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	<title>Artículos de TOC - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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	<description>Centro de psicología dirigido por  Alberto Soler y Concepción Roger. Te acompañamos a entender lo que te pasa y a sentirte mejor. Adultos, infantil, familia y parejas. Evaluamos TDAH y AACC.</description>
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	<title>Artículos de TOC - 1 - Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</title>
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		<title>Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Parálisis por análisis… Seguramente os habrá pasado alguna vez que ante una decisión importante en la que queríais tomar la mejor decisión, os habéis quedado un poco atascados en la fase de contemplar todas las posibles opciones, los pros, los contras, los qué pasaría sí, el “vale, ya lo tengo claro”... Pero cuando asumes una opción no eres capaz de desprenderte de alguna de las otras: es lo que se conoce como parálisis por análisis. Vamos a ver con un poco más de detalle de qué va esto y qué es lo que podemos hacer en este tipo de situaciones… INTRO Las personas somos todas diferentes. Algunas son más impulsivas, otras más reflexivas. Algunas más habladoras, otras más calladas. Algunas más activas, otras más tranquilas… independientemente de estos rasgos, todos tenemos nuestros momentos más y menos impulsivos, momentos en los que estamos más o menos activos o habladores. Por eso, seamos de un estilo u otro, es fácil que lo que vamos a explicar hoy nos haya pasado en mayor o menor grado alguna vez. Es lo que se conoce como parálisis por análisis. Tenemos que tomar una decisión que para nosotros es importante. Puede tratarse de algo más o menos trascendente, pero el caso es que para nosotros en este momento es algo a lo que le estamos dando importancia (aunque desde el punto de vista de otras personas esta decisión no sea nada importante). Pero el caso es que tenemos diferentes opciones a la hora de decidir, cada una con sus pros y sus contras. Y es que la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Que sí, que está muy bien el que nos paremos a reflexionar las posibles opciones antes de tomar una decisión y actuar, de hecho hemos hablado de eso mismo en otros artículos y vídeos. El problema viene cuando nos quedamos atascados en esta fase de análisis, dándole excesivas vueltas al problema, perdiendo tiempo y energía, sin llegar a decidirnos por ninguna opción y por lo tanto sin actuar en uno u otro sentido. Algunas personas se quedan atascados en la búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el miedo al fracaso es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero a pesar de todo, puede ocurrir que el coste de no llegar a tomar una decisión sea en realidad mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer cuando nos vemos atascados en una situación así? Cuando somos conscientes de que nos estamos pasando con el tiempo o la energía que le estamos dedicando a una decisión, podemos optar por varias opciones: Limitar el número de opciones. Cuando estamos atascados en este tipo de situaciones menos es más. Es imposible elegir entre todos los posibles modelos de coches, pantalones, zapatillas, u ordenadores. No podemos comparlos todos porque hay demasiados. Es mejor limitar la elección a unas pocas opciones (quizá dos o tres) y dedicarle tiempo a analizar solo estas, en lugar de intentar abarcar todas las posibles opciones. Es por esto que muchos vamos siempre a las mismas tiendas de ropa o compramos siempre los electrodomésticos o cacharritos de una determinada marca. Tener demasiadas opciones puede llevarnos a quedarnos atascados y no llegar a elegir ninguna. Otra cosa que podemos hacer es decidirnos por la primera opción que consideremos suficientemente razonable. Si asumimos que es suficientemente buena, aunque no sea perfecta, podremos salir del bloqueo y seguir adelante con este y otros asuntos importantes. Nuestro tiempo y nuestras energías también son importantes y no tenemos porqué desperdiciarlos. También podemos marcarnos plazos temporales. Cuando estamos atascados sin saber muy bien por dónde tirar, ayuda tener una fecha tope para tomar una decisión. Si no nos viene dada esta fecha por las circunstancias, podemos fijarla nosotros mismos: nos damos un plazo para tomar una decisión, y si pasado este tiempo no la hemos tomado, una de dos, o asumimos la opción que consideremos más razonable en ese momento, o abandonamos la idea y dejamos de dedicarle tiempo y energía. También podemos intentar enfocarlo desde otro punto de vista. En lugar de enfocarlo como una decisión definitiva, podemos plantearnos que probablemente podamos cambiar de opinión en el futuro, cambiar de rumbo, realizar modificaciones, etc. Si le quitamos un poco de hierro a la decisión probablemente sea más fácil decantarnos por una u otra alternativa. Si vemos que no somos capaces de tomar la decisión por nosotros mismos, podemos compartir nuestras inquietudes con otras personas que nos ayuden a decidir. En función de las circunstancias, estas personas pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, o de en caso de ser necesario, también podemos solicitar ayuda profesional. Finalmente, un último recurso sería imaginar posibles consecuencias de cada una de las alternativas que barajamos, y exagerarlas llevándolas al extremo. Si las consecuencias no son muy desastrosas llevándolas al extremo, probablemente podamos asumir esa opción como buena o, al menos, elegir la que tenga consecuencias menos graves. Esta es nuestra lista de opciones para salir de esa parálisis, y vosotros ¿qué hacéis para salir de este tipo de situaciones? Si tenéis un truco que os funciona para ayudaros a elegir cuando os sientes atascados, contárnoslo en los comentarios. Y hasta aquí, otra píldora de psicología, si os ha gustado tenéis muchos más vídeos y artículos en el canal de YouTube y en albertosoler.es. Y en todas las librerías nuestro libro “Hijos y Padres Felices”. ¡Un saludo!</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/por-que-lo-mejor-es-enemigo-de-lo-bueno/" data-wpel-link="internal">Por qué lo mejor es enemigo de lo bueno</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Os habéis planteado alguna vez el tiempo que empleamos a lo largo de nuestra vida en <a href="https://www.albertosoler.es/ceguera-a-la-eleccion-por-que-fallamos-tanto-al-tomar-decisiones/" data-wpel-link="internal">tomar decisiones</a>? Sí, mucho. Solemos pensar que cuanto más tiempo dedicamos a meditar una decisión, mejor será el resultado final. Pero, ¿y si realmente no es así?, ¿y si <strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>? Vamos a verlo.</p>
<p><span class="7t0HIHqJGTv2axdPoToknxdDlOX5E4qeM72iZNjmmpVQzaWPeFLpKjgykwRFMXtRKg3NsZUrCY"><iframe title="Por qué buscar LO MEJOR puede ser una mala idea: lo mejor es enemigo de lo bueno" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/QXGehWiK_dM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habréis oído muchas veces eso de que “<strong>lo mejor es enemigo de lo bueno</strong>” Esta expresión pertenece a Voltaire y la emplea para hablar de una trampa lógica que se conoce como la &#8216;Falacia del Nirvana’: rechazar una acción o una idea comparándola con lo mejor, con algo tan «mejor» que resulta inabarcable o imposible. Lo que digo siempre, que <strong>ninguna realidad puede competir con una fantasía</strong>, ya sea un trabajo, un viaje o una pareja. Lo veíamos <a href="https://www.albertosoler.es/el-sindrome-de-paris-por-que-enferman-algunos-japoneses-al-llegar/" data-wpel-link="internal">cuando hablábamos del síndrome de París</a>. Pues bien, <strong>aceptar que lo mejor es enemigo de lo bueno no es tarea sencilla</strong>, ya que tendemos a pensar que lo mejor es lo mejor y punto, sin darle más vueltas al asunto. Se requiere cierto recorrido vital para entender que quizá ese “lo mejor” es una fantasía, una utopía que nos aleja de tomar buenas decisiones en el momento presente, esperando algo que quizá nunca llega.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-tomar-decisiones-en-6-pasos/" data-wpel-link="internal">Cuando nos enfrentamos a decisiones importantes en la vida</a> es necesario dedicarles un mínimo de tiempo para poder contemplar todos los elementos que entran en juego, comparar distintas opciones, y una vez tengamos toda la información necesaria, tomar la mejor decisión posible. Pero no siempre es todo tan sencillo. <strong>Hay veces que no hay una decisión que sea “la mejor”</strong>; hay veces que no disponemos de toda la información necesaria y tenemos que hacer una apuesta; en otras ocasiones las opciones que tenemos son prácticamente equivalentes (al menos, con la información que tenemos) y nos cuesta decantarnos por una u otra. Y ahí es donde nos enganchamos: esperando el mejor resultado vamos dejando pasar el tiempo y las oportunidades rechazando opciones que eran realmente buenas y que podían funcionar para nosotros.</p>
<p>Entonces, <strong>¿emplear más tiempo en una búsqueda o una decisión implica mejor resultado final? Definitivamente, no.</strong> Echarle tiempo “a granel” a un proceso de toma de decisiones no es garantía de nada, a veces todo lo contrario.</p>
<p>Muchas personas se quedan atascadas en un proceso eterno de búsqueda de información, quieren saber todas las posibles implicaciones de cada una de todas las opciones posibles y no llegan a dar el siguiente paso. Otras pueden estar conformes con la información que tienen, pero no son capaces de decidirse por ninguna opción, quizá porque no quieren desprenderse de las otras. A veces, simplemente se aplaza el tomar una decisión porque parece que no es el momento o que no estamos preparados en ese momento para hacerlo. Otras veces el <a href="https://www.albertosoler.es/miedo-al-cambio-video/" data-wpel-link="internal">miedo al fracaso</a> es parte del problema que nos impide decidirnos y actuar. Pero en todos estos casos lo que acaba ocurriendo es que el coste de no llegar a tomar una decisión en realidad puede acabar siendo mayor que el de equivocarnos en lo que elijamos. Es lo que se conoce como parálisis por análisis: la mayoría de las veces, las decisiones a las que nos enfrentamos no tienen una opción buena y otra mala como en un examen tipo test, sino que más bien son opciones en las que por un lado ganamos algo, pero a la vez tenemos que renunciar a otro aspecto… Y eso es algo que nos cuesta mucho.<br />
<a href="https://www.albertosoler.es/renunciar-para-ser-felices/" data-wpel-link="internal">Estamos preparados para elegir ventajas o virtudes, no para elegir defectos</a>. Pero cada opción que tomamos tiene su cara b: si compramos un apartamento en la playa estamos renunciando a tener una casita en la montaña. Si elegimos un pequeño deportivo estamos renunciando a tener un buen maletero. Si elegimos una escuela súper molona y súper interesante probablemente tenemos que renunciar a la que tenemos más cerca de casa. Vivir es elegir, y elegir es renunciar.</p>
<p><strong>Pero hay que elegir; no hacerlo mientras esperamos que se presente ante nuestros ojos la opción ideal es una forma de garantizarnos el fracaso al mismo tiempo que nos engañamos a nosotros mismos pensando lo difícil o injusta que es la vida porque no nos da las mismas oportunidades que al resto</strong>. Pero quizá no tenemos que culpar a la vida y lo que debemos es dejar de crear esa narrativa fatalista y aceptar que tal vez nuestras fantasías o aspiraciones nos están impidiendo alcanzar realmente nuestras metas. Porque, quizá, lo mejor es enemigo de lo bueno.</p>
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		<title>TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Apr 2022 07:00:37 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hay personas que viven atrapadas en un bucle de pensamientos obsesivos que les llevan a hacer conductas de todo tipo. Comprobar muchas más veces de lo razonable si han cerrado la puerta de casa o el gas, tener que pulsar los interruptores un número determinado de veces, repetir una palabra cada vez que ven o [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.albertosoler.es/toc-trastorno-obsesivo-compulsivo/" data-wpel-link="internal">TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo</a> se publicó primero en <a href="https://www.albertosoler.es" data-wpel-link="internal">Centro de Psicologia Alberto Soler. Valencia, Foios y online</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hay personas que viven atrapadas en un bucle de pensamientos obsesivos que les llevan a hacer conductas de todo tipo. Comprobar muchas más veces de lo razonable si han cerrado la puerta de casa o el gas, tener que pulsar los interruptores un número determinado de veces, repetir una palabra cada vez que ven o escuchan cierta cosa, caminar solo por las baldosas de un color determinado o lavarse las manos varias veces al día como si fueran a entrar en quirófano. Esta semana <a href="https://www.albertosoler.es/divulgacion/y-si-tengo-toc/" data-wpel-link="internal">hablamos del Trastorno Obsesivo Compulsivo</a> o, como se le suele llamar habitualmente, TOC. Vamos a verlo.</p>
