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	<title>Artículos de Salud - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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	<description>Centro de psicología dirigido por  Alberto Soler y Concepción Roger. Te acompañamos a entender lo que te pasa y a sentirte mejor. Adultos, infantil, familia y parejas. Evaluamos TDAH y AACC.</description>
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	<title>Artículos de Salud - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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		<title>Narcisismo: señales para identificar a un narcisista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Jan 2023 16:35:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quererse a uno mismo está bien, de hecho, tener una buena autoestima y un concepto sano de uno mismo es un objetivo transversal a casi cualquier terapia. Pero cuidado, que todo tiene un límite; hay personas que se quieren tanto tanto tanto…, que tienen una autoestima taaan elevada, que tienen un concepto de sí mismas [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Quererse a uno mismo está bien, de hecho, tener una buena autoestima y un concepto sano de uno mismo es un objetivo transversal a casi cualquier terapia. Pero cuidado, que todo tiene un límite; hay personas que se quieren tanto tanto tanto…, que tienen una autoestima taaan elevada, que tienen un concepto de sí mismas tan elevado, que se pasan de la raya! Están taaan encantados de conocerse a sí mismos que llegan al extremo de la patología, y esos casos patológicos entrarían dentro de lo que se conoce como el trastorno narcisista de la personalidad. Esto <strong>lo saben muy bien quienes tienen alguna persona narcisista en su entorno</strong>, ya que convivir con una persona así es muy duro: por su necesidad constante de atención y aprobación. ¿<strong>Cómo son las personas narcisistas</strong>?, ¿cómo relacionarnos con ellas de una forma sana? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="r1WK8RyCYTfaFAlSYO2Bu0G5mdgMIbETxaZrbwNtqHnXUh73JtvPieVpZu27VFHsj4Bdn8meSIO9g0GoDxoMlJkfQsARWy9LQk6"><iframe title="Narcisistas: señales para identificar a un narcisista" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/HIipq19XtYo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Según el mito griego de narciso, el dios Cefiso, rapta y viola a Liriope, y engendra en ella a un joven de espléndida belleza, a quien pusieron por nombre Narciso. Desde pequeño, y a lo largo de toda su vida, Narciso provoca en hombres y mujeres, mortales y dioses, grandes pasiones, a las cuales no responde, por su incapacidad para amar y para reconocer al otro. Para castigar a Narciso por ser tan engreído Némesis (la diosa de la venganza) hizo que Narciso se enamorara de su propia imagen reflejada en el agua. Cuando Narciso se vio a sí mismo se quedó tan pillado por su propia belleza reflejada que ya no pudo ni moverse, tan cegado estaba por su propia belleza que dejó de relacionarse con cualquier otro ser e incluso empieza a desatender sus necesidades básicas hasta que, poco a poco, se va consumiendo, y al final muere. De sus restos surgió una hermosa flor, el narciso… Pues eso, de ahí lo de narcisismo…</p>
<p><strong>Freud fue el primero que habló de narcisismo</strong> a principios del siglo pasado, y actualmente solemos usar este concepto de narcisismo para hacer referencia a las personas que están “encantadas de conocerse”, que tienen un concepto muy elevado de sí mismas o que son incapaces de pensar en los demás antes que en ellos mismos. Personas que tienen una autoestima excesivamente alta y una necesidad constante de admiración y elogios. Son personas muy egocéntricas y que pueden tener dificultades para considerar los sentimientos y necesidades de los demás. Además, pueden ser manipuladoras y utilizar a los demás para satisfacer sus propios deseos y necesidades.</p>
<p>Pero cuidado, que <strong>una cosa es ser narcisista coloquialmente hablando y otra es tener un trastorno de la personalidad narcisista;</strong> las personas que cumplen los criterios para tener ese diagnóstico son droga dura… Vamos a ver cuáles son esos criterios diagnósticos.</p>
<p>La característica principal del <strong>trastorno de personalidad narcisista</strong> es un patrón general de grandiosidad, de necesidad de admiración y falta de empatía que se inicia al principio de la edad adulta y que está presente en en varios contextos. Estas personas tienen un sentido grandioso de su propia importancia; vamos, que se creen muy importantes, mucho más de lo que realmente son (porque en realidad todos somos importantes, no?), el tema es que estos creen que los demás les deberían verles del mismo modo. Sobrestiman sistemáticamente sus capacidades e inflan sus logros de manera arrogante y pretenciosa. Suelen asumir que otros atribuyen el mismo valor a su esfuerzo y pueden sorprenderse si no reciben los elogios que esperan y sienten que merecen. De manera implícita, al valorar tanto sus propios logros también subestiman (devalúan) las contribuciones de los demás.</p>
<p>Las personas con trastorno de la personalidad narcisista suelen ser también muy fantasiosas; tienen fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor ideal y suelen compararse con gente famosa o afortunada. No todo el mundo es digno de relacionarse con una persona narcisista; creen que son seres superiores, especiales o únicos y esperan que los demás les reconozcan como tales. Sienten que sólo pueden ser entendidos por otras personas especiales o de alto estatus y que sólo deben relacionarse con ellas. También creen que sus necesidades son especiales y están por encima del alcance de la gente ordinaria. Son de esas personas a las que no les sirve que cualquiera les atienda; a ellos les tiene que atender la persona de mayor cargo, jefe, líder, o quien sea, porque tienen que estar a su altura. Y claro, si les defraudan, entonces devalúan a esas personas porque mostraron no estar al nivel.</p>
<p>Toda admiración es poca para un narcisista; los individuos con este trastorno generalmente exigen y necesitan una admiración excesiva porque, realmente, en contra de lo que aparentan, su autoestima es casi siempre muy frágil. ¿Habéis oído eso de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, verdad? Pues aquí viene que ni pintado. De ahí esa necesidad de atención y admiración constantes.</p>
<p>Como pertenecen a una especie de “casta superior” suelen mostrar unas expectativas poco razonables de que se les atienda con un trato especialmente favorable. Pueden asumir que ellos no tienen que esperar ni hacer cola, o que sus prioridades son tan importantes que los demás deberían dejar de hacer cualquier cosa para atenderles, por lo que se irritan cuando los demás no les siguen la corriente. Y es que cuidado, porque esto junto con su falta de sensibilidad a los deseos y necesidades de los demás, puede llevarles a la explotación consciente o inconsciente de las demás personas. Esperan que se les dé lo que quieren o sienten que necesitan, sin importarles lo que suponga o lo que conlleve para los demás.</p>
<p>Por ejemplo, los jefe narcisistas pueden esperar tal dedicación de las demás personas, que les exigen trabajar en exceso sin tener en cuenta el impacto que pueda tener esto en sus vidas. Tienden a entablar amistades o relaciones románticas sólo si la otra persona puede hacerle avanzar en sus metas y objetivos, o mejorar su autoestima de otra manera.</p>
<p>Estas personas tienen una evidente falta de empatía y dificultades para reconocer los deseos, experiencias subjetivas y sentimientos de los demás. Ven lo más lógico del mundo que los demás deben estar totalmente preocupados por su bienestar (el de ellos, claro) y tienden a hablar de sus propias preocupaciones e intereses de una forma inapropiadamente larga y detallada, sin darse cuenta que los demás también tienen sus sentimientos y necesidades. Y si se dan cuenta, ven esas necesidades o sentimientos con desprecio, como signos de debilidad o vulnerabilidad.</p>
<p>Por si todo esto fuera poco, además, suelen ser envidiosos o creen que los demás les envidian. Pueden envidiar los éxitos o posesiones de otras personas, y creen que ellos se merecen esos logros, admiración o privilegios. Llevan fatal que sean otros quienes reciben elogios por sus logros.</p>
<p>Una característica habitual de los narcisistas es su arrogancia, sus actitudes esnobs, desdeñosas o paternalistas. Son esas personas que se ceban con el débil y que nada es lo suficientemente bueno para ellos; cuando van al médico, siempre les toca el que no sabe nada, siempre se les trata mal… nada es suficiente para ellos.</p>
<p>Egoístas, egocéntricos, sin empatía, arrogantes, envidiosos, esnobs, paternalistas… vamos, la creme de la creme. Estas personas acaban teniendo serias dificultades para entablar relaciones sociales sanas y duraderas. Por un lado, porque no quieren: no consideran que nadie esté a su altura. Pero cuando sí lo desean, suelen ser los demás quienes, conforme descubren su forma de ser, ponen distancia para no ser heridos. Y menos mal!</p>
<p>¿Y esto cómo es de frecuente? Se estima que la prevalencia del trastorno narcisista de la personalidad es del 1 %, esto es, una de cada 100 personas cumplirían estas características. Pero son muchas más las que tienen rasgos narcisistas pero que no llegan a cumplir los criterios para poder considerarse un trastorno. De hecho, si miramos a nuestro alrededor seguro que vemos reflejadas a muchas personas que conocemos en algunas de estas características (si no nosotros mismos).</p>
