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	<title>Artículos de Sin categoría - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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	<description>Centro de psicología dirigido por  Alberto Soler y Concepción Roger. Te acompañamos a entender lo que te pasa y a sentirte mejor. Adultos, infantil, familia y parejas. Evaluamos TDAH y AACC.</description>
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	<title>Artículos de Sin categoría - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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		<title>Uso de vibradores para tratar la histeria: del mito a la realidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Sep 2021 07:00:29 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy os traigo una píldora sobre una anécdota de historia de la psicología… hoy vamos a hablar sobre el conocido uso de los vibradores para tratar la histeria femenina. Como muchos ya sabréis, los médicos victorianos trataban a sus pacientes de histeria estimulándolas hasta el orgasmo con vibradores electromecánicos. ¡Vamos a verlo! ¿Qué es la [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/uso-de-vibradores-para-tratar-la-histeria-del-mito-a-la-realidad/" data-wpel-link="internal">Uso de vibradores para tratar la histeria: del mito a la realidad</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p3"><span class="s2">Hoy os traigo una píldora sobre una anécdota de historia de la psicología… hoy vamos a hablar sobre el conocido <strong>uso de los vibradores para tratar la histeria femenina</strong>. Como muchos ya sabréis, los médicos victorianos trataban a sus pacientes de histeria estimulándolas hasta el orgasmo con vibradores electromecánicos. ¡Vamos a verlo!</span></p>
<p><span class="yq5bud27gDKl4ea6CJLA190pZQtYskixP"><iframe title="Vibradores para curar la histeria" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/pJZs2jZvsxg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>¿Qué es la histeria?</h2>
<p class="p3"><span class="s2">Pero empecemos por el principio… ¿Qué es la histeria? <strong>La histeria ha sido una de las enfermedades más atribuidas al sexo femenino que durante siglos, ha tenido diferentes visiones y tratamientos</strong>, empezando su historia ya en el antiguo Egipto y pasando por figuras tan relevantes como Aristóteles, Platón o Galeno. Se trataba de una enfermedad propia de la mujer ya que ellas eran un error de la naturaleza. En la mayoría de casos se trataba de una especie de diagnóstico comodín, por el cual, ante cualquier dolencia o malestar de una mujer, se le diagnosticaba de histeria y p&#8217;alante. Aunque situaban el origen de este mal en el útero, al final resulta que <a href="https://www.albertosoler.es/queremos-creer-nos-dejamos-enganar-las-pseudociencias-video/" data-wpel-link="internal">eran “fuerzas oscuras” que atravesaban el cuerpo de las mujeres,</a> en fin… pero bueno, aunque ha sido una enfermedad “muy de mujeres” ya Galeno promovió la primera teoría de la histeria masculina, en este caso debido a la retención del semen causado por la abstinencia sexual. En la Edad Media no se andaban con chorradas y a las que se salían de lo esperado, directamente las acusaban de brujas y las quemaban en la <a href="https://www.albertosoler.es/que-tienen-en-comun-star-wars-las-peliculas-porno-y-las-comedias-romanticas/" data-wpel-link="internal">hoguera…</a> Y es que la visión de la mujer ha ido cambiando a través del tiempo: por ejemplo, en el siglo XVI, según Simon Geducos, las mujeres no podían ser reconocidas como seres humanos, y en el siglo XVII surge la idea de que la mujer es un macho inacabado. En el siglo XVIII la medicina llega a la conclusión de que la causa de todas las enfermedades femeninas tiene su origen en el útero. Todo muy lógico…</span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Pero volviendo a la histeria, en el siglo XIX la histeria era una enfermedad que afectaba supuestamente solo a las mujeres y consistía en una serie de síntomas como insomnio, irritabilidad, nerviosismo, infelicidad, desobediencia, impertinencia… básicamente, cualquier mujer que se saliera de los mandatos de género de la época, podía ser acusada, digo, diagnosticada de histeria. De hecho el término histeria viene del griego “hystero” que significa útero. Algo debía pasarle a aquellas mujeres en el útero para comportarse de aquella manera!! Cómo podían atreverse a desobedecer, mostrarse impertinentes o irritables. Desde luego, no es lo que cabría esperar de una dama… el origen de esta enfermedad se situaba en el útero y la causa era la falta de actividad sexual, debido a una retención o corrupción de la materia, ya que la falta de actividad sexual no permitía que los líquidos segregados durante el coito se liberen.</span></p>
<h2>Vibradores para tratar la histeria</h2>
<p class="p3"><span class="s2">Así pues, una vez establecido el diagnóstico y con una idea clara de por dónde podría estar la causa, el siguiente paso sería aplicar un <a href="https://www.albertosoler.es/madres-suficientemente-buenas-de-la-culpa-por-el-autocuidado-a-la-presion-por-la-perfeccion/" data-wpel-link="internal">tratamiento para devolver a estas señoras a un estado más calmado o quizá más manso</a>. Como decíamos en la introducción, muchos habréis escuchado hablar del uso de los vibradores por parte de los médicos victorianos para tratar a sus pacientes de histeria, estimulándolas hasta el orgasmo para tratar esta dolencia. Esta curiosa anécdota de la historia de la medicina circuló como la pólvora tras su publicación en <a href="https://amzn.to/3AILjHO" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">un trabajo académico de la historiadora Rachel Maines publicado en el año 1999 y titulado “la tecnología del orgasmo”</a>. De hecho fue uno de los trabajos más citados en su área en los últimos tiempos. </span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Total, que tan golosa fue esta historia que además de citarse en multitud de trabajos académicos, se publicaron también libros, obras de teatro y hasta una película que comenzaba diciendo: “esta historia se basa en hecho reales. En serio”.</span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Así, este hecho histórico pasó a la categoría de “cultura popular”. El que más y el que menos, había escuchado hablar de esto en alguna ocasión… Hablamos, claro, de la película Histeria, del año 2011. ¿Que qué tal? Pues está entretenida… aunque por lo que hemos leído más recientemente, parece ser que no está tan claro que las cosas fueran realmente así. De hecho aunque la anécdota nos pueda parecer divertida, recientemente se ha puesto todo esto en cuestión. </span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Según Maines los médicos victorianos trataban la histeria estimulando a sus pacientes hasta el orgasmo mediante vibradores eléctricos creados para este fin, ya que mediante el masaje manual debían emplear una hora por paciente, mientras que con el nuevo invento con 5 minutos era suficiente, y así podían atender a más pacientes y aumentar sus beneficios. Según Maines, estas prácticas no se percibían como sexuales por no implicar penetración vaginal. Las ideas de Maines venían respaldadas por varias citas y, como<span class="Apple-converted-space">  </span>decíamos, este trabajo fue muy citado en posteriores trabajos académicos, sin embargo parece ser que las cosas no fueron realmente así. </span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Según Hallie Lieberman, historiadora y autora de un libro sobre la historia de los juguetes sexuales, cuando estaba investigando para escribir su libro, no encontró nada sobre este supuesto uso de los vibradores para tratar la histeria. Cuando consultó las fuentes que citaba Maines se sorprendió al no encontrar respaldo a lo que ella decía. Primero pensó que sería un error suyo y que no estaba entendiéndolo bien, pero lo consultó con sus profesores y le confirmaron que las fuentes no decían lo que Maines afirmaba. </span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Lo cierto es que los juguetes sexuales han existido desde siempre. Al menos desde hace unos 30.000 años, y muchas veces han sido vendidos como aparatos medicinales para usos supuestamente no sexuales. Así, los primeros vibradores se vendían a finales del s xix y principios del XX para múltiples usos: desde quitar las verrugas, tratar los resfriados, molestias estomacales, alivio de diversos dolores o hasta para tratar la sordera. Puede que la gente los usara también para masturbarse, pero aunque lo hicieran, de lo que no parece haber evidencias es de que los médicos los usarán para tratar a las pacientes “histéricas”.</span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Según Lieberman su intención es remarcar cómo a veces las ideas se difunden ampliamente a pesar de ser erróneas, y señala la importancia de revisar y corregir los conocimientos previos. El tema es que, aunque quede claramente establecido que la publicación original decía cosas imprecisas o directamente falsas, <strong>la historia es demasiado golosa como para dejar de contarla</strong>. Sería aquello de: “no dejes que la realidad te estropee un buen titular”. </span></p>
<p class="p3"><span class="s2">Según Rachel Maines, autora de la publicación original, ella lo planteó solo como una hipótesis, no como un hecho cierto, y dice que nunca dijo tener pruebas de que esto fuera realmente así. Pero esta hipótesis resultó “tan golosa” que rápidamente se elevó a la categoría de “sabiduría popular”. La misma Maines dice que le sorprendió que hayan tenido que pasar 20 años para que alguien cuestionara sus argumentos.</span></p>
<h2>En resumen&#8230;</h2>