<p><span class="HQTwr"><iframe title="TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/Oal3bsZ3ftU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Quizá después de los ejemplos que os he puesto os vienen a la cabeza pelis como Mejor imposible o Toc Toc, por poner dos ejemplos. Y sí, son pelis que están muy bien, yo me he divertido mucho viéndolas. Pero como psicólogo ya os digo que el TOC no es nada divertido&#8230;  Las personas que lo sufren viven muy limitadas por sus síntomas, y en muchos casos se convierte en un problema crónico.</p>
<p>El TOC, como su nombre indica, es un trastorno que se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos involuntarios que causan mucha ansiedad. Las compulsiones, por su lado, son una serie de conductas desadaptativas que, disminuyen la ansiedad que generan las obsesiones. Hasta aquí no habría problema: tenemos un pensamiento negativo, pero encontramos una conducta que lo neutraliza. Fin del problema, ¿no?</p>
<p>Pues no. El quid de la cuestión está en que ese alivio de la ansiedad es solo temporal, y las compulsiones paradójicamente acaban formando más parte del problema que de la solución. Os pongo ejemplos: un paciente que vive obsesionado por la idea de enfermar gravemente por los virus y bacterias que hay en sus manos. Por ello, debe lavarse las manos de una manera muy minuciosa cada vez que toca algo que podría estar “contaminado”. ¿El problema? Que prácticamente todo lo que toca está, según su criterio, “contaminado”. Al final esa forma de lavarse las manos le acaba produciendo heridas e invierte tanto tiempo en estos rituales que le impide llevar a cabo una vida normal.</p>
<p>Otro ejemplo. Una paciente tiene dudas acerca de si ha cerrado correctamente el gas, con lo que estando de camino al trabajo tiene que dar la vuelta. Comprueba que está bien, y marcha de nuevo. Pero al cabo de un rato, vuelve la duda: “¿seguro que lo he comprobado bien?” El malestar es tan intenso, con imágenes de su casa y medio vecindario en llamas que, de nuevo, tiene que dar la vuelta y volver a comprobarlo otra vez. Y cuando estaba saliendo de casa, de nuevo la misma duda. Y esto le ocurre todos los días, varias veces al día respecto a distintas cosas: si ha cerrado el coche, el gas, las luces de casa&#8230; o incluso si ha atropellado a alguien por la carretera sin darse cuenta, por lo que tiene que deshacer varias veces parte del camino para asegurarse que no hay ningún cadaver en la cuneta y que ella no se había dado a la fuga sin pretenderlo.</p>
<p>Un último ejemplo. Un paciente que cada vez que piensa en un ser querido, si no repite mentalmente una larga lista de palabras y frases, está convencido de que esa persona va a tener un accidente y va a morir. Y claro, como no hay mejor forma de pensar en algo que no queriendo pensar en ese algo, su mente está constantemente repleta de imágenes de sus seres queridos, y él teniendo que repetir esos “conjuros” mentales sin descanso, hasta tal punto que no puede trabajar ni relacionarse con normalidad porque toda su atención está centrada en ese asunto.<br />
Lo que os decía, que poca broma con el TOC. Las personas que lo tienen sufren muchísimo.</p>
<p>Si os fijáis en los ejemplos que os pongo, <strong>realmente no hay nada extraño en esas conductas.</strong> No hasta cierto punto. Por ejemplo, el paciente del lavado de manos: sí, es razonable que si tienes las manos muy sucias puedas contagiarte de algo y enfermar. El problema viene con qué es lo que considera que está “limpio” o “contaminado” y con esa frecuencia e intensidad de lavado de manos. La paciente de las comprobaciones. Todos hemos dado la vuelta para comprobar si hemos cerrado bien la puerta o el gas alguna vez. Y ahí está el tema: alguna vez. Lo compruebas y sigues tu camino. O si crees que es una duda poco razonable, aceptas la incertidumbre y sigues adelante sin comprobarlo. Pero <strong>esta persona es incapaz de evitar la comprobación, e incluso después de haberlo hecho se instala en ella esa duda patológica que le lleva a comprobarlo de nuevo varias veces.</strong> Y el paciente de los pensamientos sobre sus seres queridos; todos podemos tener pensamientos o ideas marcianas. Pero somos capaces de dejarlas pasar. Y precisamente ahí está la clave del TOC. Estas personas no tienen ideas muy descabelladas; de hecho, todos tenemos pensamientos obsesivos que nos generan malestar. La principal diferencia es que las personas que sufren TOC son incapaces de no hacer caso a esas ideas, y al final su vida acaba girando alrededor de sus obsesiones y sus compulsiones.</p>
<p>Muchos pacientes de TOC en la primera sesión me preguntan: <strong>“¿cuándo dejaré de tener estos pensamientos?”</strong> Y mi respuesta suele ser que, probablemente, nunca. Claro, imaginad la cara de decepción de la persona cuando escucha esto. Pero luego se lo explico, no soy así de cruel. Le cuento que no dejará de tener esos pensamientos porque todos los tenemos, que son normales. Que su problema no es tener esos pensamientos, sino la ansiedad que le generan y el hecho de no ser capaz de dejarlos ir. Las personas con TOC toman esos pensamientos muy en serio, tanto que al final todo gira entorno a ellos.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-trastorno-obsesivo-compulsivo-valencia/" data-wpel-link="internal">Gracias a la terapia</a>, con el tiempo, pueden ser conscientes de que esos pensamientos que tienen son pensamientos obsesivos, que esas catástrofes que están anticipando si no llevan a cabo sus compulsiones nunca ocurren, y que pueden seguir con su vida a pesar de esos pensamientos. Y ahí está la clave: seguir a pesar de los pensamientos.<br />
Como os digo, el TOC es un trastorno que genera mucho malestar, y en ocasiones la terapia puede llevar mucho tiempo. Sobre todo porque las personas suelen acudir después de mucho tiempo, a veces años, de tener esos pensamientos instalados. Y a más tiempo con esos pensamientos, más cuesta luego aprender a gestionarlos de otra manera. La medicación en estos casos suele ser más importante que en otros, hasta el punto que hay pacientes que no logran avanzar sin tener una pauta de medicación. ¿Durante cuánto tiempo? En algunos casos son semanas o meses, pero en otros casos tiene que mantenerse de forma crónica. Es algo que no suele gustar a quien tiene que tomar la medicación, pero afortunadamente a día de hoy existen estos recursos que permiten llevar a cabo una vida totalmente normalizada.<br />
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		<title>Lo posible y lo probable: aprende esta importante diferencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Apr 2022 07:00:44 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Era febrero de 2020 y la gente estaba súper alarmada con nosequé virus que había en China. Los chinos, que son unos exagerados, venga a construir hospitales a correprisas, a ponerse mascarillas hasta para salir a la calle y a encerrarse en casa. Luego fueron los italianos, pero aquí eso no podía pasar. Nosotros no [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Era febrero de 2020 y la gente estaba súper alarmada con <strong>nosequé virus que había en China.</strong> Los chinos, que son unos exagerados, venga a construir hospitales a correprisas, a ponerse mascarillas hasta para salir a la calle y a encerrarse en casa. Luego fueron los italianos, pero aquí eso no podía pasar. Nosotros no somos China, y tampoco Italia. Que nosotros tenemos la mejor sanidad del mundo. ¿Cómo va a pasar eso aquí? Total, por un constipado&#8230; Os suena, ¿verdad?</p>
<p><span class="Xpjq6sJA1k3n9iGrH2cO7"><iframe title="Lo posible y lo probable" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/p3EBbmMso0I?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Ese discurso es el que muchos teníamos en aquel momento. Yo, al menos, lo tenía. Pensaba que, al igual que muchas de las otras calamidades con las que amenazaban los informativos, esto nunca iba a pasar. <strong>Que era posible, sí, pero muy improbable.</strong> Pero pasó. Y vaya que si pasó… Recuerdo mis últimos viajes los días antes del confinamiento cómo miraba con cierta prepotencia a las personas que llevaban mascarillas en el aeropuerto, ¡qué exagerados, por un resfriado de nada! También me pareció que Kontxín exageraba cuando dijo que quizá no era buena idea que celebráramos el cumpleaños de los peques la tarde del 14 de marzo&#8230; Y el resto, bueno, pues ya lo sabéis.</p>
<p>¿Y qué es lo que pasa? Como os decía, esto ha sido como el cuento de Pedro y el lobo, pero más gordo. Estamos cansados de ver noticias que vaticinan un final del mundo que luego nunca sucede. Que si el efecto 2000, que el final del mundo Maya, que si no se qué meteorito se acerca a la Tierra y nos puede mandar a todos a freír espárragos&#8230; Vemos cosas de estas constantemente. De hecho, ya hubieron antes alertas sanitarias similares que, por suerte, no llegaron al nivel de esta (al menos en nuestro país): el SARS, el MERS, o la gripe A. Teníamos motivos para pensar que esta nueva amenaza iba a ser como el resto, mucho ruido para que luego no pasara nada. Pero pasó. Y el hecho de que esto sí haya pasado ha instalado en muchas personas una especie de pensamiento fatalista ante nuevas amenazas del tipo: <em>“Yo también pensaba que lo del coronavirus nunca iba a pasar y al final sucedió. Pues con esto lo mismo”</em> Por ejemplo, lo del gran apagón. ¿Recordáis cómo llenaba hace unos meses los titulares?, ¿cómo la gente empezó a hacer acopio de víveres porque “yo también pensaba que lo del COVID no pasaría y mira lo que pasó”? Pues eso.</p>
<p>En inglés tienen una expresión para esto: <strong>“shit happens”, </strong>“la mierda pasa”, las cosas malas ocurren.</p>
<p>Eso lo sabemos todos. Pero una cosa es saberlo en abstracto, y otra cosa muy distinta es haberlo experimentado en tus propias carnes. Sí, la gente tiene accidentes de tráfico, eso lo sabes. Pero es muy distinto que tú hayas sufrido uno, o que lo haya sufrido alguno de tus seres queridos. La forma en la que te vas a enfrentar a la vida después de haber vivido ciertas cosas en primera persona es muy diferente.</p>
<p>Ahora todos tenemos esa experiencia de que hay cosas que, por muy lejanas o marcianas que nos parezcan, al final pueden acabar ocurriendo. Y <a href="https://www.albertosoler.es/el-abc-en-la-terapia-cognitiva-y-las-distorsiones-cognitivas/" data-wpel-link="internal">ese pensamiento nos hace creer que la probabilidad de que otras cosas indeseables sucedan es más elevada, cuando en realidad no lo es.</a> Es un pensamiento distorsionado. El miedo, y nuestra propia experiencia de que “shit happens”, hace que confundamos lo posible y lo probable. Y precisamente esa confusión entre lo posible y lo probable es lo que lleva a muchas personas a tener un gran sufrimiento emocional. Porque el miedo hace que sintamos que todo lo que es posible es probable, cuando no es así.</p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/la-ansiedad-no-es-mala/" data-wpel-link="internal">Cuando nos e</a>nfrentamos a una amenaza o peligro, de manera inconsciente o automática, valoramos si es posible o no que ocurra. Si no es posible, dejamos de lado la preocupación, a otra cosa. Pero si es posible, entonces tenemos que valorar hasta qué punto es probable. <strong>Porque hay cosas que son posibles, como que te toque la lotería, pero muy poco probables.</strong> Tanto, que la mayoría de las personas mueren sin que nunca les haya tocado. Pues con las desgracias igual. Si es poco probable, pues podemos seguir con nuestra vida como si nada. Total, estas cosas nunca pasan. Pero, el problema es cuando una de esas cosas va y sí que ocurre. Entonces, eso altera nuestro cálculo mental. Vivimos en primera persona que lo improbable es posible y que, de hecho, también ocurre. Pero haber vivido esa posibilidad no implica que a partir de ese momento todo lo que valoremos como “poco probable”, de repente, tenga más probabilidades de ocurrir. Sigue siendo poco probable.</p>
<p>Pues eso, que sí, que shit happens. Pero lo único que cambia es que lo hemos vivido en primera persona y eso ha distorsionado nuestra percepción de qué es probable y qué no lo es. Las pandemias, estadísticamente, son poco probables. Pero no imposibles. Quizá todo esto nos lleve a ser más cautos en un futuro, pero pagando el peaje de la angustia durante cierto tiempo ante las nuevas amenazas que aparezcan en el horizonte. “Porque yo también pensaba que lo del COVID no pasaría y mira lo que pasó”</p>
