nuevo es porque quieres saber cuánto te ha costado el teléfono nuevo. Pero <strong>si preguntas “¿cómo estás?” resulta que solo estás utilizando un formalismo social y realmente te importa cuatro pimientos cómo esté la otra persona.</strong> Pues eso, que quizá tenemos que empezar a normalizar el que no siempre estamos bien. Y más en pandemia, que el que más, el que menos, estamos todos agotados…</p>
<p>Otros también diréis: <em>“pues es que yo conozco a fulanito (o Fulanita) que cada vez que le pregunto, siempre me está contando su vida y desgracias”</em>. Sí, eso también pasa a veces. Pero es mucho menos frecuente, y probablemente se deba a que esa persona a) realmente está en un mal momento y b) carece de las habilidades sociales necesarias para poder equilibrar un poco su discurso. El tema es que vivimos en una sociedad taaaan individualista y nos la bufa tanto cómo están los demás, que a veces <a href="https://www.albertosoler.es/tecnicas-iniciar-mantener-conversaciones-video/" data-wpel-link="internal">cuando te encuentras con alguien que pregunta con sinceridad y escucha</a> te agarras como a un clavo ardiendo. No deja de ser síntoma de lo mismo. Pero bueno, esto es otro problema, que si queréis, tratamos en otro vídeo…</p>
<p>A lo que íbamos, el tema de hoy es que, por un motivo u otro, nos cuesta mostrar cómo estamos a los demás, y no digamos ya pedir ayuda. Eso va ya para matrícula. <a href="https://www.albertosoler.es/cambian-cerebro-los-moviles-las-redes-sociales/" data-wpel-link="internal">Si las apariencias siempre han sido importantes, en esta época de redes sociales parece que lo son más todavía</a>, porque estamos constantemente expuestos a una imagen idealizada y edulcorada de lo que son las vidas de los demás. Porque no, <strong>nadie es tan feliz como muestra en sus redes sociales.</strong> Todos tenemos nuestras miserias. Aunque esto en realidad lo sabemos todos, y lo intentamos racionalizar, de forma casi inconsciente es una idea que nos va calando, como un rum-rum:<a href="https://www.albertosoler.es/la-realidad-es-construida-medios-redes-sociales-posverdad-y-psicoterapia/" data-wpel-link="internal"> “jo, qué vidas más chulas que tienen los demás y menuda mierda la mía”</a>.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>¿Y qué hacemos? Lo escondemos. Fingimos. Porque <strong>nos da miedo sentirnos aislados y que nos dejen de lado si no encajamos en ese mundo de fotos de pies en la playa y bailecitos en tiktok</strong>. ¿Os habéis parado a pensar cómo son realmente las vidas de esas personas que siempre vemos sonriendo y haciendo bailes (sin dejar de sonreír, por supuesto) en tiktok? Lo cierto es que no es tan raro que cuando dejan de grabar, muchas veces su vida sea también “ tan miserable” como las nuestras.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El problema de mostrarnos siempre bien es que desgasta muchísimo, quema mucha de la energía que tenemos, y no hace más que aumentar nuestra sensación de ser una farsa, con lo que el malestar aumenta todavía más. Es un círculo que se retroalimenta.</p>
<p>Y claro, si no nos atrevemos a mostrar que quizá no estamos en nuestro mejor momento, ya no hablemos de pedir ayuda a los demás. Muchas veces arrastramos la idea de que siempre deberíamos poder con todo, y de que lo contrario es señal de debilidad. Entonces, partiendo de esa base, sonrisa y a cargarnos todavía más todo a la espalda.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/madres-suficientemente-buenas-de-la-culpa-por-el-autocuidado-a-la-presion-por-la-perfeccion/" data-wpel-link="internal">Si esto es así para mucha gente, lo es especialmente para las mujeres, que demasiadas veces se ven atrapadas por el mito de la súper Woman que puede con todo: trabajo, casa, hijos, familia, amgigos, autocuidado, ocio&#8230;</a> hasta voluntariados! Pero lo que parece que se les olvida es que sus días tienen las mismas horas que los del resto de las personas, y que tratar de llegar a todo es el camino más directo para hacerlo todo regular o directamente mal. Empezando con uno mismo, porque lo primero que se suele resentir es la propia salud.</p>
<p>Así, renunciamos a pedir ayuda aferrados a la idea errónea de que deberíamos poder con todo. Aunque este tampoco es el único motivo. También renunciamos a pedir ayuda pensando que nadie quiere a una persona que está mal a su lado, que vamos a ser una carga para los demás, que la gente es muy individualista y nadie se preocupa por los otros… Y sí, parte de esto puede ser cierto. Pero <a href="https://www.albertosoler.es/cuidar-el-autolenguaje-hablarnos-nosotros-mismos/" data-wpel-link="internal">las fórmulas que incluyen el “todo”, “nada”, “siempre” o “nunca” ni suelen ser ciertas, ni nos suelen traer nada bueno</a>. Está claro que no a todas las personas les podemos dar los mismos mensajes, ni todo el mundo va a estar dispuesto a ayudarnos siempre. Pero hay personas y personas. Y seguro que tienes a alguien a tu lado que si se entera de cómo estás y del tiempo que llevas fingiendo, no dudará en echarte un cable, no sin antes darte una buena colleja por no haberlo dicho antes.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y es que <strong>esto no deja de ser una forma de auto sabotaje</strong>: estoy mal y finjo que no estoy mal, lo cual me deja exactamente en el mismo sitio que estaba, pero eso sí, con menos energía de tanto fingir. Y claro, luego nos quejaremos de que el mundo es malo, que todos van a la suya y que nadie te ofrece su ayuda cuando de verdad la necesitas. Pero, ¿has probado a pedir esa ayuda?, ¿o más bien has estado sacando pecho creyendo que tú solito deberías poder con todo? <a href="https://www.albertosoler.es/la-asertividad-video/" data-wpel-link="internal">Si no pides, no recibes. Pero no recibes porque no pides, y eso puede alimentar el círculo vicioso</a> cuando se instaura la creencia de que “como la gente es individualista, no voy a pedir nada a nadie”: no recibo ayuda porque no la pido, y no pido ayuda porque estoy acostumbrado a no recibirla, pero la conclusión que saco es que la gente es muy individualista y van todos a la suya.</p>
<p>Pues eso, que reconocer nuestras debilidades y nuestras necesidades es un paso esencial para no asfixiarnos y encontrarnos mejor. Pero para eso tenemos que hacer frente y desafiar muchas ideas que tenemos arraigadas y que, quizá, como mínimo deberíamos poner a prueba.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