<p class="p3"><span class="s2">En fin, que eso de que se usaran vibradores para tratar la histeria no está nada claro; pero <strong>lo que sí lo está es que, oh sorpresa, desde tiempos inmemoriales, las mujeres que se salían del tiesto eran tildadas de “locas”, se les ponían diagnósticos de todo tipo, e incluso se les ofrecían tratamientos para bajar los humos a estas “<em>malfollás</em>”</strong>. Porque, podemos ponerlo en palabras bonitas, pero realmente el diagnóstico era ese. Y el tratamiento pasaba por poner solución a ese problema de origen. No está claro si con vibradores o no, pero un posible tratamiento venía a ser ese… desde darles “masajes pélvicos” hasta recomendar sexo con el marido, y si estaban viudas o solteras, casarlas para solucionar este problema. También existieron tratamientos algo diferentes como pesarios aromáticos o fumigaciones fétidas, pues se pensaba que el útero tenía “gran sensibilidad olfativa” (no me preguntéis por qué), histerectomías o mutilación genital femenina. </span></p>
<p class="p3"><span class="s2">En el año 1933 la histeria fue oficialmente excluida de la clasificación de trastornos mentales y comportamientos por la OMS, es decir, hasta hace 4 días se seguía usando este diagnóstico tan curioso… </span></p>
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		<title>Cómo detectar las mentiras en niños: el efecto Pinocho</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/detectar-mentiras-ninos-efecto-pinocho/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Sep 2021 07:00:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se suele decir que “la mentira tiene las patas muy cortas”, o que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Pero la sabiduría popular a veces acierta y otras falla. ¿Acierta en esta ocasión? Esta semana vamos a hablar de las mentiras en los niños, ¿podemos identificarlas? Vamos a verlo.  Muy probablemente [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Se suele decir que “la mentira tiene las patas muy cortas”, o que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Pero la sabiduría popular a veces acierta y otras falla. ¿Acierta en esta ocasión? Esta semana vamos a hablar de las mentiras en los niños, ¿podemos identificarlas? Vamos a verlo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><span class="TRhFjGKa6y0HmGBmMZXNNU3jHBbXr17e2gdvMplwOLxu36tYCk5nlqQK0pPi2zIVSDshWdWJSeETrCx5ftLc4AJEwv91ifosqFPc"><iframe title="Cómo detectar mentiras en los niños: el efecto Pinocho" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/NB8QyQfr7J4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Muy probablemente la mayoría de quienes estáis viendo este vídeo seáis <a href="https://www.albertosoler.es/los-ninos-y-las-mentiras-video/" data-wpel-link="internal">madres y padres de niños que ya han comenzado con sus primeras mentiras</a>… Antes que nada, que no cunda el pánico.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Como dice el investigador de la Universidad de San Diego Kang Lee “si descubres <a href="https://www.albertosoler.es/secuestro-emocional-secuestro-amigdalino-rabietas/" data-wpel-link="internal">que tu hijo de 2 años</a> está empezando a mentir, en vez de preocuparte, deberías celebrarlo, porque es la señal de que tu hijo ha alcanzado un nuevo nivel de su desarrollo”.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<h2>¿Los niños inteligentes mienten más?</h2>
<p>Y no es una exageración. Parece que la capacidad para mentir está directamente relacionada con el desarrollo de competencias cognitivas. Según cuenta Lewis, <strong>los niños que tienen un mayor cociente intelectual mienten con mayor frecuencia que los que tienen un cociente intelectual más bajo</strong>; y lo mismo pasa con medidas de inteligencia emocional: quienes puntúan más en estas escalas tienden a mentir más que quienes obtienen unas puntuaciones más bajas. Y también lo mismo pasa con otras variables como el juicio moral, las funciones ejecutivas o la teoría de la mente. Cuanto más puntúan en ellas, más tienden a mentir. Teniendo esto en cuenta, no es raro que haya una relación directa en el tamaño del neocortex cerebral y la mentira en los primates: a mayor uso del engaño entre los primates, mayor tamaño de su neocortex.</p>
<h2>Descubrir las mentiras en los niños es muy difícil</h2>
<p>Pero bueno, volviendo al tema de descubrir las mentiras: ¿os creéis capaces de detectar cuándo mienten vuestros hijos? Probablemente la mayoría sí, ¿verdad? Pues Andrea Evans publicó un estudio en 2016 en el que señalaba que a los padres les suele costar bastante detectar cuándo están mintiendo sus hijos, y de hecho, los padres que se mostraban más seguros de su propia capacidad, no lo hacían mejor que el resto.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Como muestra Kang Lee en una súper interesante Ted Talk, los niños son, en verdad, bastante hábiles a la hora de mentir y los adultos muy malos al tratar de identificar si un niño miente o no. En un experimento mostraban un conjunto de vídeos a diferentes adultos. En estos vídeos se podía ver a diversos niños respondiendo a una pregunta; la mitad de los niños decían la verdad, y la otra mitad mentían. Los investigadores les pedían a los adultos que adivinaran cuáles eran los niños que decían la verdad y cuáles estaban mintiendo. Ya que había tantos “mentirosos” como “sinceros”, si los participantes hubieran respondido al azar, su tasa de aciertos sería cercana al 50%, por lo que una tasa de aciertos cercana a esta cifra mostraría un claro fracaso en su habilidad para detectar las mentiras. Y bien, ¿cuáles fueron los resultados? Entre los adultos que participaron en el experimento habían estudiantes universitarios, trabajadores sociales, abogados de protección infantil, jueces, funcionarios de aduanas, policías…<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>¿Quiénes pensáis que lograrían identificar mejor a los niños que mentían? Pues ninguno de ellos… todos dieron unas tasas de acierto muy cercanas al 50%. Pero además de ellos, también habían padres, e incluso estaban los padres de los niños que participaban en los vídeos. ¿Y cuál fue su tasa de acierto? También del 50%, la misma que si hubieran respondido al azar ante vídeos de niños ajenos. Si tenemos todo esto en cuenta, eso de “a mí me puedes engañar, pero no puedes engañarte a ti mismo” quizá sea más acertado que pensar que les podemos pillar cuando mienten “porque les conocemos como si les hubiéramos parido”.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<h2>El efecto Pinocho</h2>
<p>¿Y por qué son tan difíciles de detectar las mentiras de los niños? Porque su expresión facial cuando mienten es neutra. O mejor dicho, neutra a nuestros ojos. Porque en realidad sí hay diferencias en la musculatura facial y en la irrigación sanguínea del rostro entre quienes mienten y quienes dicen la verdad, el problema es que esos cambios son tan sutiles que son indetectables al ojo humano, y si no empleamos sofisticadas técnicas como las “imágenes ópticas transdérmicas” (que logran una precisión cercana al 85%), somos incapaces de detectarlos.</p>
<p>Qué sencillo sería si los niños fueran como Pinocho, y les creciera la nariz cada vez que mienten, ¿verdad? Pues resulta que sí, que en cierta medida algo de eso pasa. Es lo que se conoce como el “efecto Pinocho”, y es que se ha visto que cuando la gente miente, el flujo sanguíneo facial disminuye en las mejillas y aumenta en la nariz. Pero, nuevamente (y lo sentimos por la decepción) esto es indetectable al ojo humano.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>En resumen: que los niños mienten, que es normal que mientan y que somos mucho peores a la hora de detectar sus mentiras de lo que creemos. Precisamente por eso, ante una situación de duda, es mejor fallar en favor de nuestro peque. Porque que nos la cuele en un momento determinado puede tener arreglo, pero si de manera sistemática les acusamos de actos que no han cometido, la relación de confianza que pudiera existir y el clima entre nosotros se va a ver claramente afectado. Es mejor que nos dejemos engañar a que acusemos en falso.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Sin duda este tema de las mentiras es apasionante y genera un montón de dudas. Si queréis ampliar información, en nuestro libro <a href="https://www.albertosoler.es/entrevista-en-el-pais-ninos-sin-etiquetas/" data-wpel-link="internal">Niños sin etiquetas</a> le dedicamos un capítulo entero a este tema, analizamos los distintos tipos de mentiras que existen, por qué se dan, cómo prevenirlas y, especialmente, cómo actuar cuando las descubrimos. Seguro que os resulta muy práctico.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
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		<title>Por qué no soy feminista: reflexiono acerca de los roles de género, machismo y feminismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Feb 2021 14:12:32 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Si os soy sincero, durante la mayor parte de mi vida no había reflexionado demasiado sobre de los roles de género, machismo o feminismo. Crecí en una familia bastante típica de los años 80 en España, con un reparto de roles muy tradicional, y en un entorno social bastante machista (aunque yo no era muy [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si os soy sincero, durante la mayor parte de mi vida no había reflexionado demasiado sobre de los roles de género, machismo o feminismo. Crecí en una familia bastante típica de los años 80 en España, con un reparto de roles muy tradicional, y en un entorno social bastante machista (aunque yo no era muy consciente de esto). Y no fue hasta hace relativamente pocos años cuando empecé a pensar que quizá las cosas deberían ser de otra manera.</p>
<p><span class="P0Ua90FWhJR94MMKYgcHtN5vQ82u2Snfq4PjABKWsXdX3ZbrazxyJ1iOpsDrDL8Zlx6oOCESY7G3cjyIFHzfQRTAmN5iVEp6LmGw"><iframe title="Reflexionando sobre roles de género, machismo y feminismo." width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/AGmajzsEOjo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sociedad era (y es) mac</p>
<p>Nací a principios de los 80 en España; por aquel entonces la sociedad era bastante machista. Ahora también, pero entonces lo era más y se disimulaba menos. Mi familia era bastante normal, con un reparto de roles muy tradicional. Prácticamente todo el tiempo que viví con mis padres, mi madre se dedicaba a cuidarme a mí y a la casa y mi padre a trabajar. Mi padre podía tener muchas virtudes, pero realmente no le recuerdo cocinando, limpiando la casa, planchando o haciendo esas típicas cosas “de mujeres”. Porque sí, eran cosas de mujeres, eso se discutía poco. Como tampoco se discutían esos típicos chistes machistas en plan la mujer en la cocina y cosas de esas. Yo me reía con esos chistes, no me parecían mal. Eran lo normal.</p>
