Psicólogo en Valencia | Alberto Soler Sarrió | Psicólogos Valencia | Psicoterapia On-line

Página web personal del psicólogo Alberto Soler

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Ventajas de ser introvertido

Habitualmente, la sociedad valora y premia más aquellas conductas relacionadas con la extroversión: personas más activas, que llaman más la atención, más habladoras, que les gusta ser el foco de atención, que asumen más riesgos, etc. Todas estas conductas son consideradas como atributos no sólo positivos, sino mejores que sus opuestos. Pero, ¿es esto necesariamente así?, ¿son verdaderamente estos atributos mejores que otros?

introversión
Es frecuente que asociemos a la introversión conceptos como timidez, déficit de habilidades sociales, etc. pero en verdad, la introversión no implica necesariamente ninguno de estos puntos. De hecho, una persona puede ser introvertida, pero nada tímida y con buenas habilidades sociales; o puede ser introvertida y tímida, o extrovertida pero con pocas habilidades sociales. Si lo pensamos, pueden venir a nuestra mente personas que encajan con estas diferentes combinaciones.

La introversión se refiere en realidad a la preferencia por entornos con un bajo nivel de estimulación, es decir, una preferencia por lugares más tranquilos, menos ruidosos, que implican menos acción, sin aglomeraciones de gente. Por su contra, los extrovertidos necesitan unos niveles de estimulación mayores para sentirse cómodos.

Las personas introvertidas no son antisociales, de hecho disfrutan de las relaciones sociales pero de un modo distinto a los extrovertidos, habitualmente prefieren relacionarse con otras personas uno-a-uno en vez de en grandes grupos de personas, que les aturden y les hacen sentir incómodos.

¿Ser introvertido puede tener ventajas? Sí, al igual que la extroversión, la introversión también tiene sus aspectos positivos. Algunos de ellos serían:

  • Suelen ser personas más creativas.
  • Escuchan más a las personas con las que hablan.
  • Tienen una vida interior más rica: no necesitan tanta estimulación externa para sentirse bien.
  • Son más prudentes y reflexivos.
  • Incurren en menos conductas de riesgo.
  • Son más sensibles, introspectivos, calmados y modestos.

Estas son algunas de las características positivas más frecuentemente atribuidas a los perfiles introvertidos de personalidad, aunque hay muchas más. ¿Cuáles se te ocurren?

De este modo, algo que debemos tener muy en cuenta es que la introversión no es una enfermedad ni algo que forzosamente haya que corregir. Es necesario aceptar los rasgos de introversión que podemos tener para así poder exprimir su potencial. No obstante, algunos de los factores que hemos comentado que en ocasiones pueden asociarse a la introversión, como la timidez o el déficit de habilidades sociales, sí pueden convertirse en un problema si nos afectan en nuestro día a día y nos producen malestar; por ejemplo, un caso extremo de timidez podría ser la fobia social. En estos casos, deberíamos esforzarnos por superar tales factores o buscar ayuda si por nosotros mismos no podemos.

Algunos de estos temas formaron parte mi última participación en el programa En Connexió, programa de Canal 9 en el cual he colaborado en otras ocasiones hablando sobre temas relacionados con la psicología. Si tenéis interés en ver el reportaje, podéis hacerlo a continuación:


Y tú, ¿te consideras introvertido o extrovertido?, ¿sigues pensando que ser introvertido es algo negativo?

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ventajas introvertidos
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Simplificar nuestra vida para ser más felices

“El secreto de la felicidad, como ves, no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad para disfrutar de menos.” - Sócrates


Esforzarse por crecer y mejorar es deseable y positivo, pero en ocasiones podemos caer en una insatisfacción crónica, por la cual perdemos la capacidad de disfrutar con aquello que tenemos. Nos esforzamos por mejorar nuestras vidas, a menudo movidos porque no estamos satisfechos (no somos felices) con cómo son las cosas. Si no nos gustamos, no nos gusta cómo nos vemos, tratamos de mejorarnos a nosotros mismos. Si no nos gusta nuestra casa, nos esforzamos por trabajar más duro para conseguir una mejor. Queremos que todos a nuestro alrededor también mejoren, así que les empuja a cambiar, y nos sentimos frustrados cuando no lo consiguen.


Esta es una lucha que nunca acaba. Cuando no estamos satisfechos con cómo son las cosas, incluidos nosotros mismos, hacemos cambios, pero entonces, ¿qué sucede? Seguimos insatisfechos, porque la raíz de ese problema no son las cosas que nos rodean (o de cómo nos vemos, etc), si no nuestras expectativas y nuestra baja capacidad de aceptación.

Esperamos que las cosas sean diferentes, y esto significa que siempre somos, de algún modo, infelices. Si las cosas no se ajustan a nuestras expectativas, tratamos de corregir este problema intentando cambiar el mundo que nos rodea, tratando de lograr que los otros cambien, tratando de cambiarnos a nosotros mismos. Nos sentimos obligados a gastar, consumir, comprar más cosas... lo cual en muchas ocasiones tiene su origen en esta insatisfacción vital.

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Debemos tratar de simplificar nuestras vidas para poder superar esta compulsión, pero sólo podremos lograr este objetivo si nos dirigimos a la raíz del problema: nuestras expectativas.

Tómate un momento y observa las cosas que están a tu alrededor. ¿Estás contento con ellas, o te gustaría que cambiasen? Piensa en lo que haces cada día, y pregúntate si estás satisfecho con tu vida diaria, o si te gustaría un cambio. Piensa en las personas que te rodean en tu vida, y pregúntate si estás satisfecho con ellas, o si te gustaría que cambiaran. Piensa en ti mismo, y observa si hay cosas con las que no estás satisfecho, si quieres cambiarte a ti mismo.

Ahora, para cada cosa que has pensado que necesita cambiar, trata de detenerte por un momento y pensar si puedes simplemente aceptar cada una de ellas, tal y como son en este momento. Pregúntate si puedes aceptar a cada persona en su vida por lo que son, exactamente como son. Pregúntate si puedes aceptar tu cuerpo tal cual es, sin la necesidad de cambio.

Para hacer este ejercicio se necesita práctica, así que si te resulta difícil en un primer momento, no te desanimes.

Esto no quiere decir que nunca vayamos a cambiar nada. Podemos y debemos desarrollar hábitos saludables y hacer que nuestros cuerpos y nuestra vida sea saludable a través del tiempo, pero podemos lograr al mismo tiempo ser felices con lo que ya somos. El cambio es inevitable, positivo y necesario, pero no requiere necesariamente que no aceptamos las cosas como son, que no podamos estar satisfechos con las cosas tal como ya lo son.

Una vez que lleguemos a ser felices con las cosas, personas y con nosotros mismos tal y como son, podremos sentirnos completos sin la necesidad de consumir para llenar un hueco en nuestras vidas. Simplificar nuestra vida se convierte en una posibilidad, porque una vez estamos satisfechos con las cosas tal como son, ya podemos ser capaces de eliminar aquello que es innecesario y disminuir nuestras necesidades.

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simplificar

Este artículo está inspirado en el escrito por Leo Babusta en mnmlist: http://mnmlist.com/ok/

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Los optimistas tardan menos en encontrar empleo

Cuando las tasas de paro crecen sin parar, y cada vez más personas afrontan el duro reto de buscar trabajo en un mercado laboral que apenas lo crea, la investigación psicológica estudia qué variables explican porqué algunas personas consiguen un puesto de trabajo en menos tiempo que otras.

Optimismo en la búsqueda de empleo
En un mercado laboral equilibrado, las personas con mejor capacitación y mayor experiencia en su especialidad son las que, supuestamente, van a tener más oportunidad de emplearse. Otros dos factores puramente sociológicos son también importantes para explicar la rapidez de colocación: la edad, los empleadores prefieren gente joven; y el sexo, lamentablemente los varones siguen teniéndolo más fácil que las mujeres.

Pero, ¿qué ocurre cuando hay un gran desajuste entre la oferta y la demanda?, ¿cómo funcionan las cosas cuando hay muchos más demandantes que puestos de trabajo? En ese caso, ya no sólo importa la formación, el sexo o la edad; cobra entonces especial relevancia el propio proceso de búsqueda de empleo. Tienen ventajas los que tienen un buen y rápido acceso a la búsqueda de información, los que planifican adecuadamente el duro trabajo de buscar trabajo, y los que son hábiles elaborando currículums o enfrentándose a entrevistas de selección.

En principio, pareciera que combinando estos dos factores (formación y experiencia previa, y habilidades para buscar) el éxito debería estar garantizado, pero ¿qué ocurre cuando las cosas están realmente mal? Y si, como ocurre en la actualidad, el empleo escasea; o como ha ocurrido siempre, quién busca pertenece a un colectivo con especiales dificultades para encontrar empleo (por llevar mucho tiempo fuera del mercado, o por tener una edad avanzada). En estos casos, una variable estrictamente psicológica cobra una importancia fundamental: la motivación. Cuando la competencia es dura, son los más motivados los que siguen buscando a pesar de que la tarea sea decepcionante, los que perseveran aunque los resultados se hagan esperar.

Para estudiar la importancia de la motivación en la búsqueda de empleo, se evaluó, en una muestra de 212 personas en situación prolongada de desempleo, una variable que es especialmente relevante para entender la motivación: las expectativas. Se utilizó una escala diseñada por los autores de este artículo: Expectativas de Control Percibido en Búsqueda de Empleo (ECP-BE).
La escala mide cuatro aspectos:

  • Autoeficacia: creencias sobre la propia capacidad para buscar trabajo. En este caso, un desempleado con bajas expectativas de autoeficacia, considerará que no está capacitado para desarrollar las tareas de búsqueda de empleo. Pensará por ejemplo, que no sabrá actuar de manera adecuada en una entrevista de selección, o no se sentirá capaz de superar los rechazos o fracasos que conlleva la búsqueda de empleo.

  • Locus de Control Interno: creencias que apoyan la idea de que los resultados esperados se deberán a la propia conducta. Buscadores de empleo con locus interno son aquellos que consideran que cuanto más se esfuercen, más probabilidades tendrá de encontrar trabajo.

  • Locus de Control Externo: en contraposición a lo anterior, las expectativas de locus de control externo serán las creencias del desempleado sobre la influencia que tendrán factores ajenos a su control en la consecución de un empleo. Un demandante con locus de control externo considerará que encontrar trabajo dependerá de la suerte, o del destino o de la decisión de terceras personas sobre las que no puede influir.

  • Expectativas de éxito: creencias sobre las posibilidades globales de que ocurra un hecho deseado (en este estudio, sobre la posibilidad de conseguir un trabajo). Una persona con expectativas de éxito altas pensará que tiene muchas posibilidades de conseguir un empleo y, por el contrario, que una persona tenga una expectativa de éxito baja querrá decir que las posibilidades que percibe son muy escasas.

El presente estudio pone de manifiesto la existencia de una relación significativa entre la motivación y la duración del desempleo, encontrándose que las personas con puntuaciones altas en la escala de expectativas (las que se sienten muy capaces de buscar empleo, piensan que cuanto más se esfuercen, más probabilidades tendrán de conseguirlo y además son optimistas sobre los logros) tardan como media 14 meses menos en conseguir trabajo que los que puntúan bajo. De los cuatro tipos de expectativas estudiados, el más relevante ha resultado ser las expectativas de éxito: las personas optimistas (puntuaciones altas en Éxito en Búsqueda de Empleo) consiguieron un contrato 19 meses antes que las pesimistas y, para que se colocaran la mitad de los pesimistas, tuvieron que pasar 30 meses, momento en el que ya tenían trabajo el 70% de los optimistas. Las personas que son optimistas y creen que acabarán encontrando empleo lo encuentran antes que las pesimistas y esta variable es un predictor de rapidez de colocación al menos tan potente como la edad o el sexo.