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		<title>Pensamientos negativos: cómo dominarlos con la metáfora de las palomas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Dec 2022 16:02:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Todos tenemos pensamientos negativos, todos. Hasta la persona más happy y patológicamente optimista que te puedas encontrar tiene pensamientos negativos. La diferencia no está en tenerlos o dejarlos de tener, sino en el manejo que hacemos de esos pensamientos. Si dejamos que nos condicionen la vida o si somos capaces de manterlos a raya. ¿Cómo? [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Todos tenemos pensamientos negativos, todos. Hasta la persona más happy y patológicamente optimista que te puedas encontrar tiene pensamientos negativos. La diferencia no está en tenerlos o dejarlos de tener, sino en el manejo que hacemos de esos pensamientos. Si dejamos que nos condicionen la vida o si somos capaces de manterlos a raya. ¿Cómo? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="sQecuBLJvTXMjt0HCx2Dh3iFzrbk9qPOYoSGmV14dR8"><iframe title="Domina tus preocupaciones y pensamientos negativos: metáfora de las palomas" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/xgRGLBOO9Gc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Como decimos, pensamientos negativos tenemos todos. Pero hay personas que viven atormentadas por sus pensamientos hasta el punto de no poder llevar un día a día normal; están paralizadas por el miedo, por la ansiedad, su estado de ánimo es tan bajo y su desmotivación tan alta que no encuentran motivos para salir de casa. ¿Cómo han llegado a ese punto? Y lo más importante, ¿cómo salir de ahí?</p>
<p>Una metáfora que utilizo mucho en terapia es la de alimentar las palomas. Os cuento. Imagina que ha salido un día espléndido, no tienes ninguna obligación pendiente, y te apetece bajar a un parque a leer tranquilamente un libro mientras tomas tu café. Planazo. Pues allá que vas, y todo es perfecto. Tu libro, la temperatura, el sol, una suave brisa, y algunas palomas revoloteando por el parque. Y en eso que, al ver a las palomas, se te ocurre una brillante idea: “voy a darles de comer un poco de este pan que tengo por aquí”. Conforme lanzas las primeras migas comienzan a acercarse cada vez más y más palomas hasta que te quedas sin comida y quieres continuar leyendo tranquilamente tu libro. Bueno, ese es tu plan, porque las palomas tienen otro distinto. No dejan de revolotear a tu alrededor, se te ponen encima, meten el pico en tu bolso buscando más pan, levantan polvo con las alas… vamos, como en la peli de Hitchcock pero en versión palomas. Todo el buen rollo y armonía han desaparecido y no te queda más que cerrar el libro y marcharte.</p>
<p>Pues bien, nuestros pensamientos negativos funcionan de un modo muy parecido a esas palomas de la metáfora. Al llegar al parque las palomas ya estaban ahí. Estaban a su rollo, a sus cosas de palomas, sin interferir para nada en tu vida. Tú las ves, eres consciente de que están ahí, pero ni te condicionan ni te limitan. Simplemente las ves y eres consciente de su presencia. Pero llega un momento en el que cometes un error: alimentas esas palomas. Y es esa acción la que tiene consecuencias terribles, porque las palomas dejan de ser parte del fondo y pasan a tener un protagonismo nada agradable, y cuando quieres que vuelvan a ese cómodo segundo plano ya es imposible. Lo mismo que ocurre con los pensamientos negativos. Todos los tenemos, están por ahí constantemente: “no vas a poder”, “esto saldrá mal”, “si pisas las líneas de las baldosas algo malo ocurrirá”, “eres una farsa”, “con este cuchillo puedes hacerte daño”, etc.. Por lo general la mayoría de personas solemos ignorar esos pensamientos, no les damos mayor importancia y seguimos con nuestra vida. Ignorarlos es la mejor estrategia para evitar que condicionen nuestra vida. Pero hay momentos en los que podemos cometer el error de alimentarlos; pensamos que quizá son ciertos, que lo que dicen se va a cumplir, y nos ponemos a pelear contra ellos. Creemos que luchando contra ellos les estamos debilitando y haciendo que se reduzcan, pero en realidad lo que ocurre es más bien lo contrario: cuanto más atención les prestamos, cuanto más peleamos, más fuertes se hacen y más invaden nuestro espacio mental.</p>
<p>Como las palomas, que al principio las veíamos y no nos incordiaban demasiado, pero cuando las tienes encima es imposible ignorarlas. ¿De qué maneras alimentamos esos pensamientos negativos?</p>
<ul>
<li>Cuando nos anclamos al pasado y no somos capaces de aceptar las cosas que nos han sucedido.</li>
<li>Cuando nos angustiamos por el futuro y nos quedamos inmóviles por miedo a no saber cómo actuar.</li>
<li>Cuando nos preocupamos por la opinión de los demás hasta el punto que esa opinión acaba condicionando lo que hacemos con nuestra vida.</li>
<li>Cuando nos dejamos llevar por nuestros miedos, evitando enfrentarnos a ellos.</li>
<li>Cuando somos catastrofistas o pesimistas y pensamos que siempre todo saldrá mal.</li>
<li>Cuando vemos la vida en blanco y negro, sin darnos cuenta de que la realidad es muy compleja como para reducirla tanto.</li>
<li>Cuando generalizamos en exceso, pensando que lo que ha ocurrido en una situación concreta se puede aplicar a cualquier otra.</li>
<li>Cuando somos victimistas y nos dejamos llevar por el «todo me ocurre a mí»</li>
</ul>
<p>Pero dejar de alimentar esos pensamientos negativos es solo el primer paso, pero no nos podemos quedar ahí. Tenemos que dar el siguiente paso, que es ser capaces de avanzar _a pesar_ de esos pensamientos. Esperar a que desaparezcan es un error, porque nunca lo van a hacer. Porque siempre los hemos tenido, siempre han estado ahí, lo que ha cambiado ha sido nuestra forma de relacionarnos con ellos. Si dejamos de alimentarlos, si dejamos de creedlos, con el tiempo, volverán a su segundo plano y dejarán de condicionarnos la vida. Así que, recuerda: no esperes a dejar de tener esos pensamientos desagradables para retomar tu vida. Retómala a pesar de esos pensamientos, recordando que por lo general lo que dicen nunca se cumple. Y si se cumple, por lo general ni es tan grave ni es tan irresoluble. Así que, movimiento. Demuéstrate que eres capaz de seguir sin tener que esperar a que tu entorno o tu mente cambien.</p>
<p>En resumen: <strong>sí, todos tenemos pensamientos negativos pero la diferencia está en el modo en el que los manejamos.</strong> No darlos por ciertos y avanzar a pesar de ellos es la clave para evitar que condicionen nuestra vida.</p>
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		<title>No sé qué hacer con mi vida: cómo salir del bloqueo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Nov 2022 08:00:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿Alguna vez has pensado eso de «no sé qué hacer con mi vida«?, ¿te ves abrumado por todos los caminos que podrías tomar, y al final pasa el tiempo y no te mueves del sitio? En los próximos minutos te voy a explicar lo que trabajo con mis pacientes en consulta para ayudarles a cambiar [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/no-se-que-hacer-con-mi-vida-como-salir-del-bloqueo/" data-wpel-link="internal">No sé qué hacer con mi vida: cómo salir del bloqueo</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Alguna vez has pensado eso de «<strong>no sé qué hacer con mi vida</strong>«?, ¿te ves abrumado por todos los caminos que podrías tomar, y al final pasa el tiempo y no te mueves del sitio? En los próximos minutos te voy a explicar lo que trabajo con mis pacientes en consulta para ayudarles a cambiar el enfoque y salir de ese bloqueo&#8230;</p>
<p><iframe title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/1y8I1T44KDo" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Lo primero es tener claro que esto no te pasa solo a ti, ni mucho menos. <strong>Te sorprendería la cantidad de gente que está desorientada, que siente que no sabe qué hacer con su vida</strong> y que mira con envidia esas personas que siempre han tenido claro lo que querían hacer. La mayoría de la gente atraviesa a lo largo de su vida varios de esos <a href="https://www.albertosoler.es/vencer-la-pereza/" data-wpel-link="internal">momentos de desorientación vital</a> y no saber qué caminos tomar, pero con las herramientas necesarias es posible salir de ahí más pronto que tarde.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/consulta-de-psicologia-en-el-centro-de-valencia/" data-wpel-link="internal">En terapia</a>, cuando surge el tema de «no sé qué hacer con mi vida» suelo tomar un papel y comenzar a dibujar un árbol, en cuyo tronco se sitúa la persona, y en el que poco a poco van formándose ramas, ramas en las ramas y ramas en las ramas de las ramas. Finalmente tenemos un árbol con una buena copa, con gran cantidad de ramas, las cuales representan todos los posibles caminos que podemos emprender partiendo inicialmente de un mismo lugar. Les explico a mis pacientes que parte de su problema es que ellos están en esa base del árbol y que, desde ahí, tienen al alcance de su mano muchas opciones diferentes; pueden tomar cualquiera de ellas solo con dar un paso, pero tener todas esas opciones les bloquea. ¿Dónde me llevará cada opción? Y <strong>ese es precisamente el problema. Que nos quedamos viendo la base, cuando realmente deberíamos alzar la mirada y buscar en la copa cuál es el lugar en el que nos gustaría realmente estar.</strong></p>
<p>A veces puede costar un poco de ver, pero se identifica fácilmente: <em>“ahí es donde me gustaría verme en unos años”</em>. Pues bien, y aquí está la clave: ahora lo que toca es hacer el camino inverso hasta el tronco para identificar cuáles son los pasos que debemos dar para llegar ahí y, sobre todo, <a href="https://www.albertosoler.es/paralisis-por-analisis-salir-bloqueo-video/" data-wpel-link="internal">cuál es el primer paso que debemos dar para salir del bloqueo</a>.</p>
