En defensa de las pantallas

No, no… el título de este vídeo no es clickbait. Va en serio, en este vídeo voy a defender el uso de pantallas como parte ya esencial del día a día. Y es que, como pasa con muchas otras cosas, el tema está muy polarizado. Pantallas sí, pantallas no. Y no es tan sencillo. Vamos a verlo.

Os he hablado muchas veces sobre los peligros de exponer de manera temprana a los niños a pantallas, ya sean móviles, tablets, televisión o lo que sea. No me voy a extender en este punto porque ya lo he explicado bastante otras veces y los estudios que han surgido desde entonces no han hecho más que reforzar esta evidencia. Lo haré corto: es mejor evitar de manera absoluta la exposición a pantallas en menores de dos años, y a partir de ahí ser muy comedidos con el tiempo, solo contenidos adaptados a su edad, con supervisión, etc. No es que cumplan dos años y abramos la veda a todo…

Hasta aquí lo que defiendo. Vale que también los mayores a veces nos pasamos con las redes sociales, que descuidamos un poco nuestra privacidad, nos distraemos… pero bueno, ya somos bastante mayorcitos para asumir las consecuencias de nuestros actos. El caso es que afortunadamente cada vez se habla más de este tema y hay un montón de información para educar sobre las bondades de racionalizar el uso de pantallas y medios digitales.

El problema viene cuando nos vamos al otro extremo y de repente las pantallas son el mal, el demonio en persona, y empezamos a lamentarnos por tiempos pasados en los que “todavía nos mirábamos a los ojos”. No exageremos y no generalicemos, que una cosa es ser mal educado y estar mirando al movil en vez de a la persona que tienes delante, y otra que la tecnología sea el mal absoluto.

Una expresión que he visto muchas veces al hablar de la “dependencia” hacia las nuevas tecnologías es algo así como que “hay personas que están tan enganchadas al móvil que si salen de casa sin él, son capaces de dar la vuelta para cogerlo, no pueden seguir sin el teléfono en su bolsillo”. A ver. Sí, puede ser dependencia, pero de ahí a decir que sea algo patológico hay un trecho. Yo mismo soy el primero que si salgo de casa sin el teléfono vuelvo a por él. Aunque esté llegando ya al trabajo. ¿Por qué? Porque ahí tengo mi agenda del día, mis contactos, la forma de comunicarme con mis pacientes, el mapa y las direcciones de donde tengo que dar una charla, billetes y tarjetas de embarque para los viajes, reservas de hoteles, e incluso mis tarjetas de crédito. Por no hablar de los libros que estoy leyendo para el trabajo o la música o los podcast que escucho para distraerme. ¿Qué se espera que haga si me dejo el teléfono en casa, dejo de trabajar?, ¿pinto bisontes en las paredes?, ¿me comunico con los pacientes mediante señales de humo? Sería como decir que “hay gente que si se le estropea el coche es incapaz de llegar a tiempo al trabajo, fíjate lo dependientes que son de su vehículo”. Pues claro, si vives a 30 kms del trabajo, lo tienes crudo si estás sin coche. ¿Dependencia? ¡Claro que sí! Para trabajar dependo de mi coche, y también dependo de mi móvil, o de tener un despacho en el que poder atender a mis pacientes. Necesito algunas cosas para trabajar, como todo el mundo…No tenemos que culpar a las personas de lo que al final es un tema social: al igual que no tienes la culpa de necesitar el coche para ir a trabajar, no tienes la culpa de necesitar el móvil. Caso aparte es que te tires 4 horas diarias en Fortnite, eso no cuenta.

Otra crítica habitual es hacia los padres que van a un restaurante y le ponen la tablet a sus hijos para poder comer. Aunque yo no lo hago, tampoco me gusta criticar a quienes lo hacen. Primero, porque no sé cuál es su historia ni por qué actúan como lo hacen. No sé si es la primera vez desde hace años que se atreven a ir a un restaurante y quieren tener la fiesta en paz, o si lo hacen cada fin de semana. Y tienen derecho a ello. Y qué queréis que os diga, aunque no me parezca lo más adecuado, pero tampoco se acaba el mundo por ver unos dibujos de vez en cuando… Sobre todo si los niños ya tienen cierta edad y les hemos llevado a un sitio en el que no tienen un espacio donde los pobres puedan moverse y jugar. Pero es que esos padres no tienen alternativa: si ponen la tablet, se les critica por hacerlo (quizá incluso les hagan fotos y las suban a las redes sociales para lamentarse de “lo mal que está la sociedad”, oh paradoja). Pero es que si no lo hacen, serán otros (o quizá incluso los mismos) los que les critiquen por tener a sus hijos asilvestrados, haciendo ruido y no dejando comer en paz a los demás. Es muy injusto… parece que los niños molesten hagan lo que hagan…

Las pantallas, y más concretamente los móviles y tablets, nos facilitan muchísimo la vida, y a mí al menos me facilitan mucho mi trabajo. Sin estos cacharros yo no podría trabajar, o mejor dicho, solo podría hacer una parte de mi trabajo, ya que tendría que perder mucho tiempo en tareas que a día de hoy la tecnología me facilita. No seamos tan románticos de idealizar una época de mapas en papel, agendas de medio kilo de peso en la mochila, walkmans, etc. Estas demonizadas pantallas son las que utilizan muchos de mis pacientes para poder realizar cada semana sus sesiones de terapia en su idioma, pese a vivir a miles de kilómetros de su casa. O son las mismas pantallas que permiten hablar cada día a millones de abuelos con sus nietos, o las que utilizan para poder comunicarse niños con trastornos del espectro autista. O las que nos facilitan a todos el acceso a recursos e información que, de otro modo, tendríamos muy complicado.

No es que en el término medio esté la virtud, como se dice muchas veces, porque entre cero y abuso, quizá el término medio es aún demasiado elevado. Y esta regla no tiene en cuenta edades ni otros factores. En última instancia queremos que la tecnología nos facilite la vida, no que nos la complique. Y para eso debemos ser nosotros los que la controlemos, y no al revés.

 

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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