En conclusión, el estudio permite establecer la importancia de las expectativas para triunfar en la búsqueda de empleo. Los que están buscando trabajo en estos tiempos de crisis no pueden elegir su sexo o su edad, pero pueden tratar de mejorar su formación y optimizar su proceso de búsqueda. Por favor, sean optimistas, aunque esté la cosa difícil, porque los optimistas son más felices y se colocan antes. Buena suerte a todos, perdón, …, más que suerte les deseamos: confianza, esfuerzo y toneladas de optimismo.

Este artículo ha sido escrito por Rafael Piqueras y Alberto Rodríguez-Morejón, del Servicio Público de Empleo de la Región de Murcia y de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga, respectivamente. Referencia bibliográfica: Piqueras, R., Rodríguez-Morejón, A., y Rueda, C. (2008). Expectativas y duración del desempleo. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, vol. 24, 2, 129-151.


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Optimismo y búsqueda de empleo
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Gestiona tu tiempo de forma más eficaz

En un artículo anterior ya abordamos algunas estrategias para poder salir de situaciones en las que nos sentimos bloqueados; en esta ocasión, vamos a profundizar en esta área con el objetivo de poder optimizar de forma más eficaz el tiempo que invertimos en el trabajo y demás proyectos personales.

1. Delimita un tiempo y lugar para el trabajo. Tanto si trabajas por cuenta propia como si eres asalariado, debes esforzarte por delimitar tu trabajo a un momento y lugar concretos. Separa tu vida personal de la laboral. Tú NO eres tu trabajo.

2. Identifica tus tareas. Toma papel y lápiz y trata de anotar todas las tareas diferentes a las que le dedicas tiempo a lo largo del día. Habitualmente englobamos bajo el término “trabajo” gran cantidad de tareas que responden a muchos perfiles distintos; si puedes identificar cuáles son esas tareas, podrás gestionar mejor el tiempo que dedicas a cada una de ellas, ya que no todos los momentos son los ideales para todas las tareas. Algunas de esas tareas pueden ser responder correos, hacer balances económicos, hablar con socios, clientes o proveedores, procesar datos, escribir informes, etc. Tu trabajo son muchos trabajos. Identifícalos.

Tiempo
3. Establece un horario. Tener un horario no sólo implica saber a qué hora hay que entrar y salir del trabajo. Un buen horario es aquel que parte de una correcta identificación de las tareas (ver punto 2) y su asignación a momentos concretos del día o de la semana. Hay tareas que requieren gran capacidad de concentración y deben ser blindadas de interrupciones (correos electrónicos, llamadas de compañeros, etc.) En los siguientes puntos veremos cómo hacerlo.

4. Planifica los imprevistos. Cuando establezcas tu horario, debes contabilizar el tiempo que vas a “perder” a causa de los imprevistos y asignarles un hueco diario en tu agenda. Cuando se presenten esos imprevistos (no dudes que lo harán: un compañero que te pide ayuda, un cliente necesita aclaraciones, etc.) deberás derivarlos al momento que has planificado para atenderlos: “Disculpa pero en este momento no puedo responderte. Permíteme que te llame a las 11.00” sería un mensaje tipo a transmitir.

Estrés laboral
5. Ten un protocolo de aterrizaje y despegue. Es muy recomendable que la primera y la última media hora del día las dediquemos al protocolo de aterrizaje y despegue. Estos protocolos consisten en una serie de tareas rutinarias que nos facilitan la planificación de la jornada.

Un protocolo de aterrizaje puede ser: revisión del correo (¡no se hace en casa, se hace en el trabajo!), marcado de mensajes prioritarios a responder, revisión de cuentas y tareas del equipo, revisión de la agenda. Una vez hemos planificado la jornada, ya podemos empezar a trabajar.

El protocolo de despegue debe permitirnos, acabar de atar las tareas que hemos realizado a lo largo del día, distribuir el trabajo pendiente para la siguiente jornada y hacer una última revisión del correo antes de acabar el día.

6. Ten una lista de tareas pendientes. Con el objetivo de evitar el salto de una tarea a otra conforme van apareciendo, debes tener una lista (de papel o electrónica) en la que vayas anotando todas y cada una de las tareas que requieran tu tiempo, tanto a nivel personal como laboral pero que no estén contempladas en tu agenda. Dentro de tu protocolo de aterrizaje y despegue irás asignando esas tareas a tu agenda en función del tiempo que requieran y del que dispongas.

7. Dedica un tiempo fijo a responder correos. El correo electrónico es un gran facilitador de la gestión del trabajo. No obstante, un uso incorrecto puede hacer que acabes siendo un esclavo de tu propia herramienta. La prioridad para responder los correos la asignas tú, no el remitente. Establece esa prioridad y distribuye a lo largo del día diferentes bloques de tiempo (no superiores a 30 minutos) para ir respondiendo los mails.

8. Respétate para que te respeten. Para que tus clientes, socios, compañeros o superiores respeten tu metodología de trabajo, primero debes ser tu quien la respete, y la primera forma de hacerlo es mediante la disciplina. Elige uno de los puntos anteriores y trata de llevarlo a cabo desde hoy mismo.


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Gestión del tiempo


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9 ideas para enfrentarte a la navidad cuando tienes ansiedad o depresión

Las fiestas navideñas constituyen para mucha gente un conjunto de situaciones estresantes; además, las demandas, presiones y expectativas hacia estas fiestas pueden ser sentidas con mayor intensidad por aquellas personas con problemas de ansiedad, depresión o estrés. En este artículo vamos a sugerir algunas ideas que pueden ayudar a estas personas a enfrentarse de una forma mejor a estas fiestas.
Navidad y tristeza

1. Conviértete en una prioridad. Durante las fiestas, mientras hacemos de anfitriones, compramos, cocinamos, limpiamos y atendemos a los demás, en ocasiones dejamos de lado cuidar de nosotros mismos. No obstante, recuerda que tu salud es lo primero, lo cual también implica mantener tu rutina en la medida de lo posible: asegúrate de dormir las horas necesarias y no dejar de lado las actividades que te benefician, tales como el ejercicio físico o pasar tiempo con los amigos.

2. Evita sentirte culpable. Durante la época de fiestas, queremos hacer las cosas lo mejor posible para los demás y no herir los sentimientos de nadie. La parte negativa de ello es que nos presionamos en exceso y tendemos a sentirnos culpables sin motivos para ello, cuando las cosas no salen como nos habría gustado. Sin embargo, es importante recordar que no es realista complacer a todos.

3. Mantente conectado. Si no te encuentras bien durante estas fechas, quizá tengas la tentación de aislarte, pero esto no hará más que hacerte sentir peor. Si no estás de ánimo para las celebraciones navideñas, considera la posibilidad de pasar el tiempo con un amigo o llamar a alguna persona que se preocupe por ti y que entienda el momento por el que estás pasando. Sentirte comprendido por esa persona puede hacerte sentir mucho mejor.

4. Sintoniza con tus sentimientos y se honesto. Puedes querer mucho a tu familia, pero si eres honesto contigo mismo, quizá te das cuenta que también estar con ellos puede ser muy estresante. Aceptar esta realidad, aunque sea algo incómoda, puede ayudarte a encontrar nuevas formas de enfrentarte a estas situaciones y disminuir tu culpabilidad.

5. Identifica qué es lo que realmente quieres hacer. Por ejemplo, puede apetecerte pasar el día entero con tu familia, o quizá sólo te apetece pasar más tarde a tomar el café. En el momento en el que identificas estas decisiones como tales y no como obligaciones, puedes sentirte algo mejor.

6. Ten un plan por si la ansiedad o el estrés aparecen. Si experimentas con frecuencia ansiedad (en forma de crisis de ansiedad, por ejemplo) o estrés, ten un plan para ausentarte temporalmente si comienzas a sentirte mal. Tu “retirada estratégica” puede consistir en sacar al perro, tumbarte unos minutos en la cama o tomar una infusión en la cocina. Una vez pasa ese tiempo, debes decidir si volver a la reunión familiar es la mejor idea o no.

7. Ten alguien cerca o al alcance de una llamada o mensaje, que sepa por lo que estás pasando y que capte cómo te encuentras. Puede ser una hermana, prima, amiga, etc. que, además, puede necesitar también tu ayuda y apoyo tanto como tu la suya.

8. Evita el alcohol. Tomar alcohol puede interferir con la medicación (si la estás tomando). Además, también puede hacer más probable que se den situaciones embarazosas por las que no quieres pasar. Probablemente no quieras sentirte más desinhibido o desinhibida cuando tienes una persona a tu lado que, con sólo una palabra te pone de los nervios. La situación puede ser realmente incómoda.

9. Ríe mucho. Siempre que puedas, trata de ver la parte cómica de todo lo que está sucediendo. ¡Funciona! ;-)



Basado en: Tartakovsky, M. (2011). 9 Ideas for Coping with the Holidays When You Have a Mental Illness. Psych Central. Retrieved on December 11, 2011, from http://psychcentral.com/blog/archives/2011/12/05/9-ideas-for-coping-with-the-holidays-when-you-have-a-mental-illness/

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9 ideas para salir del bloqueo

En ocasiones, podemos sentir que nos encontramos bloqueados; esta sensación de bloqueo aparece tras una época en la que, a pesar de poder incluso tener claras cuáles son nuestras metas, nos sentimos incapaces de pasar a la acción. Podemos ver que la tarea que tenemos ante nosotros es demasiado grande como para poder abarcarla, podemos considerar que no tenemos los recursos o el valor necesarios para enfrentarnos a ella… pero igualmente sabemos que debemos hacerlo. ¿Cómo podemos actuar en estas situaciones?

  • La pasividad conduce al bloqueo, y la acción es nuestro mejor antídoto. En muchas ocasiones, para poder poner en orden nuestra vida primero debemos poner en orden nuestro entorno. Mira a tu alrededor… Tu casa (o tu habitación si no tienes casa propia) son un reflejo de tu vida. Haz que tu entorno proyecte aquello que tu quieres incorporar en tu vida.
  • ¿Cómo son tus horarios? Si no dispones de unos horarios estables, ya tienes un primer elemento que puedes cambiar. Esto es especialmente importante en situaciones de desempleo, ya que al faltar el trabajo perdemos uno de los principales marcadores diarios. Despiértate todos los días a la misma hora, y no varíes esta hora en exceso durante los fines de semana. Divide el día en dos bloques, uno será la mañana y otro la tarde. Debes asignar diariamente una tarea a cada uno de esos bloques, y debe ser una tarea que puedas concluir. Ello te ayudará a subdividir las tareas complejas.
  • Subdivide las grandes tareas en bloques manejables. No pretendas lograrlo todo el primer día, si no distribuyes bien tu carga de trabajo sólo conseguirás frustración, cansancio y abandono. Crea tus propias metas a corto, medio y largo plazo. Empieza el día teniendo claro qué quieres conseguir.