<p>Veamos otra metáfora con la que también se comprende muy bien. Imagina que te doy 200€ y vamos a una gran tienda de ropa, y lo único que te digo es que compres la ropa necesaria “para lo de mañana”. Claro, lo primero que me preguntarás es que qué es eso de “lo de mañana”. Porque sin saber qué es lo que va a suceder mañana, difícilmente podrás elegir la ropa más adecuada. Fíjate en la paradoja: tienes dinero en el bolsillo, toda una tienda para elegir lo que quieras, pero no sabes qué comprar. Porque te falta algo muy importante: saber dónde vas a ir. Si eso que hay que hacer mañana es una entrevista de trabajo, irás directo a ver las camisas, las chaquetas y la ropa formal. Pero si mañana vamos a ir a una excursión por el monte, tus compras serán muy distintas. <strong>Necesitas saber dónde vas para poder empezar a decidir.</strong></p>
<p>¿Qué es lo que ocurre? Que <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">muchas personas tienen miedo a comprometerse con un futuro por miedo a fracasar y luego tener que hacer frente a ese sueño que no lograron</a>. Así que para evitar esto directamente <a href="https://www.albertosoler.es/paralisis-por-analisis-salir-bloqueo-video/" data-wpel-link="internal">se quedan paralizados</a> y evitan comprometerse con cualquier futuro, no sea que no lo consigan y se decepcionen. Esto es lo que llamamos evitar Guatemala para ir a Guatepeor. Sí, claro, hay personas que no consiguen sus sueños. Pero el hecho de haberse esforzado por lograrlos ha generado gran cantidad de oportunidades que hacen que ese esfuerzo haya merecido la pena.</p>
<p>Otros dicen: pero, <a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal">¿cómo puedo saber ahora lo que voy a querer dentro de equis años?, ¿y si cambio de opinión?</a> Siempre se puede cambiar de opinión mientras estés en movimiento; ¿que ese futuro deja de parecerte atractivo por el motivo que sea? No pasa nada, siempre puedes desandar parte del camino, retomar otra rama y continuar por otro camino, habiendo aprendido de todo ese camino que ya has andado. Tienes derecho a cambiar de rumbo.</p>
<p>Por lo tanto, más que fijarte en las oportunidades que tienes delante es mejor recurso imaginar cómo te gustaría que fuera tu vida en algunos años y, a partir de ahí, ver cuál es el camino que debes seguir teniendo en cuenta el punto en el que estás. Así no te abrumarás por la gran cantidad de opciones disponibles y te será más sencillo rechazar aquellas que no encajan con tu plan. <strong>Tener una meta hace que pongas en marcha gran cantidad de recursos que los puedes emplear en lograr ese u otro objetivo, porque cambiar de rumbo no es un fracaso, es tu decisión. </strong>Y recuerda: al final, de todas las decisiones posibles, la mejor decisión es la decisión que has tomado. No lo olvides.</p>
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		<title>Depresión: así es realmente y así se supera</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/depresion-asi-es-realmente-y-asi-se-supera/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Nov 2022 14:21:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Mi mujer me dejó porque no era lo suficientemente bueno para ella, nunca seré capaz de seguir adelante sin ella” “Tengo un aspecto horrible, nunca nadie se puede fijar en alguien así”, “Soy un trabajador mediocre, si no me echan es por lástima… nada de lo que intento hacer me sale bien”. Estos son pensamientos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Mi mujer me dejó porque no era lo suficientemente bueno para ella, nunca seré capaz de seguir adelante sin ella”</em></p>
<p><em>“Tengo un aspecto horrible, nunca nadie se puede fijar en alguien así”</em>,</p>
<p><em>“Soy un trabajador mediocre, si no me echan es por lástima… nada de lo que intento hacer me sale bien”.</em></p>
<p>Estos son pensamientos típicos de <strong>gente que está deprimida</strong>. Aunque estos pensamientos puedan parecer en principio correctos, en realidad <strong>suelen muestran un cambio en la forma en que la persona piensa sobre sí misma. </strong></p>
<p><span class="GRE2jQ0U8mrxkAoaLDK"><iframe title="Depresión: así es realmente y así se supera" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/nIxalyB_0rE?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/controlar-los-pensamientos-negativos-video/" data-wpel-link="internal"><strong>El cambio en los pensamientos, sentimientos y acciones es una característica clave de la depresión.</strong> </a>Aunque el cambio suele producirse gradualmente, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-depresion-valencia/" data-wpel-link="internal">la persona deprimida cambia con respecto a como era antes del inicio de su depresión</a>, quizá incluso puede llegar a ser opuesta a cómo era. En vez de buscar el placer, la persona deprimida lo evita; en vez de preocuparse por su apariencia, la descuida y le repugna; su instinto de supervivencia puede convertirse en un deseo por acabar con su vida y su impulso a mejorar puede ser reemplazado por la pasividad y el aislamiento.<br />
Las señales más típicas y obvias de la depresión son las relacionadas con un estado de ánimo triste: soledad, melancolía, apatía, … La persona deprimida puede encontrarse a sí misma llorando incluso cuando parece no haber motivos por los que llorar, o incluso puede encontrar imposible llorar cuando sí tendría motivos para hacerlo. Puede tener problemas para dormir, o levantarse de madrugada y ser incapaz de conciliar el sueño.</p>
<p>Puede sentirse constantemente cansada incluso durmiendo más de lo habitual. perder el apetito y bajar de peso o, por el contrario, comer más de lo habitual y engordar. Típicamente, quien está deprimido se ve a sí mismo de un modo muy negativo. Puede creer que está desamparado y solo en el mundo, y frecuentemente se culpa por errores o fallos insignificantes. Es pesimista acerca de sí mismo, del mundo y de su futuro. Pierde el interés por todo lo que le rodea y es incapaz de encontrar satisfacción en actividades que anteriormente le producían placer. A menudo, tiene problemas para tomar decisiones o llevar a cabo las decisiones que ha tomado previamente.</p>
<p>Pero también <strong>hay personas que pueden estar deprimidas sin mostrar los típicos sentimientos de tristeza y desánimo;</strong> en vez de esto, pueden quejarse de malestar físico o tener problemas de alcoholismo u otras adicciones. Cuando una persona parece estar siempre cansada o aburrida con lo que hace, puede que en realidad esté deprimida. Cuando niños brillantes comienzan a ir mal en la escuela durante un tiempo, también nos puede alertar de una posible depresión. Incluso puede ocurrir que niños que se muestran muy activos, en verdad pueden estar intentando compensar una depresión subyacente.</p>
<p>Un elemento común es que las personas deprimidas <a href="https://www.albertosoler.es/las-emociones-y-la-regulacion-emocional/" data-wpel-link="internal">interpretan de forma incorrecta muchas situaciones y lo que piensan acerca de lo que ocurre a su alrededor afecta a cómo se sienten.</a> En otras palabras, la persona deprimida se siente triste y sola porque erróneamente piensa que es incompetente y que está abandonada. Por lo tanto, para poder superar una depresión debemos centrarnos más en identificar y corregir estos errores de pensamiento y no poner tanto el foco en el estado de ánimo deprimido.</p>
<p><strong>Las personas deprimidas tienen constantemente pensamientos desagradables</strong> y, con cada pensamiento negativo, la depresión aumenta. Como, por lo general, estos pensamientos no están basados en hechos objetivos y hacen a la persona sentirse triste sin razones objetivas para estarlo, estos pensamientos negativos pueden acabar impidiendo a la persona hacer aquellas actividades que le harían sentir mejor y, además, acabar experimentando pensamientos críticos acerca sí misma como ser “vaga” o “irresponsable”, los cuales le harán sentir todavía peor.</p>
<p>Imagina el siguiente ejemplo. Estás caminando por la calle y ves a un amigo que parece ignorarte. Naturalmente, te sentirás triste. Puedes preguntarte qué tiene tu amigo contra ti. Más tarde, vuelves a ver a tu amigo y le comentas lo sucedido; entonces él te dice que estaba muy preocupado y que ni siquiera te había visto. Normalmente, te sentirás mejor y dejarás de preocuparte por el incidente. No obstante, si estás deprimido, probablemente pensarás que tu amigo te rechaza y ni si quiera le comentarás nada al respecto, dando lugar a que el malentendido se mantenga. Las personas deprimidas cometen tales errores una y otra vez. De hecho, se ha visto que llegan a interpretar expresiones amistosas como rechazos. Tienden a ver el lado negativo de las cosas más que el positivo, y no tratan de comprobar si se han equivocado a la hora de interpretar los acontecimientos.</p>
<p>Si estás deprimido, muchos de tus sentimientos negativos pueden estar basados en pensamientos erróneos. Estos errores tienen que ver con la forma en la que piensas sobre ti mismo y sobre la manera en la que juzgas las cosas que te ocurren.<br />
Pero hay luz al final del túnel: lo creas o no, tienes muchas habilidades y puedes ser muy bueno resolviendo problemas. De hecho, probablemente hayas estado solucionando problemas durante toda tu vida. Tal y como haría un científico, puedes aprender a utilizar tu capacidad de razonamiento y tu inteligencia para “poner a prueba” tus pensamientos y ver si son realistas. Puedes ayudarte a ti mismo (1) reconociendo tus pensamientos negativos y (2) corrigiéndolos y sustituyéndolos por pensamientos más realistas.</p>