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		<title>Aprende a pedir ayuda cuando estás mal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2022 14:11:29 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Algo que veo con cierta frecuencia en consulta, y es un tema que sale una y otra vez con los pacientes, es el de pedir ayuda. Por mal que estemos, por mala que sea la racha en la que nos encontremos, nos resistimos a mostrarlo a los demás. Como si tener problemas o estar mal [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Algo que veo con cierta frecuencia en consulta, y es un tema que sale una y otra vez con los pacientes, es el de pedir ayuda. Por mal que estemos, por mala que sea la racha en la que nos encontremos, nos resistimos a mostrarlo a los demás. Como si tener problemas o estar mal fuera una señal de debilidad. ¿Y lo peor de todo? Que con esa actitud estamos renunciando a un apoyo y soporte que, probablemente, nos vendrían de maravilla en esos momentos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><span class="1HWejk06DdtQ7NpfiFh84BKYbyG2gmOlqzIw9"><iframe title="Una forma de autosabotaje que debes evitar" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/_ubDZPn0MXQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Piensa en la escena; te encuentras con alguien por la calle, en el metro, o incluso le mandas un mensaje o le llamas específicamente para ver cómo está, y la respuesta sale siempre como un resorte: “bien, ¿y tú?” Es como cuando estamos aprendiendo inglés, una frase hecha: “Hello, how are you? I’m fine, thank you”. No hay otra respuesta posible. Decimos que bien, damos las gracias y preguntamos a la otra persona para que nos responda lo mismo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y algunos me diréis, <em>“Alberto, es que muchas veces la otra persona no quiere escuchar realmente cómo te encuentras”</em>. Ya, pues quizá no debería hacer esa pregunta si no quiere escuchar la respuesta. <strong>Tendríamos que empezar a normalizar que no siempre estamos bien.</strong> Si preguntas, asumes que la otra persona puede responderte.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Si preguntas <em>“¿qué tal?, ¿cómo han ido tus vacaciones?”</em> es porque te interesa saber cómo han ido sus vacaciones. Si preguntas “qué tal se come en ese restaurante” es porque quieres saber cómo se come en ese restaurante. Si preguntas cuánto te ha costado el teléfono nuevo es porque quieres saber cuánto te ha costado el teléfono nuevo. Pero <strong>si preguntas “¿cómo estás?” resulta que solo estás utilizando un formalismo social y realmente te importa cuatro pimientos cómo esté la otra persona.</strong> Pues eso, que quizá tenemos que empezar a normalizar el que no siempre estamos bien. Y más en pandemia, que el que más, el que menos, estamos todos agotados…</p>
<p>Otros también diréis: <em>“pues es que yo conozco a fulanito (o Fulanita) que cada vez que le pregunto, siempre me está contando su vida y desgracias”</em>. Sí, eso también pasa a veces. Pero es mucho menos frecuente, y probablemente se deba a que esa persona a) realmente está en un mal momento y b) carece de las habilidades sociales necesarias para poder equilibrar un poco su discurso. El tema es que vivimos en una sociedad taaaan individualista y nos la bufa tanto cómo están los demás, que a veces <a href="https://www.albertosoler.es/tecnicas-iniciar-mantener-conversaciones-video/" data-wpel-link="internal">cuando te encuentras con alguien que pregunta con sinceridad y escucha</a> te agarras como a un clavo ardiendo. No deja de ser síntoma de lo mismo. Pero bueno, esto es otro problema, que si queréis, tratamos en otro vídeo…</p>
<p>A lo que íbamos, el tema de hoy es que, por un motivo u otro, nos cuesta mostrar cómo estamos a los demás, y no digamos ya pedir ayuda. Eso va ya para matrícula. <a href="https://www.albertosoler.es/cambian-cerebro-los-moviles-las-redes-sociales/" data-wpel-link="internal">Si las apariencias siempre han sido importantes, en esta época de redes sociales parece que lo son más todavía</a>, porque estamos constantemente expuestos a una imagen idealizada y edulcorada de lo que son las vidas de los demás. Porque no, <strong>nadie es tan feliz como muestra en sus redes sociales.</strong> Todos tenemos nuestras miserias. Aunque esto en realidad lo sabemos todos, y lo intentamos racionalizar, de forma casi inconsciente es una idea que nos va calando, como un rum-rum:<a href="https://www.albertosoler.es/la-realidad-es-construida-medios-redes-sociales-posverdad-y-psicoterapia/" data-wpel-link="internal"> “jo, qué vidas más chulas que tienen los demás y menuda mierda la mía”</a>.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>¿Y qué hacemos? Lo escondemos. Fingimos. Porque <strong>nos da miedo sentirnos aislados y que nos dejen de lado si no encajamos en ese mundo de fotos de pies en la playa y bailecitos en tiktok</strong>. ¿Os habéis parado a pensar cómo son realmente las vidas de esas personas que siempre vemos sonriendo y haciendo bailes (sin dejar de sonreír, por supuesto) en tiktok? Lo cierto es que no es tan raro que cuando dejan de grabar, muchas veces su vida sea también “ tan miserable” como las nuestras.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El problema de mostrarnos siempre bien es que desgasta muchísimo, quema mucha de la energía que tenemos, y no hace más que aumentar nuestra sensación de ser una farsa, con lo que el malestar aumenta todavía más. Es un círculo que se retroalimenta.</p>
<p>Y claro, si no nos atrevemos a mostrar que quizá no estamos en nuestro mejor momento, ya no hablemos de pedir ayuda a los demás. Muchas veces arrastramos la idea de que siempre deberíamos poder con todo, y de que lo contrario es señal de debilidad. Entonces, partiendo de esa base, sonrisa y a cargarnos todavía más todo a la espalda.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/madres-suficientemente-buenas-de-la-culpa-por-el-autocuidado-a-la-presion-por-la-perfeccion/" data-wpel-link="internal">Si esto es así para mucha gente, lo es especialmente para las mujeres, que demasiadas veces se ven atrapadas por el mito de la súper Woman que puede con todo: trabajo, casa, hijos, familia, amgigos, autocuidado, ocio&#8230;</a> hasta voluntariados! Pero lo que parece que se les olvida es que sus días tienen las mismas horas que los del resto de las personas, y que tratar de llegar a todo es el camino más directo para hacerlo todo regular o directamente mal. Empezando con uno mismo, porque lo primero que se suele resentir es la propia salud.</p>
<p>Así, renunciamos a pedir ayuda aferrados a la idea errónea de que deberíamos poder con todo. Aunque este tampoco es el único motivo. También renunciamos a pedir ayuda pensando que nadie quiere a una persona que está mal a su lado, que vamos a ser una carga para los demás, que la gente es muy individualista y nadie se preocupa por los otros… Y sí, parte de esto puede ser cierto. Pero <a href="https://www.albertosoler.es/cuidar-el-autolenguaje-hablarnos-nosotros-mismos/" data-wpel-link="internal">las fórmulas que incluyen el “todo”, “nada”, “siempre” o “nunca” ni suelen ser ciertas, ni nos suelen traer nada bueno</a>. Está claro que no a todas las personas les podemos dar los mismos mensajes, ni todo el mundo va a estar dispuesto a ayudarnos siempre. Pero hay personas y personas. Y seguro que tienes a alguien a tu lado que si se entera de cómo estás y del tiempo que llevas fingiendo, no dudará en echarte un cable, no sin antes darte una buena colleja por no haberlo dicho antes.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y es que <strong>esto no deja de ser una forma de auto sabotaje</strong>: estoy mal y finjo que no estoy mal, lo cual me deja exactamente en el mismo sitio que estaba, pero eso sí, con menos energía de tanto fingir. Y claro, luego nos quejaremos de que el mundo es malo, que todos van a la suya y que nadie te ofrece su ayuda cuando de verdad la necesitas. Pero, ¿has probado a pedir esa ayuda?, ¿o más bien has estado sacando pecho creyendo que tú solito deberías poder con todo? <a href="https://www.albertosoler.es/la-asertividad-video/" data-wpel-link="internal">Si no pides, no recibes. Pero no recibes porque no pides, y eso puede alimentar el círculo vicioso</a> cuando se instaura la creencia de que “como la gente es individualista, no voy a pedir nada a nadie”: no recibo ayuda porque no la pido, y no pido ayuda porque estoy acostumbrado a no recibirla, pero la conclusión que saco es que la gente es muy individualista y van todos a la suya.</p>
<p>Pues eso, que reconocer nuestras debilidades y nuestras necesidades es un paso esencial para no asfixiarnos y encontrarnos mejor. Pero para eso tenemos que hacer frente y desafiar muchas ideas que tenemos arraigadas y que, quizá, como mínimo deberíamos poner a prueba.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
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		<title>Efectividad y limitaciones de la terapia on line</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/efectividad-y-limitaciones-de-la-terapia-on-line/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Nov 2021 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ahora estamos todos ya un poco hasta las narices de todo lo que tiene que ver con el teletrabajo, videoconferencias, seminarios on line y todo lo que nos recuerde a la época más dura de la pandemia. Pero a pesar de ello ha habido recursos que han sido de mucha utilidad para evitar que el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora estamos todos ya un poco hasta las narices de todo lo que tiene que ver con el <a href="https://www.albertosoler.es/consecuencias-psicologicas-y-sociales-del-teletrabajo/" data-wpel-link="internal">teletrabajo</a>, videoconferencias, seminarios on line y <a href="https://www.albertosoler.es/coronavirus-afrontar-situacion/" data-wpel-link="internal">todo lo que nos recuerde a la época más dura de la pandemia</a>. Pero a pesar de ello ha habido recursos que han sido de mucha utilidad para evitar que el mundo parara todavía más. Muchas personas se lanzaron entonces, e incluso a día de hoy, a <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia-online" data-wpel-link="internal"><strong>hacer terapia on line</strong></a>, pero, ¿es realmente eficaz?, ¿sirve para todo el mundo?, ¿en qué casos no?, ¿cuáles son sus ventajas y sus limitaciones? A todo esto respondemos ya mismo:</p>
<p><span class="kyiVBs6PLqZKenjhu2UWMdI"><iframe title="Terapia on line: ¿en qué casos funciona y cuáles no?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/zuoO2p1K_88?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<h3>La psicoterapia on line</h3>
<p>La terapia on line <strong>no es una novedad que haya surgido a raíz de la pandemia</strong>; lo que sí ha sido una novedad ha sido el porcentaje de visitas que hemos realizado en esa modalidad. Si antes los psicólogos en nuestro Centro de psicología podíamos atender quizá a un 10% de los pacientes por esta modalidad, durante algunos meses el porcentaje de visitas on line fue cercano al 100%. Y a día de hoy no hemos vuelto aún a ese 10% pre pandemia, ya que cada vez más gente se atreve a ir al psicólogo de esta manera y, claro, la proporción ha cambiado.</p>
<h3>Efectividad de la terpia on line</h3>
<p>Cuando hablamos de terapia on line, en ocasiones aparecen dudas acerca de la efectividad de esta modalidad de terapia, si es adecuada para todo el mundo, o qué ventajas pueda suponer respecto a la presencial. Haciéndolo corto: <strong>hay una evidencia muy solida, a nivel de meta análisis, que respalda la efectividad de esta modalidad de terapia, equiparándola a la presencial en la mayoría de las ocasiones.</strong> Los estudios que analizan los resultados de las intervenciones on line en ansiedad o depresión son numerosísimos, y todos en la misma línea: es una forma de terapia totalmente válida y equiparable a la presencial.</p>
<p>Pero claro, decir “en la mayoría de las ocasiones” no es decir “siempre”: hay casos o situaciones que pueden desaconsejar la terapia on line, o hacer que la presencialidad sea necesaria, como por ejemplo intervenciones con niños pequeños o casos que requieren de técnicas como el biofeedback o la realidad virtual.<br />
Entonces, teniendo claro que es efectiva, ¿quien puede usar la terapia on line?, ¿en que casos estaría indicada?</p>
<h3>¿A quién va dirigida la terapia on line?</h3>
<p>Empecemos por quién puede usarla: la terapia on line está destinada a personas que por distintos motivos no pueden acudir presencialmente a la consulta, ya sea de manera temporal o permanente. Traslados por trabajo, enfermedad, personas que viven en el extranjero, sesiones de seguimiento tras terapia presencial&#8230; y sí, confinamientos generalizados a causa de una pandemia mundial también.</p>