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  • Ten una planificación semanal. Antes de iniciar la semana (un buen momento para ello son los domingos por la tarde) dedica unos minutos a anotar en la agenda aquellas tareas más importantes que quieres hacer para la semana que entra. Asígnales una fecha de ejecución y estima el tiempo que te va a tomar.
  • Se flexible. Los imprevistos son tremendamente frecuentes, pero no puedes permitir que su presencia acabe boicoteando tu agenda. Aprende a asignar una prioridad a esos imprevistos, no todos requieren una acción inmediata; si requieren de esa acción, rebusca en tu agenda actividades que posponer para poder atenderlo. Si no requieren acción inmediata, asígnale día y hora para atenderlos. No todos los imprevistos son urgentes ni importantes.
  • Sal de casa. Si tu bloqueo es intelectual (estudios, escribir una memoria, preparar una oposición, etc.) prueba a cambiar de contexto e introduce nuevas rutinas en tu día a día. ¿Porqué no cambias tu contexto habitual por una visita a la biblioteca? Por el camino te despejarás, tomarás el aire y eso te ayudará a tener una mejor predisposición al trabajo.
  • Prioriza y jerarquiza. ¿Tu bloqueo se debe a no encontrar empleo? Ya dediqué hace unas semanas un artículo íntegramente a este punto, te puede resultar de interés releerlo. Haz una lista con tres columnas; una con aquellos trabajos y empresas para los que te encantaría trabajar, otra con aquellos para los que te sientes preparado pero son menos prioritarios, y otra con aquellos puestos de “último recurso”. Crea un currículum adaptado para cada tipo de puesto y lánzate a ello.
  • Haz ejercicio, cuida tu alimentación y respeta las horas de sueño. Sea cual sea el bloqueo que te impide avanzar, el sedentarismo y una mala dieta no van a ayudarte a lograr tus metas. Cuida tu cuerpo para que éste responda cuando más lo necesitas.
  • Dedica todos los días unos minutos al ocio, pero no permitas que la mayor parte de tu tiempo sea ocioso. Juega a un videojuego, lee un libro o la prensa, haz alguna tarea intelectual que te ayude a despejar tu mente pero que no te haga olvidar cuáles son tus objetivos.


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Estrategias para el control de la ira

La ira es una emoción que pertenece al ser humano y que como tal es positiva y necesaria para la supervivencia. Nos puede ayudar a salir victoriosos de situaciones en donde nos vemos obligados a defendemos. Es decir, es útil en manos de una persona que la sabe controlar y valerse de ella cuando la necesita. Sin embargo, cuando la ira domina o desborda a la persona, cuando se dirige de forma desmedida a otros seres humanos, cuando produce consecuencias negativas para el bienestar de los demás y de uno mismo e incluso cuando aparece en situaciones innecesarias, hablamos de una ira desadaptativa o problemática.

La escalada de la ira

Expresión de ira
La ira puede aumentar o disminuir en intensidad. Cuando la ira aumenta en intensidad, se trata de una escalada. Hay personas que se vuelven furiosas y se calientan rápidamente. A pesar de ello, este “subidón” de la ira no es instantáneo. La ira comienza habitualmente con unos niveles bajos de malestar o de irritación y poco a poco va aumentando hasta que, en algunos casos, estalla de forma explosiva.

El secreto para aprender a controlar la ira es conocer qué es lo que hace que, a partir de una pequeña molestia o irritación inicial, se llegue hasta una expresión de cólera explosiva y descontrolada. Para ello, hay que averiguar el camino ascendente que sigue la ira, ese proceso responde a cuatro fases:

1. Suceso negativo.
2. Pensamiento caliente.
3. Ira excesiva.
4. Conductas violentas.

El error de muchas personas es creer que un suceso negativo provoca el malestar o la ira excesiva directamente. Sin embargo la realidad es muy distinta. Lo que en verdad nos enfada no es tanto lo que ha ocurrido (sucesos) sino lo que hemos interpretado (pensado) a cerca de estos. Lo que importa no es lo que pasa sino lo que creemos que pasa, lo que interpretamos. En definitiva, un suceso negativo solo llega a enfadarnos después de haber pasado por el filtro del pensamiento.

Si detectamos las señales que nos indican cuando nos estamos enfadando y porqué, al menos tendremos la oportunidad de poder controlar nuestro nivel de cólera.

  1. Pensamientos calientes: ante un suceso negativo, la ira escalará rápidamente si comenzamos a tener pensamientos calientes. Son lo que la persona se dice a sí misma ante un suceso determinado. Algunos pensamientos pueden ser los siguientes: " me mira así para fastidiarme", " lo hizo para joderme", " me critica a mis espaldas", " se va a enterar, ya me tiene harto".
  2. Sensaciones del cuerpo: son aquellas sensaciones físicas que notamos y que están muy relacionadas con el aumento de la ira. Aunque cada persona puede tener sensaciones corporales diferentes cuando se va enfureciendo, sin embargo las más habituales son las siguientes: puños cerrados, tensión en los brazos, tensión muscular, labios y dientes apretados, ceño fruncido, tono de voz alto, respiración acelerada, ritmo cardiaco rápido... Además, al actuar estas sensaciones corporales junto con los pensamientos calientes, se potencian recíprocamente y aceleran la escalda de la ira.
  3. Comportamientos furiosos: son las conductas que una persona realiza cuando se está enfureciendo. En estos casos la ira aumenta más rápidamente todavía. Se corre el riesgo de que estos comportamientos lleguen a un punto en que la persona no sea capaz de controlarlos: cuando la ira domina al comportamiento, y el sujeto puede acabar descargando toda esa tensión con otras personas.
  4. Otras cuestiones: hay otros aspectos que pueden influir también en la escala de la ira de una persona en concreto: la forma de ser, la manera que tiene de solucionar los problemas, el ambiente en que ha vivido, las condiciones de vida actuales, el nivel de estrés y de estado de ánimo....

Tiempo Fuera
El tiempo fuera

Cuando una persona siente que se está "calentando", puede utilizar esta técnica para frenar la ira, a modo de emergencia. Esta técnica consiste en alejarse de la situación física y psicológicamente. Es algo tan sencillo y, a la vez, tan difícil como irse del lugar en el que se está generando el conflicto; hacer deporte en esta situación suele ser una estrategia muy efectiva para liberar tensión.

Cuando detectes que tu nivel de ira supera los 3 puntos en una escalada imaginaria que va de 0 (nada de ira) a 10 (máximo de ira), es un buen momento para hacer un tiempo muerto y no ser derrotado ante la ira. Una vez que nos hemos apartado físicamente del conflicto, también nos interesa alejarnos psicológicamente. Para ello, conviene no realizar conductas que nos pongan más enfadados, como marcharnos dando un portazo, golpear algún objeto o tirarlo, irnos refunfuñando, insultando o diciendo tacos. Y tampoco interesa dejar que los pensamientos calientes sigan quemándonos aún más.

Por el contrario, lo que NO se debe hacer en estos casos es:

  • Realizar conductas que nos enfaden más (golpear objetos, dar portazos...)
  • Permitir que los pensamientos calientes nos invadan todo el tiempo.
  • Tomar decisiones importantes en esas circunstancias.
  • Beber alcohol o consumir drogas al alejarse.
  • Conducir o realizar actividades peligrosas (deportes de riesgo).

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Cómo encontrar trabajo en tiempos de crisis

En el momento actual nos encontramos atravesando una importante crisis económica a nivel mundial, y una de sus consecuencias es la que más nos afecta en nuestro día a día: el desempleo. Cada mes aumenta el número de personas que pierden su empleo y crece la cantidad de desempleados.

A medida que aumentan los meses en los que una persona permanece en situación de desempleo, comienzan a hacerse evidentes consecuencias psicológicas que, paradójicamente, dificultan aún más la búsqueda de empleo: baja autoestima, depresión, desesperanza, derrotismo, etc.

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En muchas ocasiones, escucho de personas que, después de un largo periodo en el paro, han perdido la esperanza y dicen frases como: “es que ya lo he intentado todo, pero nada funciona”, “es que no hay trabajo”, “en esta situación es casi imposible conseguir un trabajo”, “a ver si tengo suerte y me llaman”. Aunque es comprensible el desánimo ante una situación tan dramática, lamentablemente, cada vez que pronunciamos una de estas frases estamos un paso más lejos de conseguir un empleo, y una persona más se nos adelanta a lograr ese puesto que deseamos. Reflexionemos sobre estos pensamientos:

  • “Es que no hay trabajo”. Sin embargo, si atendemos a las cifras reales sí hay trabajo, cada día cientos de personas logran un contrato laboral o crean una empresa. No obstante, si nos repetimos esa frase como un mantra, probablemente no logremos el empuje necesario para salir a lograr un empleo.
  • “En esta situación es casi imposible conseguir un trabajo” De acuerdo, en esta situación es más complicado lograr un trabajo, pero eso no implica que debamos esperar tiempos mejores, implica que debemos esforzarnos mucho más para lograr nuestras metas. Nadie se esfuerza por lograr algo que considera imposible.
  • “A ver si tengo suerte y me llaman” No debemos esperar a tener suerte, debemos generar las condiciones necesarias para lograr tener éxito. No basta con enviar un par de cientos de currículums por internet y esperar que nos llamen. Debemos ser nosotros los que vayamos a lograr ese empleo, ya que no va a venir a nosotros.
  • “Es que ya lo he intentado todo, pero nada funciona” Son pocas las ocasiones en las que se pronuncia esta frase y verdaderamente se han agotado todas las posibilidades. Generalmente, más que probar con muchas estrategias diferentes, lo que hemos hecho ha sido repetir insistentemente una misma estrategia que ya hemos comprobado que no ha sido efectiva.

En el momento en el que abandonamos la posición de derrotismo podemos empezar a emplear esa energía en perseguir nuestras metas. Una de las claves para poder tener mayor probabilidad de lograr un empleo es diferenciándonos de nuestros competidores, haciendo las cosas diferentes. Si hacemos lo mismo que los demás, somos uno más del montón; si hacemos las cosas un poco diferentes logramos destacar, y aumenta la probabilidad de lograr la meta.

Encontrar empleo

Durante estos años he tenido la oportunidad de ayudar a bastantes de estas personas a encontrar un nuevo trabajo de una forma más eficaz. Hasta la fecha, todas las personas con las que me he encontrado en esta situación en mi consulta, después de una temporada pensando de esta forma derrotista, han cambiado su forma de pensar y finalmente fueron capaces de conseguir el trabajo que buscaban.

Encontrar trabajo es un complejo proyecto que requiere centrarse en cinco pilares fundamentales, siempre bajo el objetivo de poder diferenciarnos de nuestros competidores y de explorar verdaderamente todas las posibilidades a nuestro alcance.