<p>Yo no es que fuera especialmente machista, pero tenía bastante claro cuáles eran los juegos de niños y los de niñas, los colores de niños y de niñas, y todas esas cosas. Mi madre algo claro tendría estas cosas cuando desde que empecé a ser un poco más mayor ya me enseñó a manejar lo básico en la cocina, a limpiar, a planchar, etc. Vamos, lo mínimo para ser una persona adulta funcional. La verdad es que adelanté pronto a mi padre&#8230;</p>
<p>Y así fue pasando el tiempo hasta que más tarde empecé a tomar un poco de interés por la política, por los temas sociales y empecé a ser un poco más consciente de estos temas. Era una época en la que hasta el propio presidente del gobierno se consideraba a sí mismo feminista; a ver, hablo de Zapatero. Después de 8 años de Aznar cualquier cosa que hubiera pisado la Moncloa habría sido un icono feminista. Pero Zapatero fue quien, por ejemplo, tuvo a Carme Chacón como ministra de Defensa, lo que en su momento fue muy rompedor (imagino que todos la recordáis pasando revista a las tropas embarazadisima), fue quien legalizó el matrimonio homosexual, etc. En ese momento me parecía una cosa súper progre y súper rompedora el definirme como “feminista”, ya que estaba muy a favor de que las mujeres tuvieran los mismos derechos, que menuda injusticia todos estos temas y tal.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y ahí me acomodé, ya estaba tranquilo, considerando que mostrándome partidario del feminismo bastaba para tener la conciencia tranquila. Pero con el tiempo empezó a pasar algo curioso. Pese a esa simpatía con el feminismo y la profunda convicción en la igualdad de derechos y capacidades de mujeres y hombres, poco a poco voy dándome cuenta que quizá no lo tengo tan claro. Era un poco como en las pelis esas ciencia ficción que tienes un extraño bicho extraterrestre creciendo dentro de ti y, de repente, empieza a asomarte por medio de la tripa. Pues lo mismo. En mi caso, e imagino que en el de muchos otros, ese extraño bicho extraterrestre era el machismo. Resulta que todos esos años y todo ese caldo de cultivo en el que crecí tuvieron algún efecto, y no resulta tan fácil deshacerse de él como parecía.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>A día de hoy me veo todavía con muchos gestos, hábitos y actitudes que responden a ese machismo. No al nivel de “tú cállate mujer que están hablando los hombres”, pero sí al nivel de, sin darme cuenta, acaparar los turnos de palabra. Lo que digo, que no son cosas mega bochornosas, pero son de esas pequeñas cosas que no te das cuenta hasta que te das cuenta. La carga mental, por poner otro ejemplo. Pues sí, Kontxín lleva mucha más carga mental de asuntos relacionados con la casa y los niños que yo. No es que yo pase de todo, pero es evidente que ella lleva más encima. Y mansplainings, interrupciones, y esas cosas de las que muchas veces vosotras sois más conscientes que nosotros, también&#8230;</p>
<p>Con el tiempo empiezo ser consciente también de que disfruto de ciertos privilegios que tengo por el simple hecho de ser hombre, y que si fuera mujer la situación sería diferente. Desde cosas más obvias como, por ejemplo, poder caminar solo por la calle a ciertas horas y no sentir miedo; sentir que se te respeta más por el hecho de ser hombre. Por supuesto, tener más oportunidades laborales o menos condicionantes por el hecho de ser hombre. Que se me haga más caso. Porque soy hombre. Esto es alucinante; incluso, por ejemplo, a nivel familiar, si yo digo una cosa sé que se tiene más en cuenta que si lo dice mi mujer. Podemos decir lo mismo, pero la respuesta es diferente en función de quien lo haya dicho.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Son muchos privilegios, desde cosas más micro hasta cosas más estructurales. Por ejemplo, a mi nadie me pide explicaciones de “dónde me he dejado a los niños” cuando hago planes sin ellos. Ya sea por irme a trabajar o estando en la cola del supermercado. No tengo que dar esas explicaciones. Si fuera mujer, se me estaría juzgando constantemente si hiciera una cosa o la contraria. Yo sé que disfruto de una especie de carta blanca por la que, haga lo que haga, está bien. Porque soy hombre. Por ejemplo: que trabajo menos para estar más con mis hijos: soy un padrazo. Que trabajo más para llevar más dinero a casa: también soy un padrazo. Al revés esto no pasa. Más bien al contrario. Ellas sí trabajan mucho, mal, porque no están con sus hijos. Si trabajan poco, mal también, porque podían esforzarse más. Y si “no trabajan” (fuera de casa, se entiende), esto esta fatal, porque es casi como una herejía, porque como se les ocurre, hacer algo así en el siglo XXI.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y claro, esto también se extiende al ámbito laboral; muchas veces hablo sobre educar en igualdad, corresponsabilidad y temas relacionados. Y es un poco como “wooow, fíjate qué razón tiene, qué mensaje más acertado”. A ver, que digo lo mismo que dicen un montón de mujeres, pero que se me escuche más a mi, en realidad es otro de mis privilegios por el hecho de ser hombre. Y es algo que no deja de generarme cierta contradicción interna: ¿me estoy aprovechando de ese privilegio? Pues no estoy seguro. Quizá. Aunque el mensaje sea razonable, es bastante triste que se me escuche más por el simple hecho de ser hombre, ¿no? Esto es algo que he hablado muchas veces con Laura Baena, la malamadre jefa, cuando me dice que “soy un referente”. Y yo siempre le digo que no soy un referente de nada, pero ella insiste en que es importante que haya hombres que lancen estos mensajes. Lo entiendo, estoy de acuerdo, pero también sé que hay muchísimas mujeres con más conocimientos sobre estos temas, que tendrían mucho que decir, y a las que quizá no se les presta la atención que merecen.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Entonces, cuando hablamos de estos temas, surge el concepto de las “nuevas masculinidades” para hablar de esos hombres corresponsables, que no abusan de sus privilegios, que se alinean con la lucha feminista, que son respetuosos con las mujeres&#8230; No recuerdo quien lo dijo, alguien random por twitter, pero me gustó cómo lo expresó; decía algo así como “por qué llamamos nuevas masculinidades a, simplemente, no ser un gilipollas”. Y estoy muy de acuerdo. No es necesario poner una etiqueta para describir algo que a estas alturas, debería ser ya normal.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Entonces, por todos estos motivos, cada vez me siento menos cómodo describiéndome como feminista, y cada vez lo hago menos. Porque veo que aún tengo actitudes machistas, porque entiendo que declararme feminista no es suficiente, porque entiendo que tengo camino aún por delante. Y porque entiendo que los hombres no podemos ser los protagonistas de esa lucha. Podemos ser actores secundarios, aliados del feminismo, pero no acaparar, como de normal, el espacio público. Apoyar sí, pero de manera más discreta y respetuosa con una lucha que no es nuestra. Si acaso es de todos, pero no puede ser “nuestra” de los hombres.</p>
<p>En fin, que tenía mis dudas respecto a si hacer este vídeo o no; porque por un lado me apetecía explicar esta contradicción que siento, pero por otro no deja de ser más de lo mismo, un señoro hablando de un tema sobre el que igual calladito estaba más guapo. Pero también pienso que en realidad, este vídeo no es tanto para vosotras como para vosotros. Para que tomemos conciencia de la necesidad de cambiar un poco la actitud, de empezar a ser más conscientes de los estereotipos en los que todavía caemos y, de los privilegios de los que seguimos disfrutando. Si eres mujer y te encaja lo que digo, agradezco que hayas aguantado hasta el final del vídeo. Y si eres hombre y te molestan estas palabras, probablemente sea porque tenga algo de razón, ¿no?<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
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		<title>Pandemia y relaciones sociales: cómo gestionar los conflictos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Feb 2021 08:00:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Si ya de por sí las relaciones sociales son complejas, ahora con las dificultades que entraña la pandemia lo son mucho más, y conseguir mantener la calma o incluso la cordialidad con familia o amigos, a veces, resulta bastante complicado. ¿Os ha pasado? Vamos a verlo. Nos esta tocando vivir una época muy loca. Algún [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si ya de por sí las <a href="https://www.albertosoler.es/el-experimento-de-solomon-asch-sobre-la-conformidad-eres-influenciable-por-los-demas/" data-wpel-link="internal">relaciones sociales</a> son complejas, ahora con las dificultades que entraña la pandemia lo son mucho más, y conseguir mantener la calma o incluso la cordialidad con familia o amigos, a veces, resulta bastante complicado. ¿Os ha pasado? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="BRNx9hcQBt4XXdZLCiG7Gv9eHlhnkcVqO6zkATUgeRKgEvYK5i1FQumaodZyOJq2j36zWN302jmyJlEb7C"><iframe title="Consejos para manejar conflictos con amistades por la pandemia covid 19" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/VQQ-rjYFag4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Nos esta tocando <a href="https://www.albertosoler.es/coronavirus-afrontar-situacion/" data-wpel-link="internal">vivir una época muy loca</a>. Algún día recordaremos con extrañeza aquellos meses en los que teníamos que contar las sillas que poníamos a la mesa porque no podíamos juntarnos más de equis personas, aquella Navidad que no compartimos con nuestra familia para evitar contagios, o el estar mirando el reloj de reojo porque había toque de queda y no podíamos andar por la calle sin motivo. Bueno, eso lo recordaremos algunos, otros se están pasando las recomendaciones sanitarias por el forro, y en parte por eso estamos como estamos. Pero bueno, no quiero seguir por ahí que me caliento&#8230;<br />