<p>Y, ¿en qué casos está indicada? Pues a nivel clínico se puede trabajar muy bien mediante terapia on line en casos como <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-ansiedad-valencia/" data-wpel-link="internal">ansiedad</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/ataque-de-panico-estos-son-sus-sintomas/" data-wpel-link="internal">ataques de pánico</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-estres-postraumatico-valencia/" data-wpel-link="internal">TEPT</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-trastorno-obsesivo-compulsivo-valencia/" data-wpel-link="internal">TOC</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-anorexia-valencia/" data-wpel-link="internal">TCA</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/las-claves-para-superar-una-depresion/" data-wpel-link="internal">depresión</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-de-fobias-valencia/" data-wpel-link="internal">fobias</a>, <a href="https://www.albertosoler.es/aprende-a-organizar-el-tiempo-y-planificarte/" data-wpel-link="internal">cuestiones no patológicas</a>, autoestima, crecimiento personal, asesoramiento a familias, terapia de pareja, etc. Para todos estos casos hay evidencia de ser efectivo el tratamiento en la modalidad on line.</p>
<p>No obstante hay casos en los que no se trabaja bien en esta modalidad; nosotros, por ejemplo, <strong><a href="https://www.albertosoler.es/psicologo-infantil-valencia/" data-wpel-link="internal">no hacemos terapia infantil on line</a>, porque pensamos que no es una vía por la que se trabaje bien con niños pequeños.</strong> Tampoco hacemos evaluaciones psicológicas o casos que por sus características sea mejor tratar de manera presencial (por ejemplo, cuando apreciamos mayor gravedad).</p>
<p>Volviendo al tema de la eficacia, ¿tiene la misma eficacia que la terapia presencial? En general sí, con evidencias a nivel de meta análisis. Para la mayoría de problemas evaluados no hay diferencias entre terapia presencial y on line desde paradigma CBT o ACT, por ejemplo. La duración del efecto de la terapia también se ha visto que es la misma tanto de manera presencial como on line.</p>
<p>¿Y dónde hay más diferencias? Pues, por ejemplo, a nivel de satisfacción con la terapia. Pero ojo, no tanto para los clientes, que se muestran muy satisfechos con poder hacer terapia de este modo. En diferentes estudios se ha visto, por ejemplo, que los terapeutas indican que mediante esta modalidad es más difícil construir una alianza terapéutica, algo que los clientes no suelen mencionar. Además es comprensible que para el terapeuta esto sea más desgastante que para el paciente, xq no es lo mismo hacer una sesión por videoconferencia, que se hace sin problema, a hacer 4, 5 o 6 sesiones online, que acabas queriendo lanzar el ordenador por la ventana.</p>
<h3>Ventajas e inconvenientes de la terapia on line</h3>
<p>Entonces, teniendo todo esto en cuenta, ¿cuáles serían las principales ventajas e inconvenientes de la terapia on line? <strong>Empecemos por las ventajas. Para el paciente tiene prácticamente todas las ventajas de la terapia presencial.</strong> Ofrece muchas facilidades prácticas como evitar desplazamientos, problemas de tráfico, aparcamiento&#8230; lo cual a su vez implica reducción de costos para el cliente. También posibilita acceder a profesionales o centros que no son accesibles de otro modo, por ejemplo, por la distancia. Además, personas con miedo a la estigmatización o personas con perfiles públicos, que prefieren evitar exponerse y mantienen mejor así su intimidad. Y, obviamente, es una buena alternativa en tiempos de pandemia o enfermedad, por ejemplo.</p>
<p><strong>¿Y qué limitaciones habrían?</strong> Pues la primera, y más obvia, es que no todos los casos son susceptibles de terapia mediante esta modalidad. Una limitación importante es que aunque se emplee la videoconferencia, hay una pérdida de parte de la información no verbal. Esta pérdida, no obstante, se suele compensar por otras vías, pero esto genera otros problemas a su vez, como una mayor fatiga para el terapeuta.</p>
<p>Otra limitación es la dificultad para asegurar un entorno de intimidad para la sesión por parte del cliente. Cuando el cliente acude a la consulta eso corre por nuestra cuenta: nos nosotros nos aseguramos de proporcionar un entorno tranquilo, sin interrupciones y privado, donde sentirse a gusto. Cuando la sesión es on line no podemos asegurarlo, y en ocasiones en casa del cliente pueden haber ruidos, puertas que se abren etc.</p>
<p>También por esta vía es más difícil reaccionar frente a emergencias (por eso no todos los casos son susceptibles), aunque como otras dificultades, también se compensa de otros modos. Y, por supuesto, esto requiere por parte del terapeuta una serie de competencias técnicas que minimicen las dificultades inherentes a la vía on line.</p>
<h3>Prepárate para tu primera cita on line</h3>
<p>Es probable que si estás viendo este artículo sea porque en breve tengas tu primera sesión on line con tu terapeuta y estés buscando el mejor modo de abordarla. Si es así, aquí van unos consejos breves:</p>
<ul>
<li>Primero, valora siempre la posibilidad de presencialidad, al menos la primera cita. Lo ideal es alternar sesiones de un tipo y de otro cuando es posible y, si no, recuerda que la eficacia es igual a las terapias presenciales.</li>
<li>Prepárate y arréglate como si fuera a acudir de manera presencial (ducha, ropa, colonia, etc.)</li>
<li>Busca un momento de intimidad sin distracciones donde nadie te vaya a interrumpir.</li>
<li>Y, por supuesto, asegurarse que dispones de los medios técnicos necesarios para comenzar: que tienes descargada la aplicación que vais a emplear, que no hayan actualizaciones pendientes de instalar, revisa la configuración de cámara y micro, utiliza auriculares y micro externos para mejorar calidad, comprueban tu cobertura y batería, etcétera.</li>
</ul>
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		<title>Autolenguaje: así te afecta el modo en que te hablas a ti mismo</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/cuidar-el-autolenguaje-hablarnos-nosotros-mismos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Oct 2021 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Conducta Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un problema bastante frecuente tanto dentro como fuera de consulta es la falta de amabilidad. Quizá podríamos hablar incluso crueldad en nuestra forma de hablar. Pero ojo, que no me refiero a cuando hablamos con los demás, sino cuando nos referimos a nosotros mismos. ¿Os habéis fijado en cómo os habláis a veces cuando metéis [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Un problema bastante frecuente tanto dentro como fuera de consulta es la <strong>falta de amabilidad.</strong> Quizá podríamos hablar incluso crueldad en nuestra forma de hablar. Pero ojo, que no me refiero a cuando hablamos con los demás, sino cuando nos referimos a nosotros mismos. ¿<strong>Os habéis fijado en cómo os habláis a veces cuando metéis la pata en algo?, ¿en lo que os decís?, ¿le permitiríais a un amigo que os hablara así?</strong> Esta semana vamos a hablar de la importancia del autolenguaje, el modo en que nos hablamos a nosotros mismos.</p>
<p><span class="WBJzA8jKCpmLMgSUkbZ3ze55Hto14IfvN6neuadorwFTn3kNYZLcWQqX2PK6qvu9EH0hJDsijF8XYO7"><iframe title="Autolenguaje: cómo te afecta la forma en la que te hablas" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/B5KlOGHeW5s?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Como os decía, este es un problema muy frecuente en nuestras consultas. Pero también es muy frecuente fuera, la diferencia es que, quizá en consulta, las personas que vienen solicitando ayuda, nos dicen cosas que en otras circunstancias no dirían, y entonces podemos escuchar alto y claro lo que en otras ocasiones sólo piensan y no llegan a verbalizar…</p>
<h2>El autolenguaje</h2>
<p>Me refiero a expresiones del tipo: “soy un puto desastre”, “todo lo hago mal”, “estoy imbecil”, “soy tonta”, “siempre tengo que meter la pata”, “no tengo remedio”, “nadie me quiere”, “no sé hacer nada bien”, “no puedo confiar en nadie”, “no le caigo bien a la gente…”. <strong>Este tipo de lenguaje (o autolenguaje), que puede tener sus orígenes muchos años atrás, puede condicionar mucho la forma de actuar de quien se dice estas cosas, y puede llegar a provocar lo que se conoce como una “<a href="https://www.albertosoler.es/las-expectativas-y-el-efecto-pigmalion-video/" data-wpel-link="internal">profecía autocumplida</a>”, por ejemplo:</strong></p>
<p><a href="https://www.albertosoler.es/el-abc-en-la-terapia-cognitiva-y-las-distorsiones-cognitivas/" data-wpel-link="internal">Pensamientos del tipo</a>: soy un desastre, no le caigo bien a la gente o no soy hábil socialmente, pueden llevar al aislamiento social, por un razonamiento del tipo: para que me voy a acercar, si me van a rechazar. O para qué voy a ir a esa fiesta si no voy a saber ni qué decir… De esta forma, se pierden oportunidades para socializar, e incluso podríamos decir que la pelota se va haciendo cada vez más grande, porque de hecho, cada vez se hace más complicado estar a gusto en contextos sociales cuando la evitación es la estrategia preferida.</p>
<p>Algo parecido ocurre con pensamientos del tipo: “no puedo confiar en nadie”, o “piensa mal y acertarás”, que pueden asociarse a <a href="https://www.albertosoler.es/controlar-la-ira-enfado-video/" data-wpel-link="internal">comportamientos hostiles</a> y evitación de relaciones interpersonales, lo que puede provocar reacciones de rechazo, confirmando así los pensamientos iniciales.</p>
<p>Podemos ver muchos ejemplos de esto en relación con la salud, tanto en lo que se refiere a la alimentación como a la práctica de deporte. Si nuestro autolenguaje se caracteriza por pensamientos del estilo: “no tengo remedio”, “no tengo fuerza de voluntad”, “soy muy perezoso”, “esto no es lo mío” o un “me lo merezco” cuando estamos a punto de zamparnos un donut, el resultado será muy diferente a si los mensajes que nos lanzamos son del tipo “yo puedo” (salir a correr, comer saludable, cocinar o lo que sea), “puedo merendar fruta”, “si me organizo puedo sacar tiempo para correr”, “mi salud depende de mi” o “tengo que aprender a cuidarme”.</p>
<p>Hay que tener en cuenta que en estos ejemplos <a href="https://www.albertosoler.es/las-emociones-pegajosas-cerebro-te-engana-video/" data-wpel-link="internal">el pensamiento inicial podía no tener mucha base real</a>, pero la forma de actuar, guiándose por este tipo de pensamientos tan críticos e invalidantes, acaban produciendo la situación temida, aumentando las dificultades interpersonales, y perjudicando nuestro estado de salud y de ánimo.</p>
<p><strong>En algunos casos estos pensamientos desagradables o incluso crueles, pueden llegar a tomar la forma de voces que hablar de ellos o les dicen que hagan cosas como castigarse o autolesionarse.</strong> Aunque esto no es tan frecuente, sí que lo es cuando ocurre en forma de pensamientos que nos llevan a actuar a veces en contra de nuestros propios intereses. Si piensas que algo así puede estar ocurriéndote, que a veces te comportas como tu peor enemigo, tirándote piedras a tu propio tejado, <strong>puede ser el momento de hacer un alto en el camino y pensar cómo quieres conducir tu vida.</strong> Si crees que hablarte así te hace algún bien, adelante, sigue así. Pero si piensas que igual esto te hace más daño que bien, puede ser el momento de ponerte manos a la obra para cambiarlo. Si necesitas ayuda con esto, <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia/" data-wpel-link="internal">te recomiendo que busques un psicólogo sanitario colegiado</a>, que te ofrezca todas las garantías: porque estamos hablando de salud, y con eso, no se juega.</p>
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		<title>No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jul 2021 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Citas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una canción de John Lennon que se llama “What you got” y su estribillo repite una y otra vez “you don’t know what you got until you lose it”, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Y es que las personas funcionamos así, vamos por la vida dándolo todo por sentado y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hay una canción de John Lennon que se llama “What you got” y su estribillo repite una y otra vez “you don’t know what you got until you lose it”, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Y es que las personas funcionamos así, vamos por la vida dándolo todo por sentado y en el momento en el que perdemos algo, o sentimos la amenaza de la pérdida, entonces comenzamos a valorarlo. Y es una pena, ¿no os parece?</p>