<p>Cada vez que te des cuenta de que te estás sintiendo más triste, trata de recordar qué pensamiento generó o incrementó tu sentimiento de tristeza. Este pensamiento puede ser una reacción hacia algo ocurrido recientemente, quizá durante la última hora o durante los últimos minutos, o quizá puede ser el recuerdo de un acontecimiento pasado. Estos pensamientos suelen girar alrededor de los siguientes temas: opinión negativa acerca de ti mismo, autocrítica, auto culpabilización, interpretación negativa de los acontecimientos que experimentas, expectativas negativas sobre el futuro o sentir que las tareas que hasta hace poco hacías sin pensar, ahora te cuesta un mundo completarlas.<br />
Una persona no deprimida puede tener a veces pensamientos de este tipo, como los que comentábamos al principio, pero generalmente puede librarse de ellos. Sin embargo, la persona deprimida los sufre todo el tiempo; cada vez que piensa en su valor o capacidad, piensa que no podrá conseguir nada en la vida.</p>
<p>Pero es cierto que hacer esto solo estando deprimido es bastante complicado. Suele hacer falta algo de ayuda. La terapia psicológica te puede ayudar a enfrentarte a la depresión y comenzar a dejarla atrás; puede ayudarte a identificar y corregir tus ideas y pensamientos poco realistas que te pueden llevar a conclusiones erróneas sobre ti mismo y sobre los demás. Así podrás enfrentarte de un modo más eficaz a los problemas reales del día a día. <a href="https://www.albertosoler.es/quienes-somos/" data-wpel-link="internal">Con la ayuda de un terapeuta cualificado y con tu esfuerzo tendrás la oportunidad de sentirte mejor y podrás aprender a responder de una forma menos depresiva cuando en el futuro te encuentres con dificultades. </a></p>
<p>Lo que hemos comentado en este vídeo forma parte de la conocida guía “Coping with depresión”, elaborada por Aaron Beck uno de los padres de la psicoterapia cognitiva, en los años 70. Y, como veis, se mantiene totalmente vigente a día de hoy, ¿no os parece?</p>
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		<title>Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Parálisis por análisis… Seguramente os habrá pasado alguna vez que ante una decisión importante en la que queríais tomar la mejor decisión, os habéis quedado un poco atascados en la fase de contemplar todas las posibles opciones, los pros, los contras, los qué pasaría sí, el “vale, ya lo tengo claro”... Pero cuando asumes una opción no eres capaz de desprenderte de alguna de las otras: es lo que se conoce como parálisis por análisis. Vamos a ver con un poco más de detalle de qué va esto y qué es lo que podemos hacer en este tipo de situaciones… INTRO Las personas somos todas diferentes. Algunas son más impulsivas, otras más reflexivas. Algunas más habladoras, otras más calladas. Algunas más activas, otras más tranquilas… independientemente de estos rasgos, todos tenemos nuestros momentos más y menos impulsivos, momentos en los que estamos más o menos activos o habladores. Por eso, seamos de un estilo u otro, es fácil que lo que vamos a explicar hoy nos haya pasado en mayor o menor grado alguna vez. Es lo que se conoce como parálisis por análisis. Tenemos que tomar una decisión que para nosotros es importante. Puede tratarse de algo más o menos trascendente, pero el caso es que para nosotros en este momento es algo a lo que le estamos dando importancia (aunque desde el punto de vista de otras personas esta decisión no sea nada importante). Pero el caso es que tenemos diferentes opciones a la hora de decidir, cada una con sus pros y sus contras. Y es que la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Que sí, que está muy bien el que nos paremos a reflexionar las posibles opciones antes de tomar una decisión y actuar, de hecho hemos hablado de eso mismo en otros artículos y vídeos. El problema viene cuando nos quedamos atascados en esta fase de análisis, dándole excesivas vueltas al problema, perdiendo tiempo y energía, sin llegar a decidirnos por ninguna opción y por lo tanto sin actuar en uno u otro sentido. Algunas personas se quedan atascados en la búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el miedo al fracaso es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero a pesar de todo, puede ocurrir que el coste de no llegar a tomar una decisión sea en realidad mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer cuando nos vemos atascados en una situación así? Cuando somos conscientes de que nos estamos pasando con el tiempo o la energía que le estamos dedicando a una decisión, podemos optar por varias opciones: Limitar el número de opciones. Cuando estamos atascados en este tipo de situaciones menos es más. Es imposible elegir entre todos los posibles modelos de coches, pantalones, zapatillas, u ordenadores. No podemos comparlos todos porque hay demasiados. Es mejor limitar la elección a unas pocas opciones (quizá dos o tres) y dedicarle tiempo a analizar solo estas, en lugar de intentar abarcar todas las posibles opciones. Es por esto que muchos vamos siempre a las mismas tiendas de ropa o compramos siempre los electrodomésticos o cacharritos de una determinada marca. Tener demasiadas opciones puede llevarnos a quedarnos atascados y no llegar a elegir ninguna. Otra cosa que podemos hacer es decidirnos por la primera opción que consideremos suficientemente razonable. Si asumimos que es suficientemente buena, aunque no sea perfecta, podremos salir del bloqueo y seguir adelante con este y otros asuntos importantes. Nuestro tiempo y nuestras energías también son importantes y no tenemos porqué desperdiciarlos. También podemos marcarnos plazos temporales. Cuando estamos atascados sin saber muy bien por dónde tirar, ayuda tener una fecha tope para tomar una decisión. Si no nos viene dada esta fecha por las circunstancias, podemos fijarla nosotros mismos: nos damos un plazo para tomar una decisión, y si pasado este tiempo no la hemos tomado, una de dos, o asumimos la opción que consideremos más razonable en ese momento, o abandonamos la idea y dejamos de dedicarle tiempo y energía. También podemos intentar enfocarlo desde otro punto de vista. En lugar de enfocarlo como una decisión definitiva, podemos plantearnos que probablemente podamos cambiar de opinión en el futuro, cambiar de rumbo, realizar modificaciones, etc. Si le quitamos un poco de hierro a la decisión probablemente sea más fácil decantarnos por una u otra alternativa. Si vemos que no somos capaces de tomar la decisión por nosotros mismos, podemos compartir nuestras inquietudes con otras personas que nos ayuden a decidir. En función de las circunstancias, estas personas pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, o de en caso de ser necesario, también podemos solicitar ayuda profesional. Finalmente, un último recurso sería imaginar posibles consecuencias de cada una de las alternativas que barajamos, y exagerarlas llevándolas al extremo. Si las consecuencias no son muy desastrosas llevándolas al extremo, probablemente podamos asumir esa opción como buena o, al menos, elegir la que tenga consecuencias menos graves. Esta es nuestra lista de opciones para salir de esa parálisis, y vosotros ¿qué hacéis para salir de este tipo de situaciones? Si tenéis un truco que os funciona para ayudaros a elegir cuando os sientes atascados, contárnoslo en los comentarios. Y hasta aquí, otra píldora de psicología, si os ha gustado tenéis muchos más vídeos y artículos en el canal de YouTube y en albertosoler.es. Y en todas las librerías nuestro libro “Hijos y Padres Felices”. ¡Un saludo!</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/por-que-lo-mejor-es-enemigo-de-lo-bueno/" data-wpel-link="internal">Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Os habéis planteado alguna vez el tiempo que empleamos a lo largo de nuestra vida en <a href="https://www.albertosoler.es/ceguera-a-la-eleccion-por-que-fallamos-tanto-al-tomar-decisiones/" data-wpel-link="internal">tomar decisiones</a>? Sí, mucho. Solemos pensar que cuanto más tiempo dedicamos a meditar una decisión, mejor será el resultado final. Pero, ¿y si realmente no es así?, ¿y si <strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="E3qB9J"><iframe title="Por qué buscar LO MEJOR puede ser una mala idea: lo mejor es enemigo de lo bueno" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/QXGehWiK_dM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
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<p>Habréis oído muchas veces eso de que “<strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>” Esta expresión pertenece a Voltaire y la emplea para hablar de una trampa lógica que se conoce como la &#8216;Falacia del Nirvana’: rechazar una acción o una idea comparándola con lo mejor, con algo tan «mejor» que resulta inabarcable o imposible. Lo que digo siempre, que <strong>ninguna realidad puede competir con una fantasía</strong>, ya sea un trabajo, un viaje o una pareja. Lo veíamos <a href="https://www.albertosoler.es/el-sindrome-de-paris-por-que-enferman-algunos-japoneses-al-llegar/" data-wpel-link="internal">cuando hablábamos del síndrome de París</a>. Pues bien, <strong>aceptar que lo mejor es enemigo de lo bueno no es tarea sencilla</strong>, ya que tendemos a pensar que lo mejor es lo mejor y punto, sin darle más vueltas al asunto. Se requiere cierto recorrido vital para entender que quizá ese “lo mejor” es una fantasía, una utopía que nos aleja de tomar buenas decisiones en el momento presente, esperando algo que quizá nunca llega.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal">Cuando nos enfrentamos a decisiones importantes en la vida</a> es necesario dedicarles un mínimo de tiempo para poder contemplar todos los elementos que entran en juego, comparar distintas opciones, y una vez tengamos toda la información necesaria, tomar la mejor decisión posible. Pero no siempre es todo tan sencillo. <strong>Hay veces que no hay una decisión que sea “la mejor”</strong>; hay veces que no disponemos de toda la información necesaria y tenemos que hacer una apuesta; en otras ocasiones las opciones que tenemos son prácticamente equivalentes (al menos, con la información que tenemos) y nos cuesta decantarnos por una u otra. Y ahí es donde nos enganchamos: esperando el mejor resultado vamos dejando pasar el tiempo y las oportunidades rechazando opciones que eran realmente buenas y que podían funcionar para nosotros.</p>