Pongámonos en una situación sencilla, en la que quedas para tomar un café con un amigo. Quizá para ti hace frío y prefieres estar dentro de la cafetería, pero es que a lo mejor la otra persona no se siente nada cómoda en un interior sin ventilar. O quizá os sentáis fuera, y nada más llegar te quitas la mascarilla antes siquiera de que llegue el camarero, porque sientes que por estar sentado en una terraza ya estás “en mare». O puede que vayáis los dos con mascarilla, y uno se la aparte solo para beber el café, y se la vuelva a poner entre trago y trago, y el otro no. Son muchos los gestos que pueden hacer que uno u otro se sientan incómodos en las circunstancias tan raras que estamos viviendo. Por no hablar de situaciones como compartir coche, invitar a alguien a casa, compartir espacio de trabajo, etc. Es difícil&#8230;</p>
<p>Seguro que todos habéis vivido situaciones así durante estos meses de pandemia, en las que al quedar con otras personas, hay pequeños “choques” respecto a la forma de unos y otros de entender qué es lo que toca o no toca hacer.</p>
<p>Partimos de la base de que tenemos unas recomendaciones oficiales, las cuales van cambiando en función del momento de la pandemia. No era lo mismo marzo o abril, que verano, o que ahora. Aunque las medidas básicas son las mismas desde el principio de toda esta historia, y seguirán: lavado de manos, distancia y mascarilla. Un mínimo que siempre se debería cumplir es el de cero contactos entre no convenientes sin mascarilla.<br />
Pero independientemente de las recomendaciones, luego está la lectura particular que hace cada uno. Hay personas para las que esas recomendaciones son exageradas y consideran que pueden asumir más riesgos, y hay personas que consideran que esas recomendaciones se quedan cortas y no quieren asumir ningún riesgo. El tema es ese. Que cada persona es distinta, y los agobios de unos no son compartidos necesariamente por los demás.</p>
<h2>El problema de las relaciones sociales en pandemia</h2>
<p>¿El problema? Que estemos en un grupo u otro, estamos obligados a relacionarnos con los que piensan como nosotros y con los que no. Porque son nuestros amigos, nuestros familiares, nuestros compañeros de trabajo, etc. Bueno, obligados tampoco estamos en todas las circunstancias. Y esa sería una primera medida a tomar: si no te sientes cómodo con la forma que tienen de comportarse algunos familiares o amigos, minimiza el contacto, al menos durante una temporada. Porque de lo que estamos hablando es de la salud, quizá hasta de la vida y la muerte. La suya y la tuya. Ahora mismo es demasiado arriesgado relacionarte con personas que asumen tantos riesgos. Porque entonces, esos riesgos que asumen ellos, también los estás asumiendo tú. Y contigo tu familia y demás seres queridos.</p>
<h2>¿Por qué inclumplen las recomendaciones?</h2>
<p>Empecemos por estas personas, quienes consideran las recomendaciones exageradas y asumen muchos riesgos. A mí, personalmente, es algo que me irrita y me enfada muchísimo, que ya vamos para un año de pandemia&#8230; Pero bueno. ¿Por qué actúan así? No todos lo hacen por los mismos motivos. Algunos, pocos, por desconocimiento. Hay personas que no acaban de comprender realmente la situación en la que nos encontramos y por qué debemos actuar como nos recomiendan, y por ese desconocimiento actúan de manera imprudente. Insisto, son pocos, pero honestamente, creo que se podría haber hecho mucha mejor pedagogía y haberse explicado mejor todo esto. Porque es imposible hacerlo todo bien y todos podemos tener un despiste en algún momento. En plan: salgo alegremente sin mascarilla y de repente me doy cuenta&#8230;<br />
Pero también hay otros que no es que no tengan información, están informados, puede que incluso muy informados, pero en realidad lo que están es mal informados: personas que han leído mucho, se han “informado” mucho, pero de fuentes erróneas. Creen que solo ellos han accedido a “la verdad” y que el resto de la sociedad somos unas “marionetas en manos del poder establecido”, que estamos siendo manipuladas por los poderosos para creer en una “pandemia imaginaria”, ficticia, o al menos planificada; con muertos imaginarios o al menos, con los números muy inflados; para así establecer un nuevo orden mundial de la mano de Bill Gates, Soros o la OMS, “no como ahora, que manda el gremio de zapateros”, que decía alguien por twitter.</p>
<p>Aunque a algunos todo esto os suene muy raro, tristemente hay mucha gente con estas ideas. Estas personas, en contra de lo que creen, son las que están siendo manipuladas. Están esperando el “despertar de la gente”, pero quizá quienes despierten sean ellos&#8230; en una UCI. El tema es que no solo se ponen en riesgo a ellos mismos, sino también a todos los demás.</p>
<p>Por supuesto, estos no son los únicos motivos. Hay muchos más: motivos políticos, económicos, la rebeldía típica de algunas etapas de la vida&#8230; Pero independientemente del motivo, hay algunos errores comunes, que comete mucha gente y les lleva a asumir riesgos innecesarios. Por ejemplo, uno muy frecuente es confundir la confianza, la amistad o la familiaridad con la ausencia de peligro. Esto es, que si somos muy amigos y nos llevamos muy bien, nos podemos quitar la mascarilla, no guardar la distancia, y aquí no pasa nada. Aunque a veces parece que se nos olvide, obviamente, el virus no entiende de amistad o confianza. Es normal que esto ocurra, porque cuando estamos con nuestras personas de confianza, nos relajamos y podemos bajar la guardia. Pero tenemos que recordar que estamos en medio de una pandemia, de hecho quizá ahora estemos en el peor momento, y que sí hay alguien con quien no deberíamos bajar la guardia, es precisamente con nuestros seres queridos.</p>
<p>Otro motivo por el que algunas personas actúan de manera imprudente es pensar que toda esta situación les afecta más que a los demás, y por eso se sienten legitimados a actuar de modo distinto. Porque son TAN especiales que las medidas que valen para todos no les valen a ellos. Estas personas sufren más que el resto por llevar mascarilla, como si a los demás no les agobiara. Sufren más por no ver a sus familiares. Como si al resto nos diera igual. Sufren más por no poder viajar. Como si el resto fuéramos setas. Lo siento, pero no, esta pandemia afecta a todos. Desde los más ancianos a los más pequeños. Hay niños que desde que han nacido no saben lo que es salir a la calle y ver a la gente sin mascarilla. Hay ancianos que llevan encerrados en sus residencias meses, sin poder salir, y con las visitas muy muy restringidas. Meses. Por favor, un poco de empatía.<br />
Sé que hay gente que por motivos médicos está exenta de llevar mascarilla o de algunas otras limitaciones, pero ya entendéis que no me refiero a estos casos excepcionales.<br />
Un motivo relacionado, y que cada vez es más frecuente, es el agotamiento y la rebeldía. Llevamos muchos meses de restricciones y la mayoría ya estamos cansadas. Fatiga pandémica, lo llaman&#8230; Por eso, algunos se sienten legitimados para incumplir las recomendaciones. Pero vuelvo a lo mismo. Que todos llevamos el mismo tiempo. Todos estamos cansados, pero no podemos bajar la guardia ahora. Nuestros sanitarios están ya desesperados. No saben ya cómo decírnoslo. Por favor, un poco de Empatía.</p>
<h2>¿Cómo relacionarnos en pandemia?</h2>
<p>Entonces, ¿cómo relacionarnos con el resto del mundo en un momento tan complicado como este? Pues poco. Relacionándonos poco, que en eso consisten las medidas. Al menos de manera presencial. Si hay personas cercanas que actúan de modo imprudente, no trates de convencerlas. Estarás malgastando tu energía. Si un año de monotema y de repetir las cosas por activa y por pasiva no han logrado que cambie su forma de ver las cosas, no lo vas a conseguir tú. Por lo tanto, limita temporalmente el contacto con esas personas. Al menos hasta cuando relacionarte con ellas de nuevo no te ponga a ti y a los tuyos en peligro.</p>
<p>Si decides tener contacto con esa persona, o si no puedes evitarlo, al menos no bajes la guardia. Más bien al contrario: aumenta tus medidas de protección. Emplea una mascarilla que te proteja mejor, mantén más la distancia, evita interiores, evita quedar para comer o cenar, reduce el tiempo de contacto, lávate con frecuencia las manos y cuando llegues a casa haz una hoguera toda la ropa que llevaras puesta. Bueno, eso no es necesario. Pero ya me entiendes.</p>
<p>Y en el muy poco probable caso de que hayas llegado a este punto y que seas tú una de esas personas que se toma todo esto a la ligera, hazte una pregunta: ¿qué pasaría si todos actuáramos como tú? Probablemente tú puedas estar comportándote como lo haces porque estás aprovechándote de las medidas de protección que respetan los demás. Trata de ser más solidario y empático. Te recuerdo que esto nos afecta a todos. Y, en todo caso, ante la duda de quién debería cambiar su forma de comportarse, trata de respetar siempre el punto de vista más conservador. Porque esto va de conservar vidas&#8230; En esta situación, quien menos riesgo asume, es quien mejor lo hace.<br />
En resumen: que esta situación ya cansa, pero nos cansa a todos (aunque obviamente no estamos todos en la misma situación). Espero que esto os ayude a tomar alguna decisión en lo que queda de pandemia y, si con este vídeo, al menos conseguimos que UNA persona se tome todo esto un poco más en serio, ya habrá merecido la pena el artículo. Aunque tengo mis dudas, la verdad&#8230;</p>
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"<u><b><a href="http://amzn.to/2kpqBtW" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Hijos y padres felices</a></b></u>" (Ed. Kailas, 2017) es nuestro libro sobre crianza centrado en la etapa 0 a 3 años: apego, lactancia, alimentación, sueño y colecho, rabietas, límites, premios y castigos, movimiento libre, retirada del pañal… Aquí abordamos gran parte de lo que ocurre durante los primeros años de vida de los niños. 