<p>&lt;iframe width=»560&#8243; height=»315&#8243; src=»https://www.youtube.com/embed/<em>HXlVRvlLQM» title=»YouTube video player» frameborder=»0&#8243; allow=»accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture» allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;
</em></p>




<p>Esto es algo que nos pasa a todos y a lo largo de toda la vida. Pensad, por ejemplo, en los niños pequeños. Tienen la habitación repleta de juguetes a los que, habitualmente, no les hacen demasiado caso. Y basta que su hermano, primo, amigo o quien quiera que sea coja uno de esos juguetes para que en ese preciso momento sientan la amenaza de la pérdida y sea lo único con lo que quieren jugar.</p>




<p>A los mayores nos pasa lo mismo con muchos aspectos de la vida como la salud, las amistades, el trabajo&#8230; vamos, no precisamente cosas menores. Si hablamos de salud no es necesario que pensemos en graves enfermedades. Pensad, por ejemplo, en un simple dolor de cabeza o de muelas. Ahí es cuando nos damos cuenta realmente del valor que tiene el encontrarnos en un estado de equilibrio en el cual no sentimos ninguna sensación desagradable. Y, por supuesto, si pensamos en cuestiones más graves, mucho más. A veces necesitamos un susto de los gordos para cambiar algunos hábitos poco saludables que llevamos años arrastrando: hasta que no vemos las orejas al lobo y sentimos que realmente podemos perder la salud, venga la comida malsana y venga el sedentarismo. Cuando amenaza la pérdida, entonces sí que nos lo curramos: dieta, gimnasio, meditación budista o lo que haga falta. Y que está bien, ojo, pero sería más sencillo no tener que esperar a esa amenaza, ¿no?</p>