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		<title>Violencia obstétrica: 2 de cada 3 mujeres la han sufrido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Nov 2021 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Embarazo, parto y postparto son momentos muy delicados en la vida de las mujeres y sus familias. Y todo lo que hagamos las personas que les acompañamos, quedará grabado a fuego, para bien o para mal. Hay madres relatan el momento de su parto como si de una violación se tratara, y lo pueden llegar [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Embarazo, parto y postparto son momentos muy delicados en la vida de las mujeres y sus familias. Y todo lo que hagamos las personas que les acompañamos, quedará grabado a fuego, para bien o para mal. Hay madres relatan el momento de su parto como si de una violación se tratara, y lo pueden llegar a recordar como el peor momento de sus vidas, aunque al final hayan salido de allí con un bebé sano. Por que no solo importa que el bebé salga del hospital con vida. Esta semana vamos a hablar de <strong>violencia obstétrica</strong>.</p>
<p><span class="nN9gYkW27JipmRZy1eMVdobyFAG5KUaUcf7zupH6nt5fcjjgqo8Ks04EzlX1NubOLPI6PsxhVwJMG"><iframe title="Violencia obstétrica: 2 de cada 3 mujeres la han sufrido." width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/LUP1ljsrc1g?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h3>¿Qué es la violencia obstétrica?</h3>
<p>Imagino que muchos ya habréis oido hablar de la violencia obstétrica; por suerte, de un tiempo a esta parte se ha hablado bastante del tema… De hecho en nuestro Centro de Psicología recibimos con cierta frecuencia a madres que, como consecuencia de esta violencia, presentan cuadros depresivos y de estrés postraumático que cuesta mucho poder superar.</p>
<p>Pero empecemos por el principio y definamos qué entendemos por violencia obstétrica. Aunque no hay acuerdo unánime y podemos encontrar diferentes definiciones, podríamos decir que con este término nos referimos a prácticas realizadas por profesionales de la salud a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, que tanto por acción como por omisión son violentas o pueden ser percibidas como violentas. Nos referimos a actos innecesarios, no apropiados o no informados ni consentidos como episiotomias, tactos vaginales, intervenciones dolorosas sin anestesia, obligar a parir en una determinada posición o intervenir de una manera excesivamente médicalizada con las complicaciones que esto pueda tener. <strong>También incluye situaciones de violencia psicológica como tratar de manera infantil o paternalista a las mujeres, humillaciones, insultos, faltas de respeto, vejaciones o violación de la intimidad.</strong></p>
<p>También se consideran abusivas prácticas como impedir que la mujer pueda estar acompañada por la persona de su elección durante el parto o separarla de su bebé después de nacer sin un motivo justificado. Aunque no es un problema nuevo hasta hace poco estaba oculta o invisibilizada, y de hecho a día de hoy también sigue en parte así, no faltando quienes niegan su existencia, que son muchas veces los propios profesionales de la salud. Quizá lo novedoso puede ser el término, ya es un concepto que nos choca. La palabra violencia suena dura y por lo tanto los sanitarios se defienden. Es normal. Parece que hay que recordar que no se acusa a todos los profesionales, ni a todas sus actuaciones, está claro. Pero por duro que nos suene, es difícil ya negarlo, cuando lo ha reconocido la ONU, la OMS, el parlamento europeo, se ha incluido ya en legislaciones de diferentes países como Venezuela, Argentina y México. De hecho, aquí <strong>en España, se está valorando incluirla como forma de violencia de género dentro de la modificación de la Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo.</strong> Y es que no es solo que La OMS admita este término, sino que además reconoce que estas situaciones se dan más en el caso de mujeres pobres, pertenecientes a minorías étnicas, adolescentes, solteras, inmigrantes, etc (OMS, 2014). Es decir que estas actuaciones no se explicarían solo por urgencias médicas, como suelen argumentar los negacionistas de este tipo de violencia.</p>
<p>Aunque este concepto, como decíamos, nos pueda sonar a muchos novedoso o desconocido, no lo es en absoluto. Se empleó por primera vez en Inglaterra en el siglo XIX, y es un problema que se viene denunciando con diferentes términos durante la década de 1950 en EEUU y Reino Unido, y posteriormente en la década de los 80 en Brasil. En nuestro país el término empezó a emplearse a finales del siglo XX y desde la asociación El parto es nuestro han trabajado mucho desde el año 2003 para poner el foco sobre este problema y tratar de solucionarlo. Sin embargo, aún en el año 2020 el consejo general de colegios de médicos negaba el concepto y decían que esto no es un problema en España.</p>
<h3>Violencia obstétrica en España</h3>
<p>Es curioso, porque para no existir este problema, según un estudio de la Universitat Jaume I, del año 2020, un 38,3% de mujeres dice haberla sufrido, el 44% afirmaban haber sido sometidas a procedimientos innecesarios y al 83,4% no se les solicitó el consentimiento informado para estas intervenciones. Repito, el 83%, casi nada…</p>
<p>Pero si ese casi 40% nos parecía poco, más recientemente, otro trabajo publicado este pasado mes de septiembre en la revista Women and Birth sobre la magnitud del problema en nuestro país, observó que el 67% de las mujeres preguntadas, esto es, 2 de cada 3, informaron haber padecido este tipo de violencia. Si recordamos la primera definición que os he dado, el término incluiría las prácticas percibidas como violentas. No es necesario que la persona que atiene a una mujer pretenda hacerle daño, es suficiente con que ella lo perciba así. Así pues, si entre un 38 y un 67% de las mujeres de nuestro país dicen haberse sentido violentadas en estos momentos tan importantes de sus vidas, no parece un problema menor del que nos podamos permitir discutir acerca de su existencia.</p>
<p>En nuestro país, las estadísticas son bastante contundentes: las tasas de inducciones, episiotomías, cesáreas, partos instrumentales o empleo de la maniobra de kristeller son muy superiores a las recomendadas y a las de otros países de nuestro entorno. Especialmente en los centros privados y especialmente en días laborales. De hecho está comprobado que los bebés “deciden nacer más” en horario laboral&#8230; fijáos, tan pequeñitos y tan considerados con los horarios de los sanitarios&#8230; Y también se observan importantes diferencias entre Comunidades Autónomas, lo cual no se puede explicar por motivos médicos.</p>
<h3>Intervenciones justificadas e injustificadas</h3>