<p>Entonces, <strong>¿emplear más tiempo en una búsqueda o una decisión implica mejor resultado final? Definitivamente, no.</strong> Echarle tiempo “a granel” a un proceso de toma de decisiones no es garantía de nada, a veces todo lo contrario.</p>
<p>Muchas personas se quedan atascadas en un proceso eterno de búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de todas las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">miedo al fracaso</a> es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero en todos estos casos lo que acaba ocurriendo es que el coste de no llegar a tomar una decisión en realidad puede acabar siendo mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Es lo que se conoce como parálisis por análisis: la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Y eso es algo que nos cuesta mucho.<br />
<a href="https://www.albertosoler.es/renunciar-para-ser-felices/" data-wpel-link="internal">Estamos preparados para elegir ventajas o virtudes, no para elegir defectos</a>. Pero cada opción que tomamos tiene su cara b: si compramos un apartamento en la playa estamos renunciando a tener una casita en la montaña. Si elegimos un pequeño deportivo estamos renunciando a tener un buen maletero. Si elegimos una escuela súper molona y súper interesante probablemente tenemos que renunciar a la que tenemos más cerca de casa. Vivir es elegir, y elegir es renunciar.</p>
<p><strong>Pero hay que elegir; no hacerlo mientras esperamos que se presente ante nuestros ojos la opción ideal es una forma de garantizarnos el fracaso al mismo tiempo que nos engañamos a nosotros mismos pensando lo difícil o injusta que es la vida porque no nos da las mismas oportunidades que al resto</strong>. Pero quizá no tenemos que culpar a la vida y lo que debemos es dejar de crear esa narrativa fatalista y aceptar que tal vez nuestras fantasías o aspiraciones nos están impidiendo alcanzar realmente nuestras metas. Porque, quizá, lo mejor es enemigo de lo bueno.</p>
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		<title>Superar la crisis de la mediana edad o la crisis de los 40 años</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/superar-crisis-30-40-50-mediana-edad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Sep 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Llevas mal el paso del tiempo?, ¿cumplir años?, ¿la crisis de los 40? Pues siento decirte que nunca jamás vas a ser tan joven como eres hoy. Quizá eres de esas personas que tienen una relación muy complicada con el paso del tiempo; mala hasta el punto de negarlo y no aceptarlo. Esta relación complicada [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Llevas mal el paso del tiempo?, ¿cumplir años?, ¿<strong>la crisis de los 40</strong>? Pues siento decirte que nunca jamás vas a ser tan joven como eres hoy. Quizá eres de esas personas que tienen una relación muy complicada con el paso del tiempo; mala hasta el punto de negarlo y no aceptarlo. <strong>Esta relación complicada con el tiempo suele empezar a partir de los 30 o los 40 años</strong>, edades en las que somos conscientes de los efectos que el tiempo tiene sobre nosotros y hacemos lo posible por contrarrestarlo. Pero claro, hay formas adaptativas de hacerlo, y hay otras que son bastante contraproducentes. Veamos.</p>
<p><span class="TVCNygo5ixGkPrLajfZH"><iframe title="La crisis de los 30, de los 40 o crisis de la mediana edad" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/jZkJyEm45qc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
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<p>Es probable, porque me lo chivan los datos de audiencia de YouTube, que estés cerca tu 30 o tu 40 cumpleaños, ¿verdad? Son edades bastante simbólicas en las que empezamos a plantearnos cosas y hay personas para las que puede llegar a suponer un verdadero trauma. Pero, qué queréis que os diga, <strong>luchar contra el paso del tiempo es como luchar contra la gravedad: algo bastante inútil.</strong> Te guste o no te guste está ahí, y va a avanzar sin preguntarse si te parece bien o no. Por lo tanto, sería buena idea reconciliarnos con el tiempo y aceptar la edad que tenemos.</p>
<p>Hay <strong>toda una industria que gira alrededor de frenar, o intentar frenar, el avance del tiempo:</strong> cosméticos, libros, entrenamientos, &#8230; Da la impresión que la edad implica de manera natural una pérdida de atractivo, ya que el objetivo siempre es restar años, aparentar más juventud, que no se note qué edad tienes.<br />
Es paradigmático el tema de las canas en las mujeres (no en los hombres, ya sabéis cómo van estas cosas). Desde la primera cana hay que taparla corriendo, entrando en la esclavitud con el tinte, no sea cosa que alguien en algún momento pueda pensar que el tiempo también te afecta, ¡qué vergüenza! Esto también forma parte de la llamada «crisis de los 40».</p>
<p>Seguro que <strong>conocéis personas a vuestro alrededor que se esfuerzan por ocultar su verdadera edad,</strong> que celebran cumpleaños pero nadie sabe realmente cuántos años cumplen, como si el dígito llevara implícita una vergüenza o humillación. Esto no sería un problema si en vez de enfocarlo a la apariencia o la estética lo centráramos en la salud. De hecho este es un buen objetivo: cumplir años y que nuestra salud se mantenga o incluso mejore. Esto pasa por responsabilizarnos, y ser conscientes del impacto de nuestros hábitos en los efectos del tiempo y la edad. Si lo que queremos es esto, <strong>no es necesario emplear costosos cosméticos ni hacer cosas raras; basta con tener una alimentación saludable, hacer ejercicio físico y también mental</strong> (que esto a veces se nos olvida). Esto no es nada nuevo, ya los griegos lo tenían clarinete, pero claro, todo esto cuesta esfuerzo. Es más fácil ponerse una crema antiedad… ¿Os imagináis una crema “anti gravedad”? Pues lo mismito.</p>
<p>La cosa es que esa lucha contra el tiempo no solo se restringe a lo físico o a la estética; también afecta a otros aspectos de nuestra vida. <strong>Vemos personas que mantienen conductas y relaciones con 30 o 40 años más propias de la adolescencia</strong>: huyen del compromiso en las relaciones de pareja, mantienen hábitos tóxicos no queriendo asumir que sus órganos sí saben del paso del tiempo y no olvidan. Y esto es porque con frecuencia nos sentimos más jóvenes de lo que realmente somos, y creemos que el tiempo no pasa por nosotros. Pero ay si pasa!<br />
Vivimos como si el tiempo no pasara por nosotros, y de repente, un día, de golpe, nos damos cuenta de que sí que ha pasado; quizá es al ver una cana en el espejo, arrugas en el cara, al ver cómo las personas a nuestro alrededor comienzan a cambiar de vida, se estabilizan, tienen hijos&#8230; y entonces viene el bajón y la nostalgia por una juventud que sentimos que ha pasado. Eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.<a href="https://www.albertosoler.es/donde-buscar-la-felicidad/" data-wpel-link="internal"><strong> Idealizamos los años pasados como si fueran la verdadera esencia de la felicidad</strong></a>, como si fuera la medida con la que tenemos que compararlo todo. Y es cuando algunas personas entran en crisis: comienzan a comportarse de un modo propio de otras edades, adquieren productos para frenar el envejecimiento, realizan extrañas dietas, o incluso, llevados por la nostalgia y la idealización de esos tiempos pasados, les viene ese pensamiento de “maldita sea, aún soy joven, qué estoy haciendo con mi vida” y entonces es cuando se divorcian y comienzan a comportarse como adolescentes con 40 o 50 años.</p>
<p>Pero como decíamos también <strong>hay formas más adaptativas de manejar el paso del tiempo y la crisis de los 40</strong>; quizá ver esa cana o esas arrugas en el espejo, en vez de llevarte a la farmacia a por cremas o al tintes, te pueden llevar al gimnasio. A mejorar tu alimentación. A valorar el momento en el que te encuentras y asumir que si quieres añadirle vida a tus años debes ser consciente de que tu cuerpo es una máquina que hay que cuidar. No es cuestión de centrarse tanto en la chapa y pintura como en el motor, para que nos entendamos. Quizá te lleve a comprender que tienes que cuidar tu relación de pareja, tus amistades y hábitos, si no quieres acabar solo. Que debes responsabilizarte de tu vida.<br />
Y tenemos que comprender, aunque no nos guste, que nadie ha logrado ganar la batalla contra el tiempo. Es inútil, una lucha perdida…</p>
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"<u><b><a href="http://amzn.to/2kpqBtW" data-wpel-link="external" target="_blank" rel="nofollow external noopener noreferrer">Hijos y padres felices</a></b></u>" (Ed. Kailas, 2017) es nuestro libro sobre crianza centrado en la etapa 0 a 3 años: apego, lactancia, alimentación, sueño y colecho, rabietas, límites, premios y castigos, movimiento libre, retirada del pañal… Aquí abordamos gran parte de lo que ocurre durante los primeros años de vida de los niños. 

