Cómo responder a tu suegra cuando te lleva la contraria en la crianza

Estáis de visita en casa de los abuelos, cuando de repente, en un descuido tuyo, va tu suegra y le da una chocolatina a tu hijo, cuando sabe sobradamente que intentáis controlar el azúcar que comen los niños. O estás dándole teta a la peque, cuando se te acerca y te dice, «¿pero no es muy mayor ya para la teta?», “yo creo que te usa como chupete”, “si eso ya es solo agua” o cualquier comentario de estos simpáticos que parece que nos estén buscando las cosquillas. Hoy os voy a contar cómo podéis responder a la suegra en estas situaciones.

A ver, aquí hablo de la suegra como podría hablar del tío, la vecina, el abuelo o cualquier persona random que se nos ocurra. Pero digo suegra porque es un tema que me habéis pedido mucho, se ve que me queréis buscar la ruina… “Alberto, mira lo que me ha hecho mi suegra”, “Alberto, graba una píldora sobre las suegras”. Yo siempre contesto lo mismo, y es que todas, algún día, probablemente seréis suegras. Así que take it easy. Pero bueno, al lío, ¿qué podemos hacer en estas situaciones?

Lo primero y siempre, calma, educación y paciencia. No todas las situaciones son iguales, ni tampoco la forma de reaccionar es la misma en función de la edad de vuestro peque o de la relación que tengáis con la persona en cuestión.

Responder a la suegra cuando son pequeños

Cuando los niños son muy pequeños las situaciones de “tensión” suelen ser alrededor de comentarios acerca de la forma de actuar o decisiones que toméis respecto a la crianza de vuestro hijo. Sobre la lactancia, el hecho de que vaya o no a la guarde, que duerma o no con vosotros, que le deis triturados o directamente sólidos, etc. Una regla de oro, que os puede servir para muchas situaciones, es saber que muy probablemente nada de lo que digáis va a cambiar la visión que tiene la otra persona sobre cualquiera de estos temas. Llevado a la suegra, por mucho que le saques los papeles de la OMS, la APA, o quien sea, sí así lo piensa, seguirá pensando que eso de la teta más allá de las primeras semanas es una moda absurda. Por lo tanto, sabiendo que es muy complicado que cambie su opinión, a veces no es mala estrategia ahorrar energía y saliva. Responder con evasivas o con mano izquierda es una buena opción, ya que le transmite a la otra persona que es un tema sobre el que no vas a debatir. ”¿Todavía le das teta?” Uy, sí… y lo que nos queda. Pero si te lanzas a sacar argumentos y justificar tus decisiones (cosa que no tienes por qué hacer, a no ser que realmente quieras), la otra persona puede interpretarlo como una invitación al debate. Y quizá no es buena idea estar cada fin de semana debatiendo sobre los mismos temas, puede ser agotador.

Responder a la suegra cuando son más mayores.

Pero los bebés crecen, y llega el día en el que te giras y de repente está la suegra (o vecina, amigo, o persona random, recordemos) dándole una piruleta, cuando sabe de sombra que es algo con lo que no estás de acuerdo. O, por el contrario, negándole a tu hijo algo que tú sí le permites, como por ejemplo, dejarse comida en el plato. ¿Qué hacemos aquí? Volvamos a centrar el problema: recordemos que en estas situaciones tu objetivo es educar a tu hijo, no a tu suegra, y que además es bastante poco probable que ella cambie de parecer. Por eso, y aquí está la clave para estas situaciones, en vez de dirigirte a tu suegra y decirle de todo por lo que está haciendo, explicándole de mejor o peor manera por qué no estás de acuerdo, en vez de dirigirte a ella, puedes dirigirte directamente a tu hija o hijo: “Cariño, dame esa piruleta, aunque la abuela te la haya dado ya sabes que nosotros no te dejamos”. (Esto sí consideras que no debe tomarla. También podrías decidir que un día es un día y no es algo tan grave). El caso es que si se la quitas, entonces te preparas para el chaparrón, obviamente, porque el crío te la va a liar. Pero al menos les recuerdas tanto a tu hijo como a tu suegra cuál es la jerarquía, y que en los asuntos relacionados con su educación, las normas las marcáis vosotros.

O por ejemplo, está tu suegra insistiéndole en que se acabe el plato de comida, y el pobre crío que ya no puede más. En vez de decirle nada a ella, te vas a acercar con toda la tranquilidad del mundo y le dirás a tu hijo: «¿No tienes más hambre, cariño? Ya sabes que no tienes que seguir comiendo si no quieres, dame, que te retiro el plato» Y fin del problema.

Claro, que cuando hagas eso las miradas pueden ser demoledoras. Para muchas personas con un par de estas situaciones va a ser suficiente para comprender cuáles son los límites y quiénes tienen la última palabra en la educación de los niños. Luego, en función del tipo de relación que tengáis, o el interés o ganas que tengas, a posteriori, puedes acercarte (siempre en privado) a esa persona y explicarle por qué has actuado así. Pero esto solo tiene sentido cuando hay una relación cálida, positiva, y sabes que la otra persona va a entender. Si no, mejor dejarlo estar.

Por lo tanto, en resumen, podríamos decir que no tiene sentido malgastar energía tratando de convencer a la otra persona para que cambie su punto de vista o acepte lo tuyos, porque lo que quieres no es educar a tu suegra, simplemente quieres que te respete.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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