  1. Habilidades. Reflexiona por un momento, ¿qué sabes hacer mejor que los demás? Más allá de tu formación, tienes gran cantidad de capacidades, aptitudes, habilidades que te diferencian de los demás. ¿Cuáles son?
  2. Perfiles. Compra un par de periódicos con ofertas de empleo o revisa algunas de las web que se dedican a ello. Toma nota de TODOS los trabajos que serías capaz de realizar. Posteriormente, ordénalos de forma jerárquica, del más deseado hasta el “último recurso”. Crea un currículum específico para cada uno de los perfiles por los que quieras luchar.
  3. ¿Cuándo? Trata de responder a la pregunta “¿Cuándo estoy dispuesto a trabajar?”. Jornada completa, media jornada, fines de semana, noches, etc.
  4. ¿Dónde? ¿Dónde estoy dispuesto a ir para lograr un trabajo? Si verdaderamente has agotado las opciones en tu ciudad, ¿estás dispuesto a salir de ella?, ¿ir fuera de tu provincia?, ¿ir fuera de tu país? Si para ti es una opción salir del país para poder lograr tu empleo, la Red Eures ofrece asesoramiento y cientos de ofertas laborales para diferentes perfiles en toda la unión europea.
  5. ¿Cómo? Una vez dispones de toda la información de los puntos previos, es hora de pasar a la acción. Para ello, hay diferentes vías.
    • ETTs, enviar currículums por internet, responder a ofertas de empleo, etc. Es la forma tradicional de buscar empleo. En base a los diferentes perfiles que busques, deberás realizar diferentes búsquedas.
    • Preguntar a familiares, conocidos, amigos, etc. Todo tu entorno debe saber que estás interesado en lograr un empleo. Déjate ayudar por ellos y aprovecha sus contactos
    • Ir directamente a las empresas que más te interesan y solicitar una entrevista con el encargado de Recursos Humanos; ofrécete para hacer una prueba gratuita con la que puedan valorar tus capacidades.

La búsqueda de empleo debe constituir tu principal ocupación; si no dedicas 8 horas al día a buscar trabajo, aún hay mucho que puedes hacer. Lo más importante, no perder la motivación. Cuanto más luches, más aumentan tus posibilidades de lograrlo.

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Encontrar trabajo en tiempos de crisis


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El estigma social de la obesidad

Si preguntamos a médicos, enfermeras y demás personal sanitario sobre las consecuencias que puede tener la obesidad sobre la salud, la consecuencia más frecuentemente olvidada suele ser la relacionada con la salud psicológica o mental.

Las investigaciones que se realizan sobre las consecuencias psicológicas de la obesidad aún están lejos de poder proporcionar datos tan claros como aquellos que existen sobre las consecuencias físicas. Lo que es indudable es que en nuestra sociedad tener obesidad implica numerosas consecuencias negativas a nivel social, y que, dependiendo del estado previo de la persona, esto afectará en mayor o menor medida a su salud psicológica.
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Lamentablemente, la obesidad es una condición física enormemente estigmatizada por nuestra sociedad; de forma contradictora, esta sociedad que culpa al obeso de su condición promueve unos estilos de vida que conducen hacia el sedentarismo y a la adopción de hábitos alimentarios poco saludables. Este estigma sobre la obesidad se extiende desde la primera infancia hasta la edad adulta, atravesando todos los estratos sociales; podríamos hablar de un estigma universal en nuestra cultura occidental.

En los años sesenta del siglo pasado, unos investigadores (Richardson, Goodman, Hastorf y Dornbusch) realizaron un interesante trabajo sobre el estigma social de la obesidad. Estos autores emplearon como muestra a más de 600 niños de entre 10 y 11 años, de diferente estatus socioeconómico, raza, religión, sexo, lugar de residencia y estado físico, a los que pidieron que evaluaran 6 dibujos según su atractivo físico. Todos los niños consideraron los dibujos en los que aparecían niños obesos como los menos atractivos, superando en atractivo tan solo a los dibujos de niños amputados.

Más tarde, en los años ochenta, otros investigadores (Harris y Smith) observaron en una amplia muestra de adultos y niños que los no obesos eran valorados como preferibles para entablar una amistad, se percibían como más felices, con más amigos, más elegantes, más atractivos, menos solitarios y menos tacaños, no habiendo diferencias entre sexo, grupo étnico o peso.

Si pensamos que este estigma es ajeno a sectores más formados o familiarizados con estos casos, estamos desgraciadamente equivocados. Este estigma se extiende hasta los sectores más formados de la población: la obesidad también es estigmatizada por estudiantes universitarios (Tiggermann y Rothblum, 1988) e incluso por los propios familiares de obesos (Kinson, loador y Miller, 1988).

Mención especial merece el trabajo de Young y Powell de 1985 en el que un grupo de psiquiatras, psicólogos clínicos y asistentes sociales evaluaron un mismo caso clínico, que venía acompañado por la foto, bien de una mujer de peso normal, con sobrepeso leve o moderadamente obesa; estos profesionales de la salud evaluaron a las mujeres moderadamente obesas como más agitadas, con mayor conducta emocional, menos juiciosas, con higiene inadecuada, conducta inadecuada, conducta obsesivo-compulsiva, conducta autolesiva, conducta estereotipada y peor funcionamiento psicológico general que las mujeres de sobrepeso leve y de peso normal.

Con toda esta información sobre la mesa, es evidente que la obesidad es una condición médica enormemente estigmatizada por la sociedad, y que ese estigma se extiende hasta el mismo sector sanitario. Todos tenemos la responsabilidad de hacer una evaluación autocrítica de nuestra actitud hacia esta enfermedad, que no debería ser en caso alguno diferente a aquella actitud mantenida hacia otras condiciones médicas ampliamente extendidas en nuestra sociedad.

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Monjes budistas, felicidad y neurociencia

Richard Davidson, neurocientífico de la Universidad de Wisconsin, ha empleado técnicas de neuroimagen para adentrarse en el cerebro de los monjes budistas mientras practican la meditación. Davidson ha observado que sus cerebros muestran activación durante la meditación en áreas relacionadas con la empatía, atención e interacción mente cuerpo.

Davidson afirma que podemos entrenar nuestro cerebro - y a nosotros mismos - a estar más atentos, ser más compasivos e incluso más felices. "El punto clave es que la felicidad y otras características positivas debemos considerarlas como habilidades”, dice. “Podemos implicarnos en esfuerzos intencionales para cultivar hábitos mentales positivos” como los antes señalados. La empatía o la felicidad no es algo con lo que se nace, sino que son habilidades susceptibles a ser entrenadas.

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Davidson presentó las conclusiones de este estudio en el Segundo Congreso Mundial de Psicología Positiva, que se celebró el pasado fin de semana en la ciudad de Philadelphia. En la sesión plenaria de Davidson , "Change Your Brain by Transforming Your Mind" (“Cambia tu cerebro transformando tu mente”), discutió los cambios en el cerebro y otras funciones biológicas que se observan en aquellas personas que han aprendido a meditar.

Durante esta sesión, presentó un estudio con los empleados de una empresa de alta tecnología en Madison, en el cual se dio un curso sobre meditación y mindfulness a un grupo de empleados. Posteriormente, tanto ese grupo como un grupo control recibieron la vacuna contra la gripe. ¿Qué se observó? Pues bien, el grupo que había estado meditando produjo más anticuerpos que el grupo control, lo que sugiere que la meditación no sólo afecta al cerebro, sino también al sistema inmunológico.

El movimiento de la psicología positiva fue puesto en marcha por Martin E.P. Seligman, profesor de psicología de la Universidad de Pennsylvania, hace 13 años, alentando a un cambio desde una psicología más centrada en la investigación de los trastornos y la enfermedad, hacia una psicología más positiva, centrada en el estudio del bienestar. Desde entonces, la psicología positiva ha encontrado su camino en la atención de salud, negocios, educación, y las artes.

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Vía | Philly.com



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El secreto para criar hijos felices

Una de las cosas más importantes que puede hacer un padre por la felicidad sus hijos es querer mucho a la madre. ¿Porqué? Sigue leyendo...

De acuerdo con un nuevo estudio realizado en 40.000 hogares británicos, la felicidad general de los niños está relacionada con la propia felicidad de su madre en la relación con su pareja. Igualmente, también se ha encontrado que la felicidad de la madre era más importante para sus hijos que la del padre.

El estudio, llevado a cabo por investigadores del Britain’s Institute for Social and Economic Research, encontró que el 60% de los niños entre 10 y 15 años estaban “completamente satisfechos” con su vida en el hogar a nivel global.

No obstante, cuando las madres de los niños informaban ser infelices en su relación, sólo el 55% de los niños decían ser “completamente felices” con su situación familiar, en comparación con el 73% de aquellos cuyas madres afirmaban ser felices en su relación.

Según la directora del estudio, la Dra. Maria Iacovou, “estos hallazgos muestran que las relaciones familiares y la felicidad de los padres son la clave para la felicidad de los niños. Contrariamente a la creencia popular de que los niños sólo quieren pasar el tiempo jugando videojuegos o ver la televisión se encontró que eran más felices en la interacción con sus padres o hermanos”

Igualmente, se observa en el estudio que los niños más felices eran aquellos que vivían con ambos padres, independientemente de si eran biológicos o padrastros. Por otro lado, aquellos niños que comían al menos tres días a la semana con sus padres, también mostraban mayores niveles de felicidad.

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Vía: The Globe and Mail
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9 Claves para alcanzar nuestras metas

Hemos hablado muchas veces de la importancia del establecimiento de metas y de aquellos hábitos que favorecen su consecución. En esta ocasión, vamos a centrarnos en algunas claves muy concretas que seguro nos ayudan a poder alcanzar nuestros objetivos.

1. Ser concretos y realistas. Un gran enemigo de las metas es fantasear en exceso; debemos tratar de centrar nuestros esfuerzos y energías en concretar los pasos necesarios para lograr nuestra meta, identificar obstáculos, etc. más que en fantasear acerca de su consecución.
2. Empieza por comprometerte. Uno de los motivos por los que no logramos nuestras metas es la falta de compromiso; sentimos que si nos comprometemos (incluso reconociendo públicamente nuestras metas) y no las logramos, nos sentiremos fracasados y con menos energías para intentarlo de nuevo. En realidad, sucede lo contrario: si no nos comprometemos, no estamos poniendo en marcha todos los recursos necesarios para lograr tales metas.
3. Visualiza el proceso, no el resultado. Visualizar el proceso de alcanzar nuestra meta nos ayuda a focalizar la atención en los pasos necesarios para lograrla, así como también nos ayuda a reducir la ansiedad.
4. Evita el efecto “de perdidos al río”. Este efecto es bien conocido por aquellos que tratan de seguir una dieta o dejar una adicción como el tabaco, el alcohol u otras drogas. En el momento en el que damos un paso en falso, pensamos: “de perdidos al río” y dejamos de esforzarnos por lograr nuestra meta. Las metas a corto plazo e inhibitorias (en las que queremos dejar de hacer algo) son más vulnerables a este efecto. Podemos evitarlo estableciendo nuestras metas a más largo plazo y de forma adquisitiva.


5. Evita la procrastinación. Cuando sentimos que la meta es dura de lograr y llegamos a plantearnos si realmente merece la pena, podemos caer en la procrastinación e incluso en el abandono total de nuestro objetivo. Auto imponernos una agenda con fechas límite y objetivos claros (metas a corto y medio plazo) nos ayudará a evitar este fenómeno.
6. Cambia el foco. Al valorar nuestro progreso, si la tarea que estamos realizando es compleja, es mejor mantenernos centrados en las tareas concretas; si la tarea es sencilla, entonces es mejor centrarnos en las metas finales.
7. Evita la conducta robot. En ocasiones llevamos a cabo ciertas conductas no porque en realidad las hayamos meditado, sino porque nos hemos acostumbrado a realizarlas o porque vemos que los demás hacen lo mismo. Este tipo de conductas pueden ser un obstáculo para lograr nuestras metas: pregúntate si lo que estás haciendo te acerca realmente a tus metas o no.
8. Aprende a parar. En ocasiones el problema no es comenzar, sino saber cuándo parar. Es algo que conocen bien aquellos que están escribiendo un libro, una tesis, grabando un disco, elaborando un informe, diseñando o escribiendo un programa informático, etc.
9. Establece estrategias del tipo “Si X, entonces Y”. Tales estrategias consisten simplemente en tratar de anticipar qué es lo que haremos en determinadas situaciones en función de lo que pueda ocurrir, más allá de la mera improvisación. Aunque es una estrategia sencilla, ofrece muchos beneficios frente a la simple improvisación.