<p>Respecto a las relaciones de pareja ocurre lo mismo; muchas veces damos por sentado que la persona que está ahí a nuestro lado lo va a estar siempre. Y puede que sí, pero también puede que no. Lo estará si somos merecedores de su presencia, y creer que el otro estará de manera incondicional hagamos lo que hagamos quizá no es la mejor forma de ser merecedores de esa presencia. Y claro, cuando vemos las orejas al lobo y amenaza la pérdida, entonces a currarnos la relación como hace años que no hacíamos. ¿No sería más fácil no dar las cosas por sentado y trabajar cada día en cuidar la relación?</p>




<h2 class="wp-block-heading">El error de darlo todo por sentado</h2>



<p>La pandemia, y sí, lo siento, otra vez hablamos de la pandemia, ha venido a mostrarnos nuevamente que no podemos dar nada por sentado. Ni siquiera la libertad para bajar a dar una vuelta cuando te da la gana. Creo que nunca hemos deseado más salir a estirar las piernas que cuando nos dijeron que no podíamos hacerlo. Pensábamos que situaciones así de graves solo ocurrían en países extraños o en otros momentos de la historia, pero de repente, marzo de 2020, viene una pandemia a darnos un tortazo enorme a todos y a ayudarnos a valorar aquello que, hasta el día anterior dábamos por sentado: nuestra salud, nuestra libertad de movimiento, nuestro empleo, nuestras amistades, o el colegio de nuestros hijos.</p>




<p>Quienes tenéis hijos, ¿os habíais planteado en algún momento que, de repente, ese derecho a la escolarización se esfumara? Vale, que sí, que no se esfumó, que “educación a distancia”, zoom, y todo lo que queráis. Pero no pisaron la escuela desde marzo hasta septiembre. Y fueron unos afortunados, porque en otros lugares del mundo aún no han vuelto a clase. ¿Realmente valorábamos la importancia de la escuela hasta ese momento? Pues probablemente sí, y probablemente menos de lo que la valoramos ahora.</p>




<p>Y es que así funcionamos: lo damos todo por sentado y hasta que no lo perdemos o estamos a punto de perderlo, no llegamos a valorarlo como merece. Es difícil escapar de ese bucle, pero para hacerlo puede ayudarnos ejercitar nuestra gratitud: reflexionar sobre lo que tenemos y tomar conciencia de lo afortunados que somos por tenerlo. Por tener salud sí la tenemos, por tener una casa, por tener una pareja, una familia, amigos&#8230; No todo el mundo tiene todo esto, y también podríamos no tenerlo. Este ejercicio de valorar lo que tenemos, de gratitud, no deja de ser algo transgresor en una sociedad en la que prima la velocidad y la generación de necesidades. Pero, sin duda, nos puede ayudar a ser un poco más felices y sentirnos afortunados por quiénes somos, por quiénes tenemos a nuestro lado y por aquello que tenemos. Y no solo desgraciados por lo que hemos perdido o lo que aún no hemos logrado, que es hacia donde se nos acompaña de la mano de la publicidad. Quizá es un buen propósito para este verano, ¿no os parece?, probablemente sea más saludable que la famosa operación bikini, no? ¿lo intentamos?</p>




<p>Por nuestra parte, nos despedimos hasta septiembre para tomarnos nuestras merecidas vacaciones. Seguro que este año todos nos las hemos ganado un poquito más que otros años. Como siempre, aprovecharemos para descansar y también para preparar vídeos para la próxima temporada de píldoras. Pero seguid atentos al canal durante este mes de agosto porque quizá haya alguna sorpresa. No os digo más&#8230; si no os la queréis perder, activad las notificaciones dándole a la campanita de aquí abajo.</p>




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		<title>Ataque de pánico: estos son sus síntomas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Jun 2021 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[Píldoras de Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los ataques de pánico son bastante frecuentes. Esta semana vamos a conocer cuáles son sus principales síntomas y qué hacer…</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Quienes han tenido un <strong>ataque de pánico</strong> lo describen como una experiencia muy desagradable, difícil de entender para quienes no han pasado por ahí. Para que lo entendáis, sería como un pico muy fuerte de ansiedad con unos síntomas muy alarmantes: gran taquicardia, falta de aire, tensión en todos los músculos del cuerpo, que puede llegar al agarrotamiento&#8230; entre otros. Y todo ello con una enorme sensación de miedo. Hoy vamos a hablar sobre los ataques de pánico.</p>




<p>&lt;iframe width=»560&#8243; height=»315&#8243; src=»https://www.youtube.com/embed/E5HRbSaApvQ» title=»YouTube video player» frameborder=»0&#8243; allow=»accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture» allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;</p>




<p>¿Habéis tenido alguna vez un ataque de pánico? Es un problema bastante frecuente, que por si mismo no es un trastorno mental, pero que se da en muchos trastornos mentales, y aunque en realidad no es nada grave, la persona que lo experimenta lo pasa realmente mal. Para que os hagáis una idea, es muy frecuente que quien tiene un ataque de pánico, al menos las primeras veces, acabe en urgencias con la convicción de estar sufriendo algo muy grave. De hecho, muchas veces los síntomas se pueden confundir con los de un ataque al corazón. Así que poca broma, </p>




<p>Como decíamos, un ataque de pánico no es un trastorno en sí, pero puede estar asociado a diferentes trastornos. Puede darse en el contexto de un trastorno de pánico, pero también en muchos otros problemas como cualquier otro trastorno de ansiedad, en una depresión, en un trastorno bipolar o en un TEPT, entre otros; y también puede aparecer asociado a alguna enfermedad médica o inducido por medicamentos o drogas. </p>




<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es un ataque de pánico?</h2>



<p>Y bueno… ¿en qué consiste? Pues consiste en la aparición súbita de un miedo o un malestar muy intenso que alcanza su pico máximo en cuestión de minutos. Durante este tiempo <strong>se producen síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para respirar, sensación de ahogo, náuseas, mareos, escalofríos o sensación de calor u hormigueo; y, por supuesto,  también síntomas cognitivos como sensación de irrealidad, de despersonalización, miedo a perder el control o miedo a morir.</strong> En algunos casos, estos síntomas pueden acompañarse de otros más específicos de determinadas culturas como zumbidos en los oídos, dolor de cuello, de cabeza, gritos incontrolados o de llanto.</p>




<p>La aparición de estas crisis es súbita, y no necesariamente tiene que darse en un momento de ansiedad. Puedes tener un ataque de ansiedad estando nervioso, sí, pero también llegar a él desde un estado de calma, e incluso puede darse cuando la persona está dormida. Imaginad lo que debe ser despertar y encontrarse con esos síntomas&#8230; pues eso. Y después del episodio, puede que la persona vuelva a la calma o puede que evolucione hacia un estado de ansiedad. </p>




<p>Es decir, que el ataque de ansiedad es un episodio corto pero muy intenso, en el que la persona que lo padece lo pasa realmente muy mal, en el que puede pensar que se muere o que “se está volviendo loco”, por lo que, como os decía, no es extraño acabar en urgencias por este motivo. Y si la persona que lo experimenta lo puede pasar muy mal y se puede asustar mucho,  las personas que están con ella también lo pasan bastante mal al ver en ese estado a una persona que quieren y sin saber muy bien qué le pasa ni cómo ayudarle.</p>




<h2 class="wp-block-heading">¿Son frecuentes los ataques de pánico?</h2>



<p>¿Y esto cómo es de frecuente? Pues bastante. <strong>Según datos de EEUU, cada año, más de un 11% de las personas lo experimentan, esto es, una de cada 10 personas que conoces tendrán un ataque de pánico este año.</strong> De media, claro. <strong>En Europa los datos son algo menores, pero aún así muy elevados, estando la prevalecía anual alrededor del 3%</strong>. Son más frecuentes en mujeres que en hombres y bastante extraños en niños hasta la pubertad. También son raros en edades avanzadas. De media se suele tener el primer ataque de pánico alrededor de los 22 o 23 años, y cómo evolucione, esto es, si será algo puntual o se acabará convirtiendo en un problema más serio, dependerá del curso de otros trastornos mentales y de los eventos estresantes de la vida. </p>




<p>De todas formas no todo el mundo tiene el mismo riesgo de tener un ataque de pánico; hay factores de riesgo temperamentales como la predisposición a experimentar emociones negativas o la inclinación a pensar que los síntomas de ansiedad son perjudiciales, y también factores de riesgo ambientales como el tabaco, o las situaciones estresantes que se vivan.</p>




<h2 class="wp-block-heading">Evaluación y tratamiento</h2>



<p>Como decíamos, cuando ocurre algo así, es normal que la persona se asuste mucho y vaya a urgencias, donde le harán una serie de pruebas para descartar que lo que ha pasado se deba a algún problema médico como algún trastorno cardiorespiratorio, trastornos convulsivos, hipertiroidismo, hiperparatiroidismo u otros… también podría ocurrir que el episodio estuviera causado por el efecto directo de alguna sustancia estimulante o por la abstinencia de algún fármaco depresor. Esto podría estar causado por medicamentos, por drogas ilegales, pero también por drogas legales, como la cafeína o la abstinencia al alcohol (ya hemos dicho antes que el tabaco es también un factor de riesgo). </p>