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		<title>Sonambulismo: qué hacer y qué evitar durante estos episodios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Dec 2020 08:00:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estáis tan tranquilos por la noche, con los niños dormidos, escucháis un ruido y resulta que es alguno de vuestros hijos que se ha levantado y ha empezado a hacer “cosas raras” por la casa. ¿Os ha pasado alguna vez? Puede tratarse de un episodio de sonambulismo. Algo bastante frecuente y que suele alarmar mucho [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Estáis tan tranquilos por la noche, con los niños dormidos, escucháis un ruido y resulta que es alguno de vuestros hijos que se ha levantado y ha empezado a hacer “cosas raras” por la casa. ¿Os ha pasado alguna vez? Puede tratarse de un episodio de <strong>sonambulismo</strong>. Algo bastante frecuente y que suele alarmar mucho a los padres. Hoy le dedicamos el vídeo a estos “sustitos nocturnos” que nos dan a veces los peques.</p>
<p><span class="hIarnjNbmxP9TtPYbTJCHzXZ1SeGWGnBzDAMIC0iFLVWKX38qwdxpluJu7kDRsj5v4R"><iframe title="Sonambulismo: ¿qué hacer y qué NO hacer?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/-QA1VpVCKdg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>¿Qué es el sonambulismo?</h2>
<p>Pues bien, el sonambulismo es un trastorno que ocurre durante el sueño no REM y pertenece al grupo de las parasomnias, una serie de fenómenos en los que se entremezclan el sueño y la vigilia, haciendo evidente que no son dos cosas tan diferentes sino parte de un contínuo.En un episodio de sonambulismo la persona se levanta de la cama y camina durante el sueño, tiene la mirada fija, es insensible a los esfuerzos de otras personas por comunicarse con él o ella, es muy difícil despertarle y una vez pasa esto, la persona no recuerda nada de lo que ha pasado.</p>
<p>Lo primero que habría que decir para tranquilizar a los padres es que no es lo mismo un episodio de sonambulismo que un trastorno del sueño con sonambulismo. Para hablar de trastorno tendríamos que hablar de episodios repetidos en los que el individuo se levanta de la cama y camina durante el sueño, tiene la mirada fija, es insensible a los esfuerzos de otras personas por comunicarse con él o ella y es muy difícil despertarle. Después del episodio, normalmente no hay un recuerdo de los sueños ni de lo ocurrido. Para hablar de trastorno el problema tiene que tener consecuencias como malestar o deterioro en áreas importantes. Es decir, no es lo mismo presentar algún episodio aislado a que esto ocurra de manera repetida y con consecuencias negativas para la persona o su entorno. Para hablar de un trastorno estos episodios tendrían que causar un malestar o deterioro en áreas importantes del funcionamiento de la persona. Es decir, la gravedad vendría más de las consecuencias de estos episodios que por la frecuencia de los mismos. Para que os hagáis una idea de lo frecuente que es, entre un 10 y un 30% de niños han tenido algún episodio de sonambulismo, es decir, que es algo que ocurre bastante. De hecho, estos trastornos son más frecuencia en la infancia y disminuyen con la edad, situándose el pico entre los 7 y los 12 años.</p>
<p>Estos episodios como decíamos, ocurren durante el periodo no REM del sueño, frecuentemente durante el sueño de ondas lentas, por lo que habitualmente suelen presentarse durante el primer tercio de la noche. Normalmente duran pocos minutos, aunque pueden llegar a alargarse hasta una hora. Durante el episodio los ojos están normalmente abiertos, aunque la persona suele tener la mirada perdida. En realidad no ven, y suelen pensar que están en un sitio diferente al que están en realidad. La persona sonámbula tienen un menor estado de alerta y es insensible a los esfuerzos de otras personas para despertarle. Algo bueno es que, una vez se cansan de hacer lo que consideraran que tenían que hacer, suelen volver a la cama por iniciativa propia y al día siguiente no recuerdan nada (aunque los adultos a veces recuerdan vagamente lo ocurrido). De todas formas, si se despiertan tampoco es que sea nada grave, simplemente puede haber un breve periodo de confusión, pero luego recuperan la función cognitiva y su conducta normal.</p>
<p>Durante estos episodios pueden pasar muchas cosas… la cosa puede quedarse simplemente en que la persona se levanta de la cama, mira a un lado y al otro, se tapa con la sábana y sigue durmiendo, o puede ir a más y quizá se levantan, caminan, abren puertas, cajones, salen de la habitación, de casa o incluso del edificio… pueden comer, beber, hablar, ir al baño… y, ojo a esto, se han descrito episodios en los que algunas personas incluso llegan a conducir su coche (con el peligro que esto supone!). Hay incluso quien baila mejor que cuando están despiertos, quizá porque están menos inhibidos… Una cosa que es frecuente son las, digamos conductas inapropiadas como por ejemplo orinar en lugares inadecuados, como una papelera, un armario, en el salón… Y claro, como os imaginaréis, cuando la cosa queda en esto, pues suele dar lugar a mucha broma y mucho cachondeo…</p>
<p>Hay dos formas especiales en las que se puede presentar el sonambulismo: que es cuando se da con conducta alimentaria relacionada con el sueño, o con comportamiento sexual relacionado con el sueño. Como lo oís!! Hay gente que come o incluso tiene comportamientos sexuales durante estos episodios. Estas formas especiales, que así contadas nos pueden dar mucha risa, de hecho pueden ser más problemáticas. Pensad por ejemplo en una persona diabética que come cosas que no debe o en cualquier persona que le de por comer lo primero que se encuentre, sea esto comestible o no… por no hablar de los accidentes en la cocina: cortes, quemaduras… en fin, que así contado puede parecer gracioso, pero a veces esto puede resultar problemático. Y lo mismo con la conducta sexual: cuando se explica esto, a veces parece divertido, pero lo cierto es que puede traer muchos problemas en las relaciones interpersonales o incluso consecuencias legales, como os podéis imaginar…</p>
<p>Pero bueno, como os decía, no es lo mismo un episodio que un trastorno.pero la prevalencia del trastorno se calcula que debe estar entre el 1 y el 5%. De hecho cuando el sonambulismo ocurre por primera vez en adultos sin historia previa, se debería buscar si algún trastorno lo estuviera produciendo como un problema de apnea obstructiva, crisis epilépticas o los efectos de algún medicamento, ya que no es habitual que los episodios comiencen tan tarde.</p>
<h2>¿Qué hacer en estos episodios?</h2>
<p>Vale, muy bien, ya sabemos qué es el sonambulismo, pero vayamos a lo que más interesa: si encuentro a mi hijo por la noche “de excursión” dormido ¿qué hago?  Pues bien, si esto se da de manera puntual y sin consecuencias, no tendríamos que preocuparnos, pero si se convierte en algo frecuentes, si generan problemas en la familia o si estamos muy preocupados, podemos consultarle al pediatra. Sin embargo, el sonambulismo no se cura, más bien se controla y tiende a superarse con la edad . En casos problemáticos se pueden proponer intervenciones conductuales o farmacológicas, aunque esto no es lo más habitual.</p>
<p>Se ha visto que tanto el sonambulismo como los terrores nocturnos, otro trastorno de la fase no REM del sueño, están relacionados con la privación de sueño, alteraciones del horario de sueño-vigilia, la fatiga, el estrés, el uso de sedantes o incluso la fiebre. Así que lo primero sería revisar todo eso: ¿está descansando lo suficiente el niño?, ¿puede ser que esté demasiado estresado?, ¿ha habido muchos cambios últimamente que pudieran explicarlo?, ¿hay mucha tensión en casa?, ¿qué podemos hacer para ayudar al niño en este sentido? Revisando estos puntos y haciendo algunas modificaciones en este sentido, muchas veces es más que suficiente para que las noches vuelvan a ser más tranquilas. Vamos, que no tenemos que poner el foco tanto en la noche como en el resto del día.</p>
<p>También puede venir bien revisar las rutinas previas al sueño, tratar de ser regulares en los horarios y acabar los días de forma progresiva, bajando la intensidad de actividad y estímulos. También ayudan otras cosas como poder relajarnos antes de ir a dormir con música y/o cuentos, no beber demasiado por la noche y no olvidar hacer el pipí de antes de dormir.<br />
Pero los factores ambientales no son los únicos. De hecho en estos trastornos suele haber una historia familiar de sonambulismo o terrores nocturnos hasta en un 80% de los casos de sonambulismo, y la probabilidad de tener episodios de sonambulismo aumenta hasta el 60% en los niños cuando ambos padres tienen antecedentes del trastorno, así que hay una parte genética importante en todo esto…</p>
<p>¿Qué más podemos hacer? Si sabemos que en nuestra casa hay personas con episodios de sonambulismo, tenemos que ir con cuidado y despejar habitaciones y pasillos de obstáculos con los que pudieran tropezar: cuidado con los juguetes o con muebles pequeños que puedan dejar los niños por medio). Mucho mucho cuidado con balcones, ventanas y escaleras, siempre protegidas con vallas de seguridad y recordad cerrar con llave la puerta de casa.</p>
<p>Si os encontráis a vuestro peque “de excursión por la noche” mejor no le despertéis, no porque le vaya a pasar nada sino porque a veces se llevan mucho susto y se ven muy desorientados. Suele ser mejor guiarle con delicadeza hasta la cama, arroparle y con suerte continuará durmiendo como si nada hasta la mañana siguiente.</p>
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<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank"><img decoding="async" style="border-width: 0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a> Este artículo, escrito por <a href="http://www.albertosoler.es/" rel="cc:attributionURL" data-wpel-link="internal">Alberto Soler Sarrió</a> se encuentra bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.</div></div>