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Fuente: PsyBlog

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Cirugía estética y psicología

Esta semana se publica en la revista Mía un reportaje sobre la cirugía estética, en el cual he colaborado con una pequeña entrevista; dado que finalmente en la publicación sólo han incluido una pequeña parte de la misma, a continuación os reproduzco el contenido completo, para todos aquellos que os pueda resultar de interés.

¿Cuándo estaría contraindicado, por el bienestar psicológico de la paciente, una operación de cirugía estética como el aumento de pecho?

Hay determinados casos en los que una intervención de cirugía estética estaría contraindicada desde un punto de vista psicológico. Tales casos engloban aquellos en los que, bien existe un trastorno de la percepción corporal (por ejemplo, trastorno dismórfico, anorexia y bulimia nerviosas, etc.) o bien hay una alteración en el juicio o en la capacidad de toma racional de decisiones (por ejemplo, trastorno bipolar, manía, esquizofrenia y trastornos delirantes, trastornos de la personalidad, etc.).

No obstante, hay casos en los cuales no estaría recomendada una intervención estética, aunque no estén presentes trastornos psicológicos como los antes mencionados. Estos casos serían aquellos en los que el paciente tiene unas expectativas poco realistas respecto a los resultados que pueda tener la intervención, cuando la autoestima depende excesivamente del aspecto físico, etc.
Por este motivo, es imprescindible una correcta valoración psicológica que pueda evitar consecuencias físicas y emocionales negativas tras la intervención.

¿En qué casos se considera que puede repercutir positivamente en su bienestar general? ¿Cómo la beneficiaría?

Por un lado, en aquellos casos en los que se ha producido algún tipo de mutilación física (como consecuencia de un accidente, la masectomía por cáncer de pecho, etc.) es necesaria y positiva tal intervención quirúrgica; en estos casos, no se habla de cirugía estética sino de cirugía plástica reconstructiva.

Por otro lado, sin existir lesiones traumáticas, también hay casos en los cuales pueden existir motivos objetivos por los cuales la paciente puede no estar satisfecha con su cuerpo, como por ejemplo, un tamaño excesivamente pequeño (o grande) de los senos. En tales casos, la intervención estética puede estar aconsejada y ser beneficiosa para la salud física y mental de la paciente, siempre que ésta tenga unas expectativas ajustadas y una visión objetiva de su cuerpo. La paciente, bajo estos supuestos, puede lograr una mejora en su autoconcepto así como repercusiones positivas a nivel emocional y social.

Finalmente, nos encontramos con el resto de la población, que no presenta elementos que contraindiquen o desaconsejen este tipo de intervenciones; estas personas, en ocasiones deciden someterse a este tipo de intervenciones pese a no resultar necesarias desde un punto de vista médico o psicológico. En estos casos, prima la decisión individual de someterse a tales operaciones, siempre que las valoraciones médicas y psicológicas no lo desaconsejen.

¿Puede producirse una reacción inesperada tras la operación (en el sentido de que la paciente no termine de verse en su nuevo aspecto)? ¿Cómo se supera una situación así?

Tras una intervención estética, existe un periodo de adaptación a la nueva figura corporal. En muchos casos tal adaptación es positiva, pero en otros esta nueva imagen no es aceptada por la paciente; como consecuencia de ello, pueden aparecer alteraciones emocionales, que en ciertos casos tratan de compensarse sometiéndose a nuevas operaciones relacionadas o no con la anterior, pudiendo desembocar en gran número de intervenciones estéticas que nunca acaban por lograr que la paciente se sienta plenamente satisfecha con su aspecto.

En estos casos, una adecuada intervención psicológica puede ayudar a la paciente a obtener una percepción más adecuada de sí misma, interrumpir la sucesión de operaciones y lograr una mejor autoestima. No obstante, una correcta evaluación psicológica previa puede detectar este riesgo y desaconsejar la intervención quirúrgica reorientando la intervención hacia una aceptación de la propia imagen corporal y mejora de la autoestima.


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Hábitos para comer mejor

En el anterior post comentaba que la dieta más eficaz no es “hacer” dieta, sino “tener” una buena dieta; igualmente, señalaba que además de lo que comemos, es muy importante cómo comemos. En este post vamos a continuar viendo algunos consejos para poder comer más lento y poder reducir la cantidad de alimento que tomamos en cada ingesta.

Comer en plato pequeño
Son muchos los beneficios de reducir la velocidad a la que comemos; esta velocidad está relacionada directamente con la cantidad de calorías que tomamos por ingesta; a más velocidad, más comemos y menos tiempo le damos a nuestro cerebro para que perciba las sensaciones de saciedad que le llegan desde el estómago. Veamos algunas recomendaciones para poder disminuir la velocidad de nuestra ingesta:

  • Poner los cubiertos en la mesa entre bocado y bocado.
  • Contar las masticaciones que se realizan en cada bocado.
  • Prolongar la duración de la comida, interrumpiendo la misma y dedicándolos a conversar.
  • Disminuir la cantidad de alimento por bocado, empleando cubiertos pequeños.
  • Realizar la siguiente secuencia de conductas: introducir una pequeña cantidad de alimento en la boca, dejar los cubiertos en la mesa, masticar despacio y tragar el alimento antes de coger de nuevo los cubiertos para volver a comer.

Igualmente, para poder reducir la cantidad de alimentos que tomamos en cada comida, podemos seguir estas recomendaciones:

  • Comer cuando se tiene hambre, no porque sea hora de comer.
  • Comer con platos y cubiertos pequeños.
  • No comer nunca dos cosas a la vez.
  • Servir toda la comida en un plato y retirar las fuentes de la mesa.
  • No comenzar el plato siguiente sin haber retirado las sobras del anterior.
  • Aprender a terminar de comer dejando algo de comida en el plato.
  • Esperar cinco minutos antes de repetir.
  • Comer primero los alimentos preferidos, dejando los que no gustan para el final.
  • Retrasar el acto de comer unos minutos a partir del momento en que se experimentan las sensaciones de hambre.
  • Comer alimentos que requieren una mayor lentitud de ingesta (por ejemplo, alcachofas).
  • Levantarse de la mesa en el momento en que se ha terminado de comer.

Si deseamos incorporar estos hábitos a nuestra rutina diaria, no debemos tratar de hacerlos todos al mismo tiempo; es mejor empezar por uno que consideremos más sencillo de alcanzar y dedicar todo nuestro esfuerzo a conseguirlo. En el momento en que pase a formar parte de nuestra conducta habitual y ya no requiera un esfuerzo consciente por llevarlo a cabo, podremos pasar a incorporar otro nuevo hábito en nuestra conducta alimentaria.

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Habitos para comer mejor



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La dieta más eficaz

Se acaba la navidad, y con ella, tal y como vimos en la anterior entrada, vienen los buenos propósitos (o metas) de inicio de año. Si tuviéramos que elegir cuál es la meta más frecuente que solemos hacernos por estas fechas, ésta sería la de adelgazar, probablemente con el objetivo de volver a nuestro peso natural tras los excesos navideños.

Para muchos, “tengo que perder peso” es sinónimo de “tengo que hacer dieta”; esta relación que establecemos implica que la dieta es algo que tiene un inicio y un fin definidos, que es algo que se aleja de nuestras pautas habituales de alimentación y, en la mayoría de las situaciones, implica un importante sacrificio.

¿Cuál es la dieta más eficaz? La dieta más eficaz no es aquella que se hace, sino aquella que se tiene: tener una buena alimentación, más que someternos periódicamente a estrictas dietas para bajar unos kilos que, antes o después recuperaremos. Si tenemos una dieta saludable, la excepción serán los excesos que cometamos, y tras ellos, simplemente volviendo a nuestra dieta habitual, volveremos igualmente a nuestro peso saludable.

Si en vez de marcarnos como objetivo “bajar de peso” nos proponemos el de “cambiar nuestra pauta de alimentación”, puede que debamos esforzarnos algo más, pero los resultados a largo plazo sin duda merecerán la pena.

Pero la dieta es algo más que los alimentos que ingerimos; también es cómo comemos. Si cambiamos algunos elementos de nuestra conducta alimentaria, nos puede ser mucho más sencillo evitar comer rápido o comer más cantidad de la que necesitamos. Veamos algunos consejos para lograr estas modificaciones en nuestra conducta alimentaria:

  • Limitar la conducta de comer a un solo espacio de la casa.
  • Establecer un horario fijo para las comidas.
  • Eliminar distracciones durante la comida (no leer, no ver la televisión mientras se come,...)
  • Planificar de antemano lo que se va a comer.
  • Preparar las comidas cuando no se tiene hambre (por ejemplo, preparar la cena después de comer).
  • Almacenar los alimentos peligrosos (de alto contenido calórico) en lugares poco visibles, empleando recipientes opacos y que no estén al alcance de la mano.
  • Disponer en casa de alimentos con bajo contenido calórico.
  • Establecer un periodo de tiempo fijo para comer (quitar las sobras de la mesa si se inicia una tertulia de sobremesa).
  • Planificar de antemano los alimentos que se deben comprar (comprar solamente lo que esté en la lista, llevar el dinero justo e ir a comprar con el estómago lleno).
  • Comparar alimentos que requieren ser cocinados antes de ser consumidos.
  • Seleccionar restaurantes que dispongan de una variada carta, de forma que los alimentos a consumir contengan valores calóricos adaptables a la dieta recomendada.

En la próxima entrada, veremos algunos consejos adicionales para poder comer menos cantidad de alimentos en cada comida y para poder disminuir el ritmo de la ingesta.

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La dieta más eficaz



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¿Buenos propósitos o metas?

Cuando comienza el año es una fecha clave que muchas personas eligen para definir sus buenos propósitos para el año que comienza; estas fechas, junto con el mes de septiembre que marca el inicio del curso académico, es cuando nos apuntamos al gimnasio, tratamos de dejar de fumar, iniciamos una dieta, etc. Pero, ¿qué sucede a los pocos días o semanas? Estos propósitos quedan en, simplemente eso, buenos propósitos.

Quizá es un buen momento para dejar de marcarse simplemente buenos propósitos y comenzar un proyecto más ambicioso: marcarnos metas. No estamos hablando de una simple diferencia terminológica, sino de una diferencia importante de planteamiento. Las metas implican concreción, implican un plan detallado, un camino a seguir y una supervisión del avance a lo largo de las diferentes fases del proceso.

Las metas son concretas, que al cabo del tiempo nos permiten dar una respuesta muy simple a su cumplimiento: las hemos cumplido o no. No existen ahí más respuestas posibles. Bien es verdad, no obstante, que aunque no consigamos tales metas, el simple hecho de haberlas propuesto y haber luchado por lograrlas nos habrán acercado mucho más a ellas.

¿Cómo podemos marcarnos metas?