<p>A ver, que respecto a estas intervenciones, el tema no es blanco o negro; no podemos negar que tienen su utilidad, el tema es que usadas más de lo necesario, no aportan beneficios, pero siguen implicando posibles complicaciones. Hay que valorar en cada caso el riesgo/beneficio. Si es necesario un procedimiento, se asumen las posibles complicaciones por el beneficio que se puede obtener de su uso, pero cuando no es necesaria la intervención, estamos asuminedo las complicaciones sin motivo, porque la mujer no necesitaba la técnica en cuestión. Pero de entre todas ellas, hay una que sí que no aporta nunca nada positivo, hablamos de la maniobra de kristeller que no está nunca recomendada, porque es muy peligrosa tanto para la madre como para el bebé, pero pese a no estar nunca recomendada aún se práctica en un porcentaje muy alto de partos (casi un 20% según un trabajo de 2021). Pese a que las consecuencias de esta técnica pueden ser muy graves tanto para la madre como para el bebé, se presenta a veces como “una ayudita” para que nazca. Una “ayudita” que puede causar fractura de clavícula, trauma encefálico, parálisis de Erb por lesión en los nervios del plexo braquial, fracturas, hipoxia, lesiones de órganos internos o hemorragias, esto en el bebé, y hemorragias y contusiones, rotura e inversión uterina, desgarros, prolapsos, desprendimiento prematuro de la placenta o fracturas de costillas en las madres. Algunas madres que no han sido informadas de lo que supone esta técnica se pueden ir del hospital muy agradecidas “por la ayuda recibida” sin ser conscientes que se ha puesto en riesgo su vida y la de su hijo de manera totalmente innecesaria.</p>
<p>Pero más allá de la técnica en concreto, queremos poner el acento en el trato que reciben las mujeres. Violencia no es solamente agredir físicamente, también puede referirse a un trato irrespetuoso o humillante. Porque un parto puede requerir más o menos intervenciones, pero la mujer siempre debería recibir un trato respetuoso, debería ser informada y tenida en cuenta. Y salvo ocasiones muy excepcionales, debería poder estar siempre acompañada por la persona de su elección. Las intervenciones que deban realizarse deberían ser explicadas y consentidas. Que sí, que ya entendemos todos que en ocasiones hay que correr y no hay tiempo de explicaciones, sí, pero la mayoría de las veces es más una cuestión de voluntad y de actitud, que una imposibilidad real de actuar teniendo en cuenta los derechos y la autonomía de las madres. Porque quizá en un momento de urgencia los profesionales pueden no tener el tiempo de pararse a explicar, pero tanto antes como después siempre lo hay. Y a muchas madres no se les informa de los que se les hace ni antes, ni durante, ni después.</p>
<p>Como decíamos, tenemos que entender que el embarazo, parto y postparto son momentos muy delicados en la vida de las mujeres y sus familias; deberíamos ser muy cuidadosos y conscientes de cada gesto y de cada palabra en esos momentos tan delicados. El personal sanitario debería tener muy presente que aunque para ellos ese parto sea el quinto del día, para esa familia es el nacimiento de su hijo o su hija, y aunque no sea un insulto ni una vejación, quizá el paritorio no sea el momento ni el lugar más adecuados para comentar las vacaciones en el pueblo, ni el último partido de fútbol. Y mucho menos hacer callar a la mujer de está dando a luz, que no les moleste o decirle a su pareja que no puede estar allí.</p>
<h3>Cuando el embarazo no acaba bien: aborto y duelo gestacional</h3>
<p>Pero es que además, los embarazos y partos no siempre acaban bien. Y debería tratarse con especial cuidado y respeto a las familias que acaban de perder un hijo. En nuestro país la atención a estas familias que han tenido una pérdida gestacional o perinatal deja mucho que desear, especialmente cuando las pérdidas se producen en las primeras semanas, que son además la mayoría. En estos casos la atención tiende a cero.</p>
<p>¿Y qué ocurre con los abortos en gestaciones más avanzadas? En estos casos, por si no fuera suficientemente duro que la mujer tenga que parir a un hijo muerto, además tendrá que hacerlo al lado de otras mujeres que van a poder tener a su bebé en brazos. Y luego las ingresarán en un pasillo lleno de flores y alegres familiares que vienen a visitar a los recién nacidos. Nuestro sistema no les ofrece ni un espacio privado, ni un tiempo para la despedida, ni se les facilita crear recuerdos con fotos u otros rituales (que al final es todo lo que les va a quedar de ese hijo), ni tampoco se les ofrece acompañamiento psicológico o la posibilidad de acogerse a una baja para recuperarse física o mentalmente si la pérdida ocurre antes de los 6 meses. Esta forma de maltratar a las familias cuando pierden un hijo, podemos considerarla igualmente violenta. No porque nadie en concreto les haya agredido directamente, sino porque ha habido un maltrato y un abandono institucional. El sistema desatiende lo que debería atender. Y como siempre se ha hecho así, pensamos que es normal, cuando no debería serlo.</p>
<p>Algunos estudios señalan que estas prácticas podrían estar asociadas al síndrome de burnout de los profesionales, así como a que en la formación que reciben los sanitarios, en la que han normalizado estas prácticas. Por eso hay que poner el foco aquí y dejar claro que esto no es normal. Que no está bien tratar así a nadie y menos aún a una mujer de parto. No tenemos por qué asumir “que las cosas son así” ni las tasas de depresión postparto (entre un 8 y un 13%) y estrés postraumático (en torno al 3%, pero llega al 18% en EEUU) que observamos entre mamás recientes que tienen mucho que ver con todo esto que estamos hablando. ¿Y qué consecuencias tiene? Pues a veces estas experiencias suponen que la pareja no vaya a tener más hijos, aunque su intención fuera tener más en un principio…</p>
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		<title>Efectividad y limitaciones de la terapia on line</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Nov 2021 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ahora estamos todos ya un poco hasta las narices de todo lo que tiene que ver con el teletrabajo, videoconferencias, seminarios on line y todo lo que nos recuerde a la época más dura de la pandemia. Pero a pesar de ello ha habido recursos que han sido de mucha utilidad para evitar que el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora estamos todos ya un poco hasta las narices de todo lo que tiene que ver con el <a href="https://www.albertosoler.es/consecuencias-psicologicas-y-sociales-del-teletrabajo/" data-wpel-link="internal">teletrabajo</a>, videoconferencias, seminarios on line y <a href="https://www.albertosoler.es/coronavirus-afrontar-situacion/" data-wpel-link="internal">todo lo que nos recuerde a la época más dura de la pandemia</a>. Pero a pesar de ello ha habido recursos que han sido de mucha utilidad para evitar que el mundo parara todavía más. Muchas personas se lanzaron entonces, e incluso a día de hoy, a <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia-online" data-wpel-link="internal"><strong>hacer terapia on line</strong></a>, pero, ¿es realmente eficaz?, ¿sirve para todo el mundo?, ¿en qué casos no?, ¿cuáles son sus ventajas y sus limitaciones? A todo esto respondemos ya mismo:</p>
