Nuestra experiencia tras 5 años sin ponerles la tele o tablet a los niños

Cuando digo que nuestros hijos hasta los 5 años no han visto apenas nada de tele, algunos se extrañan, otros se sorprenden, y muchos se preguntan cómo nos las hemos podido apañar. Venga va… os lo cuento. 

Antes que nada, ¿por qué?, ¿por qué tendríamos que evitar que los niños vean la tele de pequeños, si todos lo hemos hecho? Es verdad, de pequeños todos hemos visto la tele, al igual que hemos ido en el coche con nuestros padres sin los sistemas de retención infantil que tenemos hoy en día, igual que se permitía fumar en espacios públicos, dentro de los autobuses, en la sala de espera del médico… Las regulaciones y las recomendaciones van cambiando conforme aparece evidencia de que quizá, tal vez, esa conducta sea dañina para la salud. Con las pantallas ocurre lo mismo. 

A día de hoy parece haber bastante consenso en que hay que evitar la exposición a cualquier tipo de pantallas en menores de dos años; a partir de esta edad, ya no es necesario evitarlas de manera absoluta, pero sí limitar mucho el tiempo de visionado (máximo de 30 a 60 minutos diarios) y siempre contenidos de calidad, adaptados a la edad del menor y supervisados por un adulto. Siempre hay que recordar que en este cómputo se cuentan todas las pantallas (ordenador, móvil, tablet, televisión, etc.) y todos los usos, excepto uno: las videollamadas a familiares, porque se ha visto que esas llamadas por Skype o FaceTime a los abuelos o a los tíos, no tienen un efecto negativo en los niños, como sí lo tienen otros usos de estos dispositivos.

Pero, entonces…, ¿si la AAP pone el límite en los dos años, por qué nosotros decidimos seguir así hasta los 5 años? Para empezar porque esto es como lo de las 5 verduras al día, que hay quien lo entiende como un máximo, cuando en realidad es el mínimo. Si tomas 10 no pasa nada; pues con esto lo mismo, al menos hasta los dos años nada de pantallas, pero nadie te obliga a encender la tele en su segundo cumpleaños. Ese sería el primer motivo; el segundo y quizá más importante, es que nuestros hijos no nos lo pidieron. Sí, sí!! hasta los 5 años no nos pidieron ver la tele, entonces… ¿por qué se la íbamos a poner!? Y en tercer lugar… ¡que simplemente no queríamos! Vivíamos muy bien sin la necesidad de encender la tele, ni de estar peleándonos por si usan o no el móvil. ¿Y cómo puede ser que dos niños se pasen 5 años sin pedir ver la tele? ¡Muy sencillo! En casa no se encendía nunca la tele (con ellos despiertos).

En la mayoría de las casas, uno de los motivos frecuentes de enfados y rabietas es la tele: “venga, apágala ya”, “un capítulo más y la apago, ¿eh?”, “va, que está la cena, apaga eso”, “hoy me toca elegir a mi…”. Y así. Nosotros durante 5 años no hemos tenido ni una sola pela por este motivo, simplemente, porque la tele era un rectángulo negro que había en el salón y que nunca se encendía mientras los niños estaban despiertos. Ellos a veces utilizaban la pantalla a modo de espejo, jugaban delante del aparato, saben lo que es, pero no era una costumbre en casa encenderla. Y los móviles, obvio que lo mismo. Son cosa de los papis, no de los niños. 

Al nacer su hermana pequeña, y cuando ellos ya nos lo empezaron a pedir, empezaron a ver algo de TV bajo condiciones muy específicas: solo cuando la peque dormía la siesta (ella no debe ver la TV, es un bebé), los fines de semana, y máximo un capítulo de 20 minutos. Pero ahí ya empezaron los problemas habituales: pronto empezaron a querer verla también entre semana, querían un capítulo más, no la querían apagar… vamos, lo normal. ¡Qué bien habíamos vivido esos años sin tele!!!

Como digo siempre en las conferencias, “es muy fácil meterse en las drogas, pero muy difícil salir de ellas”. Pues esto lo mismo. Pero que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Nosotros, cuando los mellizos eran muy pequeños, cometimos un error. Llevaban tan rematadamente mal el coche, que la única opción que encontramos para que no estuvieran llorando todo el trayecto fue ponerles el iPad con dibujos. Después de haber probado de todo, un día lo hicimos y fue mágico. Y caímos. 

Aunque era algo que estaba limitado solo a esa situación, y era algo muy esporádico, pronto nos dimos cuenta de nuestro error y decidimos quitarlo. No nos lo pedían ellos, eran muy pequeños. Lo poníamos nosotros para evitar que lloraran. Quitarlo luego no fue fácil, pero en realidad, visto con perspectiva, tampoco fue tan complicado; les dimos otras alternativas, algún juguete, una tortita de maíz… y al final acabaron aceptando que eso no se ponía más. ¿Qué quiero decir con esto? Que aunque en un momento de debilidad, o por una mala decisión, al final “cedas” a la presión y les pongas algo, eso no significa que a partir de ese momento ya tenga que ser así para siempre. Son muchas las familias que están muy agobiadas por este tema, que el niño no come si no es con la tele puesta, que no quiere carro si no es con el móvil de los padres, que todos los días tiene que ver dibujos… Esto no tiene por qué seguir siendo así. Se puede cortar. 

En resumen, que nosotros decidimos no ponerles la tele en un principio porque es la recomendación general, pero nos mantuvimos mucho más tiempo porque no vimos necesario encenderla después, y de hecho hemos vivido muchísimo más tranquilos sin tele que peleando cada día por ver un capítulo más de la patrulla canina. Si vuestros hijos son pequeños y aún no han empezado a ver la tele, no tengáis ninguna prisa en hacerlo, se vive muy bien así, de verdad. Que sí, que mientras estás haciendo la cena quizá te la lía, pero compensa. Al menos a nosotros nos compensaba. Y si ya estáis metidos de lleno, pensad que nunca es tarde para poner un límite claro o, incluso si todavía es muy pequeño, dar marcha atrás y apagarla por una larga temporada. Quizá pasáis algunos días un poco complicados, pero será mucho mejor para todos. 

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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