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		<title>Nuevo taller on line: Cambiar nosotros para acompañarles mejor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Dec 2020 14:45:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué es lo más importante que una madre o padre puede hacer para ayudar a sus hijos a salir adelante y sentirse a gusto en el mundo? Es una pregunta sencilla pero crucial en la crianza de los hijos y aunque no existe una fórmula mágica, sí que hay cosas que podemos hacer como padres. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué es lo más importante que una madre o padre puede hacer para ayudar a sus hijos a salir adelante y sentirse a gusto en el mundo? Es una pregunta sencilla pero crucial en la crianza de los hijos y aunque no existe una fórmula mágica, sí que hay cosas que podemos hacer como padres.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-6511" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0.png" alt="" width="2048" height="2048" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0.png 2048w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-300x300.png 300w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-100x100.png 100w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-600x600.png 600w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-1024x1024.png 1024w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-150x150.png 150w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-768x768.png 768w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/12/OverPage-0-1536x1536.png 1536w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /></p>
<p>Una de ellas es <strong>la presencia</strong>.</p>
<p>Debemos estar presentes en la vida de nuestros hijos, sin apoderarnos de ella y sin dejar tanto espacio que ni nos perciban.</p>
<p>En este taller te explicaremos las claves para lograrlo, con ejemplos prácticos del día a día, y escuchando las dificultades que os encontráis al aplicarlo. Un taller con el que aumentarás tu confianza en la forma de criar a tus hijos, tengan la edad que tengan.</p>
<p>Si quieres saber qué eso de la presencia y estar presentes, y cómo influye todo esto en los hijos para que sean felices, estén sanos, tengan éxito en la vida y en las relaciones personales, este es tu taller.</p>
<p><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f5d3.png" alt="🗓" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /><strong> Fecha y hora:</strong> sábado 19 de diciembre, de 18:00 a 20:00 hora española peninsular (09:00 en Los Angeles, 11:00 en México DF, Quito o Lima, 12:00 en Caracas o New York)</p>
<p><strong><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f4cd.png" alt="📍" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />Lugar:</strong> On line. Lo podrás ver en directo, y también acceder a la grabación de manera privada durante toda la semana posterior a su realización.</p>
<p><strong><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f5a5.png" alt="🖥" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> Plataforma:</strong> Facebook. Una vez confirmado el pago, recibirás la invitación para unirte a un grupo privado, en el que se realizará el directo. Una vez finalizado, dispondrás de toda una semana para volver a verlo en diferido tantas veces como quieras.</p>
<p><strong><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f4b6.png" alt="💶" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> Precio:</strong> 15€.</p>
<p><strong><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f64b-200d-2642-fe0f.png" alt="🙋‍♂️" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> Inscripción:</strong> para reservar tu plaza debes escribirnos un correo electrónico a la dirección <a href="charlas@albertosoler.es" data-wpel-link="internal">charlas@albertosoler.es</a> indicando en el asunto «Inscripción taller presencia», y proporcionarnos la siguiente información: nombre completo, correo electrónico y país / ciudad de residencia. Te responderemos a esa misma dirección con todos los detalles para finalizar tu inscripción.</p>
<p><strong><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f399.png" alt="🎙" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> Imparte:</strong> Nuria Gallego &#8211; Psicóloga colegiada CV-13811.</p>
<p><strong><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/26a0.png" alt="⚠" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />PLAZAS LIMITADAS<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/26a0.png" alt="⚠" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>
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		<title>Entrevista en El País: Niños sin Etiquetas</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/entrevista-en-el-pais-ninos-sin-etiquetas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2020 13:29:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¡Estamos de estreno! Hoy publicamos nuestro segundo libro, «Niños sin etiquetas«, y desde El País se han interesado en hacernos una entrevista. En esta entrevista hablamos de gran cantidad de temas, muchos de ellos relacionados con nuestro nuevo libro y, como no, con la situación de pandemia que estamos atravesando. En la era postcoronavirus, expresiones [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¡Estamos de estreno! Hoy publicamos nuestro segundo libro, «<a href="https://amzn.to/3d7uGKb" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Niños sin etiquetas</a>«, y desde El País se han interesado en hacernos una entrevista. En esta entrevista hablamos de gran cantidad de temas, muchos de ellos relacionados con nuestro nuevo libro y, como no, con la situación de pandemia que estamos atravesando.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-6367" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/06/IMG_0173.jpeg" alt="" width="1668" height="1140" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/06/IMG_0173.jpeg 1668w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/06/IMG_0173-600x410.jpeg 600w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2020/06/IMG_0173-1536x1050.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 1668px) 100vw, 1668px" /></p>
<p>En la era postcoronavirus, expresiones como “yo a tu edad” o “en mis tiempos” como modelos de educación ya no se podrán aplicar a los niños de hoy, porque el mundo ha cambiado en cuestión de meses. Sin embargo, algunos estereotipos y enseñanzas transmitidas de generación en generación también están a tiempo de cambiar. Los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger publican <a href="https://amzn.to/3d7uGKb" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Niños sin etiquetas (Paidós)</a> como llamada de atención a las familias y al modelo de educación. Soler recomienda alejarse de etiquetas como “niños tiranos, desobedientes, celosos, princesas y guerreros”, porque si se repite mil veces una idea, el niño acabará creyéndola y actuando en consecuencia.</p>
<p><strong> </strong><br />
<strong>Pregunta. Educamos a los hijos como nos han educado y no como nos gustaría. ¿Qué deberíamos cambiar?</strong></p>
<p><strong>Respuesta</strong>. Un primer paso sería tomar conciencia sobre cómo nos comportamos con los niños. A veces, cuando se dan situaciones que requieren más de nosotros, en las que bajamos la guardia, conectamos el piloto automático y hacemos lo que han hecho con nosotros. No solo nuestros padres, sino la sociedad, la publicidad, incluso los programas de televisión con modelos de educación basados en estereotipos, premios y castigos. Las formas importan y mucho, y ser respetuoso con los niños, atender sus necesidades y distinguirlas de los caprichos, no es incompatible con establecer normas y límites. El cambio está en nuestra forma de relacionarnos con ellos y deshacernos de esas formas de educar aprendidas.</p>
<p>¿Quieres seguir leyendo la entrevista? <a href="https://elpais.com/elpais/2020/06/09/mamas_papas/1591682488_052344.html" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Puedes hacerlo en la web de El País. </a></p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/entrevista-en-el-pais-ninos-sin-etiquetas/" data-wpel-link="internal">Entrevista en El País: Niños sin Etiquetas</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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		<title>La falacia de la catarsis o el derecho a la pataleta: ¿sirve, o no sirve?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2020 18:30:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una creencia muy extendida de que cuando estamos enfadados o de mal humor (y ahora mismo hay mucha gente enfadada), lo mejor que podemos hacer es descontrolarnos: despotricar bien despotricado, soltar sapos y culebras por la boca, explotar si hay que explotar… y eso pille a quien pille y pese a quien pese. Porque [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay una creencia muy extendida de que cuando estamos enfadados o de mal humor (y ahora mismo hay mucha gente enfadada), lo mejor que podemos hacer es descontrolarnos: despotricar bien despotricado, soltar sapos y culebras por la boca, explotar si hay que explotar… y eso pille a quien pille y pese a quien pese. Porque oye, “aún nos queda el derecho a la pataleta”, ¿no? y así al menos nos quedamos bien a gusto. ¿Os parece una buena idea? Pues quizá no lo es tanto. Hoy hablamos de <strong>la falacia de la catarsis</strong>:</p>
<p><span class="wdzFgBsOfu2Yx07n9givQCwHTe1XSAZ4IKteRWANjp9FJNkY1J82UHa6RxyLG3sumorfW035CUd5bESLkiqVTmP"><iframe title="La falacia de la catarsis, o el derecho la pataleta" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/VxrmVYwN1sw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este vídeo vamos a hablar de la “falacia de la catarsis” o como suele decirse en lenguaje llano, del “derecho a la pataleta”. Y es que, como decíamos, hay una creencia muy extendida de que cuando estamos enfadados o de mal humor, lo mejor que podemos hacer es descontrolarnos y dar rienda suelta a ese enfado, sacarlo bien sacado, ni reprimirlo ni controlarlo. Que salga todo…</p>
<h2>La falacia de la catarsis</h2>
<p>Y es que pensamos que la catarsis, el hecho de <a href="https://www.albertosoler.es/controlar-la-ira-enfado-video/" data-wpel-link="internal">dar rienda suelta a nuestro enfado</a>, es una forma adecuada de manejar la irritación o algo que nos va a ayudar a sentirnos mejor. Pero la realidad es que esto no tiene por qué ser así, y de hecho nos puede acabar acarreando más consecuencias negativas que positivas. A nosotros o a los demás.</p>