<p><span class="RQFmo9vqMPEdzjBhfGAiul3JS02HrsbKxpkOUcIL4a"><iframe title="Terapia on line: ¿en qué casos funciona y cuáles no?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/zuoO2p1K_88?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h3>La psicoterapia on line</h3>
<p>La terapia on line <strong>no es una novedad que haya surgido a raíz de la pandemia</strong>; lo que sí ha sido una novedad ha sido el porcentaje de visitas que hemos realizado en esa modalidad. Si antes los psicólogos en nuestro Centro de psicología podíamos atender quizá a un 10% de los pacientes por esta modalidad, durante algunos meses el porcentaje de visitas on line fue cercano al 100%. Y a día de hoy no hemos vuelto aún a ese 10% pre pandemia, ya que cada vez más gente se atreve a ir al psicólogo de esta manera y, claro, la proporción ha cambiado.</p>
<h3>Efectividad de la terpia on line</h3>
<p>Cuando hablamos de terapia on line, en ocasiones aparecen dudas acerca de la efectividad de esta modalidad de terapia, si es adecuada para todo el mundo, o qué ventajas pueda suponer respecto a la presencial. Haciéndolo corto: <strong>hay una evidencia muy solida, a nivel de meta análisis, que respalda la efectividad de esta modalidad de terapia, equiparándola a la presencial en la mayoría de las ocasiones.</strong> Los estudios que analizan los resultados de las intervenciones on line en ansiedad o depresión son numerosísimos, y todos en la misma línea: es una forma de terapia totalmente válida y equiparable a la presencial.</p>
<p>Pero claro, decir “en la mayoría de las ocasiones” no es decir “siempre”: hay casos o situaciones que pueden desaconsejar la terapia on line, o hacer que la presencialidad sea necesaria, como por ejemplo intervenciones con niños pequeños o casos que requieren de técnicas como el biofeedback o la realidad virtual.<br />
Entonces, teniendo claro que es efectiva, ¿quien puede usar la terapia on line?, ¿en que casos estaría indicada?</p>
<h3>¿A quién va dirigida la terapia on line?</h3>
<p>Empecemos por quién puede usarla: la terapia on line está destinada a personas que por distintos motivos no pueden acudir presencialmente a la consulta, ya sea de manera temporal o permanente. Traslados por trabajo, enfermedad, personas que viven en el extranjero, sesiones de seguimiento tras terapia presencial&#8230; y sí, confinamientos generalizados a causa de una pandemia mundial también.</p>
<p>Y, ¿en qué casos está indicada? Pues a nivel clínico se puede trabajar muy bien mediante terapia on line en casos como <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-ansiedad-valencia/" data-wpel-link="internal">ansiedad</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/ataque-de-panico-estos-son-sus-sintomas/" data-wpel-link="internal">ataques de pánico</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-estres-postraumatico-valencia/" data-wpel-link="internal">TEPT</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-trastorno-obsesivo-compulsivo-valencia/" data-wpel-link="internal">TOC</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-anorexia-valencia/" data-wpel-link="internal">TCA</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/las-claves-para-superar-una-depresion/" data-wpel-link="internal">depresión</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-de-fobias-valencia/" data-wpel-link="internal">fobias</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-organizar-el-tiempo-y-planificarte/" data-wpel-link="internal">cuestiones no patológicas</a>, autoestima, crecimiento personal, asesoramiento a familias, terapia de pareja, etc. Para todos estos casos hay evidencia de ser efectivo el tratamiento en la modalidad on line.</p>
<p>No obstante hay casos en los que no se trabaja bien en esta modalidad; nosotros, por ejemplo, <strong><a href="https://www.albertosoler.es/psicologo-infantil-valencia/" data-wpel-link="internal">no hacemos terapia infantil on line</a>, porque pensamos que no es una vía por la que se trabaje bien con niños pequeños.</strong> Tampoco hacemos evaluaciones psicológicas o casos que por sus características sea mejor tratar de manera presencial (por ejemplo, cuando apreciamos mayor gravedad).</p>
<p>Volviendo al tema de la eficacia, ¿tiene la misma eficacia que la terapia presencial? En general sí, con evidencias a nivel de meta análisis. Para la mayoría de problemas evaluados no hay diferencias entre terapia presencial y on line desde paradigma CBT o ACT, por ejemplo. La duración del efecto de la terapia también se ha visto que es la misma tanto de manera presencial como on line.</p>
<p>¿Y dónde hay más diferencias? Pues, por ejemplo, a nivel de satisfacción con la terapia. Pero ojo, no tanto para los clientes, que se muestran muy satisfechos con poder hacer terapia de este modo. En diferentes estudios se ha visto, por ejemplo, que los terapeutas indican que mediante esta modalidad es más difícil construir una alianza terapéutica, algo que los clientes no suelen mencionar. Además es comprensible que para el terapeuta esto sea más desgastante que para el paciente, xq no es lo mismo hacer una sesión por videoconferencia, que se hace sin problema, a hacer 4, 5 o 6 sesiones online, que acabas queriendo lanzar el ordenador por la ventana.</p>
<h3>Ventajas e inconvenientes de la terapia on line</h3>
<p>Entonces, teniendo todo esto en cuenta, ¿cuáles serían las principales ventajas e inconvenientes de la terapia on line? <strong>Empecemos por las ventajas. Para el paciente tiene prácticamente todas las ventajas de la terapia presencial.</strong> Ofrece muchas facilidades prácticas como evitar desplazamientos, problemas de tráfico, aparcamiento&#8230; lo cual a su vez implica reducción de costos para el cliente. También posibilita acceder a profesionales o centros que no son accesibles de otro modo, por ejemplo, por la distancia. Además, personas con miedo a la estigmatización o personas con perfiles públicos, que prefieren evitar exponerse y mantienen mejor así su intimidad. Y, obviamente, es una buena alternativa en tiempos de pandemia o enfermedad, por ejemplo.</p>
<p><strong>¿Y qué limitaciones habrían?</strong> Pues la primera, y más obvia, es que no todos los casos son susceptibles de terapia mediante esta modalidad. Una limitación importante es que aunque se emplee la videoconferencia, hay una pérdida de parte de la información no verbal. Esta pérdida, no obstante, se suele compensar por otras vías, pero esto genera otros problemas a su vez, como una mayor fatiga para el terapeuta.</p>