  • El primer paso para marcarnos metas es que éstas deben ser realistas, no deben estar demasiado alejadas de nuestras posibilidades reales, pero sí deben ser bastante superiores a nuestros “mínimos cómodos”. Deben implicar un esfuerzo.
  • Un segundo paso es valorar la concreción de tales metas: no vale decirnos “bajar de peso”. ¿Cuántos quilos en concreto quiero bajar?. No vale “hacer ejercicio”, sino hacer X horas de ejercicio los lunes, miércoles y viernes.
  • El tercer paso es temporalizar las metas. Si sólo vemos el objetivo final, podemos desmoralizarnos al verlo demasiado lejano. Hemos de dividir nuestras metas en objetivos a corto, medio y largo plazo, donde los objetivos a largo plazo (nuestras metas) se lograrán mediante la consecución de las metas a corto y medio plazo.

Así, puede ser una buena idea el comenzar a marcarnos nuestras metas para este año y dividirlas temporalmente: ¿qué quiero haber logrado para primavera?, ¿qué habré logrado en verano?. Cada mes, o cada semana dependiendo de la meta que hayamos elegido, iremos valorando el grado de consecución de nuestro objetivo y así podremos ir modificando nuestras estrategias para poder lograr nuestra meta final.

Espero que cumpláis todas las metas que os marquéis para este año.

Feliz 2011.


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Hábitos para dormir mejor

Mucha gente experimenta problemas de sueño, bien para conciliar el sueño, bien para mantenerlo. Tales dificultades en muchas ocasiones pueden ser superadas de una forma sencilla, ya que responden a malos hábitos de sueño. La higiene del sueño hace referencia a aquellos hábitos saludables que nos ayudan a tener una rutina sana de sueño, evitando aquellas actividades o elementos que dificultan el sueño, y potenciando aquellos que lo facilitan.

DESCUBRE TU PROPIO RITMO DE SUEÑO

Conocer tu propio ritmo te ayudará a programar mejor tu higiene de sueño, seleccionando los periodos de sueño más indicados para ti.

  • Se conocen como buhos a las personas con tendencia a acostarse tarde y levantarse tarde. Suelen ser personas que por las mañanas les cuesta despertarse y alcanzan su máximo de activación en las horas de la tarde.
  • Se conocen como alondras a aquellas que suelen acostarse pronto y levantarse temprano. Alcanzan su máximo de actividad antes del mediodía y por la tarde les cuesta más estar alerta.



RESPECTO A LA CENA

  • Toma una cena ligera, unas dos horas antes de ir a la cama.
  • No te acuestes con hambre; una pequeña cantidad de alimentos o un vaso de leche tibia puede ayudarte a conciliar el sueño. Si te despiertas con hambre por la noche, no comas. Es mejor tomar un piscolabis antes de acostarse.
  • Evita el chocolate o grandes cantidades de azúcar, ya que son excitantes, o los líquidos en exceso.

ACTIVIDAD PREVIA AL ACOSTARTE

Evita realizar ejercicio físico o mental intenso dos horas antes de acostarte. Para entrar en el sueño más fácilmente hay que ir disminuyendo la actividad (física y mental) a lo largo de la tarde.

CONDICIONES AMBIENTALES

  • Procura que la habitación esté bien ventilada y con una temperatura fresca.
  • La ropa de cama y personal deben ser ligeras a la vez que abrigadas; son recomendables las prendas de algodón.
  • El colchón debe permitir el apoyo fisiológico de la columna vertebral; la almohada no debe ser ni muy alta ni muy dura.
  • Si tienes problemas respiratorios, puede resultarte más cómodo adoptar una postura de costado y con la cama ligeramente elevada (por ejemplo, colocando cojines bajo el colchón). También conviene realizar una limpieza de las vías respiratorias.
  • El ambiente de la habitación debe ser tranquilo, sin ruidos ni intromisiones.
  • Realizar actividades repetitivas todas las noches antes de acostarse resulta, a largo plazo, un buen inductor de sueño. Actividades como la higiene personal o preparar la habitación para dormir pueden actuar como indicadores de sueño.

CONSUMO DE SUSTANCIAS

  • Hay que evitar la cafeína y otras xantinas. El café, la cola, chocolates y algunos medicamentos contra el resfriado contienen sustancias que disminuyen la profundidad del sueño; no debes consumir tales sustancias después del mediodía.
  • La nicotina, a dosis altas, dificulta el sueño.
  • El alcohol produce sedación, pero provoca una menor calidad de sueño.
  • Si tomas fármacos que puedan activarte, como hipertensores o diuréticos, consulta a tu médico la posibilidad de sustituirlo por otro, o cambiar la toma a primera hora del día.

INDICADORES DE SUEÑO

Algunas personas tienen dificultad para reconocer en ellas las sensaciones de sueño, y aprovecharlas para irse a dormir. Algunas de estas sensaciones son:

  • Notar un escalofrío que no tenga origen ambiental. La bajada de medio grado de la temperatura corporal suele coincidir con la fase de preparación al sueño.
  • Perder la atención o tener fallos visuales al leer, ver la TV, etc.
  • Tener bostezos. El bostezo es la respuesta del organismo ante una situación de fatiga. Con él, se consigue una mayor oxigenación, lo cual nos reactiva.

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Algunas ideas para ser más feliz

Regina Brett, columnista del diario The Plain Dealer de Ohio escribió en 2006, al cumplir 45 años, una columna titulada "45 life lessons" en la que desgranaba en 45 puntos algunas de las lecciones que había aprendido a lo largo de su vida. Esta columna adquirió gran popularidad en Internet y empezó a circular por correo electrónico con una salvedad: ahora Regina no tenía 45 años sino 90, y era una entrañable ancianita llena de sabiduría que dejaba como legado esas lecciones vitales.

Más allá de la anécdota sobre el origen de la columna, llama la atención lo correctas que son tales ideas o lecciones desde un punto de vista psicológico. El texto contiene elementos de pensamiento positivo, asertividad, psicología cognitiva, etc.

A continuación reproduzco una selección de aquellas 20 ideas que me parecen más acertadas y que merecen un esfuerzo por nuestra parte para seguirlas:

  • La vida no es justa, pero aún así es buena.
  • La vida es demasiado corta para perder el tiempo odiando a alguien.
  • Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto.
  • No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.
  • Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
  • Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.
  • No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía.
  • Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.
  • Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.
  • Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.
  • El órgano sexual más importante es el cerebro.
  • Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú.
  • Enmarca todo supuesto "desastre" con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?"
  • Perdónales todo a todos.
  • Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe.
  • Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.
  • No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.
  • No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy.
  • Llegar a viejo es mejor que la alternativa…..morir joven.
  • No importa cómo te sientas… arréglate y preséntate.

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Influencia del optimismo y pesimismo en la actividad cerebral

Nuestras creencias sobre si vamos a tener éxito o si vamos a fracasar a la hora de enfrentarnos a una determinada tarea, afecta directamente a los niveles de “esfuerzo neuronal” que realiza la corteza cerebral, tal y como ha demostrado un estudio llevado a cabo por neurólogos del California Institute of Technology.

En el estudio, llevado a cabo por el equipo de Richard Andersen, se emplea la Resonancia Magnética Funcional para monitorizar la actividad en el Cortex Parietal Posterior (CPP) de un grupo de sujetos mientras realizan una actividad cognitiva compleja.

¿En qué consistía la tarea? A los sujetos se les presentaba en una pantalla una secuencia de estímulos en diferentes localizaciones, y éstos usando un trackball, debían mover el cursor del ordenador hacia las localizaciones memorizadas, en un orden determinado, mientras eran analizados mediante RMf. A los sujetos se les daba un segundo de tiempo para memorizar la secuencia, 15 segundos para planificar sus movimientos y sólo 10 segundos para finalizar la tarea; la tarea estaba diseñada intencionalmente para ser muy compleja.


A los sujetos se les informaba previamente al inicio de que recibirían una compensación económica dependiendo de su ejecución. Para ello se formaron dos grupos: los participantes del primer grupo obtendrían 5$ si completaban con éxito la tarea, mientras que perderían 1$ en caso de fracasar. El otro grupo, ganaría 1$ si acertaba y perdería 5$ si fracasaba. Una vez finalizada la prueba, y antes de recibir su compensación, los sujetos informaron mediante un cuestionario cómo habían percibido su ejecución, es decir, cómo de bien o mal creían haber realizado la tarea. Interesantemente, las percepciones no correlacionaban con su ejecución real.

Pero, más allá de ello, los investigadores encontraron que el patrón de actividad en el CPP estaba relacionado con cómo los sujetos habían percibido su ejecución (su percepción subjetiva), más que en su ejecución real en sí, así como por la ganancia o pérdida económica que esperaban por su éxito o fracaso.

El “esfuerzo cerebral” de una persona ante una tarea determinada depende de su acercamiento personal a la misma (si creen que van a tener éxito o si creen que van a fracasar); los optimistas, que creen que lo están haciendo bien, pondrán más esfuerzo y mostrarán mayor actividad en su CPP cuando esperan ganar una buena recompensa por tener éxito. Por el contrario, los pesimistas que no confiaban en tener éxito mostraban la mayor actividad neuronal cuando el coste de la pérdida era mayor (el grupo de 5$ de pérdida).

Según comenta uno de los experimentadores que realizaron el estudio, los pesimistas se esfuerzan más por evitar las pérdidas y les importan menos las potenciales ganancias.

Este estudio demuestra que el proceso de planificar una acción está influido por nuestra idea subjetiva (y, a menudo, incorrecta) de cómo lo estamos haciendo, así como por las potenciales ganancias o pérdidas derivadas de la misma. Los resultados sugieren que las áreas corticales implicadas en planificar las acciones también pueden estar relacionadas con la toma de decisiones.

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Artículo original: Iyer A, Lindner A, Kagan I, Andersen RA (2010) Motor Preparatory Activity in Posterior Parietal Cortex is Modulated by Subjective Absolute Value. PLoS Biol 8(8): e1000444. doi:10.1371/journal.pbio.1000444

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10 hábitos de las parejas felices

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Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre la felicidad y su relación con la acción; hoy, vamos a centrarnos en la felicidad dentro de las relaciones de pareja.

En Psychology Today hacen un interesante repaso de algunas de las características que definirían a las parejas felices en contraposición a las que no son felices; para hacer este análisis, se centran en los hábitos que llevan a cabo las parejas felices. Las parejas felices tienen hábitos diferentes, en comparación con las infelices; un hábito no es una conducta aislada que hacemos en un momento determinado y luego olvidamos; un hábito es una conducta que hacemos de forma automática y que ya requiere poco esfuerzo mantener. Los hábitos proceden de las conductas; si repetimos una conducta el suficiente número de veces (por regla general, se considera que durante 21 días) ésta pasa a convertirse en un hábito.

Pues bien, ¿cuáles serían los hábitos característicos de las parejas felices?

