Castigos o consecuencias: ¿en qué se diferencian?

Cada vez es menos frecuente encontrarse a alguien que defienda a capa y espada el empleo de los castigos para educar a los niños, pero ¿qué entendemos realmente por castigos?, ¿en qué se diferencian de las consecuencias, de las que muchos hablan? Vamos a verlo. 

https://youtu.be/SpqOfDgOWPk

En otro artículo ya os hablamos con bastante detalle de por qué eso de los castigos no es una buena idea, cuáles son sus consecuencias, etc. por eso hoy no voy a extenderme en ese punto y quien quiera ampliar puede ir al otro vídeo que os enlazo por aquí.

La cosa es que, aunque se escribe y se habla mucho sobre el tema, todavía hay muchas familias que no acaban de ver claras cuáles son las diferencias entre los castigos y las consecuencias. Es un tema recurrente que suele salir con frecuencia en las sesiones con las familias, y siempre le dedicamos un tiempo hasta dejarlo claro. 

Los castigos

Vamos a empezar por el castigo, ¿qué es lo que habitualmente se entiende por castigo? La lógica es la siguiente. Por ejemplo, tenemos una niña y a su madre. La niña hace algo que no debería, ante lo cual, su madre hace algo para causarle daño a la niña, de fastidiarla de alguna manera “para que aprenda”. El razonamiento que sigue la madre es el siguiente: “la niña ha hecho algo que no quiero que repita; voy a hacerle daño, para que la próxima vez que tenga la tentación de repetirlo, recuerde el daño que se le ha causado, y así no lo haga”. Hay que dejar claro que ese daño no tiene por qué ser físico, “hacer daño” puede ser la retirada de algún privilegio de la niña, impedirle hacer algo que le gusta, herir sus emociones -“mira que eres inútil”-, etc. Todo ello son cosas que le hacen daño, aunque no sea físico. 

Por lo general el castigo suele ser improvisado, ya que se hace en caliente; y como suele ser improvisado, muchas veces es injusto y desproporcionado. Además, muchos padres han escuchado eso de que cuando se dice algo, luego se tiene que cumplir, porque si no los hijos a la próxima no les tomarán en serio. Por lo tanto, tenemos un castigo que está dirigido a hacer daño, que es improvisado, que probablemente sea desproporcionado e injusto, y que encima se mantiene sí o sí, porque si no el niño tomará a sus padres a cachondeo. 

Las consecuencias

Ahora, veamos qué es eso de las consecuencias. 

Las consecuencias, a diferencia de los castigos, no buscan hacer daño al niño, sino que buscan el aprendizaje y la reparación del error cometido. Como dice Jane Nelsen, «¿de dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien primero tenemos que hacerle sentir mal? Ellos actúan bien cuando se sienten bien” Por lo tanto, ese aprendizaje y esa reparación se harán cuidando mucho el tono y la forma en la que se transmiten los mensajes al niño. Aquí el tono emocional es clave, y simplemente un mal tono (que en el fondo lo que hace es herir emocionalmente al niño) puede convertir una consecuencia en castigo. 

En cuanto a las consecuencias, habrían dos tipos principales: las naturales y las lógicas. Empecemos por las naturales. Las consecuencias naturales son aquellas que de manera natural se derivan de las conductas que realizamos, sin necesidad de que intervenga nadie: por ejemplo, si hace frío y no llevo chaqueta, voy a pasar frío. Esa es la consecuencia natural. No va a venir nadie a castigarme con frío por no haber cogido la chaqueta, es la consecuencia que se deriva de mi conducta (no haber visto la previsión del tiempo y no haber cogido abrigo). Con los niños ocurre lo mismo. Pero, ¿qué sucede? Que hay innumerables situaciones en las que no podemos permitir que experimenten las consecuencias naturales, porque su vida o su integridad estarían en peligro, o porque su conducta puede suponer un daño o falta de respeto a terceras personas: la consecuencia natural de jugar con un cuchillo es cortarse, la de jugar subido a la ventana es caer al vacío, y así un montón. Por lo tanto, en las situaciones en las que no podemos permitir que los niños experimenten las consecuencias naturales, sí pensamos que es necesaria una consecuencia deberíamos aplicar una consecuencia lógica. Y aquí es donde vienen las confusiones: “pues la consecuencia de que estés molestando es que te quedas sin postre”, “pues la consecuencia de que me hables así es que te dé una torta”. No, no y no. Las consecuencias, para ser realmente consecuencias lógicas y no castigos, deben cumplir una serie de criterios: para empezar, su objetivo debe ser mostrar la conducta adecuada, no hacer daño (como el castigo). Y, además, esas consecuencias deben estar relacionadas con la conducta que queremos corregir, deben ser respetuosas con el niño, deben ser razonables, y deben haber sido reveladas de antemano (no improvisadas). Es lo que se conoce como la regla de las cuatro erres: relacionada, respetuosa, razonable y revelada. 

Aquí es cuando muchos padres me preguntan, por ejemplo: “vale, ¿y cuál es la consecuencia si no quiere acabarse la cena?”, “¿cuál es la consecuencia si deja la ropa sucia por el suelo?” A ver: las consecuencias son TAN SOLO una estrategia, una herramienta, pero no podemos pretender solucionarlo todo a base de consecuencias, y no utilizar éstas como un eufemismo de “castigo”. En el caso de la cena, si no se la acaba, es que no se la ha acabado. No es necesario aplicar ninguna consecuencia, mucho menos, obligar a un niño a comer. De eso tenemos otros vídeos donde lo explicamos con detalle. En el caso de la ropa sucia, más que plantearnos el tema de las consecuencias, podemos plantearnos de un modo más amplio el tema de las normas familiares y ser selectivos en cuanto a las que aplicamos. Si es un tema importante deberemos priorizarlo por delante de otros para evitar la saturación de normas y, en función de diferentes circunstancias podemos decidir si es un problema que queramos solucionar mediante consecuencias o de otra forma. La consecuencia natural de no recoger la ropa sucia, es que esta se queda sin recoger. Pero quizá esto nos molesta y no queremos asumirlo. La consecuencia lógica dependerá de lo que se haya acordado en esa casa. Pero es que quizá el niño es pequeño y es más sencillo ayudarle a hacerlo, porque la prioridad es que aprenda, no que lo haga solo.

En resumen: que detrás del castigo está la asunción de que hay que hacer algún tipo de daño para que se aprenda la lección. Las consecuencias, son más reflexivas y nunca deben implicar daño físico ni emocional para el niño. Pero, en todo caso, son tan solo unas de las muchas herramientas que pueden emplear los padres para educar a sus hijos. Tenemos que tener en cuenta que no podemos resolver todas las situaciones solo con consecuencias.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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