<p>Otra limitación es la dificultad para asegurar un entorno de intimidad para la sesión por parte del cliente. Cuando el cliente acude a la consulta eso corre por nuestra cuenta: nos nosotros nos aseguramos de proporcionar un entorno tranquilo, sin interrupciones y privado, donde sentirse a gusto. Cuando la sesión es on line no podemos asegurarlo, y en ocasiones en casa del cliente pueden haber ruidos, puertas que se abren etc.</p>
<p>También por esta vía es más difícil reaccionar frente a emergencias (por eso no todos los casos son susceptibles), aunque como otras dificultades, también se compensa de otros modos. Y, por supuesto, esto requiere por parte del terapeuta una serie de competencias técnicas que minimicen las dificultades inherentes a la vía on line.</p>
<h3>Prepárate para tu primera cita on line</h3>
<p>Es probable que si estás viendo este artículo sea porque en breve tengas tu primera sesión on line con tu terapeuta y estés buscando el mejor modo de abordarla. Si es así, aquí van unos consejos breves:</p>
<ul>
<li>Primero, valora siempre la posibilidad de presencialidad, al menos la primera cita. Lo ideal es alternar sesiones de un tipo y de otro cuando es posible y, si no, recuerda que la eficacia es igual a las terapias presenciales.</li>
<li>Prepárate y arréglate como si fuera a acudir de manera presencial (ducha, ropa, colonia, etc.)</li>
<li>Busca un momento de intimidad sin distracciones donde nadie te vaya a interrumpir.</li>
<li>Y, por supuesto, asegurarse que dispones de los medios técnicos necesarios para comenzar: que tienes descargada la aplicación que vais a emplear, que no hayan actualizaciones pendientes de instalar, revisa la configuración de cámara y micro, utiliza auriculares y micro externos para mejorar calidad, comprueban tu cobertura y batería, etcétera.</li>
</ul>
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		<title>Consecuencias psicológicas y sociales del teletrabajo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Jun 2021 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Insomnio]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Al principio de la pandemia estábamos todos muy contentos y muy agradecidos al teletrabajo y a las videoconferencias que tanto nos facilitaban el trabajo y el contacto con amigos y familiares. Pero a estas alturas de la partida se hace cada vez más evidente que el efecto que tienen sobre la salud mental (e incluso física) no son del todo positivos. Vamos a verlo.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/consecuencias-psicologicas-y-sociales-del-teletrabajo/" data-wpel-link="internal">Consecuencias psicológicas y sociales del teletrabajo</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A un año y pico del inicio de la crisis del COVID19 vamos viendo cómo han cambiado las cosas y las consecuencias de todo esto que estamos pasando. <strong>Uno de los cambios al que nos hemos tenido que adaptar ha sido en muchos casos al teletrabajo, eso que antes de la pandemia nos sonaba tan bien, pero que con el tiempo estamos viendo, que como todo, también tiene sus pros y sus contras.</strong> En este vídeo vamos a hablar de las consecuencias sociales y psicológicas del teletrabajo, ¡vamos a verlo!</p>







<p><span class="KePb1UoCjJuVEMW7ThZjfSPcMYHDZmAEGgpGi453k81xCu7S2bNnUlx0I6cAIO895HddskK3ewTRVqQptr6"><iframe title="Teletrabajo y salud mental: así nos está afectando" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/UC5E_4xGSj4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>En un primer momento el teletrabajo nos vino de maravilla para amortiguar el parón que suponía estar todos encerrados en casa. Descubrimos (o las empresas tuvieron que admitir) que se podía teletrabajar mucho más de lo que antes hacíamos. Esto tuvo y tiene unas ventajas evidentes, pero también hace que tengamos que gestionar los retos que supone el enseñar y aprender de manera remota, atender las nuevas situaciones y necesidades que surgen de la conciliación laboral, personal y familiar, o la importancia de cuidar la salud mental y el bienestar laboral.</p>



<p>A nivel social, esta crisis ha hecho más evidente la existencia de brechas en el acceso a los medios o las competencias digitales, para personas de diferentes niveles educativos, grupos de edad, etnias o zonas geográficas. Y también ha aumentado especialmente la brecha de género laboral. Y es que como ha alertado la ONU, esta crisis “ha golpeado tres veces a las mujeres: por la salud, por la violencia doméstica y por tener que cuidar de los otros. Por la parte de la salud, las mujeres están sobrerepresentadas en los sistemas de salud y cuidados, por lo que han estado más expuestas al virus y se han contagiado más; en cuanto a la violencia de género, durante los confinamientos, muchas mujeres han estado encerradas con sus maltratadores, mucho más aisladas y vulnerables; y en cuanto a los cuidados, cuando cerraron los colegios y otros recursos para el ocio o extraescolares de los niños, o para el cuidado de personas dependientes , gran parte de todo este peso recayó en las mujeres, que en muchos casos tenían que continuar además con sus trabajos. De hecho, una de cada cuatro personas que actualmente teletrabajan desde casa en la conviven con niños menores de 12 años. Os podéis imaginar que hacer esto sin colegios y sin parques es bastante complicado.</p>



<p>No es raro que las madres hayan sido uno de los colectivos que experimentaron mayores tasas de estrés en los primeros meses de la crisis. Si además del trabajo, la casa y el cuidado de los hijos, sumamos la tarea de tener que hacer de “profe” de éstos, el resultado es que las madres estaban totalmente desbordadas y muchas sentían que estaban todo el día trabajando. Bueno, no lo sentían, es que lo estaban. Y las que además necesitaban cierta concentración para poder hacer su propio trabajo, al final optaban por acostarse más tarde o levantarse más pronto para poder trabajar mientras los demás dormnían… creo que es fácil entender que esto no hay cuerpo que lo aguante de manera indefinida.</p>



<p>Efectivamente, el teletrabajo ha tenido algunas ventajas; a nivel sanitario la prevención de los contagios, que no es poco. Pero también la reducción del tiempo, dinero y accidentes que suponen los desplazamientos al trabajo, aliviar el aislamiento demográfico de las áreas rurales, horarios de trabajo más flexibles, mayor autonomía y satisfacción para los trabajadores, efectos positivos sobre la productividad e incluso retención del talento.</p>



<p>Pero también se ha detectado un empeoramiento de algunas variables como la calidad de las reuniones, del trabajo en equipo, la falta de comunicación entre colaboradores, aumento de las horas de trabajo, peor organización y distribución de las tareas, el sobreesfruerzo (especialmente en las personas que se iniciaban en el teletrabajo), mayor estrés o el problema de las interrupciones.</p>