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<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank"><img decoding="async" style="border-width: 0;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-sa/3.0/es/88x31.png" alt="Licencia Creative Commons" /></a> Este artículo, escrito por <a href="http://www.albertosoler.es/" rel="cc:attributionURL" data-wpel-link="internal">Alberto Soler Sarrió</a> se encuentra bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/deed.es_CO" rel="license nofollow external noopener noreferrer" data-wpel-link="external" target="_blank">Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España</a>.</div></div>
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		<title>Es necesario perder el tiempo en la infancia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Sep 2022 07:00:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Muchas familias y educadores se quejan de que niñas y niños tienen demasiado tiempo libre, cuando la realidad es más bien al contrario: el tiempo de nuestras criaturas cada vez está más estructurado y lleno de actividades. ¿Por qué tenemos ese miedo al tiempo libre? Veamos. Una tendencia que llevo viendo tiempo, y que lejos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas familias y educadores se quejan de que niñas y niños <strong>tienen demasiado tiempo libre</strong>, cuando la realidad es más bien al contrario: <a href="https://www.albertosoler.es/el-juego-libre-video/" data-wpel-link="internal">el tiempo de nuestras criaturas cada vez está más estructurado y lleno de actividades.</a> ¿Por qué tenemos ese miedo al tiempo libre? Veamos.</p>
<p><span class="QGcAjmqxwNRH3apitl"><iframe title="Perder el tiempo para tener una infancia feliz" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/BPOv5GoHdX4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Una tendencia que llevo viendo tiempo, y que lejos de suavizarse no hace más que crecer, es la de <strong>evitar a toda costa el tiempo libre de los niños por considerarlo una pérdida de tiempo.</strong> Esta visión parte de la base de que todo el tiempo de vigilia, desde que se levantan hasta que se acuestan, debe ser bien aprovechado y que, en caso contrario, lo estamos desperdiciando. Aunque sea fin de semana, aunque sean vacaciones, ¡o aunque sea verano!</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/jornada-escolar-continua-mala-perjudicial-para-los-alumnos/" data-wpel-link="internal">Las jornadas infantiles</a> pueden llegar a ser ciertamente agotadoras, ya que <a href="https://www.albertosoler.es/trabajar-bebe-mito-la-conciliacion/" data-wpel-link="internal">a falta de ayuda externa (y muchas familias no la tienen) los niños deben entrar a la escuela antes del trabajo de sus padres y salir después.</a> ¿Y esto cómo se hace? Ahí entran en juego las escuelas de madrugadores, las vespertinas, actividades extraescolares, etc. que se suman a la jornada escolar propiamente dicha. Niños que se despiertan a las siete de la mañana y van enlazando actividad tras actividad hasta prácticamente llegada la noche, y cuando llegan a casa, deberes, ducha, cena y dormir. <strong>La infancia debería ser otra cosa, ¿no os parece?</strong></p>
<p>Pero de momento solo estamos hablando de una parte del problema, que son los problemas de conciliación que muchas familias tienen. <a href="https://www.albertosoler.es/estimulacion-temprana-o-ninos-sobreestimulados-video/" data-wpel-link="internal">A estas dificultades de conciliación se suma esa visión que comentábamos, de que todo el tiempo de los niños debe ser aprovechado</a>; ¿que le dejo en la matinera una hora antes de que empiecen las clases? (matinera, madrugadores o como se diga en vuestra comunidad) Bueno, pues al menos que esté haciendo actividades en inglés y que aproveche, no sea que pierda el tiempo mientras desayuna con los otros niños. ¿Que por la tarde se tiene que quedar más rato? Lo mismo, al menos que sea en inglés, ¿no? ¿Que en mi cole hay <a href="https://www.albertosoler.es/jornada-escolar-continua-mala-perjudicial-para-los-alumnos/" data-wpel-link="internal">jornada partida</a>? No va a estar el niño perdiendo el tiempo dos horas de patio, no, ¡qué barbaridad! Cada día que tenga una actividad diferente en ese rato, así enlazará las clases de la mañana y las de la tarde sin perder nada más que el tiempo del comedor. ¡De verdad, esto es una barbaridad!</p>
<p>Esa presión para los adultos ya sería excesiva, pero es que cuando hablamos de niñas y niños la cosa ya clama al cielo… Vemos el tiempo libre como huecos a rellenar por actividades, sin darle valor al tiempo libre en sí mismo. Es la <a href="https://www.albertosoler.es/los-ninos-la-sociedad-consumo-video/" data-wpel-link="internal">mercantilización del ocio y el tiempo libre como un espacio más de consumo</a>. Pero las personas, seamos adultas o pequeñas, no podemos aprovechar todo el tiempo sin descanso. Al menos no sin llegar un momento en el que no podamos más y acabemos pagando la factura.<br />
<a href="https://www.albertosoler.es/estres-infantil-ninos-sintomas-causas-tratamiento/" data-wpel-link="internal">Una factura en forma de trastornos por estrés,</a> <a href="https://www.albertosoler.es/tengo-un-nudo-en-la-barriga-un-cuento-sobre-la-ansiedad-infantil/" data-wpel-link="internal">ansiedad</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/el-sueno-en-la-infancia-apego-colecho-lactancia-despertares/" data-wpel-link="internal">problemas de sueño</a>, de estado de ánimo, etc.</p>
<p>De hecho, <strong>algunas de las conductas infantiles que interpretamos como “mala conducta” están relacionadas con esto, precisamente: conductas desafiantes, irritabilidad, problemas escolares, etc. </strong>Fijaos la paradoja: tenemos a un niño al que le hace falta tiempo libre y descanso, su rendimiento académico y su conducta empeoran porque cada vez tiene más estrés, y para tratar de corregirlo, le apuntamos a clases de repaso para que trabaje más y se ponga al día. ¿Qué sucede? Que su rendimiento y su conducta empeoran. Y así una y otra vez. Esto es algo en realidad, bastante frecuente.<br />
Otro efecto de la falta de tiempo libre es la baja tolerancia al aburrimiento y la dificultad para poder gestionarlo adecuadamente. Tenemos a nuestras criaturas acostumbradas a estar siempre entretenidas desde fuera; siempre hay alguien o algo que les está estimulando y diciendo qué hacer: profesores, monitores, familia, televisión y otras pantallas… Los inputs no cesan, con lo que se deja muy poco lugar a la reflexión o el pensamiento creativo.</p>
<p>De hecho, en parte, por eso lo hacemos: porque nos da miedo que piensen y que actúen como los niños y niñas que en verdad son. Recordemos que los adultos solemos llamar mala conducta a conductas bastante normales y esperables en la infancia. ¿Se aburren los niños? Sí, cada vez más. Y lo hacen porque no tienen oportunidad de gestionar su propio tiempo, no les permitimos entrenar su creatividad.</p>
<p>La solución a todo esto no es fácil; lo decíamos antes, tenemos problemas de conciliación muy importantes y de algún modo<strong> tenemos que solucionar ese desfase entre las jornadas laborales y las escolares.</strong> Pero cuando los problemas de conciliación se suman a la presión por la excelencia, al impulso a crear súper niños, a la competitividad&#8230; entonces el lío está servido. ¿Que es necesario tenerles atendidos hasta que lleguemos del trabajo? Sí, sin duda. Si no podemos echar mano de abuelos, tíos o cuidadoras, procuremos que las actividades que realicen sean fundamentalmente lúdicas y no orientadas a potenciar, completar o repasar los contenidos académicos. Las actividades extraescolares no tienen por qué ser académicas, ya tienen suficientes horas de eso en el día. El deporte, la música, el baile son opciones muy buenas siempre no se nos vaya la mano: no tienen que ser profesionales del deporte, la música o el baile, simplemente tienen que pasárselo bien mientras llegamos del trabajo. Y si eso acaba despertando en ellos una motivación que les pide profundizar, ya se verá. Pero no de primeras. Que sea algo suyo, no nuestro.</p>
<p>Sin duda es necesario un cambio de mentalidad por nuestra parte, la de los adultos, en el que nos alejemos de ese horror vacui al ver huecos en su agenda y perdamos el miedo a perder el tiempo. Ellos y nosotros. Sí, nosotros. Los que aprovechamos cada minuto del día, y que cuando nos vemos mínimamente ociosos sacamos el móvil del bolsillo, no sea que nos pongamos a pensar o algo&#8230;</p>
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		<title>Disonancia cognitiva: así te engañas a ti mismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Sep 2022 07:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una conocida fábula de Esopo que habla de una zorra que va por el campo y ve en lo alto de un árbol un apetitoso racimo de uvas. La zorra intenta alcanzarlo de todos los modos posibles pero no puede. Al darse cuenta de que el racimo está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay <strong>una conocida fábula de Esopo</strong> que habla de una zorra que va por el campo y ve en lo alto de un árbol un apetitoso racimo de uvas. La zorra intenta alcanzarlo de todos los modos posibles pero no puede. Al darse cuenta de que el racimo está demasiado alto, desprecia las uvas diciendo: «Bah, ¡no están maduras!». Y se va. Pues bien, <strong>este es un ejemplo perfecto de en qué consiste la disonancia cognitiva y lo que hacemos para evitarla</strong>. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="CJAUkHaYxKq5EOePf6ziQDSrtjnF2u8gsp4ZBIGMVN0dcRvXh13"><iframe title="Disonancia cognitiva: así te engañas a ti mismo" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/dYdjDb3a_d8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>Qué es la disonancia cognitiva</h2>
<p>La disonancia cognitiva es un concepto psicológico que hace referencia a un <em><strong>estado emocional desagradable que aparece por la discrepancia entre ideas y creencias que tenemos acerca de algo, o entre estas ideas y las conductas que llevamos a cabo.</strong></em> Esta sensación desagradable nos lleva a realizar conductas o crear justificaciones que eliminen o reduzcan la disonancia, y con ella el malestar, lo cual en la práctica implica muchas veces el hecho de <a href="https://www.albertosoler.es/debemos-decir-siempre-la-verdad-sinceridad-vs-sincericidio/" data-wpel-link="internal">mentirnos a nosotros mismos</a>.</p>
