Experimento del muñeco bobo de Bandura: un modelo de agresión

Las píldoras en las que os cuento experimentos famosos de la historia de la Psicología os suelen gustar mucho. Así que hoy os traigo otro experimento famoso del que algunos quizá hayáis escuchado hablar, que es el del muñeco Bobo de Albert Bandura, ¡vamos a verlo! 

Albert Bandura es un psicólogo de la universidad de Stanford, conocido principalmente por su teoría del aprendizaje social. Uno de sus trabajos más conocidos es este del muñeco Bobo en el que estudia cómo los niños aprenden la violencia. Él proponía que los patrones agresivos se producen desde la infancia por la imitación que los niños hacen de las personas que les sirven como modelos (ya sean estos sus padres, hermanos, compañeros o incluso en los medios de comunicación).

Para este trabajo empleo al muñeco Bobo que es un muñeco de estos inflables que recupera siempre la posición vertical, en este caso con la cara de un payaso. Cogió a un grupo de niños en edad preescolar y los dividió en tres grupos: uno que veía como un adulto le pegaba al muñeco, otro en el que el adulto no le agredía, sino que jugaba con otras cosas, y un tercer grupo que no vio nada. 

Bandura pensaba que los niños que habían visto la agresión harían lo mismo con el muñeco, que los que vieron un modelo pacífico serían los más pacíficos y que los que no vieron nada se situarían en un nivel intermedio. Los resultados indicaron que, aunque no había diferencias entre el grupo control y los que habían sido expuestos a un modelo pacífico, los que observaron el modelo violento sí que copiaron estas conductas, ejerciendo la violencia con el muñeco. Además, los niños copiaban más cuando el modelo coincidía con su mismo sexo y además, estas conductas fueron más frecuentes entre los niños que entre las niñas.

Así, cuando nosotros levantamos el tono de voz, les amenazamos, gritamos o empleamos cualquier otra manifestación agresiva, lo que estamos haciendo en realidad no es más que enseñarles a usar estas mismas herramientas. Por eso no tiene mucho sentido darles “pam pam al culo” cuando pegan, o gritarles para que no griten, porque lo que estamos consiguiendo es justo lo contrario. Quizá en un primer momento, si se ven más pequeños y “con todas las de perder” el miedo les pueda y no nos devuelvan el grito o el manotazo, pero según vayan ganando en fuerza y seguridad, seguro que hacen uso de esas mismas herramientas que nosotros mismos les hemos enseñado mediante nuestro modelo, que pueden usar cuando quieran conseguir algo de los demás.

Está claro que los padres no somos la única influencia en los hijos y que, aunque nosotros no les mostremos esta forma de actuar ellos pueden observarla igualmente en otros contextos, o incluso que no necesiten ver este modelo en ningún sitio y que en algún momento su rabia les lleve a pegar o a levantar la voz aunque no vean estas formas de comportamiento en su entorno. Sin embargo, aunque no seamos la única influencia, en los primeros años sí que somos la más importante, por eso tenemos que pensar dos veces las estrategias que queremos emplear con ellos, porque al fin y al cabo son las que les estamos enseñando, y ellos, que no son tontos, se van a quedar mucho más con lo que hagamos que con lo que les digamos.

Así pues, tenemos que recordar que para lo bueno y para lo malo somos su modelo y podemos enseñarles formas de agredir y maltratar, física o verbalmente, pero también podemos enseñarles a parar cuando la estamos cagando, a ser flexibles, cambiar de estrategia cuando nos damos cuenta de que estamos metiendo la pata, a pedir perdón cuando ya la hemos metido, a preocuparnos por los sentimientos de los demás, la amabilidad, la educación, el cariño, etc.

Por eso, cuando nos relacionemos con nuestros hijos, especialmente en momentos de conflicto o en los que queramos impartir disciplina, esta bien recordar esa frase de Albert Einstein, que dice que “educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única” o esta otra de la Madre Teresa de Calcuta que dice que “no te preocupes si tu hijo no te escucha, porque te observa todos los días”

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.

 

Acerca de Alberto Soler Sarrió

Mi nombre es Alberto Soler Sarrió. Estoy casado, soy padre de tres hijos y soy psicólogo en Valencia. Tras haberme licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia, posteriormente amplié mi formación en el área clínica realizando un Máster en Psicología Clínica y de la Salud y en 2013 obtuve el certificado Europsy de Especialista en Psicoterapia. En 2015 comencé con el videoblog Píldoras de Psicología, en el que cada semana trato un tema diferente relacionado con el crecimiento personal y la crianza de los hijos. En la actualidad compagino mi consulta privada de psicología con charlas y conferencias sobre educación y crianza, contando con una experiencia de más de 12 años en psicoterapia y asesoramiento a padres. Soy colaborador del programa Ser Saludable, en la Cadena Ser, de L'Escoleta en À Punt Mèdia, y he colaborado en otros muchos espacios de radio, televisión y prensa como la Cadena Ser, El País Semanal o Canal 9. Formo parte del proyecto Gestionando Hijos y soy profesor de la Escuela Bitácoras. Soy el co-autor de “Hijos y padres felices. Cómo disfrutar la crianza”, editado por Kailas.

3 Comentarios

  1. No puede ser de otra manera. Yo también creo que es el camino. Y yo que he tenido una educación más autoritaria he tenido que hacer mucho esfuerzo para que me salgan automatismos, pero después de cuatro años y medio, veo los resultados en ella y en mí misma, ya tengo integrada muchas cosas de estas que he ido ensayando por el camino.
    Tengo tu libro esperando para leerlo, a ver si llegan las vacaciones.

  2. Yo también tengo pendiente tu libro, ehém… Supongo que en él se habla de esto y de los niños retadores, verdad? El mío está empezando y la verdad es que es muy difícil. Toda la información que encuentro es para niños que hablan y comprenden explicaciones largas, pero mi niño tiene 18 meses y con nosotros busca los límites hasta la extenuación. Muerde, tira cosas,… Violencia en casa no ve y en la guardería tampoco, pero con sus reacciones es imposible no gritarle los noes. Algún consejo? Una sesión online? El libro? Yo pregunto y busco, que por eso no sea 😀

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