  1. Van a la cama al mismo tiempo. Las parejas felices resisten la tentación de ir a la cama por separado y se acuestan al mismo tiempo, incluso si uno de los dos se levanta más tarde para hacer cosas mientras el otro ya duerme.
  2. Cultivan intereses comunes. En ocasiones, cuando la pasión inicial de la relación se estabiliza, muchas parejas descubren que tienen pocos intereses en común; si no hay muchos intereses en común, las parejas felices los desarrollan. Al mismo tiempo, también es importante cuidar los intereses propios; ello te hará más interesante para tu pareja y prevendrá la dependencia.
  3. Caminan de la mano o uno al lado del otro. En vez de ser un miembro de la pareja quien camina por delante, y el otro por detrás, las parejas felices se sienten cómodas caminando uno junto al otro o cogidos de la mano; para ellos es más importante estar junto a su pareja que llegar segundos antes a su destino.
  4. Hacen de la confianza y el perdón sus modos por defecto. Cuando hay un desacuerdo o una discusión y no pueden resolverlo, las parejas felices por defecto confían en el otro y perdonan, en vez de desconfiar o guardar resentimiento.
  5. Se fijan más en lo que su pareja hace bien que en lo que hace mal. Si buscamos aquellas cosas que nuestra pareja hace mal, siempre podemos encontrar algo; si buscamos lo que hace bien, también.Todo depende de lo que vayamos buscando; las parejas felices acentúan lo positivo en lugar de lo negativo.
  6. Se dan un abrazo al volver del trabajo. El contacto físico es muy importante, y el dar un abrazo al volver del trabajo es una forma con la que las parejas felices se transmiten afecto y se comunican las ganas que tenían de verse.
  7. Dicen “te quiero” y “que tengas un buen día” todas las mañanas. Más que ser un mero formalismo, las parejas felices se recuerdan mútuamente el afecto que sienten el uno por el otro, lo cual ayuda a cargar pilas para enfrentarse al estrés y tensión del día a día.
  8. Se dan las buenas noches todas las noches, independientemente de cómo se sientan. Ello transmite a nuestra pareja que, a pesar de lo enfadado que estemos con él/ella, seguimos queriendo estar en la relación; transmite que lo que existe entre nosotros es más importante que un simple enfado.
  9. Se llaman durante la jornada a para “ver cómo va” el día. Llamar a nuestra pareja a casa o al trabajo para ver cómo le está yendo el día es una muy buena forma de ajustar las expectativas y hacer que estemos más en sintonía al vernos. Por ejemplo, si nuestra pareja está teniendo un día horrible en su trabajo, saberlo nos puede ayudar a comprender una reacción algo “fría” ante una buena noticia que tengamos para darle.
  10. Están orgullosos de que les vean juntos. Las parejas felices se sienten encantadas de que les vean juntos, y no renuncian a mostrar su afecto en público cogiéndose de la mano, por la cintura, etc. No es que les guste exhibirse, sino que les gusta transmitir al mundo que están orgullosos de estar el uno con el otro.

¿Cuántos de estos elementos son característicos de tu relación? Como hemos comentado al principio, se considera que cuesta 21 días convertir una nueva conducta en un hábito; puedes elegir alguna de las conductas que hemos visto para que se convierta en un hábito en tu relación y así lograr ser una pareja más feliz.

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parejas-felices




Fuente: Psychology Today

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Entrevista en Radio 9

Esta mañana me han entrevistado en Radio 9 durante el programa Bon Matí, para hablar del síndrome prevacacional y postvacacional.

Durante la entrevista, se han tratado muchos de aquellos puntos de los que ya hablé en mi último post sobre la prevención del síndrome postvacacional.


Escuchar la entrevista







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Prevenir el Síndrome Postvacacional

Nada más llegar el mes de Septiembre, los informativos se llenan de noticias sobre el síndrome postvacacional, depresión postvacacional, estrés postvacacional y muchos otros síndromes que terminan en "postvacacional". En este mes, al igual que los informativos, las consultas de psicología también se llenan con estos casos. Pero, ¿es inevitable sufrir el síndrome postvacacional? La respuesta es NO. 

Habitualmente, cuando se habla del síndrome postvacacional se hace referencia a una serie de síntomas que se producen como consecuencia de la finalización de las vacaciones y la reincorporación a la rutina habitual: tristeza, ansiedad, dificultades para dormir, cansancio, irritabilidad, etc. Éste síndrome se produce como consecuencia de un cambio brusco de horarios, hábitos, actividades, alimentación, etc.  

El síndrome postvacacional puede prevenirse; no es necesario esperar a septiembre para ponerle solución. Desde el mismo momento en el que iniciamos las vacaciones, podemos seguir una serie de recomendaciones que, sin duda, nos ayudarán a evitar la aparición de éste síndrome:



1. Controlar nuestros pensamientos. Como ya vimos en otros posts, los pensamientos que tenemos son los grandes responsables de nuestras emociones. A lo largo de todo el año tendemos a idealizar las vacaciones, llegando a ver esas dos semanas de desconexión como la salvación a otras 52 semanas de sufrimiento y tensión. Ni las vacaciones son perfectas, ni el trabajo una carga insoportable. 

2. Seguir unos horarios razonablemente estables. En vacaciones hay que descansar, desconectar y disfrutar, pero todo en su justa medida. No es necesario estar sujetos a una planificación diaria tan estricta como a lo largo de todo el año, pero no es recomendable en absoluto vivir en una anarquía horaria. Dentro de lo posible, es recomendable que los horarios de sueño y de las comidas se mantengan estables a lo largo de todos los días.

3. Iniciar actividades que luego podamos mantener. A la vuelta de vacaciones, hay un cambio anímico muy importante porque dejamos de hacer de golpe gran cantidad de actividades reconfortantes que hemos iniciado durante el periodo vacacional; para prevenir esto, es importante planificar de antemano alguna actividad que iniciemos durante el verano y que seamos capaces de mantener una vez volvamos al trabajo. Por ejemplo, seguir dedicándole un tiempo fijo al día a la lectura, a pasear, a hacer ejercicio, etc. 

4. Durante la semana anterior a la vuelta al trabajo, ir ajustando progresivamente los horarios de sueño hasta que coincidan con los habituales un par de días antes de la reincorporación. No es sano, y produce mucho malestar, pasar de dormir 12 horas a dormir 6 de la noche a la mañana. Ese cambio tan brusco (no es bueno ninguno de los dos extremos) puede minimizarse y, si lo hacemos, podremos reincorporarnos de con un estado físico y mental mucho más saludable.

5. Algunos días antes de volver al trabajo, es recomendable acercarnos por el centro laborar a saludar a los compañeros que han estado trabajando durante ese periodo de tiempo, ver cómo ha funcionado la empresa, y poder hacer una previsión del panorama que nos encontraremos a nuestra llegada. 

6. Ser realistas. Debemos enfrentarnos a la vuelta de vacaciones de forma racional; no podemos recuperar en dos días el trabajo acumulado durante todas las vacaciones. Pensar lo contrario es ponernos unas metas excesivas que no hacen si no contribuir a incrementar la presión y la ansiedad a la vuelta. 


Si seguimos estas recomendaciones desde el inicio de las vacaciones, seguro que nuestra vuelta al trabajo será sólo lo incómoda que debe ser, porque, al fin y al cabo, ¿a quién le gusta acabar las vacaciones?

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Identificar los pensamientos negativos

El mundo es muy complejo, contiene una enorme cantidad de información que debemos procesar y utilizar para poder ajustarnos a él; pero debido a esa complejidad, manejar en bruto toda la cantidad de información que nos manda resulta una tarea muy dura para nuestro cerebro.

Por ello, sin prácticamente darnos cuenta, el cerebro procesa y selecciona la información que percibe haciendo que sólo seamos conscientes de la más relevante, omitiendo toda aquella que no nos es útil. Esa selección o filtrado que hace el cerebro es lo que conocemos como realidad; no es difícil inferir, por tanto que habrán tantas realidades como cerebros percibiendo información. 

No obstante, bajo ciertas circunstancias, tal selección o filtrado de información, no funciona de la manera más óptima posible, haciendo que la realidad que percibimos esté sesgada en exceso en un sentido concreto, por ejemplo, en los momentos en los que estamos con un ánimo más bajo, con más ansiedad o estrés, depresión, etc. y podemos llegar a percibir una realidad mucho más negativa de lo que en verdad es. 

¿Cuáles son los filtros que aplica el cerebro?


  1. Pensamiento de todo o nada. Consisten en pensamientos extremos, en los que la balanza sólo puede estar arriba o abajo, blanco o negro. Dejan de existir los puntos intermedios. Cuando actuamos bajo este filtro, vemos las cosas como si fueran totalmente buenas o malas, lo mejor o lo peor, éxitos o fracasos. No obstante, en realidad, son muy pocas (si existen) las situaciones en la vida que sean 100% positivas o negativas.
  2. Filtro negativo. Ante la ingente cantidad de información frente a la que nos encontramos, seleccionamos únicamente la información negativa, que será la única que veamos y recordemos, ignorando los elementos positivos o aquellos negativos que no han sucedido. 
  3. Pesimismo. Creer que es más probable que sucedan cosas negativas y que las cosas positivas nunca (o casi nunca) sucederán. En estas circustancias, probablemente estemos ignorando las cosas positivas, no dándoles la misma oportunidad que a las negativas. 
  4. Maximizar y minimizar. Exageramos (maximizamos) los problemas y el daño que puede resultar de ellos, menospreciando (minimizando) nuestra capacidad para hacerles frente. Vemos una pequeña cuesta como una gran montaña. 
  5. Generalización excesiva. Cuando aplicamos este filtro, pensamos que un solo evento o característica negativa significa que todo va a salir mal; por ejemplo, tras una ruptura sentimental podemos pensar que nunca nadie nos podrá querer; si fallamos en hacer algo concreto, pensamos que somos incapaces de hacer nada bien. 
  6. No reconocer los esfuerzos. Tendemos a pensar que las cosas positivas ocurren por azar, y que sólo somos responsables de nuestros fracasos. 
  7. Adivinación del pensamiento. En ocasiones llegamos a creer que tenemos la capacidad para leer la mente de los demás: "Seguro que piensa que soy un...", "... en el fondo piensa que mi trabajo es un desastre aunque demuestre lo contrario". Habitualmente, incurrimos en este error sólo cuando creemos que los demás piensan algo negativo sobre nosotros, no a la inversa... No obstante, hasta el momento, no existe una sola persona que haya demostrado su capacidad para leer la mente de los demás; ¡tú tampoco!
  8. Adivinación del futuro. Al igual que el punto anterior, en ocasiones nos creemos con la capacidad de adivinar qué es lo que va a suceder en el futuro, y habitualmente cuando lo hacemos, sólo vemos problemas, desastres y fracasos. Pero, en verdad, ¿podemos predecir el futuro?

Si aprendemos a identificar los filtros que aplicamos, entonces seremos más capaces de modificarlos y comenzar a ver la realidad de nuevo en un modo más adaptativo. 

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Si no eres feliz...

Hace un tiempo encontré la siguiente imagen, que hoy me ha vuelto a venir a la cabeza trabajando con una paciente. La imagen consiste en un diagrama decisional que encierra la solución a gran parte de los problemas que llevan a las personas a acudir la consulta.

Los 15 segundos que tardas en leer el contenido de la imagen (está en inglés, pero más que comprensible) pueden resultar los 15 segundos más útiles que hayas tenido hace mucho tiempo:


felicidad

En muchas ocasiones, a pesar de identificar nuestra infelicidad, el origen de la misma e, incluso, la solución a la misma, nos sentimos incapaces de mover ficha, de lanzarnos a la acción. Nos sentimos anclados a viejas formas de comportamiento que han mostrado ampliamente su ineficiencia para hacernos sentir mejor. Nos empecinamos en seguir repitiendo una y otra vez los mismos patrones, pese a saber que no nos van a sacar del estado en el que nos encontramos.

No basta con identificar las causas del malestar; hay que hacer algo. ¿Qué? Para empezar, algo distinto a lo que vienes haciendo; eso ya sabes dónde te lleva, y no es donde te gustaría estar.