<p>Como explica Daniel Goleman, en su famoso libro “La inteligencia emocional”, ya desde los años 50 se sabe, porque se ha comprobado experimentalmente, que <strong>el hecho de airear el enfado no contribuye a mitigarlo</strong>. Hay circunstancias en las que puede estar bien y resultar de utilidad expresar abiertamente nuestro enfado, por ejemplo: cuando se trata de comunicar algo directamente a la persona causante de nuestro enfado, cuando esto sirve para restaurar la autoridad, el derecho o la justicia, o cuando con esa expresión del enfado se consigue cambiar la situación que nos molesta.</p>
<p>Pero una dificultad es lograr expresarnos sin extralimitarnos. Esto es, <a href="https://www.albertosoler.es/la-asertividad-video/" data-wpel-link="internal">siendo asertivos, educados y respetando los derechos de la otra persona</a>. Goleman avisa de que, cuando estamos enfadados, eso de expresarnos sin extralimitarnos es algo más fácil de decir que de hacer debido a “<a href="https://www.albertosoler.es/secuestro-emocional-secuestro-amigdalino-rabietas/" data-wpel-link="internal">la naturaleza altamente inflamable de la ira</a>”. ¿Qué es lo que suele pasar? Pues que a veces queremos decir algo de buenas formas, pero si estamos enfadados es muy fácil pasar de la asertividad a la agresividad. Podríamos decir que si ya están saltando chispas, es fácil que prenda la llama.</p>
<p>Y volviendo al razonamiento de “soltarlo para sentirte mejor”: se ha comprobado que expresar abiertamente el enfado delante de la persona con la que estamos enfadados, no sólo no acorta el mal humor sino que de hecho lo prolonga. Entonces, ¿qué hacemos? La respuesta más eficaz es primero calmarse, para después, en otro momento, desde una posición más serena, poder emplear un tono más asertivo y conciliador. Según Goleman, la mejor manera de gestionar el enfado sería “ni reprimirlo ni dejarnos arrastrar por él”.</p>
<p>Como decía Aristóteles, <em>“enfadarse es fácil, eso lo puede hacer cualquiera. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente no resulta tan sencillo”</em>, por lo que tendremos que practicar, practicar y practicar.<br />
Así que ya sabéis. Si os queréis enfadar, os enfadáis, si lo queréis expresar, pues lo expresáis. No seré yo quien os pretenda quitar este supuesto “derecho a la pataleta”, pero ya sabéis que si lo hacéis para sentiros mejor, quizá no es tan buena idea. Y tened en cuenta que una cosa es expresar lo que os molesta y otra muy distinta es explotar a lo bruto, faltando el respeto o poniéndoos en riesgo a vosotros o a los demás.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/una-persona-agradable-video/" data-wpel-link="internal">Si pensamos un poco en las personas que conviven con nosotros, explotar de manera descontrolada quizá no es la mejor idea</a>. Ni en tiempos de confinamiento ni tampoco en otros momentos. Además de nuestro “derecho a la pataleta” está el derecho de los que nos rodean a “tener la fiesta en paz”. Quizá sea útil cambiar en nuestra mente el discurso del “derecho a la pataleta” por el de la “responsabilidad de dominar nuestro mal humor”, por nosotros mismos, y por quienes nos rodean. Porque es muy pesado convivir con una persona que está siempre enfadada o de mal humor, y seguro que ninguno queremos ser esa persona con la que es complicado vivir.</p>
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		<title>Cómo dejar de repetir las cosas a tus hijos</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/como-dejar-de-repetir-las-cosas-a-tus-hijos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 May 2020 19:00:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué madre, o qué padre, no está cansado de repetir mil veces las mismas cosas a sus hijos? Para vestirse por la mañana, para tomarse el desayuno, para salir de casa, para los deberes, la ducha, la cena, el orden en casa… Muchas familias se quejan de estar repitiendo siempre lo mismo, pero los hijos [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué madre, o qué padre, no está cansado de<strong> repetir mil veces las mismas cosas a sus hijos</strong>? Para vestirse por la mañana, para tomarse el desayuno, para salir de casa, para los deberes, la ducha, la cena, el orden en casa… Muchas familias se quejan de estar repitiendo siempre lo mismo, pero los hijos también están cansados de tener que escuchar siempre las cosas mil veces. Hoy vamos a ver cómo podemos acabar con esta situación.</p>
<p><span class="H00ZOMairiDUC76HLIehZSJwsXNnAOkoUBuvMAgEbB8nVRfEKF5eP6Yc1m9dT8zGXKWLW2DyGq1Ckj4xp4p7JfS"><iframe title="Cómo dejar de repetir las cosas a tus hijos y mejorar el ambiente en casa" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/cyBoj1--11I?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>A ver, que <strong>esto tampoco es algo exclusivo de los niños</strong>. A los adultos también nos tienen que repetir las cosas muchas veces para que hagamos caso: <em>“se recuerda a todos los pasajeros que no está permitido el acceso con…”, “último aviso a los pasajeros del vuelo…”, “les recordamos que no está permitido fumar en estas instalaciones”, “les recordamos que cerraremos nuestras puertas a las….”, “les recordamos que deben desconectar sus móviles”.</em>.. ¡Anda, si resulta que a nosotros también que nos tienen que recordar las cosas mil veces para que hagamos caso! De hecho, hasta los despertadores vienen todos con dos botones: el de apagar y el de repetir, y muchos de nosotros elegimos voluntariamente que nos lo repitan un par de veces antes de despertarnos.</p>
<p><strong>A tu <a href="https://www.albertosoler.es/la-amabilidad-en-la-pareja-cadena-ser/" data-wpel-link="internal">pareja</a>, ¿cuántas veces le has tenido que recordar que coja la basura antes de salir de casa?, ¿o que baje la tapa del WC?</strong>, ¿o que no deje el bolso siempre en ese sitio?</p>
<p>Bueno, creo que no hacen falta más ejemplos para darnos cuenta de que este problema no es exclusivo de los niños; pero, si ni siquiera nosotros hacemos las cosas a la primera, ¿por qué esperamos que ellos sí que lo hagan?</p>
<h2>¿Hacer caso a la primera?</h2>
<p>Quizá, más que buscar <strong><a href="https://www.albertosoler.es/los-peligros-la-obediencia-experimento-milgram/" data-wpel-link="internal">que hagan caso a la primera</a>, lo cual como estamos viendo parece una meta poco realista</strong>, lo que tenemos que tratar de lograr es mejorar el clima en casa, porque de tanto repetir las cosas, al final, acabamos todos enfadados. Seguro que os suena esta secuencia: “la cena ya está lista”, y ni caso; “venga, a cenar”, y nada; “te he dicho que vengas”, y como si oye llover. Y cuando ya estás harta y gritas, entonces va corriendo, pero cenáis todos de morros por haber tenido que llegar a esa situación, y tú preguntándote por qué no te hacen caso si no gritas.</p>
<p>Puede que no te hayas dado cuenta, pero lo cierto es que repites las cosas porque quieres repetirlas. De hecho, cuanto más repites las cosas, más estás favoreciendo que no te hagan caso. Siguiendo el ejemplo anterior, tu hija parece que ha aprendido que antes de las campanadas van los cuartos, ha aprendido a ignorar todos esos “a cenar” porque sabe que solo el grito tiene consecuencias. Repitiendo tanto las cosas le has enseñado a hacer caso solo al grito.</p>
<h2>Deja de repetir las cosas</h2>
<p>De acuerdo, y entonces, ¿qué hago? Aunque te parezca una obviedad, <strong>simplemente, deja de repetir las cosas y comienza a actuar</strong>. Pero ojo, esto no quiere decir que tengas que empezar a actuar mal, a amenazar, a tener una actitud revanchista… no. El objetivo de todo esto es doble: por un lado, <a href="https://www.albertosoler.es/una-persona-agradable-video/" data-wpel-link="internal">mejorar el clima en casa</a> y dejar de aburrirte de repetir siempre lo mismo, y por otro, enseñar a tus hijos que realmente es así como funciona el mundo. Las acciones tienen consecuencias.</p>
<p>Con el ejemplo de la cena podríamos actuar del siguiente modo: damos un primer aviso: <em>“la cena está lista”</em>. Y cuando nos vayamos a sentar a cenar, damos el segundo y último aviso: <em>“bueno, nosotros vamos cenando, cuando quieras vienes. Pero recuerda, que <strong>cuando acabemos se recoge la mesa</strong>”</em>. Y nos ponemos a cenar. Es probable que acabemos de cenar, nos pongamos a recoger, y en ese preciso momento, aparezca él o ella, hecho una furia, porque hemos cenado sin él. <strong>Ese será el momento de recordarle calmadamente, y es muy importante que sea así, que <a href="https://www.albertosoler.es/son-necesarias-las-rutinas-para-dormir/" data-wpel-link="internal">en casa hay un horario</a> que todos tenemos que respetar.</strong> Con esto no estoy diciendo que se tenga que ir con hambre a la cama sin cenar nada, sería un poco excesivo (aunque tampoco sería el fin del mundo). Le podemos ofrecer tomar un vaso de leche con galletas, o una pieza de fruta o algo rápido para que no tenga hambre, pero que sepa que su oportunidad ha pasado.</p>
<p>¿Es esto excesivo? No, no lo es. <strong>Quizá lo excesivo es tener que repetir siempre todo y encima acabar enfadados por lo mismo cada día</strong>. El mundo, realmente, funciona así: a las 9 de la mañana cierran las puertas del cole, a las ocho de la tarde cierra la frutería, existen plazos para presentar papeles, fechas límite… y sabemos que tenemos que cumplirlas, porque si no, hay consecuencias. Lo más importante aquí es transmitir este mensaje pero cuidando mucho las formas y sin que afecte a otras cosas, recordemos que el objetivo es mejorar el clima en casa, no empeorarlo: por eso, aunque no haya acudido a la cena no tiene por qué quedarse sin su cuento de antes de dormir, sin nuestro beso, sin nuestra compañía, etc. Pero la hora de la cena ha acabado. El próximo día sabrá que si quiere cenar, debe hacerlo en la hora de la cena, junto al resto de la familia. Qué triste sería una familia en la que cada uno cenara a una hora distinta, ¿no?</p>