<p>Y es que no todo el mundo puede teletrabajar; hay trabajos que directamente no lo permiten (un albañil, un cocinero, un carpintero, un fisioterapeuta&#8230;) Pero incluso entre los que pueden se han detectado algunas limitaciones importantes, como por ejemplo, no disponer de un entorno de trabajo inadecuado o la falta de un espacio específico para trabajar: de hecho solo un 57% de los trabajadores disponen de un espacio habilitado para trabajar, mientras que un tercio trabajaban desde el comedor y un 14% lo hacían desde el dormitorio.</p>



<p>Y claro, en este contexto, otro problema ha sido el ver desdibujadas las líneas que separaban nuestros trabajos de nuestra vida privada, poniendo aún más en peligro ese delicado equilibrio que suele costar tanto encontrar entre ambas esferas. De hecho, se ha detectado que a muchos trabajadores les cuesta desconectar de sus trabajos, y acaban trabajando más horas de las que hacían de manera presencial, incluyendo a veces los fines de semana o días festivos. Además, los patrones de horarios irregulares, el estrés, la menor exposición a la luz solar y el exceso de exposición a la luz azul de las pantallas está contribuyendo al incremento en los trastornos del sueño.</p>



<p>En este sentido, la posibilidad de estar constantemente conectados que nos ofrece la tecnología es un arma de doble filo, porque es muy práctico poder conectarte en cualquier sitio y a cualquier hora, pero esto también supone una sobrecarga cognitiva, emocional, así como una disminución en la concentración y lo que se ha llamado el “tecnoestrés” Y que sí, que al principio estábamos todos muy contentos y muy agradecidos a las videoconferencias que nos facilitaban el trabajo y el contacto con amigos y familiares, pero a estas alturas de la partifda ya se empieza a hablar de “la fatiga Zoom” y es que cuando enlazas la reunión por zoom del trabajo, con la del cole, con la de los abuelos, con la de los primos, acabas queriendo lanzar el ordenador por la ventana. Y si además te relacionas con tus pacientes o clientes por videoconferencia, pues os podéis imaginar que muchos estamos ya bastante cansados de las videollamadas… y es que estas aplicaciones han experimentado un incremento exponencial; por ejemplo Zoom contaba con 10 millones de usuarios en 2019 y llegó a los 300 en 2020. Flipa.</p>



<p>Por otro lado, el aislamiento y la soledad son otros de los riesgos asociados al teletrabajo. Y es que hay gente que ha visto muy reducidos sus contactos sociales desde que han tenido que quedarse a trabajar en casa, un problema que podría resolverse fácilmente combinando el trabajo presencial con el teletrabajo.</p>



<p>Otro riesgo que hay que tener en cuenta y prevenir es el impacto a nivel físico de trabajar y pasar más tiempo en casa que se traduce en dolores de cabeza, fatiga visual o trastornos musculoesqueléticos por malas posturas, estáticas o repetitivas junto con el aumento del sedentarismo.</p>



<p>Una herramienta básica para evitar o amortiguar muchos de estos problemas es la desconexión digital, entendida como el derecho de los trabajadores a no conectarse a cualquier herramienta digital profesional durante los periodos de vacaciones o descanso. En este sentido, el Parlamento Europeo ha aprobado recientemente una resolución en la que reconoce este derecho a desconectar del trabajo. En España, el Real Derecho Ley 28/2020 de teletrabajo establece explícitamente el derecho a la desconexión digital. Así que ya sabéis, no hace falta estar siempre disponibles: ni para el trabajo, ni para las redes sociales, ni para nadie, como mucho para vuestras familias y amigos =)</p>
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		<title>Hipocondría: ¿y si es «algo malo»? Cuando nos obsesionamos por la salud</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 May 2021 07:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si te duele la cabeza o te has mareado piensas que probablemente sea un tumor cerebral; si tienes dolor de estómago o la tripa un poco regular, quizá se trate de cáncer de estómago. Esa marchita en el brazo, tal vez un melanoma. ¿Que estás flojo? Leucemia. ¿Taquicardia? Un ataque al corazón, fijo. Todo esto [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si te duele la cabeza o te has mareado piensas que probablemente sea un tumor cerebral; si tienes dolor de estómago o la tripa un poco regular, quizá se trate de cáncer de estómago. Esa marchita en el brazo, tal vez un melanoma. ¿Que estás flojo? Leucemia. ¿Taquicardia? Un ataque al corazón, fijo. Todo esto te implica un gran malestar, lo pasas fatal, revisando páginas web y listados de síntomas que, conforme los lees, crees tener todos. ¿Te sientes identificado? <strong>Hoy hablamos de hipocondría.</strong></p>
<p><span class="oWmnDk58hJY62aLZxRf"><iframe title="Miedo a enfermar: ¿tengo hipocondría o tengo una enfermedad?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/wF1mYphxrlk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Todos sentimos estrés, por ejemplo, ante un examen, una charla delante de otras personas o al conocer gente nueva. Ya vimos hace tiempo que el estrés no es, por si mismo, algo malo. Cuando además de estresarnos, nos preocupamos demasiado, podemos hablar de <a href="https://www.albertosoler.es/como-vencer-la-ansiedad-psicologia/" data-wpel-link="internal">ansiedad</a>, y <strong>uno de los tipos de ansiedad más frecuentes es la ansiedad sobre temas relacionados con la salud</strong>, lo cual es bastante lógico: ¿a quién no le genera cierto malestar pensar en la posibilidad de contraer una enfermedad grave? El problema viene, como muchas veces, cuando esa ansiedad es especialmente intensa y cuando no desaparece con el tiempo. Y esto es lo que les ocurre a muchas personas con hipocondría: que tienen mucha ansiedad y durante mucho tiempo sobre temas relacionados con su salud.</p>
<h2>Qué es la hipocondría</h2>
<p>La característica fundamental de la hipocondría es la preocupación y el miedo, o incluso la convicción, de padecer una enfermedad grave. Se llega a esa preocupación muchas veces, a partir de la interpretación errónea de alguna sensación corporal. Con frecuencia esta preocupación lleva a la persona a buscar ayuda médica y cuando los profesionales descartan la presencia de alguna enfermedad, esto produce un gran alivio en el paciente. Pero <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-trastorno-obsesivo-compulsivo-valencia/" data-wpel-link="internal">ese alivio es solo temporal</a>, ya que la preocupación vuelve al cabo de poco tiempo: <em>“¿cómo puede estar tan seguro que no tengo este problema, si no me ha hecho todas las pruebas?”, “ha estado muy poco tiempo conmigo, así no puede valorar bien lo que me pasa”, “puede ser un error médico”</em>&#8230;.</p>
