Cómo dejar de repetir las cosas a tus hijos

¿Qué madre, o qué padre, no está cansado de repetir mil veces las mismas cosas a sus hijos? Para vestirse por la mañana, para tomarse el desayuno, para salir de casa, para los deberes, la ducha, la cena, el orden en casa… Muchas familias se quejan de estar repitiendo siempre lo mismo, pero los hijos también están cansados de tener que escuchar siempre las cosas mil veces. Hoy vamos a ver cómo podemos acabar con esta situación.

A ver, que esto tampoco es algo exclusivo de los niños. A los adultos también nos tienen que repetir las cosas muchas veces para que hagamos caso: “se recuerda a todos los pasajeros que no está permitido el acceso con…”, “último aviso a los pasajeros del vuelo…”, “les recordamos que no está permitido fumar en estas instalaciones”, “les recordamos que cerraremos nuestras puertas a las….”, “les recordamos que deben desconectar sus móviles”... ¡Anda, si resulta que a nosotros también que nos tienen que recordar las cosas mil veces para que hagamos caso! De hecho, hasta los despertadores vienen todos con dos botones: el de apagar y el de repetir, y muchos de nosotros elegimos voluntariamente que nos lo repitan un par de veces antes de despertarnos.

A tu pareja, ¿cuántas veces le has tenido que recordar que coja la basura antes de salir de casa?, ¿o que baje la tapa del WC?, ¿o que no deje el bolso siempre en ese sitio?

Bueno, creo que no hacen falta más ejemplos para darnos cuenta de que este problema no es exclusivo de los niños; pero, si ni siquiera nosotros hacemos las cosas a la primera, ¿por qué esperamos que ellos sí que lo hagan?

¿Hacer caso a la primera?

Quizá, más que buscar que hagan caso a la primera, lo cual como estamos viendo parece una meta poco realista, lo que tenemos que tratar de lograr es mejorar el clima en casa, porque de tanto repetir las cosas, al final, acabamos todos enfadados. Seguro que os suena esta secuencia: “la cena ya está lista”, y ni caso; “venga, a cenar”, y nada; “te he dicho que vengas”, y como si oye llover. Y cuando ya estás harta y gritas, entonces va corriendo, pero cenáis todos de morros por haber tenido que llegar a esa situación, y tú preguntándote por qué no te hacen caso si no gritas.

Puede que no te hayas dado cuenta, pero lo cierto es que repites las cosas porque quieres repetirlas. De hecho, cuanto más repites las cosas, más estás favoreciendo que no te hagan caso. Siguiendo el ejemplo anterior, tu hija parece que ha aprendido que antes de las campanadas van los cuartos, ha aprendido a ignorar todos esos “a cenar” porque sabe que solo el grito tiene consecuencias. Repitiendo tanto las cosas le has enseñado a hacer caso solo al grito.

Deja de repetir las cosas

De acuerdo, y entonces, ¿qué hago? Aunque te parezca una obviedad, simplemente, deja de repetir las cosas y comienza a actuar. Pero ojo, esto no quiere decir que tengas que empezar a actuar mal, a amenazar, a tener una actitud revanchista… no. El objetivo de todo esto es doble: por un lado, mejorar el clima en casa y dejar de aburrirte de repetir siempre lo mismo, y por otro, enseñar a tus hijos que realmente es así como funciona el mundo. Las acciones tienen consecuencias.

Con el ejemplo de la cena podríamos actuar del siguiente modo: damos un primer aviso: “la cena está lista”. Y cuando nos vayamos a sentar a cenar, damos el segundo y último aviso: “bueno, nosotros vamos cenando, cuando quieras vienes. Pero recuerda, que cuando acabemos se recoge la mesa. Y nos ponemos a cenar. Es probable que acabemos de cenar, nos pongamos a recoger, y en ese preciso momento, aparezca él o ella, hecho una furia, porque hemos cenado sin él. Ese será el momento de recordarle calmadamente, y es muy importante que sea así, que en casa hay un horario que todos tenemos que respetar. Con esto no estoy diciendo que se tenga que ir con hambre a la cama sin cenar nada, sería un poco excesivo (aunque tampoco sería el fin del mundo). Le podemos ofrecer tomar un vaso de leche con galletas, o una pieza de fruta o algo rápido para que no tenga hambre, pero que sepa que su oportunidad ha pasado.

¿Es esto excesivo? No, no lo es. Quizá lo excesivo es tener que repetir siempre todo y encima acabar enfadados por lo mismo cada día. El mundo, realmente, funciona así: a las 9 de la mañana cierran las puertas del cole, a las ocho de la tarde cierra la frutería, existen plazos para presentar papeles, fechas límite… y sabemos que tenemos que cumplirlas, porque si no, hay consecuencias. Lo más importante aquí es transmitir este mensaje pero cuidando mucho las formas y sin que afecte a otras cosas, recordemos que el objetivo es mejorar el clima en casa, no empeorarlo: por eso, aunque no haya acudido a la cena no tiene por qué quedarse sin su cuento de antes de dormir, sin nuestro beso, sin nuestra compañía, etc. Pero la hora de la cena ha acabado. El próximo día sabrá que si quiere cenar, debe hacerlo en la hora de la cena, junto al resto de la familia. Qué triste sería una familia en la que cada uno cenara a una hora distinta, ¿no?

De este modo, realmente, estamos trabajando la autonomía: estamos dándole la capacidad para decidir si prefiere seguir jugando (si eso era lo que estaba haciendo) o cenar. Esto se puede aplicar a otras muchas situaciones, pero no a todas; por ejemplo, para salir de casa, con los deberes, etc. El marco en el que tenemos que entender esto es que en casa tenemos una serie de normas que todos conocemos, entendemos y respetamos. Y todos nos esforzamos para que el clima sea el mejor posible. Hay ciertas tareas que no podemos hacer hasta que hayamos completado otras, por ejemplo, podremos bajar al parque cuando hayas recogido los juguetes. No te estoy castigando a no bajar al parque, solo te informo de cuál es el orden. Primero recogemos, y luego bajamos al parque.

Lo ideal es que antes de hacer estos cambios, se los expliquemos para que no les pille por sorpresa y realmente puedan elegir cómo quieren hacer las cosas.

Así, como hemos visto, dejar de repetir las cosas no depende tanto de tu hijo como de ti, dejar de repetirte implica empezar a ser firme, a la vez que amable, respetuoso y cariñoso.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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