Las emociones son pegajosas… ¡y tu cerebro te engaña! [Vídeo]

El mundo es muy complejo, contiene una enorme cantidad de información que debemos procesar para comprenderlo; pero debido precisamente a esa complejidad, manejar en bruto toda la cantidad de información existe resulta una tarea muy dura para nuestro cerebro. Es por ello que, sin prácticamente darnos cuenta, el cerebro procesa y selecciona la información que le llega, haciendo que sólo seamos conscientes de la más relevante, y omitiendo toda aquella que no nos es útil. ¿Y en qué se basa para decidir cuál es relevante? En esta nueva Píldora de Psicología vamos a ver alguno de estos criterios:

A veces digo que las emociones son pegajosas, porque unas tienden a pegarse a otras similares a ellas. Y así sucesivamente. Esto es porque tendemos a percibir con mayor frecuencia aquellas emociones y aspectos del mundo que nos rodea que son concordantes con el estado de ánimo que tenemos en el momento actual. Este es un modo por el que nuestro cerebro filtra la realidad: considera que de algún modo la información que va de la mano con nuestras emociones será más relevante que el resto.

Todos lo hemos experimentado muchas veces: cuando estamos de buen humor el mundo es maravilloso, la gente es simpatiquísima, la vida nos sonríe y el día tiene pocas horas para todo lo que queremos hacer. Sin embargo, cuando estamos mal, el mundo es un lugar oscuro y hostil, la gente es mala, el futuro negro y el día se nos hace demasiado largo. Pero en verdad el mundo es el mismo, la gente es la misma, y el día tiene exactamente las mismas horas. Sólo cambia dónde ponemos el foco.

El problema es que al final acaba produciéndose un círculo vicioso. Como me siento mal veo que el mundo es malo, y ver un mundo así de malo hace que me sienta mal. Y así, sucesivamente.

Y una dificultad añadida a todo esto es que el cerebro se las ingenia para que mantengamos el estado emocional que tenemos, ya sea positivo o negativo: generalmente actuamos de tal modo que perpetuamos el estado emocional en el que nos encontramos. Cuando estamos bien, hacemos cosas que nos ayudan a seguir estando bien, pero cuando estamos mal, nuestras acciones nos llevan igualmente a mantener ese estado de ánimo. Esto puede generar un nuevo círculo vicioso, por el cual “no hago nada porque estoy mal, y estoy mal porque no hago nada”. Esto es muy frecuente en la depresión, tal y como vimos hace algún tiempo en este artículo.

Es importante conocer todo esto para saber cómo funciona el cerebro y qué podemos esperar de nosotros mismos en esas situaciones. Si somos conscientes, podremos poner los medios necesarios cuando haga falta compensar esa tendencia. Recuerda que el mundo es muy complejo y que tu cerebro elige aquella la información que percibe, que es lo que tú finalmente conoces como “realidad”. Habrán tantas realidades como cerebros percibiendo información, pero recuerda que, como hemos visto, a veces ese proceso de filtrado falla, haciendo que percibamos las cosas de un modo bastante alejado de la realidad, y eso te puede hacer sentir bastante mal.

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Licencia Creative Commons Este artículo, escrito por Alberto Soler Sarrió se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.

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