<p>Cuando todo esto se descarta, es cuando se suele buscar la ayuda de un psicólogo. Y para eso estamos, para ayudaros con problemas como este, y muchos otros, que por suerte tienen tratamiento, y merece mucho la pena tratar, porque como os decía, es algo muy muy desagradable, pero tiene solución. </p>




<p>El tratamiento psicológico comienza con una evaluación, en la que se tratan de identificar los factores que han podido estar relacionados con ese ataque de pánico. Hay veces que son evidentes, pero otras que no tanto, o incluso que no pueden encontrarse. También se evalúan los recursos de los que dispone la persona para hacer frente tanto a esos momentos pico de ansiedad como a otros eventos vitales. Y con toda esa información se planifica el tratamiento, que no suele ser igual para dos personas, sino que está adaptado a las necesidades puntuales de cada uno. Afortunadamente, gracias al tratamiento, se logran manejar muy bien esas crisis hasta el punto de llegar a desaparecer por completo en la mayoría de los casos.</p>




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		<title>El secreto profesional de los psicólogos: ¿qué pueden decir y qué no?</title>
		<link>https://www.albertosoler.es/el-secreto-profesional-de-los-psicologos-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Jun 2021 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si hay algo que los psicólogos sabemos hacer bien es guardar secretos. Porque la discreción y la confidencialidad son ingredientes básicos de nuestro trabajo. Cada profesional emplea en su trabajo distintas herramientas y materias. Para los psicólogos nuestra materia prima de trabajo es la información, el secreto y la discreción. Sin ellas no podemos trabajar. [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Si hay algo que los psicólogos sabemos hacer bien es guardar secretos. Porque la discreción y la confidencialidad son ingredientes básicos de nuestro trabajo. Cada profesional emplea en su trabajo distintas herramientas y materias. Para los psicólogos nuestra materia prima de trabajo es la información, el secreto y la discreción. Sin ellas no podemos trabajar. Por lo tanto, no es algo secundario, no, el secreto profesional de los psicólogos es un tema muy central. Hoy vamos a hablar del secreto profesional de los psicólogos, y os explicaremos hasta dónde llega, qué cosas podemos decir, qué cosas no y en qué supuestos.</p>



<p><span class="XWDgxj9l3ReZUCP5syVi1v2oO7JamrQfFqHL"><iframe title="¿Es SECRETO lo que cuentas a tu PSICÓLOGO?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/u5MWJGdw2ZA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>¿Qué es el secreto profesional de los psicólogos?</h2>



<p>El <strong>secreto profesional</strong> es la obligación legal que tenemos algunos profesionales de mantener en secreto la información que recibimos de nuestros clientes. Además de los psicólogos también manejan este tipo de secretos los abogados, los médicos o los periodistas. Y algunos estaréis pensando&#8230; ¡y también los curas! Efectivamente, ellos tienen el secreto de confesión pero no funciona exactamente de la misma manera&#8230; Por ejemplo, en algunos casos, ellos pueden mantener el secreto incluso cuando hay vidas en juego, lo cual no ocurre con el secreto profesional.</p>



<p>Para nosotros <strong>mantener el secreto profesional es una obligación tanto ética como legal </strong>y práctica. Sin el secreto profesional sería muy difícil crear una relación terapéutica con un paciente. Ir por primera vez al psicólogo no es fácil. Muchas veces es entonces cuando uno cuenta por primera vez pensamientos, ideas o recuerdos muy íntimos que hasta ese momento quizá nunca había expresado en voz alta. Si no existe un entorno de confianza y secreto, es poco probable que nadie accediera a mostrar su lado más vulnerable ante un desconocido. Yo no lo haría, vamos.</p>



<p>Por eso, <a href="albertosoler.es/quienes-somos" data-wpel-link="internal">cuando un paciente viene a nuestro Centro</a>, antes siquiera de hacerle pasar a la consulta, lo primero que hacemos es informarle de sus derechos y de nuestro deber de confidencialidad y secreto.</p>



<p>Entonces, ¿todo esto en qué se traduce? El resumen más rápido sería decir que <strong>“lo que se dice en consulta, se queda en la consulta”</strong>. Ahora podemos buscar ejemplos y matizaciones, pero la regla general es esa. ¿Cuándo podemos desvelar información? Pues hacerlo sin consentimiento explícito del paciente solo está justificado si es por un asunto de fuerza mayor. Pero muy mayor, en plan que su vida corra peligro, o que por sus acciones la seguridad o la vida de una tercera persona pueda correrlo. Y poco más. Todo lo que escape de esto necesita el consentimiento explícito del paciente.</p>



<p>¿Y qué pasa en un juicio, te pueden obligar a desvelar un secreto? Pues a ver; el secreto profesional no nos exime de tener que acudir a un juicio si nos llaman. No ir sería un delito de desobediencia, como cualquier persona. Pero una vez delante del juez podemos alegar el secreto profesional ante cualquier pregunta que pueda afectar a la intimidad y vida privada de nuestro paciente. Pero no ante cualquier pregunta.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué constituye el secreto?</h2>



<p>¿Y <strong>dónde empieza el secreto profesional de los psicólogos</strong>? Pues en el propio hecho de que el paciente acuda o no a consulta. Sí, sí, el hecho de que alguien acuda o no a consulta en sí mismo ya es secreto para nosotros. Os pongo un ejemplo que ocurre con bastante frecuencia: la pareja, o los padres de un paciente llaman por teléfono para preguntar si su pareja o hijo ha acudido a su sesión. Bien, pues eso ya es secreto. No lo podemos desvelar.</p>



<p>Otro ejemplo común. Llamar para confirmar la fecha de la próxima cita de otra persona: “mira, es que te llamo para confirmar cuándo tiene sesión mi mujer, que no se acuerda”. Pues eso también es secreto. Porque esa persona puede decidir acudir o no hacerlo, por los motivos que sean, y el hecho de desvelar esa información le puede comprometer de algún modo.</p>



<p>Más cosas que son secreto; por supuesto todo lo que se habla, pero también muy especialmente la información de la que de algún modo pudiera sacar beneficio el propio psicólogo. Durante el curso de una terapia podemos tener acceso a información que podemos emplear de modo poco ético en nuestro propio beneficio. Pues bien, no se puede hacer. Imagina que tienes un cliente con una tienda, y te comenta de manera casual que el lunes van a liquidar parte de su stock por el motivo que sea. Pues bien, esa información no la puedes usar en tu propio beneficio ni difundirla.</p>



<p>O una empresa que va a ejecutar una determinada operación en bolsa. Tener acceso a esa información no te da derecho a emplearla en tu beneficio o en el de otros.</p>



<p>Por supuesto tampoco se pueden comunicar públicamente casos clínicos sin el consentimiento explícito de los pacientes; por lo tanto, si veis a algún escritor, divulgador o conferenciante que habla de sus pacientes, o bien les ha pedido consentimiento explícito para hablar de ese caso, o bien se lo está inventando completamente (o modificando mucho la historia), o está cometiendo una falta ética.</p>



<p>¿Y <strong>podemos compartir información con otros profesionales</strong>?, ¿por ejemplo a su psiquiatra? Pues también necesitamos la autorización del paciente para hacerlo; el secreto profesional de los psicólogos lo contempla.  Muchas veces esto es algo natural, porque es el propio paciente el que te pide un informe para su psiquiatra y tú se lo das a él, que es el que luego decide si lo entrega o no. Pero eso de levantar el teléfono y llamar al psiquiatra para decirle “oye, mira lo que pasa con este paciente&#8230;”. No, eso no. A no ser que tengas la autorización, eso no se hace. ¿Que te llama el tutor o el orientador de un alumno para preguntarte “cómo va con la terapia”? Pues sin su autorización, la mejor respuesta es “¿terapia?, ¿qué terapia?” <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/15.0.3/72x72/1f61b.png" alt="😛" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p>Mención especial requieren los casos de parejas, menores, etc. en los que el propio curso del tratamiento requiere tener entrevistas con varias personas relacionadas entre sí. En estos casos debemos ser especialmente cautos para aislar la información de las distintas fuentes y no desvelar, por acción o por omisión, ninguna información que se nos haya presentado de manera individual.</p>



<p>Y un último supuesto: si el paciente muere, ¿hay que seguir guardando el secreto? Pues sí. El hecho de que el paciente haya fallecido no afecta al secreto profesional. Para nosotros sigue siendo secreto.</p>



<p>En fin, que como veis <strong>esto del secreto profesional es un tema muy importante y muy delicado. </strong>Y es importante desde un punto de vista tanto moral como legal. Espero que saber todo esto os haya resuelto alguna duda respecto a cómo funciona el secreto profesional en los psicólogos para saber qué podeis exigir. Si vais a un psicólogo, claro. Si en lugar de psicólogo colegiado, el que tenéis delante es un “terapeuta” de no se sabe bien que “terapia”, en esos casos, ya no está tan claro ni el código deontològico, ni la obligación legal de guardar secreto. En esos casos, como suele decirse, ancha es Castilla!</p>