<p>Veámoslo en la fábula de Esopo: la zorra quiere las uvas, de hecho les ha visto una pinta estupenda, por eso las quiere, pero cuando se da cuenta que no puede alcanzarlas es cuando las desprecia diciéndose a sí misma que no merecen realmente la pena porque no están lo suficientemente maduras. Se está engañando a sí misma. ¿Que por qué hace eso? Porque reconocer que las quiere, que deben estar buenísimas, pero que no es capaz de alcanzarlas resulta demasiado doloroso, así que <strong>su mente idea una estrategia para evitar ese dolor: distorsionar la realidad para hacerla menos dolorosa. ¿Acaso no es esto lo que hacemos todos en numerosas ocasiones?</strong></p>
<p>Por ejemplo, esas personas tan tan de izquierdas y tan tan comprometidas con una y mil causas, pero que luego defraudan lo que pueden. “Como todos defraudan, yo prefiero no pagar impuestos y luego si eso, donarlo a la causa que yo quiera” (o si eso, ya me lo quedo tó pa mi…). Eso sí, luego el puño izquierdo bien arriba y a tope con lo público.<br />
O esas personas tan tan pro vida cuando se trata de embriones, para las que el aborto es un asesinato, pero que luego son insensibles ante la muerte de inmigrantes en las puertas de su país, o incluso son favorables a la pena de muerte. Para que no les explote la cabeza deben crear una y mil volteretas mentales para intentar que todo encaje.<br />
La disonancia cognitiva se observa muchas veces en consulta, en casos de ansiedad, depresión, estrés, dificultades de adaptación u otros problemas. Como suelo explicar a los pacientes: <em>“tu problema es que tu cabeza, tu corazón y tus pies van por caminos distintos, cada uno avanza en una dirección, y eso te genera malestar. Lo que tenemos que hacer es que cabeza, corazón y pies, pensamientos, emociones y conducta, vayan de la mano”</em> En consulta tratamos de encontrar formas adaptativas de disminuir esa disonancia cognitiva que tanto malestar genera a la persona. Pero no todas las formas de reducir la disonancia son adaptativas; a veces incluso nos hacen estar estancados y nos impiden avanzar.</p>
<h2>Proteger nuestros pensamientos de amenazas</h2>
<p>En nuestro día a día <strong>invertimos muchos esfuerzos en mantener nuestras ideas a salvo de las peligrosas amenazas externas que nos puedan hacer cuestionar nuestras creencias y nos generen malestar.</strong> Esto al final nos lleva a justificar del modo más exótico posible ciertos comportamientos para que encajen en nuestro sistema de creencias y valores, y a negar de modo frontal cualquier pensamiento o idea que pueda poner en riesgo aquellas que ya teníamos previamente. Y por el contrario, cuando encontramos algo que encaja con nuestras creencias e ideas, lo aceptamos inmediatamente sin dudarlo lo más mínimo. De hecho, es algo que nos viene muy bien ya que ayuda a construir nuestra identidad. Por eso leemos periódicos, escuchamos radios y podcasts, y escuchamos música afines a nuestras ideas.</p>
<p>Por eso, a veces <strong>nos dejamos llevar por los estereotipos</strong>, lo que algunos incluso han llamado <a href="https://www.albertosoler.es/la-crianza-perfecta-video/" data-wpel-link="internal">“packs ideológicos”</a>: si estás a favor de esto, lógicamente también deberías estar a favor de esto, esto y esto otro. Creamos nuestro pequeño búnker ideológico en el que aceptamos y rechazamos ideas, conductas o valores en función de si encajan fácil e indoloramente con los previos. Los que están fuera los rechazamos de plano, no sea que nos hagan cuestionarnos esos principios que tan a fuego hemos grabado.</p>
<p>Y así nos pasamos gran parte de la vida, haciendo malabarismos para evitar caer en la disonancia. Pero estos atajos, que están muy bien, porque nos ahorran tiempo y esfuerzo, también tienen una cara B: y es que <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">el mundo cambia, y si no nos adaptamos y cuestionamos nuestras ideas, cada vez nos costará más avanzar.</a> Al final tenemos que hacer un balance entre el coste que nos implica cuestionar nuestras propias ideas y valores, y el coste que tiene mantenernos estáticos en un mundo que cambia. Y lo que hay detrás de todo esto no es otra cosa que el miedo al cambio. <a href="https://www.albertosoler.es/hipocondria-y-si-es-algo-malo-cuando-nos-obsesionamos-por-la-salud/" data-wpel-link="internal">El cambio implica duda, incertidumbre</a>, y siempre vamos a tratar de evitarlo en mayor o menor medida, hasta que el coste de no cambiar sea mucho más elevado que el coste de hacerlo.</p>
<p>En fin, que cabeza, corazón y pies deben ir en una misma dirección para que no aparezca el malestar, la disonancia. Pero como decía, no todas las formas de reducirla son adaptativas, hay veces que por evitar la disonancia acabamos encerrados en nosotros mismos, con miedo a cuestionar cualquier cosa que no sea lo que ya conocemos. Y tampoco es eso, ¿no? Se hace necesario, pues, encontrar un equilibrio entre evitar el malestar por la disonancia o la incertidumbre y lograr avanzar y ser flexibles en nuestro día a día para no quedar estancados.</p>
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		<title>Claves para vencer la pereza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Sep 2022 09:44:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La pereza es una sensación que todos conocemos: sabemos que tenemos que hacer algo, o que quizá nos convendría hacerlo, pero nos cuesta ponernos en acción. Como consecuencia, aplazamos esa decisión de ponernos manos a la obra y entramos en un modo de “ahorro de energía”. Como con todo, el grado es importante. No es [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La pereza es una sensación que todos conocemos: sabemos que tenemos que hacer algo, o que quizá nos convendría hacerlo, pero nos cuesta ponernos en acción. Como consecuencia, aplazamos esa decisión de ponernos manos a la obra y entramos en un modo de “ahorro de energía”. Como con todo, el grado es importante. No es lo mismo pasarte el domingo en pijama porque te da pereza y no tienes nada que hacer, que llevar semanas en casa sin ducharte ni asearte porque tienes una depresión. En todo caso, <strong>¿cómo podemos vencer la pereza?</strong> Vamos a verlo.</p>
<p><span class="hg85M4c1u2deKvbaRUx7JzGHAOqiokBNPT3V96CmWtrYjSZXyfFIl"><iframe title="7 claves para vencer la pereza, vaguería y procrastinación" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/ZmQz3ACTlyI?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Como hemos visto, <strong>la pereza sería esa sensación que nos dificulta hacer las cosas que sabemos que deberíamos hacer.</strong> Las cosas que nos dan pereza son de lo más variado, y van de asuntos de poca envergadura a temas mucho más serios.</p>
<h2>¿Por qué sentimos pereza?</h2>
<p>Entonces, ¿por qué sentimos pereza? Se especula con que puede tener una función evolutiva; todos los seres vivos que se mueven tienden a no malgastar su energía si no hay un beneficio claro. Los humanos tenemos una naturaleza de cazadores recolectores; nuestros antepasados estaban siempre en movimiento empleando energía para las necesidades más inmediatas. Lo que no producía un beneficio inmediato no resultaba tan movilizador. ¿Tengo hambre? Cazo. ¿Tengo sed? Busco agua. ¿No tengo hambre, sed ni ninguna necesidad especial? Pues entonces vegeto y ahorro energía para más adelante. Los cazadores recolectores eran unos maestros en eso de “vivir el presente”. Se dice que la pereza o la vagancia aparecieron cuando los humanos comenzaron a hacer planes más complejos para el futuro. <a href="https://www.albertosoler.es/sobreproteccion-cuidados-autonomia-apego-sobreproteger/" data-wpel-link="internal">La forma actual de vivir de los humanos</a>, con menos urgencias que requieran energía de manera inmediata y con más tiempo para el ocio, da más margen a que aparezca esa sensación de pereza.<br />
Pero no es tan sencillo; además de la pereza también tenemos otras dos emociones que harían de contrapeso: por un lado el aburrimiento, una emoción desagradable ante la pasividad e inacción, y por otro lado la curiosidad, una emoción agradable que nos lleva a buscar actividades interesantes aunque no haya una necesidad inmediata de realizarlas.</p>
<p>En todo caso, como decíamos, hay una cuestión de grados. La pereza, de forma aislada, la sentimos todos en ciertos momentos. A todos nos da pereza hacer según qué cosas en según qué momentos. Eso no es un problema. El problema viene cuando no se restringe a unas pocas actividades en unos algunos momentos dados, sino que marca el tono del día a día. La pereza como síntoma puede formar parte de algunos trastornos como la depresión, distimia, algunos tipos de demencia, trastornos como la fibromialgia, etc.</p>
<h2>Cómo vencer la pereza</h2>
<p>Dicho todo esto, al grano. ¿Qué podemos hacer para vencer la pereza? Vemos siete claves que son de mucha ayuda:</p>
<ol>
<li>Si la pereza forma parte de algo más amplio, como estábamos viendo (por ejemplo, una depresión), deberíamos abordar primero esa causa antes que la pereza en sí. No obstante, muchas de las cosas que ahora veremos forman parte del tratamiento de la depresión, por ejemplo.</li>
<li>Es necesario tener una buena estructuración diaria. Que tu ritmo diario sea relativamente estable. ¿Recuerdas los horarios del cole? Clase, recreo, comer, clase, etc. Pues ahora lo mismo. Intenta que a lo largo de los días los periodos de tiempo que dedicas a la actividad física, mental, trabajo, ocio o alimentación sean más o menos estables entre un día y el siguiente.</li>
<li>Avanza dando pequeños pasos y no seas excesivamente ambicioso. Querer cambiarlo todo de un día para el siguiente suele ser la forma más directa para fracasar porque verás el cambio como una gran montaña que no eres capaz de subir. Mejor que eso, establece pequeños objetivos, que sean alcanzables, y más vale en un principio quedarse corto que pasarse. Necesitas acumular experiencias de éxito.</li>
<li>Comprométete socialmente con los cambios que quieras hacer. Que la gente que te rodea sepa lo que te traes entre manos. De esta forma te pones más difícil el no cumplimiento de tus objetivos.</li>
<li>Organízate: ten un plan, emplea listas de tareas, agendas, calendarios. Dedica un tiempo fijo específico para las cosas que te son menos agradables, así te asegurarás su cumplimiento. Si lo dejas para cuando te apetezca, reconócelo, no las vas a hacer. O quizá las haces cuando ya es demasiado tarde.</li>
<li>Hay cosas que no te tienes que cuestionar, simplemente tienes que hacerlas. Especialmente las tareas pequeñas y breves. Todo aquello que te vaya a suponer menos de tres minutos deberías hacerlo directamente, porque el tiempo que te va a ocupar es muy pequeño pero más adelante, cuando se vayan acumulando muchas de esas pequeñas cosas, va a serte más difícil llevarlas a cabo.</li>