<p>Y esto les lleva a buscar segundas o terceras opiniones, metiéndose en un bucle del que cuesta mucho salir. No es extraño que las personas con hipocondría tengan un seguro médico privado para poder acudir con rapidez y frecuencia a los especialistas que quieran, sin tener que pasar por el médico de cabecera. Pero bueno, al final llega un momento en el que se tranquilizan y comprenden que, por ejemplo, su dolor de cabeza no se debe a un tumor cerebral.</p>
<p>Un alivio, pero no cantemos victoria: <strong>al poco tiempo, al notar otra sensación, el objeto de su miedo cambia</strong>, ya no es un tumor cerebral. Ahora es esclerosis, cáncer de colon, un ataque al coración, o lo que sea que se les ocurra, pero nada bueno. Y vuelta a empezar. Ese es un patrón típico de los pacientes con hipocondría. Pero no es el único.</p>
<p>Mientras que algunas personas abusan de las visitas médicas como forma de comprobar y asegurarse que no se cumplen sus temores, sin embargo otras evitan todo aquello relacionado con enfermedades o síntomas. Esa evitación puede ir desde cambiar de canal en la TV cuando alguien habla de una enfermedad temida, evitar conversaciones, evitar visitas a médicos, demorar pruebas y análisis rutinarios, o incluso evitar estar en hospitales o centros de salud para acompañar o visitar a alguien. Y cuando no pueden evitarlo, lo llevan fatal. Por ejemplo, ante una prueba médica, el tiempo que pasa desde la prueba hasta los resultados puede ser verdaderamente angustioso, porque todos sus pensamientos giran alrededor de la idea de que algo muy malo pasará.</p>
<p>Estas dos estratégias, tanto la búsqueda de seguridad o comprobación como la evitación, en realidad buscan lo mismo: evitar la incertidumbre. Voy al médico para controlar la incertidumbre sobre de si tengo o no una enfermedad. Evito pruebas o conversaciones para evitar la incertidumbre (porque en su mundo, si no me hago una prueba, todo va bien). Son dos aproximaciones distintas, que en realidad buscan lo mismo.</p>
<h2>¿Por qué se produce?</h2>
<p>Bien, ya sabemos qué características tiene la hipocondría pero, ¿por qué se produce? Uno de los factores más importantes para explicarla es la interpretación errónea de señales físicas normales y su confusión con síntomas. Las personas con hipocondría atribuyen rápidamente a una enfermedad los cambios físicos o sensaciones normales que se producen en el cuerpo. Además, su propia ansiedad hacia estos temas les lleva a estar hipervigilantes y prestar más atención a su cuerpo que otras personas. Y ya se sabe que quien busca, encuentra.</p>
<p>Nuestro cuerpo experimenta a lo largo de un día numerosos cambios y oscilaciones, de los que habitualmente ni nos enteramos. Pero si empezamos a focalizar nuestra atención en cada pequeño cambio de nuestro cuerpo, al final, acabaremos por ver algo. Y ese algo nos preocupará. Piensa por ejemplo en el pulso o en la temperatura corporal. Si los mides varias veces al día igual encuentras valores que te preocupen, pero éstos no dejan de ser oscilaciones normales de tu cuerpo en busca de la homeostasis.</p>
<p>Esto se ve reflejado en el siguiente círculo vicioso, en el que la preocupación por la salud nos lleva a focalizar más la atención en las sensaciones, esto nos lleva a ser más sensibles, notar cambios en el cuerpo que interpretamos como síntomas, y esto aumenta más aún nuestra preocupación por la salud. Y vuelta a empezar.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-6622" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476.jpg" alt="" width="2388" height="1342" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476.jpg 2388w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476-600x337.jpg 600w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476-1536x863.jpg 1536w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476-2048x1151.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2388px) 100vw, 2388px" /></p>
<p>A veces incluso acabamos provocándonos síntomas reales que vendrán a aumentar nuestra preocupación y a confirmar los miedos iniciales. Por ejemplo: hay personas que se ponen tan ansiosas al tomarse la tensión que ésta aparece siempre elevada. Pero se ha elevado como consecuencia de la ansiedad que les produce tomarse la tensión, no es que antes la tuvieran tan alta. O cosas más mundanas, como por ejemplo un dolor muscular. Puede empezar como una pequeña molestia, pero a base de comprobar y volver a comprobar, acabamos realizando muchas veces un mismo movimiento que nos puede producir un daño real.</p>
<p>Veamos otro ejemplo de círculo vicioso:</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-6623" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475.jpg" alt="" width="2388" height="1337" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475.jpg 2388w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475-600x336.jpg 600w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475-1536x860.jpg 1536w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475-2048x1147.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2388px) 100vw, 2388px" /></p>
<p>Juan nota palpitaciones. Entonces piensa:<em> “¿ostras, y si es un ataque al corazón?”</em>. Ese pensamiento le genera mucho miedo y malestar, con lo que su ansiedad se dispara. ¿Y cuál es uno de los síntomas típicos de la ansiedad? La taquicardia. Su pulso se acelerará todavía más, y él lo percibirá como una confirmación de su miedo. En este círculo vicioso los miedos hacen que interpretemos señales normales como síntomas, reaccionamos con temor, se eleva la ansiedad, y ésta acaba por producir reacciones que hacen parecer a estos pensamientos muy creíbles y hacen que la gente se convenza de que sus síntomas son la señal de que están gravemente enfermos, cuando no es así.</p>
<p>Como podéis ver, <strong>en la base de la hipocondría están una serie de pensamientos erróneos que llevan a la persona a creer que está enferma cuando en realidad no lo está y que mantienen esos miedos a pesar de las evidencias en contra.</strong> Por ejemplo, uno de esos errores es el de saltar a las conclusiones sin tener base para hacerlo, en plan “estoy sudando más de lo que debería, eso debe significar que estoy enfermo”. Otro error frecuente es el de catastrofizar, que implica no solo saltar a las conclusiones, sino a la peor conclusión. En este caso, una enfermedad muy seria o mortal: “seguro que es cáncer”, “voy a ser una carga para mi familia”, “esto no tiene cura”, etc. Pero también está el pensamiento supersticioso, del tipo “no pienses que estás bien o tentarás a la suerte” o ignorar las señales de salud y prestar atención selectiva a los temores. Pero estos son solo algunos ejemplos, hay muchos más. Por ejemplo, el pensamiento dicotómico o pensamiento de todo o nada, que consiste en creer que o se está sano, o se está enfermo. Y claro, como no siempre estamos 100% sanos, cualquier pequeño síntoma hace que creamos estar enfermos. O la ilusión de certeza, por la que creemos que podemos estar totalmente seguros de tener o no una enfermedad. Pues eso, que detrás de la hipocondría hay muchos de estos errores de pensamiento, y aprender a lidiar con ellos es una parte central del tratamiento, junto con otras técnicas. Pero la mayoría van encaminadas a ayudar a la persona a exponerse a la incertidumbre sin las conductas de evitación o de comprobación.</p>
