La diferencia entre dolor y sufrimiento | Vídeo

Gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, vivimos en una época en la que parece que no tienen cabida el malestar y el dolor. Y en parte es así, ya que por suerte, al menos en nuestro contexto sumamente privilegiado, no tenemos que enfrentarnos a los grandes desafíos que en otros momentos o lugares ha tenido que hacer frente la humanidad: enfermedades, muerte, guerras, etc.. No obstante, esto nos puede transmitir el mensaje erróneo de que el dolor o el malestar son algo que siempre vamos a poder evitar. ¿Y sabéis lo que ocurre? Que en muchas ocasiones, la negación o evitación del dolor es más dañina que el dolor en sí. Hoy vamos a ver que dolor y sufrimiento no son lo mismo, y que evitar sistemáticamente cualquier malestar nos puede llevar a al sufrimiento, que es algo mucho más profundo y duradero. 

Vivimos en un mundo donde el dolor apenas tiene cabida; se nos transmite que el bienestar consiste en disfrutar de forma inmediata, cuanto más mejor, sin que haya ninguna dificultad ni contratiempo. Hasta el punto que la sociedad actual llega a demonizar el dolor como algo anormal, como algo que no debería existir. ¿Pero cuál es el problema?  Que la constante necesidad de evitar el malestar y la de tener placer inmediato para vivir nos acaban forzando a actuar de un modo que, paradójicamente, no nos deja vivir. Los días se reducen a hacer cosas para que desaparezca el malestar, llegándose a dejar de lado otras acciones que sí tendrían una función vital importante. Esta evitación del dolor, en lugar de solucionar los problemas, los acaba agravando.

¿Y es lo mismo e dolor que el sufrimiento? No. Cuando nos enfrentarnos con situaciones que nos producen malestar o dolor, podemos distinguir entre dos fuentes diferentes de ese malestar: por un lado tendríamos el malestar primario y por otro el malestar secundario. El primario sería aquel que se deriva directamente de la experiencia desagradable, y es muy difícil (por no decir imposible) de evitar (me quitan una muela, se me hincha y me duele). Por otro lado tendríamos el malestar o dolor secundario, que estaría causado por todas esas reacciones que tenemos ante estas experiencias, como por ejemplo, la tensión, ansiedad, pensamientos negativos, etc. (me duele la muela que me han quitado y me siento un desgraciado porque todo me pasa a mí y no hay manera de que me salga algo bien) Este segundo tipo de malestar es el que es verdaderamente dañino y al que llamamos sufrimiento. Sin embargo, la buena noticia es que este malestar secundario sí es evitable, a diferencia del primario. ¿Cómo evitarlo? Aceptando el dolor, aceptando ese malestar primario que no podemos evitar.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.

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