<li>Ten a mano una foto en la que te veas como realmente te gusta ser. En los momentos en los que sientas esa pereza, abre esa foto y pregúntate si tus decisiones te acercan o te alejan de ser esa persona. En caso de que te alejen, deberías cambiar tu conducta.</li>
</ol>
<p>En fin, como veis, la pereza es una sensación prácticamente universal que en un momento u otro experimentamos todas las personas, pero si se nos va de las manos puede acabar implicando algunos problemas para nosotros. Si tenemos una vida organizada y un plan de acción para cuando se presenta conseguiremos esquivar muchas de esas complicaciones y acercarnos más a ser como realmente queremos ser.</p>
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		<title>Las emociones y la regulación emocional</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Sep 2022 09:40:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las emociones nos acompañan a todos cada día; pueden ser emociones agradables que nos encantaría sentir a todas horas, o emociones desagradables que desearíamos no tener. El caso es que están ahí, y las emociones y su control (o mejor dicho su regulación) forman parte de la mayoría de los procesos terapéuticos. ¿Qué son y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las emociones nos acompañan a todos cada día</strong>; pueden ser emociones agradables que nos encantaría sentir a todas horas, o emociones desagradables que desearíamos no tener. El caso es que están ahí, y las emociones y su control (o mejor dicho su regulación) forman parte de la mayoría de los procesos terapéuticos. ¿Qué son y cómo regular las emociones? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="kvXdMlPF9sOJWSJctQ1EoChWZ3bHjKN2AUbY5Syre7FvGGinwe0LYLuRC8dgTc9BB6gV84fP5oi37EpXzqIrVDxt4xAD"><iframe title="Regulación emocional: cómo manejar las emociones" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/9M-cA1aoEbY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h2>Qué son las emociones</h2>
<p>Las emociones son una serie de reacciones involuntarias, subjetivas, breves e intensas, provocadas por un estímulo, que impulsan o inhiben la conducta. Los estímulos disparadores de las emociones pueden provenir del mundo exterior o de nuestro mundo interior (por ejemplo, un recuerdo). ¿Y qué tipo de reacciones generan las emociones? Fundamentalmente tres: a nivel fisiológico (incremento de la FC, sudoración, tensión muscular, aumento de la presión sanguínea, boca seca… lo que sea), a nivel cognitivo (pensamientos) y a nivel conductual (acercamiento, huída, respuestas faciales, etc.)</p>
<p>Los expertos están de acuerdo en que existen algunas emociones básicas que son universales y con las que venimos de serie (no son aprendidas). En lo que no se ponen tanto de acuerdo es en cuantas o cuales son: algunas de las consideradas generalmente como básicas son el miedo, la rabia, la tristeza, el amor, la alegría, asco, la curiosidad y según algunos la vergüenza, que no la tenemos al nacer, pero se considera a veces también básica por su importancia y relevancia.</p>
<p>Aunque desde nuestra propia experiencia subjetiva podría parecernos que hay <a href="https://www.albertosoler.es/el-miedo-en-la-infancia-entrevista-para-el-pais/" data-wpel-link="internal">emociones buenas y malas</a>, solemos decir que no hay emociones buenas ni malas, sino más bien agradables o desagradables, adaptativas o desadaptativas. Porque en principio todas las emociones tienen su función y están ahí por algo. Gracias a ellas hemos sobrevivido y estamos aquí hoy. Otra cosa es que nos resulten más o menos agradables o que nos puedan venir mejor o peor en un determinado momento. Pero no es la emoción en sí la que es mala; sería como un cuchillo o una piedra, que no son ni buenos ni malos por si mismos, pero nos pueden resultar útiles o nos pueden generar problemas en función de las circunstancias. Todas las emociones son necesarias porque nos dan información y nos mueven en un sentido o en otro. Por ejemplo, la tristeza nos empuja a separarnos de los demás y a reflexionar sobre lo que haya ocurrido, la alegría nos invita a compartir con nuestros seres queridos, la rabia nos incita a la lucha y el miedo a evitar el peligro.<br />
Por lo tanto, lo que sí podríamos decir es que hay emociones que nos motivan a acercarnos o a alejarnos de aquello que las ha producido; las emociones de aproximación como el amor, la alegría y la curiosidad, nos resultan agradables y sirven para acercarnos a situaciones o contextos que nos resultan gratificantes. A veces se les llama positivas, pero quizá decir agradables o de aproximación induce menos a error. Por el contrario, las emociones de defensa sirven para protegernos de potenciales peligros, sean personas, situaciones u objetos. Aunque a veces se les llama negativas, estas también son necesarias y útiles. Estas serían emociones como el miedo, la rabia y la tristeza. Cuando sentimos estas emociones la meta que nos proponemos suele estar por alcanzar y en las aproximación la meta suele estar ya lograda.</p>
<h2>Aprender a manejar las emociones</h2>
<p>A veces decimos que hay que aprender a gestionar o controlar las emociones pero, si lo tomamos desde un punto de vista literal, esto es muy difícil (por no decir imposible). Más que hablar de gestionar o controlar sería más correcto hablar de regular las emociones. La regulación emocional serían nuestros intentos para mantener o cambiar las emociones, y es una habilidad crítica para la vida, muy presente en nuestro día a día en la consulta. Es muy frecuente que las personas acudan al psicólogo porque tienen problemas emocionales, y parte de las intervenciones se dirigen a intentar reducir las estrategias de afrontamiento menos adaptativas o saludables y enseñar, practicar y promover estrategias más saludables, con las que puedan manejarse mejor con el problema que les trae a consulta, pero también de cara a las futuras dificultades que vayan surgiendo en el futuro.</p>
<p>Desde pequeños aprendemos a regular las emociones de manera natural desde casa mediante la relación con nuestros cuidadores, habitualmente nuestros padres y familiares cercanos. Cuando somos pequeños, por debajo de los 2 o 3 años, no tenemos esta capacidad de autorregularnos, porque el cerebro es aún muy inmaduro, y dependemos totalmente de que nuestros cuidadores sean capaces de hacerlo por nosotros. Es lo que llamamos “hererorregulación” de las emociones. Cuando quienes nos cuidan son personas tranquilas, y nos tratan con cariño y paciencia, con tacto, con caricias, abrazos y están atentas a nuestras necesidades, todo esto favorece, junto con el desarrollo del lenguaje, a que poco a poco vayamos ganando esta capacidad de autoregularnos. Con estas interacciones se van configurando las <a href="https://www.albertosoler.es/tu-cerebro-en-la-palma-de-la-mano/" data-wpel-link="internal">zonas cerebrales encargadas de esta regulación emocional</a>, que irán asumiendo poco a poco esta tarea que en principio asumían los cuidadores.</p>
<p>Pero difícilmente pueden ayudarnos si ellos mismos no han aprendido a regularse a sí mismos, igual que no nos pueden enseñar un idioma que no conocen. Cuando tenemos buenos modelos lo aprendemos de manera natural, cuando a las personas que son nuestros modelos se ven a menudo desbordad es por sus emociones, es normal que a nosotros también nos cueste. Pero ojo, esto no quiere decir que no podamos aprender, aunque sí nos puede costar un poco más que el que lo ha aprendido de forma natural de pequeño. Sería parecido a lo de aprender un idioma de pequeño o luego de mayores, que nos cuesta más, pero poderse, se puede. Así, las niñas y los niños poco a poco van siendo más conscientes de sus emociones, van desarrollando la capacidad de reflexionar sobre estas emociones, comprender su significado, decidir qué hacer con esto que les pasa o cambiar la forma de pensar sobre lo que les ocurre.</p>
<p>Cuando las emociones nos desbordan y perdemos el control se dice que nos estamos desregulando; cuando nos encontramos relajados, tranquilos, en calma, cuando estamos en paz con nosotros y con los demás, podríamos decir que estamos en equilibrio, regulados. Sin embargo, cuando nos sentimos abrumados por nuestras emociones, cuando nos cuesta pensar con claridad, si sentimos que estamos siempre alerta y reactivos, o por el contrario, cuando parece que todo nos cuesta demasiado, incluso pensar o movernos físicamente, y nos cuesta encontrar esos momentos de calma y bienestar, entonces podemos pensar que nos estamos desregulando.<br />
El problema precisamente es que muchas veces no somos muy conscientes y no nos damos cuenta de que nos estamos desregulando hasta que vemos las consecuencias. Muchas veces vivimos demasiado deprisa y no nos paramos a ver cómo estamos, cómo nos sentimos, qué necesitamos, y ante el malestar optamos por estrategias de afrontamiento desadaptativas que, aunque nos proporcionan alivio en el corto plazo, nos generan problemas en el medio y largo plazo.</p>
<p>Las estrategias de regulación emocional pueden ser adaptativas o desadaptativas; son adaptativas cuando se relacionan con mejores resultados en salud física y mental a largo plazo. Serían estrategias saludables, por ejemplo, las técnicas de relajación, el ejercicio físico, la meditación, compartir esas emociones, la revaluación cognitiva… Estas serían estrategias saludables. Y luego tenemos estrategias menos saludables que acaban implicando problemas en nuestra salud física o mental a medio o largo plazo, pese a que puede parecer incluso que funcionan en un momento dado; por ejemplo, el abuso del alcohol, tabaco u otras drogas, los atracones de comida, las compras compulsivas… serían estrategias de afrontamiento desadaptativas que surgen de una desregulación emocional. ¿Funcionan a corto plazo? Quizá. Pero lo que es seguro es que nos van a traer problemas más adelante.</p>
<p>La forma en la que manejemos nuestras emociones va a afectar a la mayoría, si no, todas las parcelas de nuestra vida: estudios, trabajo, pareja, amistades, salud, ocio, etc. La buena noticia es que aunque de momento no hayamos conseguido dominar esta habilidad de regular de forma adaptativa nuestras emociones aún podemos aprenderlo. En realidad lo estamos aprendiendo toda la vida y es algo que suele hacerse con mucha frecuencia en terapia psicológica.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia/que-es-la-terapia-cognitiva/" data-wpel-link="internal">La terapia cognitivo-conductual y otras terapias cognitivas</a> han mostrado su efectividad en este sentido, así como también otras intervenciones a nivel neurobiológico como tratamientos con fármacos antidepresivos o incluso la estimulación neural transcraneal que también han mostrado ser eficaces.</p>
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