La gente feliz (y agradable) no critica, señala lo positivo

Probablemente todos conozcáis alguien así, o quizá incluso seáis vosotros quienes os comportáis de ese modo. Hay personas que tienen una tasa de críticas descomunal. Lo hacen en el trabajo, en casa, con los amigos, con la familia o con los hijos. ¿Os acodáis de aquellos “padres para los que nunca nada es suficiente”? También pertenecerían a este grupo. Son capaces de sacar punta de todo! ¿Freddie Mercury? ¡Ése no sabía cantar!, ¿La Sagrada Familia? En otro país ya estaría acabada. ¿Un notable? La evaluación anterior sacaste sobresaliente… Pero ¿sabéis qué? Que la gente feliz no critica…

Ya os lo he comentado en otro vídeo, porque es una expresión que me gusta mucho que encierra una gran verdad. Dice algo así como “cuando señalas a alguien con el dedo, los otros tres te apuntan a ti”. Como decíamos en la introducción, hay personas muy críticas, que les cuesta una barbaridad tener un comentario amable o un elogio con los demás, como si al hacerlo se restaran valor a sí mismos. Y quizá algo de eso haya detrás de su conducta. Quizá se trate de un problema de autoestima. Quizá piensen que señalando los defectos ajenos, estos eclipsarán a los propios. Sea cual sea el razonamiento, sí el objetivo es este, o alguno parecido; la verdad es que la estrategia no es muy efectiva, porque esta actitud resulta bastante pesada para las personas a las que les toca aguantar todos estos comentarios negativos. 

La autoestima es un poco puñetera; se suele decir que si la necesitas es que no la tienes, y si la tienes es que no la necesitas. Y las personas a veces nos comportamos de modos extraños para lograr mejorar esa autoestima. Algunos son más constructivos que otros. Hay personas que leen pilas de libros de autoayuda, que van a talleres motivacionales, que acuden a un psicólogo… con el objetivo de sentirse mejor con ellos mismos y mejorar su autoestima. Pero también hay otras formas menos constructivas y mucho más inútiles de sentirnos mejor con nosotros mismos. 

Hay personas que, erróneamente, entienden los elogios (y, de modo indirecto, la autoestima) como si fueran un recurso limitado, esto es, si lo tienes tú no lo tengo yo. Pero en verdad tanto los elogios como la autoestima son de esas cosas que son infinitas, como el cariño, las sonrisas, los abrazos… o como dice la frase esa que se atribuye a Einstein, la estupidez humana…

Como explicábamos antes, lo que también suele haber detrás de esta actitud es el miedo. Miedo a que señalando lo positivo de los demás, éstos se den cuenta de sus limitaciones o carencias. Desde su lógica, si señalan los defectos de los demás, la atención se desplazará a esos errores y ellos se posicionarán como personas competentes, inteligentes y astutas que, no sólo no cometen errores, sino que además son capaces de detectar y señalar los de los demás. ¡Qué haríamos sin ellos!

En el entorno laboral son esas personas para las que parece que el compañerismo no existe, y para que ellos sean buenos, tú debes ser malo. 

En casa son insoportables; en teoría todo lo hacen mejor que los demás, pero a la vez parece que les cuesta mucho subirse las mangas y hacerlo por ellos mismos. Es más fácil criticar que hacer… Señalan con el dedo, sí, pero desde el sofá. Porque hacerlo por ellos mismos implicaría dejar en evidencia que, quizá, ellos también pueden cometer errores. Y su frágil autoestima no sería capaz de soportarlo, ¡ellos, tan implacables con los demás! Como se suele decir en los debates sobre política, “Puño de hierro, mandíbula de cristal…”

Pero especialmente preocupante es el papel que pueden tener en la relación con sus hijos. En su empeño por “educar” señalan todo lo que estos hacen mal, cuando van despeinados, cuando manchan, cuando se salen de la raya al pintar, cuando van encogidos, cuando están de broma y “no toca”, cuando no pueden estarse quietos, cuando no obedecen… pero parece que les cuesta un esfuerzo enorme decir cosas como, sencillamente, “estoy orgulloso de ti”. 

“Hombre, si le digo en qué falla es porque quiero que mejore, sé que es capaz de hacerlo mejor” Alguien debería recordarles que lo que cuenta al final de la película no es “cuánto” quieren a sus hijos, sino el mensaje que les llega a ellos. Seguro que les quieren un montón, pero quizá el mensaje que les llega a los hijos es bastante diferente…

¿Te reconoces en alguno de estos ejemplos? No te preocupes porque todos caemos a veces en este tipo de actitudes. Pero es bueno ser consciente de ello para intentar cambiarlo… Te propongo un cambio de actitud: deja de esforzarte en criticarlo todo, ¡tiene que ser agotador! Probablemente vives en guardia, con miedo a que si dejas de hacerlo se destape el pastel y los demás se den cuenta que tú también eres imperfecto… ¡como todos! Bienvenido al club de quienes nos equivocamos. No te agobies, ¡somos muchos!

Además, te propongo que enfoques tu energía en otro objetivo. En lugar de buscar y señalar lo negativo, ¡hazlo al revés! Esfuérzate por encontrar y destacar lo que te gusta de los demás ¿No sería todo más fácil si todos actuáramos así?

Lo cierto es que todos tenemos aspectos más y menos positivos. Nuestros aciertos y nuestros errores, nuestros puntos fuertes y débiles. Tranquilo, que por lo general cada uno es consciente de sus defectos y no necesita que venga nadie a señalárselos. Muchas veces de lo que somos menos conscientes es justo de nuestros puntos fuertes y virtudes. 

Reconocerlo y darle su merecido valor al otro no te lo va a restar a ti, probablemente al contrario, serás visto como una persona amable capaz de sacar lo positivo de cualquier situación. Una persona con quien los demás quieren estar y compartir su vida, no ese compañero de trabajo, pareja o padre de quien es mejor alejarse para que no nos ladre…

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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