<p>En resumen; que esto de la hipocondría genera mucho malestar, porque la persona está convencida de estar enferma, tiene mucho miedo, y su calidad de vida (y la de quienes le rodean) se puede ver muy afectada. La buena noticia es que es algo relativamente frecuente a lo que nos enfrentamos los psicólogos, y con el tratamiento adecuado (terapia cognitivo conductual, aplicada por un psicólogo colegiado) suele tener muy buena evolución.</p>
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		<title>Aceptación o resignación: qué hacer cuando algo no tiene solución</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Mar 2021 08:00:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hay veces que tenemos un problema y la solución pasa por pensar un plan, analizar todas las opciones, elegir la mejor y llevarla a cabo. Pero, ¿qué ocurrre cuando nuestro problema no tiene solución?, ¿aceptación o resignación? Es lo que hoy vamos a ver. &#160; No todos los problemas tienen solución. Ojalá la tuvieran, pero [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/aceptacion-o-resignacion-que-hacer-cuando-algo-no-tiene-solucion/" data-wpel-link="internal">Aceptación o resignación: qué hacer cuando algo no tiene solución</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay veces que tenemos un problema y la solución pasa por pensar un plan, analizar todas las opciones, elegir la mejor y llevarla a cabo. Pero, ¿qué ocurrre cuando nuestro problema no tiene solución?, ¿aceptación o resignación? Es lo que hoy vamos a ver.</p>
<p><span class="9a5WnbhXpwBGPL1qc4yMkvI3De6RridmUZVKHE8fNC7oSzFuYTl2O"><iframe title="Solución de problemas psicológicos: ¿y si no hay solución?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/ipq9C2IaMa0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No todos los problemas tienen solución. Ojalá la tuvieran, pero por desgracia no es así. Muchas de las cosas que nos afectan en el día a día y nos hacen sentir tristes, ansiosos o preocupados no tienen una solución clara, o al menos esa solución no depende de nosotros. Entonces, ¿qué podemos hacer?</p>
<p>El primer paso ante un problema determinado es precisamente ese: <strong>tenemos que preguntarnos si ese problema que nos está causando malestar tiene solución o si no la tiene.</strong> O, mejor dicho, si nosotros podemos hacer algo para cambiar ese problema. Si podemos, fantástico, “solo” tenemos que reservar energía y tiempo para abordarlo. Y si nos faltan recursos, nos buscamos la vida para tenerlos. En parte a eso nos dedicamos los psicólogos.</p>
<p>Pero hay veces que ese problema no tiene solución, o si la tiene, no depende de nosotros. Esto que puede parecer muy evidente, a veces no lo es. Muchas personas se quedan enganchadas en este punto por no haber identificado correctamente el tipo de problema que tenían. Una de las consecuencias más habituales es emplear gran cantidad de esfuerzo y de tiempo en pensar una y otra vez acerca de su problema, creyendo que si le dan muchas vueltas al final lograrán a una solución. Pero no. No siempre existe esa solución.</p>
<p>El problema entonces es doble: tenemos una situación que nos está generando malestar, y además estamos perdiendo mucho tiempo y energía en cambiar algo que no se puede. Llegados a este punto, un paso necesario para poder sentirnos mejor es el de aceptar la situación.</p>
<p>La <a href="https://www.albertosoler.es/aceptacion-fortaleza-sabiduria-la-plegaria-de-la-serenidad-video/" data-wpel-link="internal">aceptación es algo que habitualmente nos cuesta</a>, porque parece una estrategia de afrontamiento muy pasiva. Creemos que no estamos haciendo nada, cuando realmente no es así. Aceptar aquello que no puede cambiar es un proceso difícil, costoso, pero que da como resultado un mayor bienestar y tranquilidad emocional. Muchas personas no se sienten cómodas con la idea de la aceptación porque<a href="https://www.albertosoler.es/la-aceptacion-frente-al-sufrimiento/" data-wpel-link="internal"> la confunden con la resignación, y no es lo mismo</a>. <strong>Aceptación es dejar de luchar contra algo que no puede cambiar. Por el contrario, la resignación implica abandonar la lucha de algo que sí puede cambiar.</strong> Os pongo un ejemplo. Hay muchas personas que viven frustradas porque sus padres no son como ellos desearían: “es que mi padre es muy cerrado, muy poco comunicativo”. Y cada dos por tres tienen grandes discusiones porque intentan hacerle ver a su padre lo importante que es para ellos el diálogo, que tienen que comunicarse más, pero su padre erre que erre. Y esto les genera un malestar enorme que les impide disfrutar de su relación, tal cual es. No de la relación ideal que uno de ellos tiene en la mente. No, de la relación real que tienen. En este sentido, suelo emplear una metáfora que ayuda bastante a comprenderlo. Suelo decir a mi paciente: imagina que a tu padre le faltara una pierna. ¿Te frustrarías porque no podéis dar largos paseos juntos? Probablemente no. Aceptarías sus limitaciones e intentarías que vuestra relación fuera satisfactoria por otras vías. Pues igual que existen las discapacidades físicas, digamos que también existen las discapacidades emocionales. No me lo toméis literal, que esto no es un término clínico, pero así nos entendemos. Pues bien, esto es la aceptación. Dejar de darse cabezazos contra la pared por lo que no puede cambiar. ¿Y la resignación? La resignación es ese examen que tienes la semana que viene y que has decidido que no te vas a preparar, porque a estas alturas ya no merece la pena. Sabes que si te lo curras lo apruebas, pero decides no hacerlo. Te has resignado. Creo que queda claro que no es lo mismo, ¿verdad?</p>
<p>Aprender estas distinciones, <strong>entre lo que se puede cambiar y lo que no, entre lo que es la aceptación y lo que es la resignación, nos puede ayudar a economizar energía,</strong> dejar ciertas luchas que no tienen sentido, y en definitiva, vivir un poco más tranquilos, ¿no os parece?</p>
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