<p>De este modo, realmente,<a href="https://www.albertosoler.es/fomentar-la-autonomia-los-ninos-nuevo-curso-escuela-bitacoras/" data-wpel-link="internal"> estamos trabajando la autonomía</a>: estamos dándole la capacidad para decidir si prefiere seguir jugando (si eso era lo que estaba haciendo) o cenar. Esto se puede aplicar a otras muchas situaciones, pero no a todas; por ejemplo, para salir de casa, con los deberes, etc. El marco en el que tenemos que entender esto es que <strong>en casa tenemos una serie de normas que todos conocemos, entendemos y respetamos. Y todos nos esforzamos para que el clima sea el mejor posible.</strong> Hay ciertas tareas que no podemos hacer hasta que hayamos completado otras, por ejemplo, podremos bajar al parque cuando hayas recogido los juguetes. No te estoy castigando a no bajar al parque, solo te informo de cuál es el orden. Primero recogemos, y luego bajamos al parque.</p>
<p>Lo ideal es que antes de hacer estos cambios, se los expliquemos para que no les pille por sorpresa y realmente puedan elegir cómo quieren hacer las cosas.</p>
<p>Así, como hemos visto, dejar de repetir las cosas no depende tanto de tu hijo como de ti, dejar de repetirte implica empezar a ser firme, a la vez que amable, respetuoso y cariñoso.</p>
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<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank"><img decoding="async" style="border-width: 0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a> Este artículo, escrito por <a href="http://www.albertosoler.es/" rel="cc:attributionURL" data-wpel-link="internal">Alberto Soler Sarrió</a> se encuentra bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.</div></div>
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		<title>La fragilidad de la memoria: por qué no deberías fiarte de ella</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2020 16:30:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ni recuerdas todo lo que ha pasado, ni todo lo que recuerdas en verdad ha sucedido. Hay ciertas cosas que damos por sentadas, porque cuestionarlas nos produce mucha inseguridad. Y una de ellas es la memoria; nuestros recuerdos tienen un papel muy importante en la formación de nuestro autoconcepto, de nuestra propia imagen. Porque, ¿qué [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/la-fragilidad-de-la-memoria-por-que-no-deberias-fiarte-de-ella/" data-wpel-link="internal">La fragilidad de la memoria: por qué no deberías fiarte de ella</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ni recuerdas todo lo que ha pasado, ni todo lo que recuerdas en verdad ha sucedido.<br />
Hay ciertas cosas que damos por sentadas, porque cuestionarlas nos produce mucha inseguridad. Y una de ellas es la memoria; nuestros recuerdos tienen un papel muy importante en la formación de nuestro autoconcepto, de nuestra propia imagen. Porque, ¿qué somos, si no nuestros recuerdos? En base a ellos construimos nuestra identidad y tomamos decisiones. Pero, <strong>¿y si nuestra memoria realmente no fuera tan de fiar?</strong></p>
<p><span class="B8knwxb7nQUJlQXToCH3RIifNhescGPaSg04ELzLX7TvmWipNjR56JM1VUwp3sxgZtEjryG5uzZ8OB"><iframe title="Tú también tienes FALSOS RECUERDOS: así funciona tu memoria." width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/xG9OgGbs8Q0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Distintos tipos de memoria</h2>
<p>Hoy hemos empezado hablando de la memoria “así en general”, pero hay que decir que realmente la memoria es algo más complejo, con <a href="https://www.albertosoler.es/la-historia-de-phineas-gage-que-nos-ensena-del-cerebro/" data-wpel-link="internal">varias estructuras cerebrales implicadas</a>, procesos diferentes, etc. Memoria no hay solo una: tenemos diferentes tipos de memoria, como la memoria sensorial, la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo&#8230; y cada una de estas tiene diferentes divisiones o diferentes memorias, si se quiere llamar así: memoria de trabajo, memoria episódica, semántica, procedimental, declarativa&#8230; vamos, que es algo más complicado que hablar simplemente de “memoria”. Pero bueno, cuando hablamos de memoria, solemos referiremos a lo que se conoce técnicamente como “memoria episódica declarativa”, que es la que contiene la información referida al conocimiento sobre el mundo y sobre las experiencias que cada uno vivimos. Vamos, nuestros recuerdos e información.</p>
<p>Pues bien, <strong>esta memoria de la que tanto solemos fiarnos, en realidad resulta que no es un mecanismo tan infalible como nos gustaría creer</strong>, es una función mental que, durante sus procesos de codificación y descodificación, aplica una serie de reglas y heurísticos que pueden llegar a modificar bastante la imagen que tenemos sobre lo que ocurrió en realidad.</p>
<h2>Tu primer recuerdo es (probablemente) falso</h2>
<p>Por ejemplo, ¿cuál es el primer recuerdo que tenéis? Haced el esfuerzo por buscar en vuestra mente el primer registro que tengáis. ¿Ya? Muy bien. La mayoría tendréis ahora mismo en la mente un recuerdo acerca de algo que vivisteis en vuestra infancia. Hasta aquí todo correcto. Muchos de vosotros, de hecho, recordaréis algo que pasó cuando teníais dos o tres años. O quizá incluso antes. Pues bien, lo siento, si sois de este último grupo, mala noticia: ese recuerdo es falso. <strong>Ninguno de nosotros tenemos recuerdos previos a la edad de dos o tres años, y la mayoría no tenemos recuerdos formados antes de los cuatro o cinco años.</strong></p>
<p>¿Por qué sucede esto? Para entenderlo primero hay que conocer el concepto de “poda neuronal”. <a href="https://www.albertosoler.es/el-experimento-de-los-marshmallows-sus-resultados-no-estan-tan-claros/" data-wpel-link="internal">Desde que nacemos el cerebro se desarrolla a una velocidad vertiginosa</a>. Durante los dos primeros años de vida se crean tantas conexiones neuronales que un bebé de un año tiene más conexiones entre sus neuronas de las que tendrá en ningún otro momento de su vida. Pero esto no es necesariamente bueno. A partir de ese momento se comienzan a eliminar las conexiones neuronales que no son necesarias, las que no se utilizan con mucha frecuencia. Este proceso es la poda neuronal; el cerebro, como un árbol, necesita de esa poda para poder crecer sano. Y precisamente en ese proceso de poda se eliminan muchos de los recuerdos episódicos que habíamos creado durante esos años.</p>
<p>Muchos creemos tener recuerdos de esas edades, pero en realidad esos recuerdos realmente no los “grabamos” en aquel momento, sino que los hemos registrado mucho más tarde en la vida en base a relatos que nos han contado, fotos que hemos visto, vídeos&#8230; Y muchos estaréis pensando&#8230; ¡pero si yo me acuerdo!! Yaaa, yaaa&#8230; eso es así, pero es que <strong>el cerebro, una vez almacena la información, <a href="https://www.albertosoler.es/queremos-creer-nos-dejamos-enganar-las-pseudociencias-video/" data-wpel-link="internal">no distingue si un recuerdo es real o falso</a>.</strong> Esto da un poco de miedo, porque resulta que eso que jurarías haber vivido, resulta que quizá no lo viviste. Por ejemplo, hay niños que recuerdan perfectamente haber visto a bugs bunny y haberse fotografiado con él cuando fueron a Disneyland de pequeños con sus padres. Pero como comprenderéis en Disneyland no hay personajes de Warner. Lo que ocurre es que somos muy susceptibles a la creación de falsos recuerdos; todos los tenemos, de mayor o menor relevancia, el problema es cuando otras personas se aprovechan de esto para generarnos falsos recuerdos y beneficiarse de ellos. Por ejemplo, en algunos casos puede ocurrir que algún “terapeuta” quiera inducir en los pacientes el falso recuerdo de haber sido abusados o maltratados durante la infancia, para luego ofrecerles tratamiento, en ocasiones durante años, para poder superar estos traumas&#8230;¡negocio redondo!</p>
<p>Esto de los falsos recuerdos se explica porque la memoria no funciona como creemos que lo hace. Tenemos en mente la metáfora de la grabadora y pensamos que nuestro cerebro funciona así, grabando las cosas que ocurren y luego, cuando queremos recordarlas, simplemente accedemos a la “estantería cerebral” donde estaría ese recuerdo, lo cogemos, le damos al play y listo, como quien mete un DVD en el reproductor o abre un libro. Pero realmente no es así. Los estudios sobre funcionamiento de la memoria nos muestran que es un proceso mucho más complejo y activo. Cuando queremos recordar algo, en verdad lo que hacemos es acceder al recuerdo y reconstruirlo de nuevo, influidos por muchos factores: por nuestro estado emocional en el momento de recordarlo, por nuestras expectativas, por la información con la que contemos&#8230; e influidos por todo eso, modificamos este recuerdo. Pues bien, y aquí viene lo interesante, la siguiente vez que vayamos a recordar ese episodio, no recordaremos el registro inicial de cuando aquello ocurrió, sino que accederemos al registro modificado de la última vez que recordamos eso. Y a partir de este recuerdo modificado, crearemos un nuevo recuerdo, todavía más cambiado. Y así sucesivamente. Cuánto más recordamos, más modificamos. Es un poco como el teléfono loco. De hecho, podemos llegar a estar totalmente convencidos de haber vivido algo de una determinada manera y no ser así.</p>
<h2>La memoria es limitada</h2>
<p>Además, <strong>tampoco podemos guardar en la memoria todo lo que nos pasa</strong>; cuando vivimos algo, en función de la relevancia que le asignemos, se grabará o no en la memoria. ¿Y cómo sabe nuestro cerebro si debe guardar algo en la memoria o no? Para decidirlo se hace servir de varias reglas; por ejemplo, recordamos más las cosas que se salen de lo habitual, lo que nos sorprende, las cosas que ocurren al principio o al final de un evento determinado&#8230; y un truco que usa el cerebro para saber si algo nos ha despertado interés y merece ser recordado es la activación de la amígdala, el centro emocional del cerebro. Si se activa la amígdala, es que lo que estamos viviendo es importante y merece ser recordado.</p>
<p>En definitiva, y por no alargarnos más: que la memoria es un proceso complejo, que su forma de funcionar es bastante distinta a como se suele creer y, sobre todo, que es mucho menos fiable de lo que solemos pensar. Muchos de los recuerdos que tenemos, de esos por los que “pondríamos la mano en el fuego”, quizá no ocurrieron como recordamos. O peor de todo, quizá ni siquiera ocurrieron. Da miedo, ¿verdad?</p>
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