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		<title>Hipocondría: ¿y si es «algo malo»? Cuando nos obsesionamos por la salud</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Soler Sarrió]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 May 2021 07:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>
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		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si te duele la cabeza o te has mareado piensas que probablemente sea un tumor cerebral; si tienes dolor de estómago o la tripa un poco regular, quizá se trate de cáncer de estómago. Esa marchita en el brazo, tal vez un melanoma. ¿Que estás flojo? Leucemia. ¿Taquicardia? Un ataque al corazón, fijo. Todo esto [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si te duele la cabeza o te has mareado piensas que probablemente sea un tumor cerebral; si tienes dolor de estómago o la tripa un poco regular, quizá se trate de cáncer de estómago. Esa marchita en el brazo, tal vez un melanoma. ¿Que estás flojo? Leucemia. ¿Taquicardia? Un ataque al corazón, fijo. Todo esto te implica un gran malestar, lo pasas fatal, revisando páginas web y listados de síntomas que, conforme los lees, crees tener todos. ¿Te sientes identificado? <strong>Hoy hablamos de hipocondría.</strong></p>
<p><span class="cUzqTxmgM2Y6Ene9uW1VAJNSI"><iframe title="Miedo a enfermar: ¿tengo hipocondría o tengo una enfermedad?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/wF1mYphxrlk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></span></p>
<p>Todos sentimos estrés, por ejemplo, ante un examen, una charla delante de otras personas o al conocer gente nueva. Ya vimos hace tiempo que el estrés no es, por si mismo, algo malo. Cuando además de estresarnos, nos preocupamos demasiado, podemos hablar de <a href="https://www.albertosoler.es/como-vencer-la-ansiedad-psicologia/" data-wpel-link="internal">ansiedad</a>, y <strong>uno de los tipos de ansiedad más frecuentes es la ansiedad sobre temas relacionados con la salud</strong>, lo cual es bastante lógico: ¿a quién no le genera cierto malestar pensar en la posibilidad de contraer una enfermedad grave? El problema viene, como muchas veces, cuando esa ansiedad es especialmente intensa y cuando no desaparece con el tiempo. Y esto es lo que les ocurre a muchas personas con hipocondría: que tienen mucha ansiedad y durante mucho tiempo sobre temas relacionados con su salud.</p>
<h2>Qué es la hipocondría</h2>
<p>La característica fundamental de la hipocondría es la preocupación y el miedo, o incluso la convicción, de padecer una enfermedad grave. Se llega a esa preocupación muchas veces, a partir de la interpretación errónea de alguna sensación corporal. Con frecuencia esta preocupación lleva a la persona a buscar ayuda médica y cuando los profesionales descartan la presencia de alguna enfermedad, esto produce un gran alivio en el paciente. Pero <a href="https://www.albertosoler.es/psicoterapia_adultos_adolescentes_valencia/tratamiento-trastorno-obsesivo-compulsivo-valencia/" data-wpel-link="internal">ese alivio es solo temporal</a>, ya que la preocupación vuelve al cabo de poco tiempo: <em>“¿cómo puede estar tan seguro que no tengo este problema, si no me ha hecho todas las pruebas?”, “ha estado muy poco tiempo conmigo, así no puede valorar bien lo que me pasa”, “puede ser un error médico”</em>&#8230;.</p>
<p>Y esto les lleva a buscar segundas o terceras opiniones, metiéndose en un bucle del que cuesta mucho salir. No es extraño que las personas con hipocondría tengan un seguro médico privado para poder acudir con rapidez y frecuencia a los especialistas que quieran, sin tener que pasar por el médico de cabecera. Pero bueno, al final llega un momento en el que se tranquilizan y comprenden que, por ejemplo, su dolor de cabeza no se debe a un tumor cerebral.</p>
<p>Un alivio, pero no cantemos victoria: <strong>al poco tiempo, al notar otra sensación, el objeto de su miedo cambia</strong>, ya no es un tumor cerebral. Ahora es esclerosis, cáncer de colon, un ataque al coración, o lo que sea que se les ocurra, pero nada bueno. Y vuelta a empezar. Ese es un patrón típico de los pacientes con hipocondría. Pero no es el único.</p>
<p>Mientras que algunas personas abusan de las visitas médicas como forma de comprobar y asegurarse que no se cumplen sus temores, sin embargo otras evitan todo aquello relacionado con enfermedades o síntomas. Esa evitación puede ir desde cambiar de canal en la TV cuando alguien habla de una enfermedad temida, evitar conversaciones, evitar visitas a médicos, demorar pruebas y análisis rutinarios, o incluso evitar estar en hospitales o centros de salud para acompañar o visitar a alguien. Y cuando no pueden evitarlo, lo llevan fatal. Por ejemplo, ante una prueba médica, el tiempo que pasa desde la prueba hasta los resultados puede ser verdaderamente angustioso, porque todos sus pensamientos giran alrededor de la idea de que algo muy malo pasará.</p>
<p>Estas dos estratégias, tanto la búsqueda de seguridad o comprobación como la evitación, en realidad buscan lo mismo: evitar la incertidumbre. Voy al médico para controlar la incertidumbre sobre de si tengo o no una enfermedad. Evito pruebas o conversaciones para evitar la incertidumbre (porque en su mundo, si no me hago una prueba, todo va bien). Son dos aproximaciones distintas, que en realidad buscan lo mismo.</p>
<h2>¿Por qué se produce?</h2>
<p>Bien, ya sabemos qué características tiene la hipocondría pero, ¿por qué se produce? Uno de los factores más importantes para explicarla es la interpretación errónea de señales físicas normales y su confusión con síntomas. Las personas con hipocondría atribuyen rápidamente a una enfermedad los cambios físicos o sensaciones normales que se producen en el cuerpo. Además, su propia ansiedad hacia estos temas les lleva a estar hipervigilantes y prestar más atención a su cuerpo que otras personas. Y ya se sabe que quien busca, encuentra.</p>
<p>Nuestro cuerpo experimenta a lo largo de un día numerosos cambios y oscilaciones, de los que habitualmente ni nos enteramos. Pero si empezamos a focalizar nuestra atención en cada pequeño cambio de nuestro cuerpo, al final, acabaremos por ver algo. Y ese algo nos preocupará. Piensa por ejemplo en el pulso o en la temperatura corporal. Si los mides varias veces al día igual encuentras valores que te preocupen, pero éstos no dejan de ser oscilaciones normales de tu cuerpo en busca de la homeostasis.</p>
<p>Esto se ve reflejado en el siguiente círculo vicioso, en el que la preocupación por la salud nos lleva a focalizar más la atención en las sensaciones, esto nos lleva a ser más sensibles, notar cambios en el cuerpo que interpretamos como síntomas, y esto aumenta más aún nuestra preocupación por la salud. Y vuelta a empezar.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-6622" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476.jpg" alt="" width="2388" height="1342" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476.jpg 2388w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476-600x337.jpg 600w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476-1536x863.jpg 1536w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0476-2048x1151.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2388px) 100vw, 2388px" /></p>
<p>A veces incluso acabamos provocándonos síntomas reales que vendrán a aumentar nuestra preocupación y a confirmar los miedos iniciales. Por ejemplo: hay personas que se ponen tan ansiosas al tomarse la tensión que ésta aparece siempre elevada. Pero se ha elevado como consecuencia de la ansiedad que les produce tomarse la tensión, no es que antes la tuvieran tan alta. O cosas más mundanas, como por ejemplo un dolor muscular. Puede empezar como una pequeña molestia, pero a base de comprobar y volver a comprobar, acabamos realizando muchas veces un mismo movimiento que nos puede producir un daño real.</p>
<p>Veamos otro ejemplo de círculo vicioso:</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-6623" src="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475.jpg" alt="" width="2388" height="1337" srcset="https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475.jpg 2388w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475-600x336.jpg 600w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475-1536x860.jpg 1536w, https://www.albertosoler.es/wp-content/uploads/2021/05/IMG_0475-2048x1147.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2388px) 100vw, 2388px" /></p>
<p>Juan nota palpitaciones. Entonces piensa:<em> “¿ostras, y si es un ataque al corazón?”</em>. Ese pensamiento le genera mucho miedo y malestar, con lo que su ansiedad se dispara. ¿Y cuál es uno de los síntomas típicos de la ansiedad? La taquicardia. Su pulso se acelerará todavía más, y él lo percibirá como una confirmación de su miedo. En este círculo vicioso los miedos hacen que interpretemos señales normales como síntomas, reaccionamos con temor, se eleva la ansiedad, y ésta acaba por producir reacciones que hacen parecer a estos pensamientos muy creíbles y hacen que la gente se convenza de que sus síntomas son la señal de que están gravemente enfermos, cuando no es así.</p>
<p>Como podéis ver, <strong>en la base de la hipocondría están una serie de pensamientos erróneos que llevan a la persona a creer que está enferma cuando en realidad no lo está y que mantienen esos miedos a pesar de las evidencias en contra.</strong> Por ejemplo, uno de esos errores es el de saltar a las conclusiones sin tener base para hacerlo, en plan “estoy sudando más de lo que debería, eso debe significar que estoy enfermo”. Otro error frecuente es el de catastrofizar, que implica no solo saltar a las conclusiones, sino a la peor conclusión. En este caso, una enfermedad muy seria o mortal: “seguro que es cáncer”, “voy a ser una carga para mi familia”, “esto no tiene cura”, etc. Pero también está el pensamiento supersticioso, del tipo “no pienses que estás bien o tentarás a la suerte” o ignorar las señales de salud y prestar atención selectiva a los temores. Pero estos son solo algunos ejemplos, hay muchos más. Por ejemplo, el pensamiento dicotómico o pensamiento de todo o nada, que consiste en creer que o se está sano, o se está enfermo. Y claro, como no siempre estamos 100% sanos, cualquier pequeño síntoma hace que creamos estar enfermos. O la ilusión de certeza, por la que creemos que podemos estar totalmente seguros de tener o no una enfermedad. Pues eso, que detrás de la hipocondría hay muchos de estos errores de pensamiento, y aprender a lidiar con ellos es una parte central del tratamiento, junto con otras técnicas. Pero la mayoría van encaminadas a ayudar a la persona a exponerse a la incertidumbre sin las conductas de evitación o de comprobación.</p>
<p>En resumen; que esto de la hipocondría genera mucho malestar, porque la persona está convencida de estar enferma, tiene mucho miedo, y su calidad de vida (y la de quienes le rodean) se puede ver muy afectada. La buena noticia es que es algo relativamente frecuente a lo que nos enfrentamos los psicólogos, y con el tratamiento adecuado (terapia cognitivo conductual, aplicada por un psicólogo colegiado) suele tener muy buena evolución.</p>
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