¿Miedo al cambio? [Vídeo]

Ya lo decía mi abuela: ”no deixes sendes velles per novelles” lo que en castellano sería algo así como “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Eso que me decía mi abuela viene a reflejar algo que en cierto modo todos sentimos muchas veces en la vida: proteger lo que tenemos y hemos logrado de las amenazas de la incertidumbre. Ya que prácticamente todos, en mayor o menor medida tenemos miedo al cambio, sobre ello hablaré en esta Píldora de Psicología, ¡espero que os guste!

Nos cuesta adaptarnos a las nuevas situaciones, pero es algo a lo que nos enfrentamos todos en un momento u otro ya que funcionamos muy influidos por la inercia. El coste que nos supone generar un nuevo aprendizaje es tan elevado que, una vez éste está establecido, tratamos de mantenerlo y rentabilizar nuestro esfuerzo a toda costa. El cambio implica duda, incertidumbre, y siempre vamos a tratar de evitarlo en mayor o menor medida hasta que el coste de no cambiar sea mucho más elevado que el coste de hacerlo.

Cambiar va a implicar salir de una base segura en la que nos encontramos, romper con nuestro marco de seguridad, adentrarnos en la incertidumbre, para un tiempo después lograr de nuevo el equilibrio con el nuevo aprendizaje que hemos generado. Pero el proceso nos va a costar un esfuerzo importante. Es por eso que tratamos de evitarlo y sentimos miedo al cambio.

Otra manera de llamar a la inercia es hablar de hábitos. Sí, esos mismos que son tan importantes para muchas cosas, pero que a veces pueden volverse en nuestra contra. Una de las principales características de los hábitos es que nos permiten realizar determinadas conductas con un nivel de esfuerzo bastante reducido, gracias a la automatización de los pasos que implica. No necesitamos prestarle atención de manera consciente, es nuestro cerebro el que se encarga de todo lo necesario para sacar el trabajo adelante.

Pese a esa resistencia y miedo al cambio que todos mostramos, es necesario apostar para no quedarnos estancados. Romper un hábito cuesta, el cambio cuesta, pero lo que verdaderamente supone un coste enorme es el no cambio. Lo vemos en personas que no dejan de darse cabezazos contra la pared haciendo una y otra vez lo mismo, obteniendo una y otra vez un resultado negativo. Claramente el no cambio es más costoso que el cambio. Lo vemos en esas personas que se niegan a evolucionar, a crecer, que mantienen permanentemente la misma forma de actuar pese a las consecuencias negativas ”porque siempre se ha hecho así”.

Nuestro objetivo será aceptar como natural el miedo al cambio, al mismo tiempo que somos capaces de sobreponernos y seguir avanzando para no quedarnos estancados.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.

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