Padres hipócritas… ¿o padres responsables?

No es extraño encontrarse con padres que son muy estrictos con algunos aspectos de la educación de sus hijos, pero luego ellos mismos no se aplican el cuento. Por ejemplo, padres que no dejan que sus hijos tomen un gramo de azúcar o de productos procesados, pero a la vez en casa esconden un alijo de chocolate, bollos o snacks; o los padres que no dejan a sus hijos mirar ni de reojo una pantalla, pero que están todo el día con su movil en el bolsillo, y por la noche atracón de Netflix mientras duermen. ¿Son unos hipócritas estos padres?

https://youtu.be/Wd0qMnNdiAs

No es extraño que esta forma de comportarse pueda ser tachada de hipócrita por otras personas; también es verdad que nadie da derecho a nadie a tener que juzgar cómo lo hacen otras personas, pero oye, parece que es deporte nacional. En todo caso, sí puede parecer algo hipócrita, escondes el chocolate y se lo niegas a tus hijos. Tienes móvil y ves la tele y se lo impides a tus hijos. ¡Ya te vale!, ¿no?

Quizá con otros ejemplos más extremos se vea más claro:

”Vaya tela, todo el día fumando y bebiendo cerveza, pero al nano le dice que no quiere que beba ni que fume” Bueno, la verdad es que tiene sentido, ¿no? El padre no quiere que su hijo haga algo que se sabe a ciencia cierta que le perjudica. Aunque él no sea capaz de dejar de hacerlo.

”Tendrías que verle, todo el día como un loco con el coche… pero eso sí, cuando lleva a su hijo, de repente, todo es respetar los límites y las señales. Menuda cara, ¡qué hipócrita! Con lo bien que se lo pasaría su hijo corriendo como si les persiguiera la poli…” Este ejemplo tampoco nos encaja, porque entendemos que en realidad el padre está siendo responsable y no quiere exponer a su hijo a un peligro al que él mismo se está exponiendo…

Vale que no sean los mejores ejemplos del mundo, pero se entiende lo que quiero decir, ¿verdad? En el fondo no se diferencian tanto de los que comentábamos antes de la alimentación o el uso de pantallas. En todos los casos tenemos una serie de conductas y decisiones que han demostrado ser perjudiciales para la salud, especialmente en el caso de los niños, y que además parece que tienen cierto componente “adictivo”, aunque no está claro que podamos hablar de adicción en estos casos. 

La idea sería algo así como que una cosa es descuidar en cierta medida la salud propia, y otra es descuidar la de los niños. Por varios motivos, porque hay cosas que les afectan más a ellos porque son pequeños y están en desarrollo, y también porque nosotros somos mayores y entendemos y asumimos las consecuencias de nuestros actos, pero ellos no. Nosotros somos los adultos a cargo y una de nuestras obligaciones es cuidarles, protegerles, cuidar su salud, su alimentación, etc. Porque su salud y su alimentación (de pequeños casi cualquier aspecto de su vida) depende de nosotros. Depende de nosotros pero no es nuestra, nosotros somos sus “guardianes” los que debemos velar porque se desarrollen bien, saludables. Que nuestra mala cabeza no tenga consecuencias negativas para ellos el resto de su vida. De mayores ya decidirán ellos cómo lo quieren hacer, pero mientras están a nuestro cargo es nuestra responsabilidad cuidarles y protegerles. ¿A que cuando conduces el coche de un amigo eres incluso más cuidadoso que cuando conduces el tuyo? Es algo parecido, no quieres estropear lo que “te han prestado” y de forma temporal es tu responsabilidad. 

Volviendo al tema de la crianza, esto está comprendido dentro de lo que sería la patria potestad, y según el artículo 154 de nuestro Código Civil se define del siguiente modo: 

Los hijos no emancipados están bajo la patria potestad de los progenitores. La patria potestad, como responsabilidad parental, se ejercerá siempre en interés de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental. Esta función comprende los siguientes deberes y facultades:

1.º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.

2.º Representarlos y administrar sus bienes.

Se podría explicar un poco más en el código civil… podría poner que los padres tenemos el deber de velar por ellos, de tenerlos en nuestra compañía (y tratarles bien), de alimentarlos (de forma saludable, no de cualquier forma), educarlos (lo mejor que podamos) y procurarles una formación integral (aquí también entrarían todos estos aspectos relacionados con la salud).

Vamos, que si quieres puedes ser algo menos mirado con tu propia salud, pero no pasar de la suya. Las personas adultas ya tenemos la capacidad suficiente como para, más o menos, poder saber o intuir los efectos que nuestra conducta puede tener a medio o largo plazo. Ese conocimiento nos da la libertad para actuar de un modo u otro. Aquí pueden entrar debates filosóficos en cuanto a qué libertad tiene realmente una persona que es adicta, pero no nos vamos a meter en ese jardín. 

Lo ideal sería por supuesto comer todos siempre saludablemente, controlar todos nuestro uso de pantallas, evitar el consumo de drogas (aquí se incluye el alcohol, el tabaco o la pastilla para dormir), hacer ejercicio y cualquier otra conducta de salud que se os ocurra. Pero bueno, es complicado llegar a todo. Nadie es perfecto. Si tenemos alguno de estos “vicios” al menos podemos cortarnos un poco y tratar de hacerlo cuando ellos no nos miran. Reservar el ratito de tele para cuando ellos duermen, si son aún pequeños o si los contenidos no son adecuados para ellos. Reservar los dulces para ocasiones especiales o lo mismo, para cuando no están ellos delante. Aunque estemos un pelón enganchados al movil, tratar de controlarnos en su presencia…

En resumen, que no, no es un acto de hipocresía sino de responsabilidad. Podemos no ser tan estrictos en cuestiones que afectan a nuestra salud (sin ser demasiado kamikazes), pero deberíamos velar por la de nuestros hijos, y eso implica alejarles de las cosas que pueden hacerles daño. Es verdad que lo ideal, y de esto hemos hablado muchas veces, es dar un buen ejemplo y ser modelo; por eso, al menos, si vas a hincharte a bollos o a darte un maratón de tele, mejor no hacerlo en su presencia. No eres hipócrita, eres responsable. 

Además, el restringir estas conductas a momentos puntuales, puede ser el primer paso para abandonarlas por completo. Así, como dice nuestro querido Julio Basulto, al final acabas comiendo mejor y cuidándote más, y el que al final educa es el hijo al padre. 

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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