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Martin Seligman en TED

La semana pasada ya hablamos de psicología positiva, a raíz de una interesante entrevista a Martin Seligman. Pues bien, en esta ocasión voy a recomendaros una conferencia de Seligman que dio en 2004 dentro de los ciclos de charlas de TED.

La primera parte de la conferencia está más orientada al estado de psicología como disciplina, y el cambio de modelo que viene experimentando, desde una psicología más centrada en la investigación de los trastornos y la enfermedad, hacia una psicología más positiva, centrada en el estudio del bienestar.

En la segunda parte, se centra más en la psicología positiva y las claves del optimismo y la felicidad.

La charla es en inglés, pero podéis seleccionar subtítulos en varios idiomas. Espero que disfrutéis del vídeo:



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Optimismo, pesimismo y salud

Martin Seligman, psicólogo y director del departamento de psicología de la Universidad de Pensilvania, es conocido por sus investigaciones acerca de la indefensión aprendida y su relación con la depresión, así como por ser el padre de lo que se ha conocido como psicología positiva. En una entrevista realizada en 1999 afirmaba, en relación con el producto de sus investigaciones:

“Si eres pesimista, en el sentido de que cuando te ocurren cosas negativas piensas que van a durar para siempre y subestimas cada cosa que haces, entonces tienes una probabilidad hasta ocho veces mayor de sufrir depresión, es menos probable que tengas éxito en el trabajo, es más probable que tus relaciones afectivas no funcionen, y es más probable que tengas una vida más corta y con más enfermedades. Estas son las principales conclusiones de mis investigaciones”

Todo esto serían muy malas noticias si no fuera posible dejar de ser pesimista; de hecho, la mayor parte del trabajo de Seligman se centra en el optimismo aprendido, y una de las primeras cosas que debemos aprender es a reconocer los pensamientos catastróficos que nos decimos a nosotros mismos cuando las cosas no van tan bien como nos gustaría.

optimismo-pesimismo
Hay una delgada línea que separa el optimismo de las falsas esperanzas, pero en base a las consecuencias que tiene ser optimista o pesimista, todos haríamos bien en inclinar la balanza en favor del optimismo, especialmente ante situaciones de enfermedad. En un estudio longitudinal llevado a cabo con estudiantes de la universidad de Harvard, se vio que los optimistas tenían mejor salud a lo largo de sus vidas que los pesimistas. De igual modo, son muchas las investigaciones (por ejemplo, ésta de David et al, 2006) que muestran las diferencias en los niveles de estrés y malestar ante la enfermedad, especialmente el cáncer, en función del estilo de afrontamiento optimista o pesimista del paciente.

Céntrate en tus habilidades, éxitos y en todo aquello bueno que tiene la vida; incluso si nunca lo has hecho, es un buen momento para cambiar. Tenemos muchas cosas por las que ser optimistas, a pesar de todas las cosas negativas que suceden en el mundo o en nuestras vidas. 
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Sufrimiento



“El que acepta sufrir, sufrirá la mitad de su vida. Quien no acepta sufrir, sufrirá toda su vida”

Kung FuTse, Confuncio.

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¿Porqué sentimos lo que sentimos?

En muchas ocasiones nos ha podido ocurrir que, de repente, sentimos una intensa emoción, positiva o negativa, pero no podemos recordar (o ser conscientes) a qué se debe. 

Habitualmente tendemos a asumir que el modo en el que nos sentimos es el resultado de aquello que nos sucede, esto es, si nos suceden cosas buenas nos sentiremos bien, y si nos suceden cosas negativas, nos sentiremos mal. 

Pero, por suerte o por desgracia, la realidad es mucho más compleja. Podemos asumir, sin riesgo a equivocarnos, que apenas existen situaciones universalmente positivas o negativas, es decir, una misma situación puede hacer que dos personas diferentes se sientan de modo totalmente opuesto. 

Y bien, si no son las situaciones las que nos hacen sentir de un modo u otro, ¿qué es? Los seres humanos, entre otras características, nos diferenciamos del resto de primates evolucionados por nuestra elevada capacidad cognitiva, de reflexión, anticipación, inferencia, planificación, etc. 

Cuando nos encontramos ante una determinada situación, inmediatamente tenemos una serie de pensamientos (prácticamente automáticos) acerca de ela; estos pensamientos tienen su origen en quienes somos, quienes hemos sido, nuestros deseos, miedos, preferencias, aversiones, etc. y son esos pensamientos acerca de las situaciones que vivimos los que determinan el tono emocional con el que viviremos tales situaciones, no tanto las situaciones por sí mismas. Así, podemos comprender cómo una determinada situación o acontecimiento puede tener efectos tan diferentes dependiendo de quién la experimente. No existe la realidad, sino la realidad percibida por nosotros.

De este modo, cuando volvamos a sentir una emoción "inexplicable", quizá su origen no se encuentre directamente en algo que nos ha sucedido, sino en nuestros propios pensamientos; podemos  tratar de "tirar del hilo" de nuestros pensamientos para poder encontrar, con un poco de habilidad, aquel que nos hizo sentir de tal forma. 
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Aprende a relajarte (II)

Ya hemos hablado anteriormente de la importancia de la respiración  para aprender a relajarnos; bien, ahora le toca el turno a la relajación puramente dicha.

El método que vamos a emplear se conoce como Relajación Muscular Progresiva, y fue creada por Edmund Jacobson. Se basa en la tensión y relajación secuenciada de diferentes grupos musculares; durante los ejercicios debemos focalizarnos en la diferencia que experimentamos entre la tensión y la relajación.

Para practicar esta relajación es importante encontrar un lugar tranquilo, sin mucho ruido ambiental (podemos emplear música clásica) y en un momento en el que sepamos que no vamos a ser interrumpidos. 
 
La postura que adaptaremos puede ser, bien sentados en un sillón envolvente, bien tumbados en la cama; lo más importante es estar cómodos, para lo cual es aconsejable llevar prendas que no nos opriman en exceso. 

Durante el procedimiento de la relajación deberemos estar pendientes también de nuestra respiración, empleando para ello la técnica que vimos anteriormente (Respiración Diafragmática)
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Aprende a relajarte (I)

Ya hemos hablado en diversas entradas sobre el estrés y la ansiedad, y especialmente de cómo pueden afectar a nuestra salud. Pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo?

Hoy vamos a aprender a relajarnos con dos técnicas muy útiles: la Respiración Diafagmática y la Relajación Muscular Progresiva. Ambas técnicas son complementarias, siendo lo ideal dominar la respiración en primer lugar, para posteriormente incluirla en nuestros ejercicios de relajación. Tanto la respiración como la relajación son técnicas fisiológicas, que pretenden modificar determinados parámetros de nuestro organismo que han sido alterados por el estrés. 


Mediante la respiración diafragmática, trataremos de lograr un patrón de respiración que se caracterice por una baja tasa de inspiración con un elevado volumen de aire inspirado. Esto, junto con el carácter abdominal de esta respiración, facilita una disminución de la tasa cardíaca y una mayor oxigenación de los tejidos, lo que produce una agradable sensación de relajación. 


La relajación muscular progresiva consiste en la tensión y distensión repetidas de diferentes grupos musculares, para hacernos conscientes de aquellos en los que acumulamos más tensión y así poderlos relajar. 


Ambas técnicas se basan en el principio de las respuestas incompatibles, esto es, desarrollar voluntariamente un conjunto de respuestas fisiológicas opuestas (e incompatibles) con la ansiedad o el estrés. Cuando estamos bajo los efectos del estrés, experimentamos una serie de respuestas fisiológicas caracterizadas por una respiración más rápida y superficial, incremento de la tensión muscular, mayor tasa cardíaca, etc. Con la relajación y la respiración, tratamos de disminuir la tasa de respiraciones y hacerlas más profundas, relajar los músculos, disminuir la frecuencia cardíaca, etc. porque un mismo sistema no puede producir al mismo tiempo dos respuestas opuestas: si activamente nos relajamos, no podemos sufrir las manifestaciones del estrés al mismo tiempo. 
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9 ideas para ser más feliz

felicidad
Es obvio que existe una fuerte relación entre el éxito y la felicidad; pensemos, simplemente, cómo nos sentimos cuando obtenemos un ascenso laboral, unas buenas calificaciones académicas, etc. 

Pero, ¿es el éxito el que lleva a la felicidad, o puede que la felicidad también nos lleve al éxito? 

Según la Dra. Sonja Lyubomirsky  y cols., parece que la felicidad puede llevarnos a tener más éxito. Estos investigadores llegaron a tal conclusión al realizar determinados experimentos en los que inducían un estado de ánimo positivo o negativo a un grupo de personas; posteriormente, evaluaban la calidad de su ejecución en determinadas tareas, observando que los grupos con mejor estado anímico obtenían mejores puntuaciones. 

En estos estudios , además, encontraron que las personas más felices se caracterizaban por realizar determinadas conductas con más frecuencia: 
  1. Hablar con la gente.
  2. Interesarse por actividades de ocio: salir con los amigos, ir de vacaciones, salir a cenar, etc. 
  3. Disfrutar esas actividades sociales más intensamente.
  4. Resolver con eficacia los conflictos: tienen mayor tendencia a colaborar para resolver un conflicto que a evitarlo.
  5. Ayudar a los demás.
  6. Sentirse más sanos. La gente con mejor estado de ánimo experimenta menos dolor y se perciben más saludables.
  7. Ser más creativos. Piensan de forma original y flexible
  8. Realizar mejor tareas complejas.
  9. Atribuir sus éxitos a sus propias habilidades, más que a la suerte o a otros factores externos a su control. 
¿Os identificáis con estas conductas?, ¿creéis que llevarlas a cabo puede hacernos más felices?



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La incómoda incertidumbre

Todos habremos jugado alguna vez a la gallinita ciega; nos vendan los ojos y, de repente, todo nuestro marco de referencia externa se desvanece y nos sentimos perdidos. No sabemos si con el próximo paso que demos acabaremos de bruces contra la pared, o sobre el suelo. Nos sentimos inseguros. 

Esta sensación es algo que experimentamos numerosas veces a lo largo de nuestra vida, y es una sensación común de gran parte de los pacientes que acuden a consulta. Como seres humanos, necesitamos sentirnos seguros y nos aferramos a cualquier elemento que pueda darnos una pizca de esa seguridad. Necesitamos estar seguros de que mañana será un día mejor, que ese proyecto que vamos a emprender funcionará, que nuestra pareja mañana seguirá ahí, que en nuestra próxima reunión no nos temblará la voz ni nos quedaremos en blanco, o incluso, ¿hemos cerrado la llave del gas?

Necesitamos que alguien nos de esa seguridad, aunque sepamos que tal certeza no existe; y eso lo saben los 906, quienes leen la mano, quien interpreta los posos del café o quien hace tarot; por eso leemos el horóscopo aunque sepamos que esa seguridad que nos ofrece es de cartón piedra. Por eso la gente necesita tener fe.

incertidumbre

Pero para crecer como personas debemos aceptar que nunca podemos aspirar a lograr la absoluta certeza sobre nada; la vida implica riesgo, implica oportunidades y peligros, y tendremos que aprender a convivir con la duda.

Para jugar al juego de la vida debemos comprar nuestra papeleta y apostar; podremos ganar o perder, reír o llorar, disfrutar o sufrir, pero independientemente del resultado, tendremos la oportunidad de aprender y mejorar como personas. Pero para ello debemos apostar.


¿Jugamos?


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